13 de febrero de 2012

You can be the boss - Lana del Rey

Culpad a Nan por esto...


You taste like the fourth of July
Malt liquor on your breath, my, my
I love you but I don't know why...

You can be the boss, daddy
You can be the boss
Taste like a keg party, back on the sauce
I like you a lot, I like you a lot
Don't let it stop...
You can be the boss, daddy
You can be the boss
Bad to the bone, sick as a dog
You know that I like, like you a lot
Don't let it stop...

He had a cigarette with his number on it
He gave it over to me, "do you want it?"
I knew it was wrong but I palmed it
I saved it, I waited, I called it
The liquor on your lips, the liquor on your lips
The liquor on your lips makes you dangerous
I knew it was wrong, I'm beyond it
I tried to be strong but I lost it.

You taste like the fourth of July
Malt liquor on your breath, my, my...

You can be the boss, daddy 
You can be the boss
Taste like a keg party, back on the sauce
I like you a lot, I like you a lot
Don't let it stop...
You can be the boss, daddy
You can be the boss
Bad to the bone, sick as a dog
You know that I like, like you a lot
Don't let it stop...

He has a white corvette like I want it
Courtesy of lyricshall.com
A fire in his eyes, no, I saw it
He's bleeding from his brain and his wallet
He's sick and he's taken but honest
The liquor on your lips, the liquor on your lips
The liquor on his lips I just can't resist
As close as I'll get to the darkness
He tells me to "shut up, I got this."

You taste like the fourth of July
Malt liquor on your breath, my, my...

You can be the boss, daddy 
You can be the boss
Taste like a keg party, back on the sauce
I like you a lot, I like you a lot
Don't let it stop...
You can be the boss, daddy
You can be the boss
Bad to the bone, sick as a dog
You know that I like, like you a lot
Don't let it stop...

I need you, I need you baby
Like I never needed anyone
You're wrong but you're so much fun
You say you treat 'em mean to keep 'em keen - you're not that nice
But you taste like the fourth of July
Malt liquor on your breath, my, my...

You can be the boss, daddy 
You can be the boss
Taste like a keg party, back on the sauce
I like you a lot, I like you a lot
Don't let it stop...
You can be the boss, daddy
You can be the boss
Bad to the bone, sick as a dog
You know that I like, like you a lot
Don't let it stop...

12 de febrero de 2012

Persiguiendo a Amy. 10.-Conrado

Conrad, o Conrado como su madre se había empeñado siempre en llamarlo, había nacido a orillas del Lipp, en la costa del sur de Inglaterra.
Hijo de un ollero bretón y la hija bastarda de un caballero castellano, había crecido entre los barros de su padre y las ansias de su madre de recuperar la posición que según ella le pertenecía.

A la temprana edad de trece años su callada furia se cobró la primera víctima y tuvo que huir de las colinas que eran su casa y empezar una nueva vida de pura supervivencia en Francia, donde por aquellos tiempos nadie reparaba en un muchacho callado y taciturno y que había hecho del pasar desapercibido un arte.
Encontró un nuevo hogar en La Roche-Derrien, de donde tuvo que volver a huir 4 años después, tras una refriega que acabó algo peor de esperado. Así conoció a los hermanos Medina y con ellos caminó hacia el sur, en busca de una muchacha a la que llamaban la revoltosa.

Conrado jamás se metía en las discusiones de sus compañeros de viaje, siempre era preferible mantenerse al margen, observar y callar. La vida le había enseñado que eso nunca traía problemas. Cada vez que había tomado partido en un "inocente" intercambio de opiniones, había tenido que marcharse dejando todo atrás. Bien parecía que la mezcla de sangre bretona y castellana no había dado su mejor resultado en él.

