Había apurado la botella con calma, trago a trago, sentado en la cama. No la había soltado siquiera cuando los vapores del caldo francés le habían nublado la mente y se había adormecido. Aún la sujetaba cuando se abrió la puerta y pensó que soñaba las dos figuras que entraban. Sonrió cuando vio a la mujer. Una mujer con la que calentar la cama. Era exactamente lo que necesitaba.
Sin embargo, la voz de Lázaro vino a romper todas sus ilusiones. Más aún sus palabras. ¿Devolverla? ¿Llevarla de nuevo? ¡Que lo colgaran si quería volver a vérselas con el abogado! ¡Y mucho menos borracho como estaba! Si Lázaro no hubiera dicho lo de la recompensa he habría lanzado la botella sin dudar. Prescindir de ella facilitaba las cosas, podía soltarla en su casa, llamar y marchar, evitando todo problema. Renunciar al dinero haría que renunciaran a toda pesquisa, ya de puestos, y eso, tras el incidente de la timba, les beneficiaría. Aún así tenía que intentarlo...
-¿Llevarla? Estoy borracho. Y dormido. Llevadla vos si os place, señor, yo no puedo moverme más por hoy...
-Y que sea ya.
Y por si fuera poco, estaba de mal humor...
Era tarde y la moza era reacia a quedarse en la hacienda. Tuvo casi que arrastrarla hasta allí y luego convencerla con suaves palabras de que volvería. Mañana. A por la recompensa. No lo dudéis. Un suave beso y un par de caricias que dejó que ella adelantara. Cuando llegó de regreso a la taberna, ya el amanecía y sus compañeros no tardarían en bajar. Se habían acostumbrado a ello de un modo casi militar. Se reunían al amanecer, recibían órdenes, y si no eran inmediatas, volvían a dormir mientras pudieran, de modo que ya estaban gastando parte del botín del día anterior en cerveza, pan y algo de carne cuando llegó el bardo con las nuevas de la Revoltosa.
- ¿Amy?
Los hombres se miraron y apenas tuvieron que hablar. Vaciaron sus vasos y en apenas unos minutos ya habían recogido sus escasas pertenencias y estaban listos para partir de nuevo.
-Por el báculo del Papa, ya podían haber esperado un par de días más vuestra zagala, ¿no? Malditas las ganas de echarse de nuevo al camino...
Pero volvieron al camino, como siempre hacían.
-Pezzo di... ¡Si no me habéis dado tiempo de desayunar!
Mostrando entradas con la etiqueta Leo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Leo. Mostrar todas las entradas
16 de junio de 2012
28 de mayo de 2012
Persiguiendo a Amy 52.- Leonardo
Fue una batalla rápida, sentenciada prácticamente desde el primer
encontronazo. No les costó dominar la situación. Salvatore era rápido, Conrado,
implacable y Servando, grande. En cuanto a él, hacía buen uso de sus lecciones
de esgrima. Era grandioso lo que se podía llegar a hacer con un buen maestro. Y
aunque muchos podrían pensar lo contrario, la Compañía de Teatro a quien su
madre había encargado su educación estaba llena de buenos maestros. ¿Quién iba
a haberlo educado mejor? Los de la farándula le habían enseñado todos los usos
y costumbres de los nobles hasta el hecho de pasar por uno mejor que los
propios descendientes de las más antiguas familias. A fin de cuentas, vivían de
ello. No podían cometer el menor error. Y en la esgrima era exactamente lo
mismo. Leonardo aprendió las mejores coreografías, las mejores estocadas, las
mejores defensas, de un simple actor.
Pero los había aprendido bien. Apenas lucía un par de cicatrices fruto del acero, y una se la había causado Amelia, así que no podía contarla... La revoltosa había destilado la sangre de ramera y mercenario en una mezcla insidiosa y encantadoramente letal... Y de todas formas él no sabía alzar las armas contra su hermana.
Pero contra esos impresentables, no tenía el más mínimo remordimiento. Llegó el último a la fiesta, pero enseguida se avino a ella, esquivando mesas y sillas, tiñendo su arma de escarlata. Pronto los jugadores perdían la partida e imploraban piedad sollozando como niños de cuna. Escoria entre la escoria, perfecto.
Leonardo paladeaba el placer de la victoria, cuando notó las miradas de sus tres compañeros clavadas en él. Sorprendido, se recorrió el cuerpo con la mirada, pero no encontró motivo para tal expectación. Luego cayó en la cuenta. ¿Pero qué se creían, que era Lázaro?
-Vaya... ¿Qué queréis que os diga? No podemos dejar que se vayan de la lengua, pero...
No llegó a terminar la frase. Conrado ya había clavado su espada en la garganta del hombre más cercano, que murió con un gorgoteo húmedo por toda queja. Lucía una sonrisa que habría dotado a su rostro de una belleza y dulzura que no podía menos que helar la sangre del mismo diablo. Conrado solo sonreía así cuando la muerte servía a sus manos.
-Bueno, sea. Muertos no hablarán, y aquí tardarán en encontrarlos.
Dio un paso hacia la puerta, hundiendo su acero en el pecho de uno de los truhanes, que luchaba por ganar la salida.
-Que no escape ninguno o estaremos en un lío mayor...
