Pues bien, hemos vuelto al punto cero. Se ha terminado la historia nueva así que... ¿Ahora qué?
He oído comentarios por ahí de que os gustó el "Elige tu propia aventura" pero con eso voy a pocos así que... ¿qué más queréis leer? ¿Tenéis alguna opción? ¿Alguna sugerencia? Es vuestro momento de opinar...
Os dejo una encuesta, que sé que os gusta...
¿Qué queréis?
a) Muchos Elige tu propia aventura
b) Más comiditas
c) Trocitos de todo y nada
d) Otra historia ya escrita, que va rápido
e) Poesía
f) Colaboraciones con otra gente "y yo te ayudo" (sin colaboradores, no hay)
g) Otros... Y si le dais a otros, comentáis, leñe... Pulsar otros y reírse no vale, Rober.
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18 de junio de 2012
9 de mayo de 2012
Persiguiendo a Amy 44.- Servando
¿Qué leches hacía el ligón en una timba? Si él se pasaba las tardes en
que él invertía delante de los naipes cantándole sensiblerías a las taberneras
y poniéndole ojitos de cama a todo lo que llevara falda. Casi no se habían
reído cuando aquel soldado caledonio le quiso cruzar la cara, entre el pelo
largo y la faldita a cuadros el pobre Salvatore había perdido el norte por un
momento. Pero claro, ahí había estado Servando para ponerse delante y evitar
que le metieran el laúd por la glotis abajo y se pasara cagando cuerdas y
astillas dos semanas, ¿y cómo se lo pagaba el cretino? Arruinándole la mejor
partida en años. Cierto que ya había perdido unos doscientos escudos, y de esos
doscientos no llevaba más que cincuenta en la bolsa, pero estaba seguro de que
iba a remontar a los naipes.
Servan entendió a la perfección las señas del bardo, o casi, a la primera se creyó que estaba indicando que tenía duples y a la segunda que tenía juego, pero como no estaban dándole al mus se dio por enterado de que hiciera como si no lo conociera. El disimulo a él se le daba perfectamente, aunque sus sobacos y su calva no lo entendieran tan bien y empezaran a sudar, convirtiéndole en una mezcla entre Goliat y las cataratas Victoria.
El mano repartió las dos cartas de rigor para jugar al ramponeau, con los dedos como salchichas Servando agarró las suyas y sonrió al ver un as de corazones y un siete del mismo palo. No estaba mal, a ver esas tres primeras cartas. El croupier las volcó sobre la mesa y luego las giró. La primera fue un 3 de corazones, observó complacido el gigantón, aunque la segunda le desanimó un poco, un rey de diamantes. A la tercera esbozó otra vez su sonrisa bobalicona: una reina de corazones. Faltaba otro corazón en las dos siguientes cartas para conseguir color. El tipo a la derecha del mano habló y apostó veinte escudos. Servando fingió dudar, se rasco el cogote pero al final igualó la puja. El resto de jugadores menos el bardo se retiraron rezongando. Giraron entonces la siguiente carta y el calvo reprimió un grito de júbilo. Un dos de corazones. Ahora el otro apostaría más alto y él podría resubir, estaba todo hecho, una victoria fácil y gloriosa...
-¡Maldito, te he visto mirarme las cartas! ¡Tramposo!
¿¿¿Qué decía aquel chalado guaperas???? No podía hacer el idiota ahora. Ahora no, no con aquellas cartas en la mano. Había venido sólo a destrozarle la partida, se iba a enterar, ahora que iba a recuperar todo lo perdido. Con un rugido Servando se levantó, la cara y la calva rojas de rabia, metió una manaza debajo de la mesa y la volcó como una hoja de pergamino. Arremetió contra el bardo y le agarró de la garganta con una mano mientras cerraba la otra en un apretadísimo puño. Salva le miró aterrorizado, negó con la cabeza y señaló hacia la puerta con el dedo que antes le apuntaba a él. Los dados dejaron de rodar dentro de los sesos de Servando y el sonido de miles de naipes barajándose dejó de zumbarle en los oídos al comprender lo que pasaba.
Impresionantemente deprisa para alguien de su tamaño soltó al bardo y cambió el destinatario del paquete de nudillos. El tipo de su derecha, el de la cara de rata, se estrelló contra la pared con la nariz desparramada por la jeta y un par de dientes rodaron por el suelo. Lo siguiente fue encontrarse junto a Sal balanceando la maza por encima de sus cabezas y con los tahures gritando y desenvainando sus aceros.
