Pues sí... Ahí lo tenéis, en esa lista de cosas a la derecha, un link a la historia de Sombra (que al final, tras mucho pensar y pensar, se ha quedado con el título de "Viernes de Resaca."
http://www.bubok.es/libros/213309/Viernes-de-resaca
Le he cambiado un par de cosillas (como el hecho de que sea viernes en vez de domingo, que a ver qué oficina de Correos abre los domingos...), le he corregido alguna que otra más y lo he puesto bonito y todo junto para que lo podáis descargar y leer todo seguido. Más cómodo ¿no?
Ya no tenéis excusa. Y además, si os gusta/ha gustado, gustosa os doy permiso para hacerme publicidad, que siempre queda bien ¡y os lo agradeceré mucho mucho!
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4 de mayo de 2012
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14 de enero de 2012
Epílogo - Las fotos, las dichosas fotos.
-Correo.
-¿Qué? -Sombra palideció al ver al Gato entrar en la habitación y tirar el paquete sobre la cama.
-¡Eh! ¡Tranquilo! Lo manda gente de confianza. Les pedí que se pasaran por nuestras casas y nos mandaran el correo, nada más. -Como Sombra seguía mirando el abultado sobre como si fuese un alienígena, se encogió de hombros. -Puedes tirarlo directamente si quieres. -Sonrisa cínica. -Total, seguramente solo serán facturas.
Él tenía en la mano varios sobres que abultaban cada uno tanto como tres veces el suyo. Apoyó un pie en la silla y se sentó sobre el escritorio, abriendo el primero de ellos. Mientras, Sombra se decidió a coger el sobre y abrirlo. Desde que habían dejado el apartamento camino al aeropuerto... Más bien, desde que había cogido el maldito paquetito blanco con las llaves, aquel día, vivía con el corazón en un puño. Se sobresaltaba como treinta veces al día y una de ellas tentado estuvo, incluso, de pedir auxilio porque un tipo le miraba demasiado. Veía peligros en cada esquina, fantasmas bajo la cama y monstruos en el armario.
Y bombas nucleares en los paquetes, aunque fueran con forma de inocentes llaves. Al final, Gato tenía razón, casi todo eran cartas del banco y facturas. Y...
-¡Hostia!
-¿Te ha tocado un viaje al Caribe por ser el cliente un millón de una revista de ganchillo?
-No...
Le enseñó un paquete pequeño, más o menos del tamaño de una cajetilla de tabaco. La coincidencia le produjo un escalofrío de alarma, pero conocía la letra con que estaba escrita la dirección, vaya si la conocía... Era la suya. Lo que significaba que aquello solo podía ser... Rasgó el papel con urgencia. No era un paquete blanco, en relidad sí que era una cajetilla de tabaco. Y dentro...
-La tarjeta.
-La puta tarjeta.
El Gato le tiró la cámara, que estaba sobre la mesa, y en unos segundos ya tenía la tarjeta colocada. Encendido. Ver imágenes.
-Demasiado pequeñas... ¿Tienes el portátil a mano, Gato?
-Creo que tengo algo mejor.
Ya había rasgado un par de sobres y sonrió, abriendo un paquete del tamaño de un libro. Desempaquetó una tablet y se la tendió. Sombra no se sorprendió.
-¿Lee tarjetas de memoria? Mejor que la uses tú...
Volvió a desmontar la tarjeta y se la dio, sentándose en el escritorio también él. La primera foto no tenía nada de especial, era la típica de cualquier día de fiesta: el reloj de la plaza que marcaba las 10:16. Había llegado tarde. Un árbol con gotas de lluvia iluminadas por el flash. La calle oscura y dos figuras a lo lejos con abrigos cortos. Gato y Xavi habían llegado aún más tarde. De nuevo el reloj: las 10:25. Los otros 3 de espaldas, dos abrigos y una chupa de cuero, bajando de nuevo por la calle. Gato saludando a una chica. Un primer plano de la muchacha, que apartaba la mirada, cohibida. Otras dos más, la mano en alto, intentando taparse. Zapatos. La calle. El restaurante. El reloj del Gato: las 10:47. También allí llegaban tarde. La novia de Xavi. Un beso. Más zapatos. Un picado de la esquina de la mesa. Un contrapicado de Daniella...
Recordaba esa parte de la noche, no le interesaban. Fue pasándolas, pues, sin pararse demasiado en ellas, aunque lo hubiera hecho en condiciones normales. Algunas eran muy buenas. Sonrisas perdonavidas del Gato. Xavi y Daniella despidiéndose. Una foto de los 4 que, obviamente, no había hecho él, quizá Daniella. El reloj de Xavi: las 00:14. Una calle. Más gente... Ahí comenzaba su vacío. Más o menos con la foto de esos dos soportales.
Las fotos siguientes tampoco le decían nada, aunque las pasó más despacio. La puerta. La discoteca. La cola. Varias tomas de la go-gó.
-¿Estaba buena, eh, Sombra?
El Gato se reía de él, así que no le hizo ni caso. Siguió pasando las fotos, observando a la gente, hasta que algo llamó su atención. Volvió a la anterior y se la señaló al Gato.
-El fiambre.
-El fiambre. Tu amiguito.
Salía en un par de fotos más, unos metros más allá, pero siempre mirando a la cámara. En la última, estaba más cerca, caminando hacia ellos.
-Y ahí es cuando te largaste con él, volviste una hora después y me calzaste. Y te echaron.
No había fotos de eso. Sombra hizo una mueca mientras siguió pasando las fotos. Estaban todas borrosas o demasiado oscuras para ver nada. En la única lo suficientemente aceptable se veía un plato lleno de nueces sobre una mesa. No conocía ni la mesa ni el plato, no le sonaban de nada.
-¿Y todo ese lío para esta bazofia? Yo que te hacía un buen fotógrafo...
Siguiente. Siguiente... En una se veía una figura con el pelo azul, pero cuando se la señaló al Gato, éste negó con la cabeza.
-No tiene por qué ser Claudia. Con lo borrosa que está esa foto podría ser cualquiera. Podría ser un tío. Una señal, incluso.
-Es una tía, Gato.
-Es una mierda de foto. Punto.
Más fotos borrosas. Más fotos oscuras. Sombra ya estaba dispuesto a sacar la tarjeta cuando aparecieron un par más, algo aceptables. Unos bultos en el suelo, que bien podrían ser personas. Una calle que no conocían. El padre del Gato saludando al difunto. Los dos entrando a un coche. La cruz luminosa de una farmacia con la hora: las 6:12. Otra foto, borrosa y oscura, de dos tipos demasiado grandes, demasiado cerca. No necesitaron más nitidez para saber que eran dos de los matones que los habían estado persiguiendo.
-Tu padre...
-Mi padre...
La habitación quedó en silencio durante varios largos minutos. Muchos. Y muy largos. Al final fue el Gato quien rompió el silencio. Sonrió, como era habitual en él, cual si fuera a comerse el mundo, y le espetó:
-En el local del final de la calle dicen que también tienen muy buenas go-gós.
Recogió el correo de encima del escritorio y recuperó su tablet de manos de Sombra. Le hizo un gesto desde la puerta.
-Nos vemos luego.
Y se fue, llevándose la tarjeta.
A Sombra solo se le ocurrió maldecir.
-¿Qué? -Sombra palideció al ver al Gato entrar en la habitación y tirar el paquete sobre la cama.
-¡Eh! ¡Tranquilo! Lo manda gente de confianza. Les pedí que se pasaran por nuestras casas y nos mandaran el correo, nada más. -Como Sombra seguía mirando el abultado sobre como si fuese un alienígena, se encogió de hombros. -Puedes tirarlo directamente si quieres. -Sonrisa cínica. -Total, seguramente solo serán facturas.
Él tenía en la mano varios sobres que abultaban cada uno tanto como tres veces el suyo. Apoyó un pie en la silla y se sentó sobre el escritorio, abriendo el primero de ellos. Mientras, Sombra se decidió a coger el sobre y abrirlo. Desde que habían dejado el apartamento camino al aeropuerto... Más bien, desde que había cogido el maldito paquetito blanco con las llaves, aquel día, vivía con el corazón en un puño. Se sobresaltaba como treinta veces al día y una de ellas tentado estuvo, incluso, de pedir auxilio porque un tipo le miraba demasiado. Veía peligros en cada esquina, fantasmas bajo la cama y monstruos en el armario.
Y bombas nucleares en los paquetes, aunque fueran con forma de inocentes llaves. Al final, Gato tenía razón, casi todo eran cartas del banco y facturas. Y...
-¡Hostia!
-¿Te ha tocado un viaje al Caribe por ser el cliente un millón de una revista de ganchillo?
-No...
Le enseñó un paquete pequeño, más o menos del tamaño de una cajetilla de tabaco. La coincidencia le produjo un escalofrío de alarma, pero conocía la letra con que estaba escrita la dirección, vaya si la conocía... Era la suya. Lo que significaba que aquello solo podía ser... Rasgó el papel con urgencia. No era un paquete blanco, en relidad sí que era una cajetilla de tabaco. Y dentro...
-La tarjeta.
-La puta tarjeta.
El Gato le tiró la cámara, que estaba sobre la mesa, y en unos segundos ya tenía la tarjeta colocada. Encendido. Ver imágenes.
-Demasiado pequeñas... ¿Tienes el portátil a mano, Gato?
-Creo que tengo algo mejor.
Ya había rasgado un par de sobres y sonrió, abriendo un paquete del tamaño de un libro. Desempaquetó una tablet y se la tendió. Sombra no se sorprendió.
-¿Lee tarjetas de memoria? Mejor que la uses tú...
Volvió a desmontar la tarjeta y se la dio, sentándose en el escritorio también él. La primera foto no tenía nada de especial, era la típica de cualquier día de fiesta: el reloj de la plaza que marcaba las 10:16. Había llegado tarde. Un árbol con gotas de lluvia iluminadas por el flash. La calle oscura y dos figuras a lo lejos con abrigos cortos. Gato y Xavi habían llegado aún más tarde. De nuevo el reloj: las 10:25. Los otros 3 de espaldas, dos abrigos y una chupa de cuero, bajando de nuevo por la calle. Gato saludando a una chica. Un primer plano de la muchacha, que apartaba la mirada, cohibida. Otras dos más, la mano en alto, intentando taparse. Zapatos. La calle. El restaurante. El reloj del Gato: las 10:47. También allí llegaban tarde. La novia de Xavi. Un beso. Más zapatos. Un picado de la esquina de la mesa. Un contrapicado de Daniella...