Tuvo que gritar, para ser oído. El puñado de hombres se alzaron y retomaron su lucha en un intento desesperado por mantener su alma unida al cuerpo, llenando el aire viciado de la sala de aullidos de rabia desconsolada, la tortura de la muerte anunciada, mordiendo su cuerpo en manos de un grupo de canallas como ellos...
Las armas volvieron a brillar y a bailar en el cuartucho, y para cuando el dolor se silenció, Leonardo se agachó y recogió varias monedas de una bolsa.
-Dejad las armas y parte del dinero. Sí. El dinero. Dejadlo.
Sus compañeros le miraron como si estuviera loco. Pudo ver, incluso, un brillo peligroso en la mirada de alguno que casi le hizo desdecirse, pero ¡que diablos! si habían decidido obedecerle, que fueran consecuentes o por la misa que él seguía sabiendo pelear...
-Coged una parte y dejad el resto a la vista. Y si les quitáis algo, que no se note que los han desvalijado. Cuando los encuentren, porque seguramente los encontrarán, pensarán que se han matado los unos a los otros por una mala partida. Y eso ha sido. Su última mala partida.
Sonrió, con esa sonrisa retadora, pícara, que hacía perder la cabeza a muchas mujeres y que desquiciaba a los hombres hasta el punto en que había desnudado aceros y damas solo por ella.
-Y vámonos cuanto antes. Estoy harto de esto y necesito una copa. Vosotros, desgraciados, ya habéis bebido bastante -se echó a reír- y a mí entre la moza y vuestras correrías, no me habéis dejado probar ni una gota...
23 de mayo de 2012
Persiguiendo a Amy 50.- Leonardo
Llamaron a la puerta y se echaron a un lado. Si abrían, no los
pillarían delante. Tampoco los podrían ver bien.
-¿Santo y seña?
Leonardo miró a Conrado que se encogió de hombros. ¿Pero qué santo y seña ni que... ? El hombrecillo de la puerta se impacientaba, Leonardo podía sentirlo.
-¡Santo y seña!
Leonardo se encogió él también de hombros. Si había que entrar, había que entrar.
-¡Abran paso a la guardia!
Pudo notar el desconcierto del hombre del otro lado de la madera que cerraba la casucha. De todas formas no duró mucho.
-¿Qué estúpido truco pretenden? Por aquí la guardia...
Leonardo se quedó sin saber qué hacía la guardia por esos lares. Se oyó un estruendo apagado, allá dentro, y un juramento por parte del guardia. Lo oyeron alejarse de la puerta corriendo.
-Maldita sea su estampa... ¿Vamos?
Conrado asintió. Se alejaron unos pasos de la puerta y cargaron contra ella, los dos a una. La madera resonó con fuerza, pero apenas tembló. Dentro el ruido era mayor. Volvieron a embestir la puerta. Esta vez se combó un poco. Leonardo se frotó el hombro dolorido.
-Caerá como me llamo Leonardo Medina...
Y cayó. Al cuarto golpe, la puerta se soltó de sus goznes y Leonardo cayó con ella junto al comienzo de las escaleras. Ahora le llegaba mucho mejor el ruido de la lucha. Conrado ya bajaba los escalones. Se levantó y lo siguió, sacando la espada que había ocultado a su espalda.
30 de abril de 2012
Persiguiendo a Amy 40.- Leonardo
Leonardo ocultó sus armas a la espalda, bajo la raída capa. No valía la
pena asustar a los parroquianos más de lo necesario. Muy a regañadientes
entregó las pocas monedas que le quedaban a Salvatore.
-Las he contado, Messere... espero que vuelvan todas. Les he cogido cariño, ya ves...
-La duda ofende, ragazzino, la duda ofende...
Se acercaron a una taberna y se apostaron a la puerta, apoyados a desgana contra la pared, Servando se adelantó y se mezcló entre los parroquianos, comentando partidas y ganancias, y alabando las virtudes del juego y de los naipes, aplaudiendo las grandezas de los dados. No tardaron en aparecer un par de hombres quienes, tras analizarlo desde cierta distancia con el rabillo del ojo, decidieron abordarle.
-¿Le gusta el juego, señor?
En apenas un par de guiños y un par de frases escogidas, los hombres dirigían al italiano por distintas callejuelas y callejones, mientras que, silenciosos como gatos, Leonardo y Conrado los seguían.
23 de abril de 2012
Persiguiendo a Amy 37.-Leonardo
Acompañó a las mujeres en silencio la mayor parte del camino. Podía
notar los dedos crispados de la muchacha sobre su brazo. No se dignó en mirarla
durante un buen trecho. No pensaba darle esa satisfacción.
Cuando al fin se volvió a ella pudo ver sus ojos brillantes a la escasa luz de las calles. ¿Estaba llorando? Leonardo sonrió. Le encantaba cómo esas criaturitas blandas eran capaces de pasar de un estado de ánimo a otro con tanta facilidad. En cierto modo despreciaba un poco a las mujeres, era una parte del carácter de Lázaro que había asumido como propia. La única mujer a la que realmente respetaba era a la revoltosa. Y llevaban la misma sangre.
Iban a buen paso, de modo que pronto llegaron a la puerta del palacete del abogado.
-Aquí estamos, señoras. Vuestra casa...
Hizo una reverencia a la sirvienta, que miró dulcemente a Salvatore y rauda entró en la casa alejándose de su ama. María también intentó acercarse a la puerta, pero Leonardo la sujetó impidiéndoselo.