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(Servando por James. ¡A ti también te queremos una jartá!)
27 de abril de 2012
Persiguiendo a Amy 39.- Salvatore
Salvatore se despidió de las mujeres dedicándole un guiño a la joven
criada. Memorizó la casa, y sopesó si sería capaz de trepar al balcón. Sí,
sería. Cuanto antes encontrasen a aquel condenado ludópata, antes volvería. Y
si no fuera porque le sacaba una cuarta, le molería los huesos a palos, para
quitarle aquel vicio malo. Con la de mujeres que había sueltas, no tener ojos
nada más que para un par de dados de hueso girando en un tapete...
Cuando al fin estuvo libre, y después de un par de chanzas sobre la "condesita", se dirigió en serio ya a Leonardo:
- Creo que lo más rápido será usar el truco del pardillo. ¿Aún tenéis algunas monedas? Juntadlas y dejadme hacer a mi, que con la cara de Conrado no iba a colar... Ahora sólo he de acercarme a aquella esquina oscura de la plazuela, fingir el habla de un gañán, y ese gesto perdido que se le pone a veces a Servando... Y comentar con vosotros, en voz algo alta que vengo a probar eso del rampono a la capital... -Dijo Salvatore, belfo adelantado, encasquetándose el sombrero y bizqueando con aire teatral…
- ¡No exageres! -dijo Conrado, dándole un empujón en el hombro que casi lo hace caer. Pero Salvatore estaba convencido de que le había hecho gracia, aunque él siempre se riese hacia dentro.
Los avariciosos trileros, jugadores empedernidos y demás escoria local no tardarían en acercarse e invitarlos, casi con seguridad hasta el sitio adonde se habían llevado a Servando...
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(El gran Salvatore, por Sherezade.)
3 de febrero de 2012
Persiguiendo a Amy. 7.-Leonardo + María de Quintana
(Leonardo)
No tenía mala planta la moza. Las había visto mejores, por supuesto, pero después de pasarla por agua y con un vestido y un peinado decente, seguro que bien podría pasar por el papel que pretendía. Leonardo repitió la reverencia al presentarse, haciendo gala de sus mejores modales.
-Leonardo, a vuestros pies, señora.
Necesitaban una mujer si querían volver a montar una escena como la de Francia. Aunque la chica no daría el pego tan bien como la revoltosa, por supuesto. Pero nadie podía hacerse pasar por noble como la revoltosa. Por noble, por criada, por campesina, por prostituta, por mercader, por... por lo que se terciara.
-Y, mi estimada señora... En su estancia en Caspe y su atribulado viaje... ¿No habrá coincidido por casualidad con una doncella más o menos de mi altura, cabellos castaños y ojos verdes? Con una cicatriz ligera aquí, sobre la ceja... Su nombre es Amelia. La estamos buscando.
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(María de Quintana)
Les devolvió el saludo con una leve inclinación de cabeza.
- Lamento decirle que no, no he visto a nadie así. Quizá esa...mujer...no frecuenta los mismos lugares que yo. - dijo con un tono de desagrado en su voz - Bien, ¿continuamos? Deseo llegar cuanto antes, y por su aspecto, creo que usted también.
Se giró sobre sus talones y comenzó a andar. Retomaron la marcha a regañadientes tras de ella, pero tuvieron que parar cuando tropezó con una piedra y cayó al suelo. Unas manos grandes y con fuerza la sujetaron del brazo y la levantaron.
- Tenga más cuidado. - escuchó a su espalda. No se giró, aquellas palabras aumentaron la humillación que sentía en ese momento. Se irguió, se alisó la falda y se atusó el pelo, retomando el paso
Una risotada a su espalda hizo que se volviera. Fulminó con la mirada a aquel grupo de hombres, sus hombros se tensaron y su cara estaba roja por la ira. ¿Quien se había creído que era ese hombre para burlarse de ella? Pronunció las palabras con deliberada lentitud, marcando cada silaba.
- Carecéis de educación, respeto y buenos modales. Rudos, sucios y malolientes. Vulgares, patanes, inútiles. - hizo una pausa y los miró uno a uno - Nadie nunca se ha atrevido a humillarme así. Y no permitiré que lo hagáis. Hicimos un trato, en cuanto lleguemos, tendréis vuestro dinero y desapareceréis de mi vista para siempre.
Los contempló con desden y siguió caminando, hasta que una voz hizo que se detuviera conteniendo el aliento.
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[La intervención de María, como la vez anterior, corre a cargo de Xie.]
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