Recordaba esa parte de la noche, no le interesaban. Fue pasándolas, pues, sin pararse demasiado en ellas, aunque lo hubiera hecho en condiciones normales. Algunas eran muy buenas. Sonrisas perdonavidas del Gato. Xavi y Daniella despidiéndose. Una foto de los 4 que, obviamente, no había hecho él, quizá Daniella. El reloj de Xavi: las 00:14. Una calle. Más gente... Ahí comenzaba su vacío. Más o menos con la foto de esos dos soportales.
Las fotos siguientes tampoco le decían nada, aunque las pasó más despacio. La puerta. La discoteca. La cola. Varias tomas de la go-gó.
-¿Estaba buena, eh, Sombra?
El Gato se reía de él, así que no le hizo ni caso. Siguió pasando las fotos, observando a la gente, hasta que algo llamó su atención. Volvió a la anterior y se la señaló al Gato.
-El fiambre.
-El fiambre. Tu amiguito.
Salía en un par de fotos más, unos metros más allá, pero siempre mirando a la cámara. En la última, estaba más cerca, caminando hacia ellos.
-Y ahí es cuando te largaste con él, volviste una hora después y me calzaste. Y te echaron.
No había fotos de eso. Sombra hizo una mueca mientras siguió pasando las fotos. Estaban todas borrosas o demasiado oscuras para ver nada. En la única lo suficientemente aceptable se veía un plato lleno de nueces sobre una mesa. No conocía ni la mesa ni el plato, no le sonaban de nada.
-¿Y todo ese lío para esta bazofia? Yo que te hacía un buen fotógrafo...
Siguiente. Siguiente... En una se veía una figura con el pelo azul, pero cuando se la señaló al Gato, éste negó con la cabeza.
-No tiene por qué ser Claudia. Con lo borrosa que está esa foto podría ser cualquiera. Podría ser un tío. Una señal, incluso.
-Es una tía, Gato.
-Es una mierda de foto. Punto.
Más fotos borrosas. Más fotos oscuras. Sombra ya estaba dispuesto a sacar la tarjeta cuando aparecieron un par más, algo aceptables. Unos bultos en el suelo, que bien podrían ser personas. Una calle que no conocían. El padre del Gato saludando al difunto. Los dos entrando a un coche. La cruz luminosa de una farmacia con la hora: las 6:12. Otra foto, borrosa y oscura, de dos tipos demasiado grandes, demasiado cerca. No necesitaron más nitidez para saber que eran dos de los matones que los habían estado persiguiendo.
-Tu padre...
-Mi padre...
La habitación quedó en silencio durante varios largos minutos. Muchos. Y muy largos. Al final fue el Gato quien rompió el silencio. Sonrió, como era habitual en él, cual si fuera a comerse el mundo, y le espetó:
-En el local del final de la calle dicen que también tienen muy buenas go-gós.
Recogió el correo de encima del escritorio y recuperó su tablet de manos de Sombra. Le hizo un gesto desde la puerta.
-Nos vemos luego.
Y se fue, llevándose la tarjeta.
A Sombra solo se le ocurrió maldecir.
Encuesta epílogo.
¡Y esta es vuestra decisión final!
a) Las fotos de la cámara | 4 (57%) |
b) Las nueces | 1 (14%) |
c) El favor de Ella | 1 (14%) |
d) Las fotos del piso | 0 (0%) |
e) El cadáver | 1 (14%) |
f) ¿Algo diferente? Comentad. | 0 (0%) |
Votos hasta el momento: 7
Encuesta cerrada
Encuesta cerrada
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votación
9 de enero de 2012
Sombra. (No, aún no es el epílogo, tal vez un prólogo.)
Llevaba pantalones vaqueros ajustados oscuros y un abrigo negro corto. Un punto de estilo. Barba corta, pelo ni corto ni largo, un poco despeinado.
Lo estuve siguiendo con la mirada una parte del evento. Desde que, al cruzarme con sus ojos, supe que era él. Y lo perdí de vista un millar de veces, dado que no era a él a quien tenía que vigilar, pero siempre volvía a la barandilla que había frente a mí. Era un buen sitio para hacer fotos. Todos los fotógrafos volvían allí.
A cada poco recolocaba la bolsa que llevaba colgada del hombro, se pasaba la mano por el pelo para echarlo hacia atrás, revolviéndolo aún más. Un cierto aire de despiste, se cuela entre la gente, pregunta a uno de los voluntarios y le señala la puerta del fondo. No se fía y se acerca al siguiente que señala al mismo lugar. Pregunta a un tercero. Es él, no hay duda. ¿Por qué nadie más lo ve? Porque nadie lo conoce como yo, supongo.
-Hola, ¿te importa si te hago una foto yo a ti?
-¿A mí? No, claro... Pero luego me dejas hacerte una a ti.
-Gracias.
-Pero yo no soy de las rondallas, no tengo nada que ver con esto... Ha salido mal, ¿verdad?
-Movida. Ya lo sé. Es que, ¿sabes? Estoy escribiendo una historia.
-¿Ah, sí?
-Sí. Y eres mi protagonista.
-¿Yo? -Ojeada al móvil. -Hago las fotos mejor de lo que salgo en ellas...
-Ya bueno... Tú, tú, no. Pero eres tal y como se supone que es él.
-¿Y eso?
-No lo sé...
-¿De qué va la historia? -Desisto de las fotos.
-Pues es un fotógrafo...
-Qué casualidad. -Sonríe.
-Y bueno, así resumido, se mete en líos.
-Bueno, yo no suelo meterme en líos.
-Ya, mejor.
-Aunque debería meterme en más... Oye, tengo que irme. Ciao.
-Ciao.
Cierro los ojos y lo veo bajar embalado a la ciudad y correr a casa. Deja la cámara y las llaves del coche en la mesa de la entrada. La cámara buena. Va a la habitación y coge la otra cámara, la no tan buena, saca una tarjeta de memoria del cajón y vuelve a echar a correr hasta el ascensor, donde coloca la tarjeta, y de ahí a la plaza.
Ha quedado con el Gato, llega tarde. Y las fotos de hoy no las verá hasta mañana, cuando se despierte con una resaca monumental, sin acordarse de mí ni de la mitad de la noche. Y el teléfono empiece a sonar...
Hoy hay luna llena y supongo que, en días como hoy, la magia se rebela y los personajes huyen del papel, la tinta se pasea entre la gente. Siempre es desconcertante y en cierto modo aterrador cruzarse con tus personajes.
No existes. ¿Qué haces aquí?
31 de diciembre de 2011
Capítulo 20 - La dignidad perdida
Estaba tan cabreado que por un momento dejó de pensar. Ya estaba bien. Ya estaba más que harto. Demasiado harto.
-¡Claro que no! ¡Por supuesto que no deberíais haberme metido en esto! Ya me diréis qué coño pinto yo aquí, ¡joder! ¿Sabéis cuál era mi plan de hoy? Levantarme, ducharme, mandar las putas fotos de ayer a la agencia y dormitar en el sofá... o en la misma cama el resto del día. ¿Era tanto pedir? ¿En serio? ¿Un puto domingo tranquilo?
Se había puesto de pie y ahora los encaraba, sobre todo al hombre del traje.
-No te pases, Simón, haz el favor de volver a sentarte.
-Sombra...
-¡Ni Simón, ni Sombra, ni hostias! ¿Pero qué os habéis pensado que soy? ¿Un puto juguete que andar arrastrando a vuestro antojo? ¡Sí! ¡He dicho vuestro! ¡Hablo contigo también, Gato! ¡Empiezo a estar muy harto! ¿Sabías que esto tenía que ver con los rollos de tu padre y no me dices nada?
Sombra pudo advertir un pequeño matiz de sorpresa en los dos matones articulados y se volvió hacia ellos.
-Sí, padre, no teníais ni idea vosotros tampoco, ¿verdad? ¿Qué pensabais, que se apellidaban igual para darle más énfasis al rollo odio-odio que se traen, como una novela barata de sobremesa? Antares vs. Antares, the final battle... ¡Pues ya podéis jugar vosotros esta última partida porque yo me las piro!
Dicho esto se giró hacia la puerta, recuperando de golpe todo su orgullo, su valor y su dignidad perdida. No le duraron demasiado.
-Siéntate, Simón.
Se quedó clavado en el sitio. Era ese tono de "estás en un lío del quince, chaval, y la colleja que te va a caer es de órdago" que tan bien conocía, solo que ya no tenía 8 años y el chasquido de las armas de los matones al cargarse, no auguraban nada bueno. Por un momento, echó de menos las collejas.
Volvió a darse la vuelta y se sentó otra vez. Refunfuñando, eso sí. Podrían quitarle la vida, podrían quitarle la libertad... pero no le iban a quitar el placer de quejarse.
-En el fondo tiene razón.
-Cállate.
-Pero es que es verdad, y yo tampoco sabía que eso tenía que ver contigo y...
-He dicho que te calles, Gonzalo.
Sombra maldecía para sus adentros, pero no podía dejar de ver que, de algún modo, pese a las pistolas, los matones y toda la parafernalia, la balanza se había inclinado un poco, solo un minúsculo poco, a su favor. Lo veía en la duda de los tipos, en la manera nerviosa de moverse de Claudia. Jo, cómo había crecido la renacuaja de Claudia, cómo se había puesto... Jo, y seguía siendo tan insufrible como con 6 años...
El Gato también pudo ver la duda, porque decidió seguir metiendo baza.
-Vamos, papá... Si llego a saber que se la tenías jurada a esos tipos, no les habría echado un cable y lo sabes...
Y, lo peor, es que funcionó. El señor Antares resopló y con un gruñido le hizo un gesto hacia la puerta.