Y así fue como terminó en tierra aragonesa, recorriendo los caminos con hombres con los que apenas cruzaba palabras, y de esa manera fue como terminó de escolta de una supuesta dama que aún no había dado dos pasos con ellos y ya se había atrevido a insultarlos.
Conrado rozó la hoja del puñal que siempre llevaba oculto bajo la capa; buen caldo habría salido con una gallina clueca como aquella. Sin embargo la intervención de los hermanos fue una vez más providencial. El ver a aquella altiva muchacha suplicar por su vida casi consiguió dibujar una sonrisa en su cara, quizá la segunda o tercera de toda su vida. No le había gustado desde el primer momento en que la vio aparecer en el camino y menos le había gustado cuando a pesar de su amabilidad, se había atrevido a insultarlos con esa voz que le destemplaba los nervios.
Más le valía a la pequeña comportarse el resto del camino que debían hacer juntos, pues aunque su mirada bien parecía que podía cortar, más estragos podía causar sin duda aquel puñal escondido, único recuerdo de sus días de niñez a orillas del Lipp.

---
Conrado mola. Su creadora, Haranne, tb mola. Y tengo que hacerle mucho la pelota aquí porque es a la única a la que no le pude pedir permiso. De todas formas, y por desgracia, es lo único que nos regaló de él en Amy. Te echo de menos, Herr. 

8 de febrero de 2012

Persiguiendo a Amy. 9.-María de Quintana + Leonardo

(María de Quintana)
Se echó a llorar como una magdalena ante aquella amenaza. Giró la cara para mirar al hombre que la sujetaba a su espalda, y con ojos suplicantes sollozó:

- No por favor, no quiero morir... - el llanto ahogaba sus palabras y su cuerpo temblaba - Lo siento, mi señor, siento haberos ofendido...a todos. Ni que decir tengo que seréis compensados por esto también cuando lleguemos...

Se secó las lágrimas con el dorso de las manos y permaneció inmóvil con la mirada en el suelo. No pudo ver el regocijo en los rostros de los hombres que la rodeaban.

---
(Leonardo Medina)

-Vamos, padre Lázaro... ya ha pedido perdón... la indulgencia es una virtud...

Le habían bajado los humos a la muchacha. Eso estaba bien. Pero podría estar mejor... Podría... Leo le guiñó un ojo a su hermano.

-¿La dejamos estar, señores? La dama no está acostumbrada a hombres de vuestra ralea... No volverá a pasar, ¿verdad que no, querida?

Recalcó el posesivo, de modo que los hombres lo miraron con un rastro de furia. No le iban a atacar, a él no, y lo sabía. Pero la chica lo asimiló como una nueva amenaza y tembló entre sus brazos con un nuevo sollozo.

-Su su su, madame...

Lázaro bajó la daga e hizo un gesto a sus hombres.

-Muy bien... Lo dejaremos pasar... Pero queda bajo vuestra responsabilidad, Leonardo. La próxima vez, puede que no seamos tan pacientes...

Leonardo la abrazó para tranquilizarla.

-Tranquila, madame... Quedaos a mi lado, evitad disgustarles y llegaremos con bien a donde deseéis... No os preocupéis, yo os protejo.

Y separándola la tomó del brazo y retomó el camino hacia Huesca.



6 de febrero de 2012

Persiguiendo a Amy. 8.-Lázaro

Servando dejó de jugar con la moneda que llevaba en la mano derecha. No era buena señal, Servando sólo dejaba de jugar con las monedas cuando estaba a punto de matar, o cuando estaba a punto de perderlo todo. Salvatore y Hernán habían llevado la mano a las armas, y Conrado había retirado de su mirada unos cuantos grados, haciéndola aún más fría, volviendo la escarcha en amenazantes, agudos carámbanos. En cuanto a Lázaro, no sabía si la muchacha era demasiado valiente o demasiado inconsciente, pero si no hacía algo, tenía bien claro que acabaría siendo demasiado muerta. Y decidió que, el mejor modo de defenderla, era atacarle.

-¿Sabéis, señora, que haríais un bel cadáver? -Era el que estaba más cerca, así que no tuvo difícil ser el primero en llegar. Le apoyó la daga en la garganta. -¿Qué pensáis? ¿Estaría dispuesto a pagar vuestro padre por recibir al menos vuestros restos?