Le sujetó la barbilla y volvió a besarla, como quien besa a una niña, en una mejilla.
-Pasad una buena noche, mi niña. Mañana... Mañana volveremos a vernos, si vos lo deseáis. -Y si no, alguien le haría llegar la paga prometida como se llamaba Leonardo... -Soñad con cosas tan hermosas como vos... -No pudo evitar molestarla un poco más antes de partir. -Vuestra boda, por ejemplo...
19 de abril de 2012
Persiguiendo a Amy. 35.-Leonardo Medina
Leonardo observó, desencantado, cómo la joven abofeteaba e insultaba a su criada. Por un momento, notó cómo una oleada de rabia le calentaba el pecho y las mejillas. Malditos nobles y sus aires de superioridad... Ahora sí que no pensaba ser benévolo en absoluto con la muchacha. La observó fríamente, y más fríamente le respondió.
-No me queda otro remedio, señora. Mi dignidad me impediría hacer otra cosa. No puedo dejar a dos damas solas en la noche. Pero tal vez tengamos que dar un rodeo. Seguimos teniendo que buscar a nuestro compañero.
-No me queda otro remedio, señora. Mi dignidad me impediría hacer otra cosa. No puedo dejar a dos damas solas en la noche. Pero tal vez tengamos que dar un rodeo. Seguimos teniendo que buscar a nuestro compañero.
Le dio la espalda, girándose hacia la sirvienta que permanecía encogida, con la mano en el rostro. Le tendió una mano. Ella malinterpretó el gesto encogiéndose más. Al final, aceptó la mano que le tendía, así que Leo le ayudó a levantarse.
-Tranquilizaos, pequeña. No os volverá a pegar...
Miró a María cargado de intención. Luego le ofreció el brazo, como con desgana, mientras tendía la mano de la doncella a Salvatore, que de inmediato la sujetó, ofreciéndole apoyo.
-Creo que podemos empezar hacia allí. En todo caso, es la dirección que debemos tomar para llevar a estas damas a salvo a casa.
9 de abril de 2012
Persiguiendo a Amy. 32.-Leonardo Medina
Observó cómo la muchacha se dirigía resuelta a la puerta y sonrió. Luego se volvió para guiñarle un ojo cómplice al italiano, haciéndoles un gesto a los dos hombres con la cabeza.
-Vamos a buscar a ese incorregible ludópata.
-¿Con la moza?
Se encogió de hombros y se encaminó a la puerta, seguido de cerca por sus compañeros. En la puerta lo esperaba la joven, mirándolo reprobadoramente.
-No es buena idea andar por ahí sin compañía, mi niña -Había decidido prescindir de los tratamientos, buscando una mayor confianza o intentando molestar a la muchacha, tanto daba. -Puede haber problemas, y los problemas se resuelven mejor en compañía. Más aún cuando vos parecéis atraerlos... -Continuó casi susurrándole mientras la miraba a los ojos -Lo cual no me extraña...
Miró a los dos lados de la calle, pensando hacia donde dirigir sus pasos. Por lo que él sabía, Servando podría estar en cualquier lugar. Sobre todo si ese cualquier lugar era oscuro, secreto y había cartas, dados y monedas sobre la mesa. Iba a ser una búsqueda difícil.
Encontrar a la sirvienta fue bastante más fácil. La criatura se había sentado en la calle, la espalda contra la pared de la taberna, encogida para burlar el frío.
-Hela ahí, mi niña. Sed sabia en vuestra benevolencia... Y ahora... ¿hacia dónde?
-Vamos a buscar a ese incorregible ludópata.
-¿Con la moza?
Se encogió de hombros y se encaminó a la puerta, seguido de cerca por sus compañeros. En la puerta lo esperaba la joven, mirándolo reprobadoramente.
-No es buena idea andar por ahí sin compañía, mi niña -Había decidido prescindir de los tratamientos, buscando una mayor confianza o intentando molestar a la muchacha, tanto daba. -Puede haber problemas, y los problemas se resuelven mejor en compañía. Más aún cuando vos parecéis atraerlos... -Continuó casi susurrándole mientras la miraba a los ojos -Lo cual no me extraña...
Miró a los dos lados de la calle, pensando hacia donde dirigir sus pasos. Por lo que él sabía, Servando podría estar en cualquier lugar. Sobre todo si ese cualquier lugar era oscuro, secreto y había cartas, dados y monedas sobre la mesa. Iba a ser una búsqueda difícil.
Encontrar a la sirvienta fue bastante más fácil. La criatura se había sentado en la calle, la espalda contra la pared de la taberna, encogida para burlar el frío.
-Hela ahí, mi niña. Sed sabia en vuestra benevolencia... Y ahora... ¿hacia dónde?
30 de marzo de 2012
Persiguiendo a Amy. 30.-Leonardo
-Eso no estaría bien. A lo mejor lo está pasando peor que vos cuando llegasteis, ¿no os parece? Vamos, no paguéis vuestro enfado con ella. No está bien pegar a los criados, mi dulce niña, ni siquiera yo era... soy tan cruel.
Era bastante cierto. En su época de fingido noble había azotado a un par de ellos, pero se lo merecían. Los habría azotado igual si los hubiera encontrado una noche de taberna... De hecho, en una taberna habría sido menos misericorde...