-¿Pretendes que me crea que no sabías nada? -El Gato recurrió a su cara más inocente. Le salía demasiado bien. -Muy bien, muy bien... Lárgate con tu amiguito si es lo que quieres, pero hablaremos en mi casa, sin tanta gente, a la noche. Ni se te ocurra desaparecer o te encontraré y me dará igual que seas mi hijo o un gato callejero. -Sonrió con su propio chiste. -Ni se te ocurra llegar tarde a la cena.
El Gato agarró a Sombra del brazo y tiró de él antes de que tuviera tiempo a pensar nada más, mientras que Claudia los atravesaba con la mirada. Lo obligó a correr escaleras abajo.
-¿Eso es todo? ¿Te invito a cenar y se acabó? ¿Me estás tomando el pelo, Gato?
-No seas imbécil... -Abrió el coche y le invitó a entrar. Sombra, aún algo alucinado, obedeció, sujetándose la muñeca con un gruñido sordo.
-Voy a tener que ir al hospital... maldita sea...
El Gato no contestó, solo arrancó y enfiló carretera alante. Sombra empezó a extrañarse cuando el coche salió de la ciudad y cogió en dirección al aeropuerto. En el siguiente semáforo, el Gato, se giró hacia él, mostrando su mejor sonrisa de divo.
-¿Has estado alguna vez en Brasil, Sombra? Seguro que te va a gustar...
----
Fin.
Muchas gracias por haber estado ahí.
Como habéis sido buenos, os dejo una última votación como regalo de Reyes. ¿Qué queréis como epílogo?
a) ¿Qué había en las fotos de la cámara?
b) ¿De dónde salieron las nueces?
c) ¿Qué favor quería Ella?
d) ¿Qué había en las fotos que robó Sombra?
e) ¿De dónde salió el cadáver?
f) Si se os ocurre algo mejor... Ya sabéis. Comments!
¡¡Y FELIZ AÑO NUEVO!!
-¡Claro que no! ¡Por supuesto que no deberíais haberme metido en esto! Ya me diréis qué coño pinto yo aquí, ¡joder! ¿Sabéis cuál era mi plan de hoy? Levantarme, ducharme, mandar las putas fotos de ayer a la agencia y dormitar en el sofá... o en la misma cama el resto del día. ¿Era tanto pedir? ¿En serio? ¿Un puto domingo tranquilo?
Se había puesto de pie y ahora los encaraba, sobre todo al hombre del traje.
-No te pases, Simón, haz el favor de volver a sentarte.
-Sombra...
-¡Ni Simón, ni Sombra, ni hostias! ¿Pero qué os habéis pensado que soy? ¿Un puto juguete que andar arrastrando a vuestro antojo? ¡Sí! ¡He dicho vuestro! ¡Hablo contigo también, Gato! ¡Empiezo a estar muy harto! ¿Sabías que esto tenía que ver con los rollos de tu padre y no me dices nada?
Sombra pudo advertir un pequeño matiz de sorpresa en los dos matones articulados y se volvió hacia ellos.
-Sí, padre, no teníais ni idea vosotros tampoco, ¿verdad? ¿Qué pensabais, que se apellidaban igual para darle más énfasis al rollo odio-odio que se traen, como una novela barata de sobremesa? Antares vs. Antares, the final battle... ¡Pues ya podéis jugar vosotros esta última partida porque yo me las piro!
Dicho esto se giró hacia la puerta, recuperando de golpe todo su orgullo, su valor y su dignidad perdida. No le duraron demasiado.
-Siéntate, Simón.
Se quedó clavado en el sitio. Era ese tono de "estás en un lío del quince, chaval, y la colleja que te va a caer es de órdago" que tan bien conocía, solo que ya no tenía 8 años y el chasquido de las armas de los matones al cargarse, no auguraban nada bueno. Por un momento, echó de menos las collejas.
Volvió a darse la vuelta y se sentó otra vez. Refunfuñando, eso sí. Podrían quitarle la vida, podrían quitarle la libertad... pero no le iban a quitar el placer de quejarse.
-En el fondo tiene razón.
-Cállate.
-Pero es que es verdad, y yo tampoco sabía que eso tenía que ver contigo y...
-He dicho que te calles, Gonzalo.
Sombra maldecía para sus adentros, pero no podía dejar de ver que, de algún modo, pese a las pistolas, los matones y toda la parafernalia, la balanza se había inclinado un poco, solo un minúsculo poco, a su favor. Lo veía en la duda de los tipos, en la manera nerviosa de moverse de Claudia. Jo, cómo había crecido la renacuaja de Claudia, cómo se había puesto... Jo, y seguía siendo tan insufrible como con 6 años...
El Gato también pudo ver la duda, porque decidió seguir metiendo baza.
-Vamos, papá... Si llego a saber que se la tenías jurada a esos tipos, no les habría echado un cable y lo sabes...
Y, lo peor, es que funcionó. El señor Antares resopló y con un gruñido le hizo un gesto hacia la puerta.
-¿Pretendes que me crea que no sabías nada? -El Gato recurrió a su cara más inocente. Le salía demasiado bien. -Muy bien, muy bien... Lárgate con tu amiguito si es lo que quieres, pero hablaremos en mi casa, sin tanta gente, a la noche. Ni se te ocurra desaparecer o te encontraré y me dará igual que seas mi hijo o un gato callejero. -Sonrió con su propio chiste. -Ni se te ocurra llegar tarde a la cena.
El Gato agarró a Sombra del brazo y tiró de él antes de que tuviera tiempo a pensar nada más, mientras que Claudia los atravesaba con la mirada. Lo obligó a correr escaleras abajo.
-¿Eso es todo? ¿Te invito a cenar y se acabó? ¿Me estás tomando el pelo, Gato?
-No seas imbécil... -Abrió el coche y le invitó a entrar. Sombra, aún algo alucinado, obedeció, sujetándose la muñeca con un gruñido sordo.
-Voy a tener que ir al hospital... maldita sea...
El Gato no contestó, solo arrancó y enfiló carretera alante. Sombra empezó a extrañarse cuando el coche salió de la ciudad y cogió en dirección al aeropuerto. En el siguiente semáforo, el Gato, se giró hacia él, mostrando su mejor sonrisa de divo.
-¿Has estado alguna vez en Brasil, Sombra? Seguro que te va a gustar...
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Fin.
Muchas gracias por haber estado ahí.
Como habéis sido buenos, os dejo una última votación como regalo de Reyes. ¿Qué queréis como epílogo?
a) ¿Qué había en las fotos de la cámara?
b) ¿De dónde salieron las nueces?
c) ¿Qué favor quería Ella?
d) ¿Qué había en las fotos que robó Sombra?
e) ¿De dónde salió el cadáver?
f) Si se os ocurre algo mejor... Ya sabéis. Comments!
¡¡Y FELIZ AÑO NUEVO!!
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votación
Encuesta capítulo 19
Termina el año... Y con él nuestra historia. Muchas gracias por haber colaborado y por haber tirado de mí estos meses para seguir capítulo a capítulo...
En breves, el 20.
21 de diciembre de 2011
Capítulo 19 - Asuntos familiares
Sombra lanzó una última mirada al coche antes de entrar. Era una oportunidad tan buena... Pero estaba convencido de que no funcionaría. Con su maldita mala suerte seguro que lo tumbaban al primer signo de huida. Y, además, no podía dejar al Gato tirado. No podía ser tan cobarde y traicionarlo así, menos aún cuando el Gato no lo había dejado en la estacada y se había entregado por acompañarlo. Buen Gato...
De modo que, medio a regañadientes y pseudoarrastrado por los matones de turno, le tocó volver a subir los tres pisos. Sin embargo, esta vez pasaron por la puerta de enfrente.
Sombra se encontró en un piso más amplio y mejor amueblado. Mucho mejor, dónde iba a parar, con ese sofá el doble de grande que el otro, y sin las botellas ni la ropa tirada... Eso sí, la joven del pelo azul, Claudia, volvía a estar acomodada en el sofá. Y el dueño de la voz que tanto le sonaba.
Joder, vaya si le sonaba la voz. La voz y la cara y los gestos y el traje caro. Y la sonrisa, por supuesto. Esa sonrisa felina que, junto con la mirada de depredador que la acompañaba, hacía que el Gato perdiera su mayúscula y se quedara en un simple minino aficionado.
Mierda, cómo le había impresionado ese hombre cuando tenía 8 años, cómo lo intrigaba siempre detrás de la puerta de su despacho, qué respeto imponía cada vez que se asomaba para mandarles callar o soltarles un pescozón por haberla liado (otra vez) en el colegio. Mierda, qué respeto imponía ahora con la colección de matones articulados que lo acompañaba. Y venían con todos los extras, joder, joder... De todas esas armas sí que no se acordaba...
-Gonzalo, Simón. Sentados.
Señaló el sofá y ellos, como perrillos entrenados, obedecieron. El Gato se acomodó cruzando una pierna sobre la otra y le respondió con un gesto de cabeza y una sonrisa indolente, manteniéndose en su sitio. En cuanto a Sombra, tuvo que echarle más valor.
-Bu... Buenos días, señor Antares...
- ¿Días? ¿Es que acabas de levantarte, Simón? -Su sonrisa felina se acrecentó.
"Como si no supiera el tiempo que llevo levantado el tío... como si no supiera hasta las veces que he ido a mear... ¡oh, mierda! Maldita sea, Sombra... ¿Por qué tienes que pensar en 'eso' justo ahora?"
-Pero no me habéis dado tiempo a comer... Lo cierto es que me estoy muriendo de hambre y... ¿Puedo ir al baño?
Simplemente lo miró, antes de centrarse en el Gato.
-Teníamos un trato, Guillermo. Tú no te metías en mis asuntos y yo te dejaba en paz.
-Yo no me he metido en tus asuntos.
-¿Ah, no? Creo que las fotos que robó Simón no dicen lo mismo...
Sombra se sintió culpable, terriblemente culpable... Aunque sabía que no tenía por qué sentirse así. A fin de cuentas, él solo había cogido unas fotos. Ellos eran los que habían matado al tipo, ¿no? O al menos eso creía. Y los que lo habían drogado y perseguido y jugado con él todo el maldito día. Y apostaba a que también eran los culpables de que hubiera pegado al Gato y de que le doliera tanto la maldita cabeza y que estuviera muerto de hambre y de que Ella lo odiara y de que se estuviera meando. ¡Joder!