La joven intentó retroceder, pero Leonardo ya se había colocado a su espalda. La sujetó por los hombros y la acercó a su cuerpo, inmovilizándola y susurrándole al oído. Lázaro no pudo oírlo, pero sabía lo que le estaba diciendo. Conocía aquel juego.

-Pedídmelo, mi señora y haré que pare...

La mujer enrojeció y los hombres se rieron. Lázaro sonrió. Eso era bueno. Con suerte no tendría que matarla.

-Si por mí fuera, pasaría por alto esta ofensa... Me debo al Altísimo y éste no desea más que la paz...
Leo le sonrió desde detrás de la muchacha. Pasó uno de los brazos por delante de sus hombros, para inmovilizarla contra su cuerpo, y enredó sus largos dedos en la melena de la moza, sujetándole la cabeza. Le hablaba casi al oído, así que apenas alzaba la voz para hablarle. Fría y tranquilamente. Como cuando, fingiéndose noble, ordenaba un castigo.

-El Altísimo sabrá perdonaros, padre Lázaro. -Y volvió a susurrar a la muchacha. -Pedídmelo... o estáis muerta...

Leonardo había comprendido. Buen chico. Lo cierto es que llevaba un tiempo pensando en cómo presentarse en Huesca, y había llegado a la conclusión de que la historia de la nobleza de Leo no serviría, tal y como andaba la política. Pero un sacerdote siempre era una buena opción...

-No sé, hijo, no sé... De todas formas, señora, como veréis, estos hombres piden una compensación... Pedidles perdón y tal vez...tal vez no tenga que mataros.

Y completó la amenaza arañando su blanco cuello con la daga, dejando una ligera marca rojiza, arrancando una única gota de sangre de la muchacha.

3 de febrero de 2012

Persiguiendo a Amy. 7.-Leonardo + María de Quintana

(Leonardo)

No tenía mala planta la moza. Las había visto mejores, por supuesto, pero después de pasarla por agua y con un vestido y un peinado decente, seguro que bien podría pasar por el papel que pretendía. Leonardo repitió la reverencia al presentarse, haciendo gala de sus mejores modales.

-Leonardo, a vuestros pies, señora.

Necesitaban una mujer si querían volver a montar una escena como la de Francia. Aunque la chica no daría el pego tan bien como la revoltosa, por supuesto. Pero nadie podía hacerse pasar por noble como la revoltosa. Por noble, por criada, por campesina, por prostituta, por mercader, por... por lo que se terciara.

-Y, mi estimada señora... En su estancia en Caspe y su atribulado viaje... ¿No habrá coincidido por casualidad con una doncella más o menos de mi altura, cabellos castaños y ojos verdes? Con una cicatriz ligera aquí, sobre la ceja... Su nombre es Amelia. La estamos buscando.

----
(María de Quintana)

Les devolvió el saludo con una leve inclinación de cabeza.

- Lamento decirle que no, no he visto a nadie así. Quizá esa...mujer...no frecuenta los mismos lugares que yo. - dijo con un tono de desagrado en su voz - Bien, ¿continuamos? Deseo llegar cuanto antes, y por su aspecto, creo que usted también.

Se giró sobre sus talones y comenzó a andar. Retomaron la marcha a regañadientes tras de ella, pero tuvieron que parar cuando tropezó con una piedra y cayó al suelo. Unas manos grandes y con fuerza la sujetaron del brazo y la levantaron.

- Tenga más cuidado. - escuchó a su espalda. No se giró, aquellas palabras aumentaron la humillación que sentía en ese momento. Se irguió, se alisó la falda y se atusó el pelo, retomando el paso

Una risotada a su espalda hizo que se volviera. Fulminó con la mirada a aquel grupo de hombres, sus hombros se tensaron y su cara estaba roja por la ira. ¿Quien se había creído que era ese hombre para burlarse de ella? Pronunció las palabras con deliberada lentitud, marcando cada silaba.