La dama lo miraba enfurecida. No llevaba bien sus reproches y menos aún que la hubiera llamado niña, pero él no se dio por aludido y le sonrió. Se atrevió, incluso, a sujetarla del brazo y acercarse aún más a ella.
-Vamos, no os enfadéis... Claro que me fio de vos y que aprecio vuestra compañía. ¿No veis que podía haber solicitado ya hoy el pago a nuestros servicios? -La última frase la volvió a susurrar. Lo cierto era que no se le había ocurrido hasta ese momento. A veces se le pasaban las cosas más importantes. Lázaro seguro que no se lo tomaría a bien... Así que mejor si no se enteraba... Mejor si no se enteraban los demás. -Vamos, no soporto ver a una mujer así enfadada.
Mentía. En realidad le encantaba hacerlas rabiar. Antes de tener que dejar atrás al joven italiano, a veces apostaba con él y Salvatore a ver quién era capaz de enojar más a una dama en menos tiempo.
Sujetó a María por la cintura y la miró a los ojos. Teniéndola así, en sus manos, vino a su mente una canción que su hermana había aprendido de Salvatore y que cantaba muy a menudo. No porque María fuera una dama con la D mayúscula o porque fuera condenadamente ingenua...
A su mente más bien acudían los últimos versos, ese "Judas, bésame una vez más, mientras tengas aliento y vida, hasta la recompensa". Dulce recompensa le auguraban esos ojos verdes que ahora no se despegaban de los suyos.
Tal vez sí le correspondiese a él besarla. A fin de cuentas él era Judas, era el traidor... Se inclinó y la besó, despacio, dulcemente. Un beso casto y amable sobre la frente de la joven. Que sufriera. Que lo deseara. Quería que fuera ella quien lo desencadenara...
-¿Más tranquila, mi niña? Vamos a buscar a esa sirvienta vuestra para que os acompañe a casa antes de que oscurezca del todo. Y ya de paso... -se giró hacia los otros dos hombres -¿buscamos a Servando, caballeros, o nos arriesgamos a la amonestación del padre Lázaro?
23 de marzo de 2012
Persiguiendo a Amy. 27.-Leonardo Medina
Cuando llegó a la taberna encontró a Salvatore y Conrado tal y como los había dejado Lázaro, sentados a la mesa, con su bebida delante, Salvatore, además rasgando su instrumento. ¿Es que no perdía ocasión de ponerse a tocar? Hizo un gesto a la tabernera pidiéndole una jarra de cerveza. La mirada indignada de la mujer le confirmó que los hombres llevaban allí un buen rato... El suficiente, al menos.
-¿Lázaro, Servando y Hernán?
Conrado se encogió de hombros. Salvatore fue algo más explícito.
-Tu... El padre Lázaro fue a hablar con el alcalde. Se llevó a Hernán como escolta.
-¿Y Servando?
-Sí... Bueno... Servando... Lo estamos buscando.
Sonrió descaradamente. Conrado dio un trago a su vaso.
-En esta jarra no está. Pídeme otra, a ver...
Leonardo suspiró. Lázaro iba a enfadarse... Pero bueno. Seguramente tardaría. Tenía tiempo...
Iba a sentarse con los otros dos cuando la vio entrar. Vaya. Si al final lo difícil sería librarse de la muchacha...
De todos modos, giró la cabeza hacia los hombres como si no la hubiera visto, ignorándola ex profeso. Quería ver qué pretendía. No sería él quien se acercara...
Desoyó los gritos a su espalda. Fue Salvatore quién le llamó la atención al respecto de lo que sucedía.
- Definitivamente, menudo carácter gastan las hembras por aquí... ¿No deberías ir a ayudarla de nuevo?
De modo que acudió a sacar a la muchacha de aquel aprieto.
-Disculpen, caballeros... Pero la moza está conmigo.
Acarició la empuñadura de su daga, dando a entender que no bromeaba al respecto, y la arrastró hasta la mesa desde la que sus compañeros observaban divertidos.
-¿Puede saberse qué hacéis aquí, señora? Dudo que sea un lugar para vos... ¿Qué se os ha pasado por la cabeza? -Y luego bajo, muy bajo, como si se arrepintiera de decirlo -Os dije que volvería mañana...
¿Qué dama podía resistirse a un susurro "tan sincero"?
14 de marzo de 2012
Persiguiendo a Amy. 23.-Leonardo
Lázaro tenía razón. Les hacía falta un buen baño. No se sentía a gusto entre tanto lujo, tan sucio y desharrapado. Y el hecho de que ella no le quitara los ojos de encima no hacía sino hacerle sentir más sucio. Sucio, sucio, sucio. El polvo del camino cubría sus ropas y se mezclaba con su sudor. En una ojeada rápida, se encontró, incluso, manchas de sangre. Ni siquiera sabía si era sangre de salteadores o de algún pobre viajero.
-¿Me disculparéis, señora, si me retiro ahora? Estoy agotado y yo también necesito un baño. Como comprenderéis, de esta guisa estoy fuera de tono entre estas paredes. Y con suerte tal vez consiga algo de ropa. -Sabía que no tendría esa suerte. A no ser que consiguiera una camisa y unos calzones por... quince escudos y cinco denarios. -Además, el resto debe estar preguntándose por mi paradero. Volveré mañana. Espero poder volver a veros. -Y recibir su recompensa, por supuesto. O quizá recompensas... Todo era posible.