-Tergiversadas. Y además, no debisteis meterlo en esto.
No, claro que no debían haberlo metido... ¿Pero qué coño les pasaba? Con sus pistolas y sus puestas en escena de película de acción americana... ¿No podían haberlo solucionado tranquilamente en el despacho de caoba y a él haberlo dejado en paz, mandar las fotos al curro y volverse a la cama?
Sombra ya empezaba a calentarse así que analizó la situación. Tenía que hacer algo, ¿pero qué? El matón que tenía más cerca parecía divertido con la pequeña batalla dialéctica que parecía a punto de empezar y sostenía la pistola distraídamente. Podía ser una oportunidad... o un suicidio. O una broma, sí, tenía que ser una broma, porque aquello no podía estar pasando, a él no, joder, ya tenía bastante, no podía ser verdad... maldita sea... ¡malditos cabrones!
----------
Llegado a este punto de desequilibrio mental, Sombra decide:
a) Hacerse el valiente e intentar coger la pistola.
b) Dejarse llevar por su recién adquirida locura y echar a correr por la sala gritando ¡es una broma!
c) Recuperar parte de su dignidad pisoteada y dar su opinión. A gritos.
d) Dejarse llevar por la desesperación y echarse a llorar cual niño.
e) ¿Se os ocurre a vosotros algo mejor? ¿Qué? ¡Contádmelo!
¡¡Vamos que solo queda un capítulo!! ¿Preparados para el desenlace?
De modo que, medio a regañadientes y pseudoarrastrado por los matones de turno, le tocó volver a subir los tres pisos. Sin embargo, esta vez pasaron por la puerta de enfrente.
Sombra se encontró en un piso más amplio y mejor amueblado. Mucho mejor, dónde iba a parar, con ese sofá el doble de grande que el otro, y sin las botellas ni la ropa tirada... Eso sí, la joven del pelo azul, Claudia, volvía a estar acomodada en el sofá. Y el dueño de la voz que tanto le sonaba.
Joder, vaya si le sonaba la voz. La voz y la cara y los gestos y el traje caro. Y la sonrisa, por supuesto. Esa sonrisa felina que, junto con la mirada de depredador que la acompañaba, hacía que el Gato perdiera su mayúscula y se quedara en un simple minino aficionado.
Mierda, cómo le había impresionado ese hombre cuando tenía 8 años, cómo lo intrigaba siempre detrás de la puerta de su despacho, qué respeto imponía cada vez que se asomaba para mandarles callar o soltarles un pescozón por haberla liado (otra vez) en el colegio. Mierda, qué respeto imponía ahora con la colección de matones articulados que lo acompañaba. Y venían con todos los extras, joder, joder... De todas esas armas sí que no se acordaba...
-Gonzalo, Simón. Sentados.
Señaló el sofá y ellos, como perrillos entrenados, obedecieron. El Gato se acomodó cruzando una pierna sobre la otra y le respondió con un gesto de cabeza y una sonrisa indolente, manteniéndose en su sitio. En cuanto a Sombra, tuvo que echarle más valor.
-Bu... Buenos días, señor Antares...
- ¿Días? ¿Es que acabas de levantarte, Simón? -Su sonrisa felina se acrecentó.
"Como si no supiera el tiempo que llevo levantado el tío... como si no supiera hasta las veces que he ido a mear... ¡oh, mierda! Maldita sea, Sombra... ¿Por qué tienes que pensar en 'eso' justo ahora?"
-Pero no me habéis dado tiempo a comer... Lo cierto es que me estoy muriendo de hambre y... ¿Puedo ir al baño?
Simplemente lo miró, antes de centrarse en el Gato.
-Teníamos un trato, Guillermo. Tú no te metías en mis asuntos y yo te dejaba en paz.
-Yo no me he metido en tus asuntos.
-¿Ah, no? Creo que las fotos que robó Simón no dicen lo mismo...
Sombra se sintió culpable, terriblemente culpable... Aunque sabía que no tenía por qué sentirse así. A fin de cuentas, él solo había cogido unas fotos. Ellos eran los que habían matado al tipo, ¿no? O al menos eso creía. Y los que lo habían drogado y perseguido y jugado con él todo el maldito día. Y apostaba a que también eran los culpables de que hubiera pegado al Gato y de que le doliera tanto la maldita cabeza y que estuviera muerto de hambre y de que Ella lo odiara y de que se estuviera meando. ¡Joder!
-Tergiversadas. Y además, no debisteis meterlo en esto.
No, claro que no debían haberlo metido... ¿Pero qué coño les pasaba? Con sus pistolas y sus puestas en escena de película de acción americana... ¿No podían haberlo solucionado tranquilamente en el despacho de caoba y a él haberlo dejado en paz, mandar las fotos al curro y volverse a la cama?
Sombra ya empezaba a calentarse así que analizó la situación. Tenía que hacer algo, ¿pero qué? El matón que tenía más cerca parecía divertido con la pequeña batalla dialéctica que parecía a punto de empezar y sostenía la pistola distraídamente. Podía ser una oportunidad... o un suicidio. O una broma, sí, tenía que ser una broma, porque aquello no podía estar pasando, a él no, joder, ya tenía bastante, no podía ser verdad... maldita sea... ¡malditos cabrones!
----------
Llegado a este punto de desequilibrio mental, Sombra decide:
a) Hacerse el valiente e intentar coger la pistola.
b) Dejarse llevar por su recién adquirida locura y echar a correr por la sala gritando ¡es una broma!
c) Recuperar parte de su dignidad pisoteada y dar su opinión. A gritos.
d) Dejarse llevar por la desesperación y echarse a llorar cual niño.
e) ¿Se os ocurre a vosotros algo mejor? ¿Qué? ¡Contádmelo!
¡¡Vamos que solo queda un capítulo!! ¿Preparados para el desenlace?
29 de noviembre de 2011
Encuesta capítulo 18
Bueno, chicos... Nos acercamos peligrosamente al final. De momento las votaciones han quedado así:
El 16 entrego el proyecto, así que, si no puedo ponerme antes, procuraré tener el próximo capítulo antes de Navidad...
13 de noviembre de 2011
Capítulo 18 - La caída
El Gato le respondió con un gesto de la cabeza hacia la ventana y Sombra asintió.
- Lo siento... ya te llamaré.
Se sintió como el chulo de la película, despidiéndose así de la chica, como un perdonavidas cualquiera... Se asomó a la ventana y, no sin algo de esfuerzo, salió al alféizar y saltó. El aterrizaje sobre el tejadillo no fue tan agradable como esperaba. La plancha cedió ligeramente bajo sus pies, abombándose, y perdió el equilibrio de modo que cayó dándose con el hombro y el Gato, que bajaba tras él, casi le cayó encima. Giró, para evitarlo, y al hacerlo Sombra se precipitó del tejado al suelo. Al apoyar la mano en la acera notó un chasquido sordo y la punzada de dolor fue tal que eclipsó al resto del golpe contra el suelo.
- ¡Me cago en...! ¡Joder!
El Gato aterrizó con mucho más estilo a su lado, limpiamente, de pie y apoyando una mano en el suelo al flexionar las rodillas para amortiguarse. Echó a correr precediéndolo mientras Sombra se levantaba malamente, derrapaba y salía en pos de él.
No llegaron demasiado lejos. Uno de los tipos de la mañana les cerró el paso, saliendo de la nada. Intentaron esquivarlo pero golpeó a Sombra, que volvió al suelo pesadamente con un juramente y un par de maldiciones extra. El Gato, que ya se había escabullido, aún avanzó algunos metros más, pero al volverse y ver a Sombra siendo levantado por otro de los matones que salía del edificio, frenó la carrera y alzó las manos, volviéndose hacia ellos.
- Vale, muy bien, vosotros ganáis...
El tipo empujó a Sombra para hacerlo regresar mientras que el matón de la mañana acudía a por el Gato. Sombra se sujetó la muñeca con la mano contraria, acompañando el gesto con un quejido agónico que pretendía dar a entender todo el dolor de su cuerpo y alma y lo absolutamente desesperado que se encontraba por la situación, pero lo único que consiguió fue otro empellón que casi lo hace dar con sus huesos por tierra por tercera vez. El de la mañana también empujó al Gato de muy malas formas, cuando algo en la mente de Sombra lo alertó, como una sirena de ambulancia. Un coche reducía la marcha y frenaba unos metros más alante y su conductor bajaba sin frenar el motor y sacaba una bolsa del maletero apresuradamente.
La alarma del cerebro de Sombra encendió todas sus luces y aulló con más fuerza cuando el tipo que lo sujetaba aflojó la mano para sujetar también al Gato, mucho más peligroso, donde iba a parar... en el momento mismo en el que Sombra iba a franquear el umbral y el tipo del coche apoyaba la bolsa en el suelo y cerraba el maletero.
-----
De modo que Sombra...
a) Echa a correr y se monta en el coche, huyendo y abandonando al Gato a su suerte.
b) Toma aire y le echa valor al asunto, subiendo dignamente las escaleras para enfrentarse a los del piso.
c) Franquea el umbral pero echa a correr escaleras arriba, pidiendo asilo político en cualquier otro piso.
d) ¿Otra? Me estoy quedando sin ideas, así que ya sabéis... ¡A comentar!
- Lo siento... ya te llamaré.
Se sintió como el chulo de la película, despidiéndose así de la chica, como un perdonavidas cualquiera... Se asomó a la ventana y, no sin algo de esfuerzo, salió al alféizar y saltó. El aterrizaje sobre el tejadillo no fue tan agradable como esperaba. La plancha cedió ligeramente bajo sus pies, abombándose, y perdió el equilibrio de modo que cayó dándose con el hombro y el Gato, que bajaba tras él, casi le cayó encima. Giró, para evitarlo, y al hacerlo Sombra se precipitó del tejado al suelo. Al apoyar la mano en la acera notó un chasquido sordo y la punzada de dolor fue tal que eclipsó al resto del golpe contra el suelo.
- ¡Me cago en...! ¡Joder!