- Carecéis de educación, respeto y buenos modales. Rudos, sucios y malolientes. Vulgares, patanes, inútiles. - hizo una pausa y los miró uno a uno - Nadie nunca se ha atrevido a humillarme así. Y no permitiré que lo hagáis. Hicimos un trato, en cuanto lleguemos, tendréis vuestro dinero y desapareceréis de mi vista para siempre.

Los contempló con desden y siguió caminando, hasta que una voz hizo que se detuviera conteniendo el aliento.

------
[La intervención de María, como la vez anterior, corre a cargo de Xie.]

1 de febrero de 2012

Persiguiendo a Amy. 6.-Lázaro

No sacaron las armas, pero no por ello dejaron de otear el horizonte, de mirar a lo lejos buscando una emboscada, el rastro de cualquier peligro o enemigo.
Pero al final solo era lo que parecía. Una cría con las ropas tan raídas como las suyas, cubierta de polvo y el rostro cansado, que empezó a parlotear de modo incansable.

-Vaya vaya… así que una dama… -Lázaro se rascó la nuca, analizando la situación

-Mira, así nos hace juego con el Señor Conde… -Uno de los hombres se echó a reír señalando a Leonardo, quien enseguida ejecutó una graciosa reverencia.

-Lo cierto, señora… -Lázaro llevaba demasiado tiempo entre estafadores como para creerse la historia de la muchacha, pero una oferta era una oferta. Si no lograban sacarle unos escudos, fuere como recompensa o vendiendo las carnes de la moza en el primer burdel del camino, por el Altísimo que dejaba de llamarse Lázaro Medina. –Como bien podéis ver, nosotros tampoco pasamos por nuestro mejor momento… El camino está lleno de salteadores y ni siquiera un grupo como el nuestro se ve libre de sufrir sus embates…

También podrían dejarla allí tirada. Que timara a otros… Pero el gesto mohíno de la zagala, acompañado de la dulce promesa del oro, le decidieron por escucharla. A fin de cuentas se dirigían a Huesca.

-Sin embargo… -El gesto se mudó en uno de ligero alivio y Lázaro sonrió. ¿La moza creía que los había engañado? ¿A ellos? –Si no teméis viajar con un grupo como el nuestro estaremos dispuestos a escoltaros hasta Huesca. No podemos ofreceros desayuno, apenas nuestra compañía, pero llegaremos en apenas unas horas y, con suerte, no tendremos que cruzarnos con ninguno de esos asaltantes que tanto detestáis.

Los hombres se rieron divertidos. Cruzarse con ellos, viajar con ellos… ¡Qué gran diferencia!

-Os presento a mis hombres, vuestros hombres, ahora, por lo visto… Este es Servando… Alejaos de sus dados… Ese joven alto es Hernán. Salvatore y Conrado.

Cada uno a su manera, saludaron a la muchacha. Servando le hizo un gesto con una mano mientras hacía girar un denario entre los dedos de la otra. Hernán inclinó la cabeza y Salvatore le dedicó una reverencia solo igualable en estilo por la de Leonardo. Conrado se limitó a mirarla con esa mirada de hielo y escarcha que le caracterizaba.

-Leonardo, a vuestros pies, señora.

-Y en cuanto a mí… Mi nombre es Lázaro. A vuestro servicio.

30 de enero de 2012

Persiguiendo a Amy. 5.-María de Quintana

Aquella falda vieja y raída se enganchaba con cada matorral que se encontraba a su paso. Hacía poco que había amanecido y había decidido salir al camino en busca de algún grupo de viajeros que pudiera escoltarla hasta la próxima ciudad. Apenas había pegado ojo aquella noche, sólo pudo dormir cuando el llanto se convirtió en un susurro ahogado, y las lágrimas se secaron en su mejilla. Los horrores de la noche anterior la habían atormentado durante las largas horas de la noche.