Leonardo se despidió de la moza en el salón con una reverencia y de la doncella que le cerró la puerta con un guiño. Luego se encaminó a la taberna más cercana. No vio a ninguno de sus compañeros, así que tuvo que pasear por un par más antes de hallarlos. No le importó. A pesar del frío, el sol lucía entre las nubes y le gustaba sentirlo sobre la cara. Era lo único que un noble nunca podría disfrutar como él, siempre cubiertos y guardándose del sol para mantener su blanca piel intacta... De modo que vagabundeó por las calles de Huesca, preguntando por la taberna más cercana a todo aquel que halló en el camino.
Al final dio con la que habían elegido sus compañeros. Había comido con buen vino, pero siempre venía bien una buena cerveza...
7 de marzo de 2012
Persiguiendo a Amy. 20.-Leonardo
Y su último movimiento también funcionó a la perfección. Las cosas iban demasiado bien así que empezó a desconfiar un poco. Le pasaba a menudo. Cuando todo iba tan bien, empezaba a desconfiar. Lázaro siempre decía que era el perfecto pesimista.
Por suerte la comida también discurrió sin problemas. Muy silenciosa para su gusto, pero deliciosa, al fin y al cabo. Hacía siglos que no comía nada así. Por la misa que podría comer así toda su vida. De hecho, casi tuvo que contenerse para no lanzarse a la comida como un muerto de hambre. Pero por el Altísimo que era difícil. Realmente estaba muerto de hambre. Aún así se contuvo.
La joven, aunque comió de buena gana, parecía algo enfadada. No abrió la boca hasta el segundo plato y, por lo poco que la conocía, le pareció todo un logro. Por lo visto no le hacía ninguna gracia la boda. Peor para ella. Era una mujer. Noble. Y una cría. La casarían quisiera o no.
- ¿Quien es esa mujer a la que buscáis? ¿por qué la buscáis?
-¿Amelia? -Vaya, no se había parado a pensar en dónde encajaba la revoltosa en sus engaños. -Pues... es una joven con mucho talento. -Más de lo que a ellos les gustaría, en ocasiones. -Huyó de su casa. Dejó a su gente y huyó, buscando el fantasma de un padre que no conoció y que dudo que llegue a conocer nunca. -Torció el gesto al pensar en la revoltosa y en su madre. Leonardo tampoco había llegado a conocer a su padre. Su madre siempre le había dicho que era hijo descendiente de algun señorío importante, pero nunca supo o quiso decirle de cual. Su nombre se había perdido en una interminable lista de pretendientes y clientes. Pero aseguraba que era noble, y había dedicado parte de sus ahorros en educar al joven en las artes y maneras de los más dignos señores. -Prometí a su familia que la encontraría y la devolvería a su cuidado. -Y no podía ser más cierto. -Pero nos lleva una buena delantera y temo haber perdido su pista en Lourdes.
27 de febrero de 2012
Persiguiendo a Amy. 16.-Leonardo
No le gustaba cómo lo miraba el abogado. Definitivamente, odiaba a los abogados. Eran demasiado insidiosos y tendían a hacer demasiadas preguntas. Demasiadas. De modo que dejó hablar a la muchacha sin decir palabra.
Sabía que el hombre no le quitaba la vista de encima, pero sostuvo la mirada lo mejor que pudo, intentando no parecer molesto, intentando no molestar al hombre e intentando mantener la compostura. Lo peor de todo es que aún no tenía muy claro qué compostura mantener. Sabía que el juego de Lázaro iba por la iglesia... pero él... ¿qué se suponía que era él?
Pensó que lo mejor sería jugar el papel de noble en desgracia. El papel de noble le gustaba, le gustaba mucho, y para terminar de encandilar a la muchacha, era perfecto. O incluso de hijo bastardo de la nobleza... de la nobleza francesa estaría bien. Con suerte el abogado no sabía nada de la nobleza francesa.
- Mi señor Leonardo, os ruego que no os marchéis sin antes haber compartido mesa con nosotros. Es lo mínimo que puedo hacer por vos, pues bien sabéis que gracias a vuestra generosidad y caballerosidad sigo viva.
Agradeció la invitación devolviéndole la reverencia y siguió al abogado a su despacho. Por la misa que aquello no le gustaba un pelo.
-Así que habéis ayudando a mi querida María en el camino...
-Sí, señor... La encontramos en el camino y nos solicitó escolta hasta aquí. Estábamos cerca, pero aún así el viaje es peligroso, no podíamos dejarla allí sola...
-¿Y qué hacíais vos en el camino?
-¿Viajar? Sabemos que no es buen tiempo para recorrer estos senderos, pero tenemos una misión...
-¿Y de qué se trata?
-Veníamos escoltando a un sacerdote. Y además estamos buscando a una joven. Tal vez vos hayáis oído hablar de ella...
Pensó que lo mejor era desviar la atención y llevar la conversación a la revoltosa. Si se libraba del interrogatorio y conseguía algo de información... Por desgracia el abogado no estaba por la labor. Desconfiaba. Todos los abogados desconfiaban. Definitivamente no los tragaba. Por el Altísimo que no...