El Gato aterrizó con mucho más estilo a su lado, limpiamente, de pie y apoyando una mano en el suelo al flexionar las rodillas para amortiguarse. Echó a correr precediéndolo mientras Sombra se levantaba malamente, derrapaba y salía en pos de él.
No llegaron demasiado lejos. Uno de los tipos de la mañana les cerró el paso, saliendo de la nada. Intentaron esquivarlo pero golpeó a Sombra, que volvió al suelo pesadamente con un juramente y un par de maldiciones extra. El Gato, que ya se había escabullido, aún avanzó algunos metros más, pero al volverse y ver a Sombra siendo levantado por otro de los matones que salía del edificio, frenó la carrera y alzó las manos, volviéndose hacia ellos.
- Vale, muy bien, vosotros ganáis...
El tipo empujó a Sombra para hacerlo regresar mientras que el matón de la mañana acudía a por el Gato. Sombra se sujetó la muñeca con la mano contraria, acompañando el gesto con un quejido agónico que pretendía dar a entender todo el dolor de su cuerpo y alma y lo absolutamente desesperado que se encontraba por la situación, pero lo único que consiguió fue otro empellón que casi lo hace dar con sus huesos por tierra por tercera vez. El de la mañana también empujó al Gato de muy malas formas, cuando algo en la mente de Sombra lo alertó, como una sirena de ambulancia. Un coche reducía la marcha y frenaba unos metros más alante y su conductor bajaba sin frenar el motor y sacaba una bolsa del maletero apresuradamente.
La alarma del cerebro de Sombra encendió todas sus luces y aulló con más fuerza cuando el tipo que lo sujetaba aflojó la mano para sujetar también al Gato, mucho más peligroso, donde iba a parar... en el momento mismo en el que Sombra iba a franquear el umbral y el tipo del coche apoyaba la bolsa en el suelo y cerraba el maletero.
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De modo que Sombra...
a) Echa a correr y se monta en el coche, huyendo y abandonando al Gato a su suerte.
b) Toma aire y le echa valor al asunto, subiendo dignamente las escaleras para enfrentarse a los del piso.
c) Franquea el umbral pero echa a correr escaleras arriba, pidiendo asilo político en cualquier otro piso.
d) ¿Otra? Me estoy quedando sin ideas, así que ya sabéis... ¡A comentar!
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Encuesta capítulo 17
Es tarde para ponerme con el dibu de la encuesta y seguro que preferís capi, así que allá va...
[Fe de erratas: sé que nadie se ha dado cuenta, mejor para mí... pero Sombra y Gato subieron a un segundo, no a un tercero... Lo siento por la equivocación :/ ]
a) Se enfrentan a Ella.
2 (20%)
b) Se enfrentan al hombre del salón.
1 (10%)
c) Saltan por la ventana.
4 (40%)
d) Se esconden bajo la cama.
3 (30%)
e) ¿Otra? ¿Qué? ¡Coméntamelo!
0 (0%)
[Fe de erratas: sé que nadie se ha dado cuenta, mejor para mí... pero Sombra y Gato subieron a un segundo, no a un tercero... Lo siento por la equivocación :/ ]
15 de octubre de 2011
Capítulo 17 - Visitas
- ¿Qué se supone que es eso?
Ella se encogió de hombros.
- Nada. - Otro ruido. -El gato. -Sonrisa.
- Tú no tienes gato. -Ella acompañó las palabras del Gato con una risa corta. -¿Quién anda ahí?
- ¿Y eso qué coño os importa? Es mi casa. Estará quien a mí me salga de los ovarios.
Sombra, se encaminó al pasillo, casi precedido por el Gato. Ella les intentó cerrar el paso, pero el otro ya la estaba apartando con un empujón, sujetándola del brazo, mientras la amenazaba con un tono sombrío.
- Más te vale quedarte quietecita, Claudia.
Enfilaron el pasillo a paso rápido, pero Sombra no pudo evitar preguntar.
- ¿La conoces?
- ¿Que si qué? -De la sorpresa, el Gato se quedó parado, dedicándole una larga mirada de desconcierto y compasión. -Pensaba que estabas de coña... No estás de coña, ¿verdad? Sombra... ¿Que si conozco a Claudia? ¿En serio te han licuado el cerebro? ¿Claudia? ¿No te suena de nada? ¿La insufrible e insoportable Claudia Antares, con sus estúpidas coletas siempre jodiendo al personal? Vale que haga años que no la ves, pero tío...
Sombra abrió mucho los ojos, incrédulo. Miró al salón por encima del hombro, intentando verla de nuevo, pero otro ruido le hizo volver en sí y ambos entraron en la habitación, Sombra un paso por delante del Gato. La habitación también era pequeña y la cama estaba deshecha. En ella, una sombra oscura formada por largos cabellos ondulados y revueltos se removió. La maraña se apartó siguiendo las órdenes de un brazo claro y delgado que salió de entre las sábanas, y dio paso a una cara que Sombra conocía bien... Ella...
- ¿Sombra?
-Ho... hola...
Ella le clavó una mirada fría, cargada de odio y desprecio que le sentó como una bofetada doble. Tenía los ojos brillantes y expresión adormecida y enferma. Aún así su voz sonó alta y firme.
- ¿Por eso no podías ayudarme? ¿Porque habías quedado con este...?
En ese momento oyeron la puerta de la entrada abriéndose. Para Sombra el sonido fue una mezcla de alivio y alarma. Y no sabía cuál de las dos sensaciones pesaba más. A esas alturas la resaca ya empezaba a parecerle una nimiedad dentro del surrealismo del día, y el runrún de su estómago vacío solo era un eco lejano, el recuerdo de algo que fuera y ya no había más. ¿Necesidades físicas? Menudencias...
Se asomó a la ventana buscando una salida alternativa. Era un tercero, lo sabía, pero dentro de todo aquel absurdo esperaba, quizá, el milagro de una escalera contra el alféizar. O, por qué no, un grupo de bomberos, como en las películas, sujetando una gran lona blanca con una diana pintada. La imagen le resultó hilarante y no pudo evitar reír mientras apartaba las cortinas para encontrar, no las escaleras ni los bomberos, sino el tejadillo rígido de una cafetería. Bueno, no era muy bueno en matemáticas, pero eso podría restar un piso, ¿no? Y uno no se mataba al tirarse de un segundo, ¿verdad?
Su ataque de risa, había provocado un par de improperios por parte de ella y una mirada fulminante del Gato, que ahora fijo que estaba convencido de su desequilibrio mental. La vio tomar aire para volver a la carga, pero desde el salón les llegó una voz profunda que a Sombra no se le hizo del todo desconocida.
- ¡Gonzalo Antares y Simón Figueiroa! Han de saber, señores, que están empezando a darme demasiados quebraderos de cabeza y empiezo a estar un poco harto de todo esto...
Sombra miró al Gato, interrogante. Le indicó con un gesto de cabeza la ventana alzando dos dedos de la mano derecha. Ella aprovechó el momento de silencio para empezar de nuevo a gritarle.
-¿Es que piensas suicidarte antes de contestarme?
------------------------------
Sombra y Gato deciden:
a) Enfrentarse a Ella para que deje de gritar.
b) Salir de vuelta al salón y enfrentarse al hombre.
c) Saltar por la ventana y confiar en su buena fortuna.
d) Esconderse debajo de la cama.
e) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentad!
Ella se encogió de hombros.
- Nada. - Otro ruido. -El gato. -Sonrisa.
- Tú no tienes gato. -Ella acompañó las palabras del Gato con una risa corta. -¿Quién anda ahí?
- ¿Y eso qué coño os importa? Es mi casa. Estará quien a mí me salga de los ovarios.
Sombra, se encaminó al pasillo, casi precedido por el Gato. Ella les intentó cerrar el paso, pero el otro ya la estaba apartando con un empujón, sujetándola del brazo, mientras la amenazaba con un tono sombrío.
- Más te vale quedarte quietecita, Claudia.
Enfilaron el pasillo a paso rápido, pero Sombra no pudo evitar preguntar.
- ¿La conoces?
- ¿Que si qué? -De la sorpresa, el Gato se quedó parado, dedicándole una larga mirada de desconcierto y compasión. -Pensaba que estabas de coña... No estás de coña, ¿verdad? Sombra... ¿Que si conozco a Claudia? ¿En serio te han licuado el cerebro? ¿Claudia? ¿No te suena de nada? ¿La insufrible e insoportable Claudia Antares, con sus estúpidas coletas siempre jodiendo al personal? Vale que haga años que no la ves, pero tío...
Sombra abrió mucho los ojos, incrédulo. Miró al salón por encima del hombro, intentando verla de nuevo, pero otro ruido le hizo volver en sí y ambos entraron en la habitación, Sombra un paso por delante del Gato. La habitación también era pequeña y la cama estaba deshecha. En ella, una sombra oscura formada por largos cabellos ondulados y revueltos se removió. La maraña se apartó siguiendo las órdenes de un brazo claro y delgado que salió de entre las sábanas, y dio paso a una cara que Sombra conocía bien... Ella...
- ¿Sombra?
-Ho... hola...
Ella le clavó una mirada fría, cargada de odio y desprecio que le sentó como una bofetada doble. Tenía los ojos brillantes y expresión adormecida y enferma. Aún así su voz sonó alta y firme.
- ¿Por eso no podías ayudarme? ¿Porque habías quedado con este...?
En ese momento oyeron la puerta de la entrada abriéndose. Para Sombra el sonido fue una mezcla de alivio y alarma. Y no sabía cuál de las dos sensaciones pesaba más. A esas alturas la resaca ya empezaba a parecerle una nimiedad dentro del surrealismo del día, y el runrún de su estómago vacío solo era un eco lejano, el recuerdo de algo que fuera y ya no había más. ¿Necesidades físicas? Menudencias...
Se asomó a la ventana buscando una salida alternativa. Era un tercero, lo sabía, pero dentro de todo aquel absurdo esperaba, quizá, el milagro de una escalera contra el alféizar. O, por qué no, un grupo de bomberos, como en las películas, sujetando una gran lona blanca con una diana pintada. La imagen le resultó hilarante y no pudo evitar reír mientras apartaba las cortinas para encontrar, no las escaleras ni los bomberos, sino el tejadillo rígido de una cafetería. Bueno, no era muy bueno en matemáticas, pero eso podría restar un piso, ¿no? Y uno no se mataba al tirarse de un segundo, ¿verdad?