- Malditos bandidos... ¿qué será de mí ahora? - se lamentaba la muchacha gimoteando. El estómago le rugía, el cansancio entumecía su cuerpo. Y le asqueaba su aspecto.

A lo lejos divisó un grupo que se aproximaba hacia ella en el camino. Apenas eran 5 o 6 hombres. Su aspecto sucio y desaliñado al principio la asustó. Pero sabía que era su única opción. Esperó hasta que se aproximaron, y se adelantó un par de pasos para hablarles.

- Disculpen, amables viajeros - su voz era ligeramente temblorosa. Ahora que los tenía cerca, aquellos hombres no le inspiraron confianza alguna - ¿Podria viajar con vosotros? Este no es lugar seguro para una dama y menos si es de alta cuna. Anoche... oh... - las lágrimas asomaron a sus ojos. Su labio temblaba mientas intentaba explicar lo ocurrido - Unos malditos bandidos atacaron la comitiva en la que viajaba. Se lo llevaron todo, el carro, los caballos, mis baúles... ¡¡incluso a mi doncella!!

Los hombres la miraron de arriba a abajo estupefactos. Ella se miró las ropas; ropas propias de una doncella. En ese momento maldijo aquella idea del cambio de vestimenta. Su padre siempre había insistido mucho en que viajara en el coche familiar, pero vestida como una vulgar criada en vez de como la dama que era. En caso de asalto, ella nunca sería requerida como moneda de cambio, nunca secuestrarían a la pobre doncella: siempre se llevaban a la dama para pedir rescate por ella. Les explicó eso a los hombres, que empezaban a impacientarse por aquella intromisión en su camino.

- Soy Doña María de Quintana, hija del Señor de Quintana. Me dirigía hacia la capital, donde mi padre atiende unos asuntos reales. Iba a su encuentro después de pasar una temporada en Caspe. Y por culpa de esos bastardos me veo privada de cobijo, transporte, dinero y la compañía adecuada para que una dama de mi categoría pueda viajar. - frunció los labios en una mueca de desagrado y miró atentamente a los hombres - Os ruego que me ayudéis, que me deis protección hasta llegar a la próxima ciudad. Allí podré escribir a mi padre, y él enviará a alguien que me recoja. Y por supuesto será considerado con quienes ayudaron a su hija en este difícil momento. Es bastante generoso con sus sirvientes, mientras éstos le sean leales.

Se dio la vuelta esperando una respuesta por parte de aquel extraño grupo. No pudo ver el brillo amenazador en la mirada de uno de aquellos hombres.

----
(A partir de aquí empiezan a entrar los otros jugadores/escritores. Este capítulo, así como todos los de María de Quintana, ha sido escrito por Xie.)

26 de enero de 2012

Persiguiendo a Amy. 4.-Leonardo

 El más joven de los Medina estiró la mano sin abrir los ojos, tanteando el suelo donde se hallaba tumbado. Cerró los dedos sobre un objeto que consideró lo suficientemente sólido y, en un solo movimiento, se giró y lanzó la piedra (pues una piedra era) hacia el lugar donde sonaba la tonadilla.

-¿Te parecen estas horas de ponerse a tocar? ¿Puede alguien explicarme por qué llevamos a un bardo dispuesto a practicar a cada poco?

Por suerte para el músico, la puntería de Leonardo pecaba de incierta a primera hora de la mañana, y la piedra le pasó a casi un palmo de la cara. ¿O había fallado a propósito? El joven no tenía la más mínima intención de comprobarlo, de modo que enseguida guardó el instrumento.

-Yo es que... ya había salido el sol y... me aburría en la guardia y...

Lázaro también se había levantado. Leonardo lo miró mientras se sacudía la ropa y se revolvía el pelo. Los otros hombres también se habían despertado y alguno revolvía en su parco equipaje.

-No hay gran cosa para desayunar...

-¿Nos ponemos en camino entonces? Así quizá lleguemos a Huesca antes del almuerzo...

Leonardo asintió y en un momento recogieron campamento. No habían recorrido un par de millas, cuando vieron una figura moverse a lo lejos.