-Ya hablaremos de ella luego... Aún no me habéis dicho quién sois. Leonardo, sí. Pero quién... ¿Un campesino? ¿Un ladrón? No permitiré que juguéis con la muchacha...
-Me ofendéis, señor. Únicamente la he acompañado aquí para velar por su seguridad. No me pareció que las calles de una ciudad fueran lugar seguro, pero si tanto os molesto, no os preocupéis, me retiraré enseguida. Despedidme de ella, os lo ruego.
Decidió jugársela y darle la espalda encaminándose a la puerta. Funcionó. Servando habría estado orgulloso de él.
-No pretendía ofenderos, pero como comprenderéis...
-Sí, lo entiendo. Solo soy un desconocido que aparece en el camino y que a riesgo de mi vida he traído a la joven hasta aquí...
Intentó mostrarse ofendido y cargó sus palabras de cinismo, pero el abogado las pasó por alto.
-Presentaos, pues, y no seréis tal desconocido.
-Mi nombre es Leonardo, señor, ya lo sabéis. Y en cuanto a mi familia, aunque porto apellido tan plebeyo como es el de Medina, habéis de saber que desciendo de la casa d'Ambroise. Mi padre era hijo bastardo del duque.
Alzó la cabeza, buscando su porte más noble, sereno y confiado. Aunque por dentro estaba demasiado nervioso. Se arriesgaba a que lo mandaran a la cárcel y Lázaro estaba demasiado lejos para su gusto, para cuando se enterara ya sería demasiado tarde. Pensó en rezarle una plegaria al Altísimo para que la moza bajara lo antes posible, pero descartó la idea. Necesitaba toda su atención en ese nuevo acto.
22 de febrero de 2012
Persiguiendo a Amy. 14.-Leonardo
Hacía mucho que no tonteaba con una mujer. Como falso noble, se había hecho pasar por prometido de la revoltosa en más de una ocasión, lo cual no le permitía semejantes escarceos. Luego, con los italianos, se había metido en varios líos de faldas... alguno con mal final, por desgracia, pero desde que habían dejado al más joven en el camino, Leonardo no había vuelto a tontear con una mujer.
Sin embargo esta era bastante bonita y, no solo eso... parecía ser ella quien tonteaba con él, con esa sonrisa y esa mirada... ¡E invitándole a comer! Leonardo sonrió recordando los escasos escudos que le restaban en el bolsillo. Si no lo metía en una celda, al menos iba a sacar algo en limpio.
Leonardo le ofreció el brazo y ella lo tomó, guiando la marcha hacia un palacete en el que solicitó audiencia, verificando sus peores temores. Si era realmente noble...
- ¿Os gusta el lugar? Es la casa de un viejo amigo de mi padre, un notable abogado. Él me ayudará a llegar a Zaragoza dentro del plazo previsto, y sana y salva.
Leonardo admiró el delicado mobiliario y los tapices de la pared. La casa de un abogado... Se quedó de pie, cerca de ella, paseando por la habitación. Los abogados le daban muy mala espina. Acostumbraban a tener documentos de todo y de todos, y eran los primeros en encontrar lagunas en sus historias... Aunque por otra parte...
- ¿Y vos, mi señor? ¿Qué haréis vos cuando cobréis lo que se os debe?
La joven dama (ahora sí que no le quedaba otra que admitir que era una dama) lo sacó de su ensimismamiento.
-¿Yo? Pues... Lo mismo que hasta ahora, supongo. Escoltar al padre Lázaro en su misión -si conocía a su hermano como lo conocía, después del primer acto en el camino, la actuación seguiría esa dirección -y seguir buscando a la revol... a Amelia. A la joven por la que os pregunté cuando nos conocimos. -Le dedicó una media reverencia antes de seguir. -Quizá vuestro amigo el abogado la haya visto o haya oído hablar de ella... Aunque si os soy sincero... -y realmente lo era -no me importaría volver a pasar una temporada en un palacete como este.
Y acompañó sus palabras con la sonrisa más enigmática de su repertorio.
14 de febrero de 2012
Persiguiendo a Amy. 11.-María de Quintana + Leonardo
(María de Quintana)
Caminaba asustada junto al hombre que se había presentado como Leonardo. Apoyaba ligeramente su peso en él, agarrada como iba al pliegue de su brazo. Le dirigió una mirada de agradecimiento cuando él había evitado que aquellos bárbaros la degollaran; sin duda le debía la vida. Aquel hombre parecía el más educado y distinguido de todos, aunque había abusado de su confianza hablándole tan cerca de su oido, aprentando su cuerpo a la espalda de ella. Se ruborizó al rememorar ese momento, cómo sue cuerpo había permitido y celebrado el contacto de aquel hombre contra ella. Era la primera vez que le ocurría, siempre había mantenido la distancia con los demás caballeros. Iban a la cabeza del grupo, caminando algo separados del resto, situación que María aprovechó.
- Mi...mi señor. Debo agradeceros lo que habéis hecho por mi. Sin duda esos hombres no habrían dudado en darme muerte aquí mismo. Pero vuestra bondad me ha salvado la vida. - aferró con su delicada mano el brazo de él. Le miró con intensidad. Él le resultaba tremendamente atractivo - Estoy en deuda con vos.
Siguió caminando mirando al suelo y a punto estuvo de volver a tropezar, pero el brazo de Leo la sostenía con fuerza. Le miró agradecida nuevamente, a lo que él le respondió devolviéndole la mirada divertida. Aquella situación parecía hacerle gracia, pero ella no conseguía saber exactamente por qué.