Su ataque de risa, había provocado un par de improperios por parte de ella y una mirada fulminante del Gato, que ahora fijo que estaba convencido de su desequilibrio mental. La vio tomar aire para volver a la carga, pero desde el salón les llegó una voz profunda que a Sombra no se le hizo del todo desconocida.
- ¡Gonzalo Antares y Simón Figueiroa! Han de saber, señores, que están empezando a darme demasiados quebraderos de cabeza y empiezo a estar un poco harto de todo esto...
Sombra miró al Gato, interrogante. Le indicó con un gesto de cabeza la ventana alzando dos dedos de la mano derecha. Ella aprovechó el momento de silencio para empezar de nuevo a gritarle.
-¿Es que piensas suicidarte antes de contestarme?
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Sombra y Gato deciden:
a) Enfrentarse a Ella para que deje de gritar.
b) Salir de vuelta al salón y enfrentarse al hombre.
c) Saltar por la ventana y confiar en su buena fortuna.
d) Esconderse debajo de la cama.
e) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentad!
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8 de octubre de 2011
Encuesta capítulo 16
Estoy tirando a moribunda/enferma, y tengo millones y millones que hacer para el trabajo de las prácticas, así que no os voy a prometer nada. De todos modos intentaré tener el próximo capítulo para este fin de semana, ¿vale? Pero no os hagáis ilusiones... Ay...
2 de octubre de 2011
Capítulo 16 - Interrogatorio
-Pues verás... Oye, espera. ¿Que te cuente qué? Eres tú la que tiene que empezar a largar...
Miró al Gato en busca de ayuda. El otro fue seco y directo.
-¿Quién envía el paquete? No trabajas para ninguna mensajería, ¿verdad?
Su respuesta fue un largo trago a la botella de cerveza y una mirada indolente y cansada. Rebuscó en los bolsillos y le hizo un gesto a Sombra para que le acercara el bolso que había debajo de un cojín. De él sacó la cartera y una tarjeta identificativa. De una mensajería. La leyó en voz alta con una sonrisa triunfal y la metió de nuevo en la cartera, tirando el bolso a un rincón.
-¿Contentos?
-No.
Contestaron a coro, como si lo hubieran ensayado.
-¿Quién envía el paquete?
-¿Por qué habría de saberlo?
-Deberías tener un recibo, ¿no? Remitente y esas cosas...
Sombra se apoyó el en respaldo, paseando la mirada de uno a otro. El Gato la interrogaba sin quitarse las gafas de sol, a pesar de la penumbra del lugar, solo porque le ocultaba los golpes y se sentía más chulesco y seguro detrás, lo sabía. Sombra pasó a analizar a la chica mientras esta hacía un gesto desabrido con la mano, quitándole importancia a las palabras del Gato. Era mona. El pelo azul y los agujeros no le restaban carisma.
-Se quedó en la oficina.
-Podemos registrarla.
Sombra sonrió al Gato, que lo miró como pidiéndole silencio. No era momento de bromas. Intentó acomodarse. Tarea imposible. Además se estaba muriendo de hambre, no había comido nada desde el desayuno y ya debía ser media tarde. Apoyó un brazo sobre su estómago cuando un ruido en una habitación al fondo le alertó. Se puso rígido en el asiento y notó como el Gato hacía lo mismo. Ella, en cambio, hizo como que no había oído nada.
-Registradme si queréis. -Sonrió a Sombra con toda la picardía que guardaba en su menudo cuerpo. -No sé quién manda el paquete, así que no vais a sacar nada en limpio.
El Gato la miró. La maltrecha mente de Sombra lo imaginó erizando el pelaje y afilándose las uñas contra el borde del sofá.
-Déjate de estupideces, Carla. Quién. Y por qué.
Sombra dio un respingo, sorprendido. Ella suspiró y cogió el móvil de nuevo. Pulsó un par de botones y ya lo tenía en la oreja.
-Están en mi casa. -Un breve silencio. -Porque he dicho están. -Un silencio aún más breve, milimétrico. -Vale, espero.
El Gato se levantó de un salto, mirando a Sombra.
-¿Pero qué coño?
-Bah, no os preocupéis... Ahora vendrán a buscaros y contestarán a todas vuestras preguntas. ¿No queríais eso?
En la habitación del fondo volvió a oírse el mismo ruido, como un quejido ahogado, y Sombra se puso en pie junto al Gato.
-Me cago en la sota de bastos y el tres de picas...
----
Sombra y Gato, llegado este momento:
a) Esperan a que los vayan a buscar y respondan a sus preguntas.
b) Huyen de nuevo. (Y Sombra aprovecha para buscar dónde comer.)
c) Van a investigar qué es el ruido ese.
d) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentarios comentarios comentarios!
Miró al Gato en busca de ayuda. El otro fue seco y directo.
-¿Quién envía el paquete? No trabajas para ninguna mensajería, ¿verdad?
Su respuesta fue un largo trago a la botella de cerveza y una mirada indolente y cansada. Rebuscó en los bolsillos y le hizo un gesto a Sombra para que le acercara el bolso que había debajo de un cojín. De él sacó la cartera y una tarjeta identificativa. De una mensajería. La leyó en voz alta con una sonrisa triunfal y la metió de nuevo en la cartera, tirando el bolso a un rincón.
-¿Contentos?
-No.
Contestaron a coro, como si lo hubieran ensayado.
-¿Quién envía el paquete?
-¿Por qué habría de saberlo?
-Deberías tener un recibo, ¿no? Remitente y esas cosas...
Sombra se apoyó el en respaldo, paseando la mirada de uno a otro. El Gato la interrogaba sin quitarse las gafas de sol, a pesar de la penumbra del lugar, solo porque le ocultaba los golpes y se sentía más chulesco y seguro detrás, lo sabía. Sombra pasó a analizar a la chica mientras esta hacía un gesto desabrido con la mano, quitándole importancia a las palabras del Gato. Era mona. El pelo azul y los agujeros no le restaban carisma.
-Se quedó en la oficina.
-Podemos registrarla.
Sombra sonrió al Gato, que lo miró como pidiéndole silencio. No era momento de bromas. Intentó acomodarse. Tarea imposible. Además se estaba muriendo de hambre, no había comido nada desde el desayuno y ya debía ser media tarde. Apoyó un brazo sobre su estómago cuando un ruido en una habitación al fondo le alertó. Se puso rígido en el asiento y notó como el Gato hacía lo mismo. Ella, en cambio, hizo como que no había oído nada.
-Registradme si queréis. -Sonrió a Sombra con toda la picardía que guardaba en su menudo cuerpo. -No sé quién manda el paquete, así que no vais a sacar nada en limpio.
El Gato la miró. La maltrecha mente de Sombra lo imaginó erizando el pelaje y afilándose las uñas contra el borde del sofá.
-Déjate de estupideces, Carla. Quién. Y por qué.
Sombra dio un respingo, sorprendido. Ella suspiró y cogió el móvil de nuevo. Pulsó un par de botones y ya lo tenía en la oreja.
-Están en mi casa. -Un breve silencio. -Porque he dicho están. -Un silencio aún más breve, milimétrico. -Vale, espero.
El Gato se levantó de un salto, mirando a Sombra.
-¿Pero qué coño?
-Bah, no os preocupéis... Ahora vendrán a buscaros y contestarán a todas vuestras preguntas. ¿No queríais eso?
En la habitación del fondo volvió a oírse el mismo ruido, como un quejido ahogado, y Sombra se puso en pie junto al Gato.
-Me cago en la sota de bastos y el tres de picas...
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Sombra y Gato, llegado este momento:
a) Esperan a que los vayan a buscar y respondan a sus preguntas.
b) Huyen de nuevo. (Y Sombra aprovecha para buscar dónde comer.)
c) Van a investigar qué es el ruido ese.
d) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentarios comentarios comentarios!
20 de septiembre de 2011
Capítulo 15 - La mensajera
- Creo que, de meterme en la boca del lobo, prefiero hacerlo con un gato con las garras afiladas al lado...
El Gato le obsequió con su mejor sonrisa de perdonavidas tras las gafas de sol y cerró la capota del Mercedes. Salió al tiempo que Sombra y cerró el coche, que les despidió con alegre pit-pit.
-Anda, vamos.
Subieron las escaleras. Eran dos pisos (¿de nuevo dos pisos?). Sombra tuvo una ligera sensación de alarma al darse cuenta, pero aún así decidieron pasar del ascensor de modo tácito, tal vez porque a ninguno de los dos les apetecía encerrarse cuando se sabían camino de una trampa.
Al subir los últimos escalones, Sombra, que iba delante, sacó el móvil para llamarla y preguntarle la puerta, pero entonces la vio. Les estaba esperando en el rellano, sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. Estaba jugando con el móvil, y parecía aburrida. Con su pelo corto y sus mechas azules. Los mismos vaqueros raídos y una camiseta negra aún más ajustada y corta que la de la mañana. Y los mismos piercings. Sombra no pudo evitar conectar los rayos X de nuevo, pensando, tras la neblina de la resaca, dónde más estaría agujereada.
El Gato estaba enterado de su malsana obsesión, así que se le acercó para susurrarle al oído.
-Apuesto dos botellas de ron a que tiene otro en el ombligo. Y ninguno más.
Fue más o menos en el instante en que Sombra susurraba un quejumbroso "y dos cajas de aspirinas" cuando ella levantó la cabeza y los miró. Hizo un gesto de desagrado absoluto al ver al Gato y se levantó del suelo, apoyando la mano libre en la pared, sacudiéndose luego los pantalones con ella. La otra la mantenía bien sujeta al móvil.
-Llegas tarde.
Hizo amago de acercarse a una de las puertas, pero volvió a mirarlos y abrió el piso de al lado, invitándolos a entrar con un gesto de la mano.
-Tú primero.
Los precedió encogiéndose de hombros, sacando la llave de la cerradura. Se la tiró a Sombra tan pronto traspasó el umbral.