-Por ahí se acerca alguien... ¿Qué opinas, Lázaro? ¿Somos asaltados o asaltadores?

-Por la cuenta que les tiene espero que sean víctimas, porque no tengo humor para emboscadas.

-Seguro que es una trampa...

Los integrantes del grupo acariciaron las armas y otearon el camino. Solo se veía una figura... ¿Cuántas más habría? ¿Estarían escondidos esperándolos? Hacerse preguntas no llevaba a nada, así que siguieron caminando.

-Igual saben algo de la revoltosa...

-¡Calla! Capaz es ella hasta de dirigirlos...

24 de enero de 2012

Persiguiendo a Amy. 3.-Lázaro

-¿Y si en Huesca o en Zaragoza tampoco saben nada de la revoltosa? ¿Qué vamos a hacer? Nos dirigimos a Castilla directamente? ¿Volvemos a Francia?

Lázaro suspiró. Leo podía ser un actor excelente, un luchador más que aceptable y un ladrón poco menos que mediocre, pero como optimista era un completo fracaso. Lázaro llevó la mano a la nuca, pero no llegó a terminar el gesto. Necesitaba ese baño y empezaba a estar dispuesto a matar por él.

-Aquel sacerdote en Lourdes dijo que había pasado por allí, ¿no? Y que le había contado que venía a España, aunque no recordaba si buscando las raíces de su padre o de su madre. Y, conociéndola, yo diría que padre… así que nos deja un área de… aquí a Segovia, más o menos.

-Ya podía haber sido más específica, voto a… De todas formas, el sacerdote también nos dijo que nos iba a dar asilo y ya ves lo poco que tardó en denunciar a François.

El maldito francesito. Casi les habían linchado por culpa de aquel maldito bastardo francés, que no tuvo mejor idea que...

-Se lo merecía. Era un necio y un hipócrita.

-Ya…
-¡Eso por descontado! Echáis de menos a la moza, ¿eh?

-¡Métete en tus asuntos, mentecato!

Empezaron a discutir. Eso se les daba muy bien. Si no era por el camino, era por el tiempo o por la paga, por el juego, mujeres, religión o política, tanto daba. El caso era discutir. En el fondo era buena cosa. Los agresivos paliaban su agresividad a gritos (o a golpes, cuando la cosa se calentaba demasiado) y los más dados a la dialéctica tenían dónde meter baza. Y permitía a los hermanos Medina echarse a un lado y planificar el viaje, el asalto o lo que tuvieran en mente.

Lo malo era que los gritos atraían a los asaltadores como la miel a las moscas, pero por suerte ese día debían estar de descanso porque no se cruzaron con ninguno. El camino transcurrió tranquilo hasta la puesta de sol, montaron el campamento y organizaron los turnos de guardia. Lázaro supervisó la operación, observó como el primero de la noche ocupaba su puesto y se envolvió en la manta para intentar evitar el frío que amenazaba con morderle hasta los huesos.

-Y, por el Altísimo, que alguien le quite los dados a Servando… ¡La última noche le oí apostándose el desayuno con una ardilla!

22 de enero de 2012

The Pantheon (Bastion Soundtrack)



Gods ain't gonna help you son
you'll be sorry for what you done
them gods gonna hurt you son 
when you play with a loaded gun
when you play with a loaded gun

They ain't gonna catch you when you fall
you'll be pleading while you're bleeding

They ain't gonna hear ya son 
don't care about what you done
they ain't gonna help you son 
you'll be sorry for what you done
be sorry for what you done

Old Pyth, cranky old bull
make you sorry for what you done

Hense, in a black veil
gonna prick you for what you done

Roathus got you empty
got you weeping for what you done

(I say?) mother, lonely old gal
tear your heart out for what you done
tear your heart out for what you done

They ain't gonna catch you when you fall
you'll be pleading while you're bleeding

Them gods gonna hurt you son
you'll be sorry for what you done
you'll be sorry for what you done