---
(Leo_Medina)
"Estoy en deuda con vos..." Leo adoraba esa frase. Implicaba muchas cosas, pero sobre todo implicaba que la muchacha empezaba a fiarse de él, que ya se la había ganado y que, de necesitarla, no podría negarse a sus peticiones...
Sonrió encantado, aunque había algo que le escamaba... Había sido demasiado fácil. Demasiado... Si la muchacha hubiera sido una experta como él, no se habría tragado el cuento tan fácilmente...
Descartaba que se tratara de la primera vez que la chica se hacía pasar por noble. Su manera de actuar, su altivez y su orgullo... A él le había costado conseguir ese tono. De modo que... solo le quedaban dos opciones. O la chica era tan lista como para haber visto el engaño enseguida y les estaba siguiendo el juego o... ¡por la misa que podían meterse en un buen lío!
Leonardo pensó en acudir a su hermano y contarle su sospecha, pero la joven volvió a tropezar.
-Tenga cuidado, madame...
De modo que desechó la idea. Si quería ganársela totalmente, tendría que quedarse a su lado... Y si sus temores eran ciertos, vaya si tendría que ganársela... Así que allí permaneció, sujeto a su brazo, hasta las puertas de Huesca.
-¿Y ahora, qué? ¿Dónde iréis, señora? ¿Lázaro? ¿Señores?
----
(María, como siempre, a cargo de Xie)
(María, como siempre, a cargo de Xie)
8 de febrero de 2012
Persiguiendo a Amy. 9.-María de Quintana + Leonardo
(María de Quintana)
Se echó a llorar como una magdalena ante aquella amenaza. Giró la cara para mirar al hombre que la sujetaba a su espalda, y con ojos suplicantes sollozó:
- No por favor, no quiero morir... - el llanto ahogaba sus palabras y su cuerpo temblaba - Lo siento, mi señor, siento haberos ofendido...a todos. Ni que decir tengo que seréis compensados por esto también cuando lleguemos...
Se secó las lágrimas con el dorso de las manos y permaneció inmóvil con la mirada en el suelo. No pudo ver el regocijo en los rostros de los hombres que la rodeaban.
---
(Leonardo Medina)
-Vamos, padre Lázaro... ya ha pedido perdón... la indulgencia es una virtud...
Le habían bajado los humos a la muchacha. Eso estaba bien. Pero podría estar mejor... Podría... Leo le guiñó un ojo a su hermano.
-¿La dejamos estar, señores? La dama no está acostumbrada a hombres de vuestra ralea... No volverá a pasar, ¿verdad que no, querida?
Recalcó el posesivo, de modo que los hombres lo miraron con un rastro de furia. No le iban a atacar, a él no, y lo sabía. Pero la chica lo asimiló como una nueva amenaza y tembló entre sus brazos con un nuevo sollozo.
-Su su su, madame...
Lázaro bajó la daga e hizo un gesto a sus hombres.
-Muy bien... Lo dejaremos pasar... Pero queda bajo vuestra responsabilidad, Leonardo. La próxima vez, puede que no seamos tan pacientes...
Leonardo la abrazó para tranquilizarla.
-Tranquila, madame... Quedaos a mi lado, evitad disgustarles y llegaremos con bien a donde deseéis... No os preocupéis, yo os protejo.
Y separándola la tomó del brazo y retomó el camino hacia Huesca.
3 de febrero de 2012
Persiguiendo a Amy. 7.-Leonardo + María de Quintana
(Leonardo)
No tenía mala planta la moza. Las había visto mejores, por supuesto, pero después de pasarla por agua y con un vestido y un peinado decente, seguro que bien podría pasar por el papel que pretendía. Leonardo repitió la reverencia al presentarse, haciendo gala de sus mejores modales.
-Leonardo, a vuestros pies, señora.
Necesitaban una mujer si querían volver a montar una escena como la de Francia. Aunque la chica no daría el pego tan bien como la revoltosa, por supuesto. Pero nadie podía hacerse pasar por noble como la revoltosa. Por noble, por criada, por campesina, por prostituta, por mercader, por... por lo que se terciara.
-Y, mi estimada señora... En su estancia en Caspe y su atribulado viaje... ¿No habrá coincidido por casualidad con una doncella más o menos de mi altura, cabellos castaños y ojos verdes? Con una cicatriz ligera aquí, sobre la ceja... Su nombre es Amelia. La estamos buscando.
----
(María de Quintana)
Les devolvió el saludo con una leve inclinación de cabeza.
- Lamento decirle que no, no he visto a nadie así. Quizá esa...mujer...no frecuenta los mismos lugares que yo. - dijo con un tono de desagrado en su voz - Bien, ¿continuamos? Deseo llegar cuanto antes, y por su aspecto, creo que usted también.
Se giró sobre sus talones y comenzó a andar. Retomaron la marcha a regañadientes tras de ella, pero tuvieron que parar cuando tropezó con una piedra y cayó al suelo. Unas manos grandes y con fuerza la sujetaron del brazo y la levantaron.