-Cierra. No hacía falta que te trajeras a la niñera, ¿sabes? -Desapareció apenas unos segundos en uno de los cuartos y salió con una cerveza en la mano. Se sentó en un desvencijado sofá. -¿A qué coño has venido? ¿Eh?
Sombra observó el piso, o lo que podía ver de él. Estaba aún peor de lo que podían estar sus neuronas en ese mismo momento. Era un lugar oscuro y pequeño, y todos los muebles ya eran viejos antes de él nacer. Había varias revistas tiradas en el suelo, un par de botellas de cerveza se sumaban en la mesa a la que dejó la muchacha y una prenda de ropa sin identificar yacía en un rincón. El sofá donde se sentaron él y el Gato estaba machacado y descolorido, y tenía varias manchas en las que prefirió no pensar.
-Pues verás...
-----
Sombra...
a) Decide sincerarse y le cuenta todo a la muchacha.
b) Le hace un interrogatorio en tercer grado.
c) Le da el turno de palabra al Gato que sabe más.
d) Se hace el avión y le tira los trastos.
e) ¿Otra? ¿Cuál? ¡Dejadme comentarios!
El Gato le obsequió con su mejor sonrisa de perdonavidas tras las gafas de sol y cerró la capota del Mercedes. Salió al tiempo que Sombra y cerró el coche, que les despidió con alegre pit-pit.
-Anda, vamos.
Subieron las escaleras. Eran dos pisos (¿de nuevo dos pisos?). Sombra tuvo una ligera sensación de alarma al darse cuenta, pero aún así decidieron pasar del ascensor de modo tácito, tal vez porque a ninguno de los dos les apetecía encerrarse cuando se sabían camino de una trampa.
Al subir los últimos escalones, Sombra, que iba delante, sacó el móvil para llamarla y preguntarle la puerta, pero entonces la vio. Les estaba esperando en el rellano, sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. Estaba jugando con el móvil, y parecía aburrida. Con su pelo corto y sus mechas azules. Los mismos vaqueros raídos y una camiseta negra aún más ajustada y corta que la de la mañana. Y los mismos piercings. Sombra no pudo evitar conectar los rayos X de nuevo, pensando, tras la neblina de la resaca, dónde más estaría agujereada.
El Gato estaba enterado de su malsana obsesión, así que se le acercó para susurrarle al oído.
-Apuesto dos botellas de ron a que tiene otro en el ombligo. Y ninguno más.
Fue más o menos en el instante en que Sombra susurraba un quejumbroso "y dos cajas de aspirinas" cuando ella levantó la cabeza y los miró. Hizo un gesto de desagrado absoluto al ver al Gato y se levantó del suelo, apoyando la mano libre en la pared, sacudiéndose luego los pantalones con ella. La otra la mantenía bien sujeta al móvil.
-Llegas tarde.
Hizo amago de acercarse a una de las puertas, pero volvió a mirarlos y abrió el piso de al lado, invitándolos a entrar con un gesto de la mano.
-Tú primero.
Los precedió encogiéndose de hombros, sacando la llave de la cerradura. Se la tiró a Sombra tan pronto traspasó el umbral.
-Cierra. No hacía falta que te trajeras a la niñera, ¿sabes? -Desapareció apenas unos segundos en uno de los cuartos y salió con una cerveza en la mano. Se sentó en un desvencijado sofá. -¿A qué coño has venido? ¿Eh?
Sombra observó el piso, o lo que podía ver de él. Estaba aún peor de lo que podían estar sus neuronas en ese mismo momento. Era un lugar oscuro y pequeño, y todos los muebles ya eran viejos antes de él nacer. Había varias revistas tiradas en el suelo, un par de botellas de cerveza se sumaban en la mesa a la que dejó la muchacha y una prenda de ropa sin identificar yacía en un rincón. El sofá donde se sentaron él y el Gato estaba machacado y descolorido, y tenía varias manchas en las que prefirió no pensar.
-Pues verás...
-----
Sombra...
a) Decide sincerarse y le cuenta todo a la muchacha.
b) Le hace un interrogatorio en tercer grado.
c) Le da el turno de palabra al Gato que sabe más.
d) Se hace el avión y le tira los trastos.
e) ¿Otra? ¿Cuál? ¡Dejadme comentarios!
9 de septiembre de 2011
Encuesta capítulo 14
2 de septiembre de 2011
Capítulo 14 - Cámara de fotos
Le repitió de memoria la dirección de la mujer y el Gato negó con la cabeza mientras aceleraba.
-Vas directo a la boca del lobo... ¿La bolsa?
Tras ponerse el cinto, Sombra vació el contenido de la bolsa en su regazo. Por el peso ya se había imaginado el contenido. El tan familiar peso de su Nikon D60.
-Bueno, así ya no tienes que comprar otra... ¿Sigue funcionando?
-Veamos... Encender enciende... y... ¿No reconoce la tarjeta? ¡Mierda!
-¿Qué?
-¡No está!
-¿El qué?
-¡La puta tarjeta de memoria!
Se sujetó el pelo con una de las manos, desesperado. Ya estaba harto. Que les dieran a la puta tarjeta, el fiambre, a la mensajera y a la madre que los parió a todos. El Gato apartaba la mirada de la carretera de vez en cuando para mirarlo.
-A ver, angustias, tranquilízate... ¿No hay nada más en la bolsa?
-Pues... La cámara, la entrada de un local... un par de nueces... y un recibo de Correos.
-¿Un recibo de Correos? Pues ahí tienes tu tarjeta. Espera, ¿has dicho nueces?
-¿Crees que mandé la tarjeta a algún lado? ¿A dónde? ¿Y qué diablos hace Correos abierto a las...? ¡La leche! ¿Llegué tan tarde a casa?
El Gato se inclinó sobre el recibo, dando un volantazo.
-Temprano. A eso en mi casa se le llama temprano. -Dio un frenazo, aparcando con una maniobra cargada de chulería, y le hizo un gesto con la cabeza hacia el edificio más cercano. -Fin del billete.
Sombra miró el portal con desgana.
-Es el tercero no-se-qué. No sé si me lo dijo. -Se rascó la nuca maldiciendo una vez más la resaca. -Creo que voy a tener que llamarla de nuevo para preguntar la letra.
-¿Quieres que vaya a hacerte compañía o te vales tú solito? ¿Y de dónde coño sacaste esas nueces?
---
Y entonces...
a) Sombra le pide que le acompañe.
b) Sombra le echa un par de... nueces y sube él solito.
c) Sombra se echa atrás y le dice que mejor van a Correos a preguntar.
d) Sombra... ¿Qué hace Sombra? ¡Cuéntamelo, please, que estoy parca de ideas!
-Vas directo a la boca del lobo... ¿La bolsa?
Tras ponerse el cinto, Sombra vació el contenido de la bolsa en su regazo. Por el peso ya se había imaginado el contenido. El tan familiar peso de su Nikon D60.
-Bueno, así ya no tienes que comprar otra... ¿Sigue funcionando?
-Veamos... Encender enciende... y... ¿No reconoce la tarjeta? ¡Mierda!
-¿Qué?
-¡No está!
-¿El qué?
-¡La puta tarjeta de memoria!
Se sujetó el pelo con una de las manos, desesperado. Ya estaba harto. Que les dieran a la puta tarjeta, el fiambre, a la mensajera y a la madre que los parió a todos. El Gato apartaba la mirada de la carretera de vez en cuando para mirarlo.
-A ver, angustias, tranquilízate... ¿No hay nada más en la bolsa?
-Pues... La cámara, la entrada de un local... un par de nueces... y un recibo de Correos.
-¿Un recibo de Correos? Pues ahí tienes tu tarjeta. Espera, ¿has dicho nueces?
-¿Crees que mandé la tarjeta a algún lado? ¿A dónde? ¿Y qué diablos hace Correos abierto a las...? ¡La leche! ¿Llegué tan tarde a casa?
El Gato se inclinó sobre el recibo, dando un volantazo.
-Temprano. A eso en mi casa se le llama temprano. -Dio un frenazo, aparcando con una maniobra cargada de chulería, y le hizo un gesto con la cabeza hacia el edificio más cercano. -Fin del billete.
Sombra miró el portal con desgana.
-Es el tercero no-se-qué. No sé si me lo dijo. -Se rascó la nuca maldiciendo una vez más la resaca. -Creo que voy a tener que llamarla de nuevo para preguntar la letra.
-¿Quieres que vaya a hacerte compañía o te vales tú solito? ¿Y de dónde coño sacaste esas nueces?
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Y entonces...
a) Sombra le pide que le acompañe.
b) Sombra le echa un par de... nueces y sube él solito.
c) Sombra se echa atrás y le dice que mejor van a Correos a preguntar.
d) Sombra... ¿Qué hace Sombra? ¡Cuéntamelo, please, que estoy parca de ideas!
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25 de agosto de 2011
17 de agosto de 2011
Capítulo 13 - La bolsa
- Creo que no me conviene volver a ese piso, Gato... me ha visto mucha gente y los tipos que me persiguieron gritaron que era un ladrón. Apuesto a que alguien aún me reconoce.
El Gato asintió y miró a los otros dos.
-¿Os podríais ocupar vosotros? Si veis que hay algún problema os largáis enseguida. No quiero heroicidades. No pienso ir a salvarle el culo a ningún gallito. -Miró a Sombra. -No a nadie más.
-¿Piensas ir con ese gilipollas?
Gato asintió y ordenó a Sombra que les diera la llave, cosa que hizo al punto, tendiéndoles la cajita blanca.
-No deberías hacerlo, Gato.
-Y vosotros deberíais estar largando ya para esa casa y cerrando la boca... -Se llevó una mano a los ojos. -Por favor... -Y les dedicó su mejor sonrisa de cine. -Y ahora tú... espero que todo sea cierto y que no me guardes otra... Más te vale. Vamos. No tenemos tiempo que perder.
Salieron de la casa y se metieron en el Slk del Gato. Para Sombra, montarse en el mercedes plateado del Gato era casi un acto religioso. No le gustaban los mercedes, pero aquel tenía el mismo aire chulesco de su conductor, que bajó la capota y lo miró con aire cansado.
-¿A la estación?
Sombra asintió, poco convencido. Re-sa-ca.