- Tenga más cuidado. - escuchó a su espalda. No se giró, aquellas palabras aumentaron la humillación que sentía en ese momento. Se irguió, se alisó la falda y se atusó el pelo, retomando el paso
Una risotada a su espalda hizo que se volviera. Fulminó con la mirada a aquel grupo de hombres, sus hombros se tensaron y su cara estaba roja por la ira. ¿Quien se había creído que era ese hombre para burlarse de ella? Pronunció las palabras con deliberada lentitud, marcando cada silaba.
- Carecéis de educación, respeto y buenos modales. Rudos, sucios y malolientes. Vulgares, patanes, inútiles. - hizo una pausa y los miró uno a uno - Nadie nunca se ha atrevido a humillarme así. Y no permitiré que lo hagáis. Hicimos un trato, en cuanto lleguemos, tendréis vuestro dinero y desapareceréis de mi vista para siempre.
Los contempló con desden y siguió caminando, hasta que una voz hizo que se detuviera conteniendo el aliento.
------
[La intervención de María, como la vez anterior, corre a cargo de Xie.]
26 de enero de 2012
Persiguiendo a Amy. 4.-Leonardo
-¿Te parecen estas horas de ponerse a tocar? ¿Puede alguien explicarme por qué llevamos a un bardo dispuesto a practicar a cada poco?
Por suerte para el músico, la puntería de Leonardo pecaba de incierta a primera hora de la mañana, y la piedra le pasó a casi un palmo de la cara. ¿O había fallado a propósito? El joven no tenía la más mínima intención de comprobarlo, de modo que enseguida guardó el instrumento.
-Yo es que... ya había salido el sol y... me aburría en la guardia y...
Lázaro también se había levantado. Leonardo lo miró mientras se sacudía la ropa y se revolvía el pelo. Los otros hombres también se habían despertado y alguno revolvía en su parco equipaje.
-No hay gran cosa para desayunar...
-¿Nos ponemos en camino entonces? Así quizá lleguemos a Huesca antes del almuerzo...
Leonardo asintió y en un momento recogieron campamento. No habían recorrido un par de millas, cuando vieron una figura moverse a lo lejos.
-Por ahí se acerca alguien... ¿Qué opinas, Lázaro? ¿Somos asaltados o asaltadores?
-Por la cuenta que les tiene espero que sean víctimas, porque no tengo humor para emboscadas.
-Seguro que es una trampa...
Los integrantes del grupo acariciaron las armas y otearon el camino. Solo se veía una figura... ¿Cuántas más habría? ¿Estarían escondidos esperándolos? Hacerse preguntas no llevaba a nada, así que siguieron caminando.
-Igual saben algo de la revoltosa...
-¡Calla! Capaz es ella hasta de dirigirlos...
20 de enero de 2012
Persiguiendo a Amy. 2.-Leonardo
-Quizá en la capital hayan oído algo de la revoltosa. Conociéndola, seguro que no ha podido evitar pasar por una gran ciudad.
Leonardo estaba harto de caminar campo a través, de dormir al raso y de evitar patrullas y salteadores. Él también tenía ganas de pasar por una ciudad grande. Se había acostumbrado enseguida a la buena vida allá en el norte de Francia, cuando se había hecho pasar por un noble castellano haciendo turismo. Le gustaban las camas blandas, las suaves sedas y los guisos especiados. Le gustaba no tener que madrugar por las mañanas, tener un baño caliente a su disposición a cualquier hora del día, el frufrú de las faldas de las sirvientas cuando recorrían los pasillos y la dorada laxitud que le permitía toda la recua de sirvientes que tenía a su disposición, dirigidos eficazmente por Lázaro, que había demostrado que, si se lo proponía, podía pasar por un jefe de guardia, ayuda de cámara y mayordomo perfecto. Nadie había desconfiado de tan distinguido caballero ni de sus acompañantes, y eso también le parecía magnífico: la sorprendente confianza que le habían demostrado los otros nobles, el pueblo, proporcionándoles ropa y alimentos a crédito sólo porque creían que era noble y no tendría problemas en pagar todo ello con creces…
Sí, Leonardo echaba de menos su fingido pasado noble, a pesar de que no había durado demasiado. La suma a deber crecía día a día y con ella, la confianza de sus acreedores disminuía. Y para colmo, la Revoltosa no soportaba tener que vivir de las mentiras y las artes escénicas del joven, se había cansado de fingir con ellos, y había decidido marcharse a la buena aventura sin contar con los dos muchachos.
Pero ninguno de los dos hermanos Medina pensaba pasarse sin ella. Sí, es cierto, tuvieron que dejar el lugar ocultos en la noche para evitar a los acreedores y a la pequeña turba que había decidido que llevar a un par de impostores a la hoguera podría ser un buen entretenimiento, pero principalmente habían empezado su viaje hacia el sur buscándola.
-Si hay casinos en Huesca, es mejor que te quedes fuera. Si te vuelven a desplumar, yo no te conozco.
-Ni yo…
-A mí no me mires, Servando, no seré yo quien te preste dinero esta vez…
Con las quejas de Servando como banda sonora, el grupo volvió al camino y enfiló hacia el sur. No iban a llegar a Huesca hasta el día siguiente y Leonardo maldijo entre dientes por tener que pasar otra noche bajo las estrellas.
-¿Y si en Huesca o en Zaragoza tampoco saben nada de la revoltosa? ¿Qué vamos a hacer? Nos dirigimos a Castilla directamente? ¿Volvemos a Francia?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)