-Deberías aprovechar e ir llamando a la mensajera esa...
Sacó el número y marcó los seis dígitos maldiciendo los pitidos de las teclas. Ojalá el Gato le hubiera dejado tomarse esas aspirinas... Nada. Volvió a marcar. Al tercer tono, una voz de mujer contestó. Sonaba molesta.
-Allô.
-Este... hola... Soy... -Miró al Gato buscando ayuda pero estaba concentrado en la carretera, o al menos eso aparentaba. -¿Me has traído un paquete esta mañana? A nombre de Sombra. Me dejaste este número.
La chica tardó unos segundos en contestar.
-Pásate por mi casa.
Y le dio una dirección y colgó. Sombra miró al Gato, que ya aparcaba en la estación.
-Que vaya a su casa. -Y le repitió la dirección.
-No me jodas, Sombra... Vamos a por la mierda esa de la consigna y ya veremos.
Sombra tuvo que hacer uso del resto de su dinero y de parte del del Gato para sacar la bolsa que correspondía con el ticket. Era una bolsa negra y opaca, plástica, bastante grande. Y tenía publicidad de una tienda de ropa. No llegó a abrirla. De soslayo reconoció a uno de los tipos de gimnasio del piso.
-Gato...
Le hizo un gesto con la cabeza y él asintió. Se volvieron y se acercaron a la puerta, para echar a correr hacia el coche. El Gato saltó la puerta antes de abrir, siquiera, como recién sacado de una película. Cuando Sombra cerró la puerta ya estaba arrancando, y el tipo del gimnasio les estaba dando alcance. Llegó tarde.
-¿A dónde?
---
a) ¿A un sitio alejado para inspeccionar la bolsa?
b) ¿A la casa del Gato de nuevo?
c) ¿A casa de la mensajera?
d) ¿Vuelven a la estación a interrogar al tipo?
e) ¿Otra? ¿Qué? ¡Cuéntamelo!
(PD: Perdonad el retraso... Pero, como habéis podido comprobar, ando un poco carente de imaginación estos días...)
El Gato asintió y miró a los otros dos.
-¿Os podríais ocupar vosotros? Si veis que hay algún problema os largáis enseguida. No quiero heroicidades. No pienso ir a salvarle el culo a ningún gallito. -Miró a Sombra. -No a nadie más.
-¿Piensas ir con ese gilipollas?
Gato asintió y ordenó a Sombra que les diera la llave, cosa que hizo al punto, tendiéndoles la cajita blanca.
-No deberías hacerlo, Gato.
-Y vosotros deberíais estar largando ya para esa casa y cerrando la boca... -Se llevó una mano a los ojos. -Por favor... -Y les dedicó su mejor sonrisa de cine. -Y ahora tú... espero que todo sea cierto y que no me guardes otra... Más te vale. Vamos. No tenemos tiempo que perder.
Salieron de la casa y se metieron en el Slk del Gato. Para Sombra, montarse en el mercedes plateado del Gato era casi un acto religioso. No le gustaban los mercedes, pero aquel tenía el mismo aire chulesco de su conductor, que bajó la capota y lo miró con aire cansado.
-¿A la estación?
Sombra asintió, poco convencido. Re-sa-ca.
-Deberías aprovechar e ir llamando a la mensajera esa...
Sacó el número y marcó los seis dígitos maldiciendo los pitidos de las teclas. Ojalá el Gato le hubiera dejado tomarse esas aspirinas... Nada. Volvió a marcar. Al tercer tono, una voz de mujer contestó. Sonaba molesta.
-Allô.
-Este... hola... Soy... -Miró al Gato buscando ayuda pero estaba concentrado en la carretera, o al menos eso aparentaba. -¿Me has traído un paquete esta mañana? A nombre de Sombra. Me dejaste este número.
La chica tardó unos segundos en contestar.
-Pásate por mi casa.
Y le dio una dirección y colgó. Sombra miró al Gato, que ya aparcaba en la estación.
-Que vaya a su casa. -Y le repitió la dirección.
-No me jodas, Sombra... Vamos a por la mierda esa de la consigna y ya veremos.
Sombra tuvo que hacer uso del resto de su dinero y de parte del del Gato para sacar la bolsa que correspondía con el ticket. Era una bolsa negra y opaca, plástica, bastante grande. Y tenía publicidad de una tienda de ropa. No llegó a abrirla. De soslayo reconoció a uno de los tipos de gimnasio del piso.
-Gato...
Le hizo un gesto con la cabeza y él asintió. Se volvieron y se acercaron a la puerta, para echar a correr hacia el coche. El Gato saltó la puerta antes de abrir, siquiera, como recién sacado de una película. Cuando Sombra cerró la puerta ya estaba arrancando, y el tipo del gimnasio les estaba dando alcance. Llegó tarde.
-¿A dónde?
---
a) ¿A un sitio alejado para inspeccionar la bolsa?
b) ¿A la casa del Gato de nuevo?
c) ¿A casa de la mensajera?
d) ¿Vuelven a la estación a interrogar al tipo?
e) ¿Otra? ¿Qué? ¡Cuéntamelo!
(PD: Perdonad el retraso... Pero, como habéis podido comprobar, ando un poco carente de imaginación estos días...)
8 de agosto de 2011
Encuesta capítulo 12
No sé por qué ahora no me salen las encuestitas monas como antes, para copiar y pegar... pero bueno. Los resultados de este capítulo son:
1 voto para que vayan al piso del difunto.
4 votos para que tiren hacia la estación.
0 votos para que vayan al piso de Sombra.
3 votos para que llamen a la mensajera.
1 voto para "otros".
¡Próximo capítulo en breves!
1 voto para que vayan al piso del difunto.
4 votos para que tiren hacia la estación.
0 votos para que vayan al piso de Sombra.
3 votos para que llamen a la mensajera.
1 voto para "otros".
¡Próximo capítulo en breves!
27 de julio de 2011
Capítulo 12 - Distintas versiones
Sombra tomó aire con fuerza y asintió.
-Vamos dentro...
Temía cruzar el umbral, de algún modo. Pero también, de algún modo, era el Gato y no podía evitar sentirse en casa allí. Vale que el apartamento del Gato hacía sentirse en casa a cualquiera... pero era diferente. Se dejó caer en el sofá, bajo la mirada amenazante de los dos colegas que ya estaban allí.
-¿Quieres tomar algo?
Era una pregunta retórica. El Gato ya estaba llenando de ron un vaso de tubo. Sombra contaba con los dedos.
-¿Cada cuanto tiempo se puede tomar una aspirina?
-¿Cuántas llevas?
-Creo que... tres. O cuatro.
El Gato lo miró fijamente, analizándolo unos instantes antes de apartar el vaso que le tendía. Le dio un trago antes de dejarlo sobre la mesa.
-Igual deberías parar. -Le tiró un par de hielos con la mano, que Sombra frenó y recogió malamente, y una botella de agua que le golpeó el pecho. Con fuerza. Argh. Y se sentó en el otro sofá, frente a él. -Venga. Empieza a largar.
Sombra se pasó el hielo por la nuca. Ayudaba un poco. Poco.
-Una o dos más no me van a matar... -La mirada de Gato le decidió a no seguir por ahí. -Vale... No hay mucho más que contar. No recuerdo nada de anoche. Igual deberíais empezar vosotros por ahí... Vamos, Gato, sabes que yo no te pegaría. No soy tan idiota. Debía estar... drogado o algo.
-Estabas prácticamente sobrio aún. No tienes excusa. -El moratón del ojo no sumaba grados al frío de su mirada. Estaba más helada que las dos piedras que Sombra sujetaba contra su nuca. -Llegamos al Delirium, pedimos, y al rato llegó el pirado aquel, te dije que era mal tipo y no me hiciste puto caso. Os fuisteis a hablar al baño como dos buenas amiguitas y al rato apareciste, me golpeaste, te golpeé y te largaste a la carrera con ese hijo de puta. Tienes suerte de ser mi amigo... o de haber sido mi amigo, Sombra. He estado a esto -juntó el pulgar y el índice a la altura de sus ojos- de pedirles que te las devolvieran una a una. Con intereses.
Sombra se echó hacia atrás, cerrando los ojos. No los abrió para hablar, sino que se quedó así, derrotado, jugando con el hielo.
-No me acuerdo de nada, en serio. Me levanté esta mañana con la peor resaca de mi vida, me trajeron el paquete con la dirección y las llaves, fui pensando que sería algún tipo de broma o de movida tuya y me encontré al fiambre que, te juro que sigo sin saber quién coño es, y a la pasma en la puerta. Salí de allí en cuanto se despistaron y en la puerta me esperaban cuatro tipos. Corrí, subí al bus, cogí un taxi y aquí estoy. Y no tengo ni puta idea de qué ha pasado.
-¿No tienes fotos de anoche?
-No.
-Mucho me extraña.
Sombra se echó hacia alante con un suspiro, mirándolo por fin.
-Perdí la cámara pequeña.
-Muy conveniente.
-En serio... Bueno, tengo esto. -Sacó las fotos que había cogido en el piso y las dejó sobre la mesita, junto a los vasos de los otros dos, que escuchaban en silencio. -Son buenas, ¿eh? Pero no son mías. Las tenía el cadáver en la mesa del salón. -El Gato las cogió y torció la boca. -Ah... y esto... -Sacó el tiket de la consigna y se lo tendió.
El Gato le dio la vuelta al papel, separando el que lo acompañaba.
-¿Y el número?
-De la mensajera. La que trajo el paquete.
-¿Te la tiraste?
-¡No! Me lo dio...
-¿Y por qué diablos te iba a dar su número? -Alzó una ceja.
-¡Y yo qué sé!
-¿Llamaste?
-No...
El Gato se quedó mirando las fotos y los papeles un buen rato, en silencio, mientras los otros dos cuchicheaban.
-Vale... Podemos... Alguien tiene que ir al piso a borrar tus huellas, porque apuesto a que has dejado todo hecho un cisco... Y necesitamos ver si tienen más fotos por ahí. Con suerte la policía no iba allí por el cadáver y no han revisado aún el piso... ¿Sigues teniendo la llave? -Sombra asintió. -Creo que deberíamos recoger lo que sea que dejaste en la consigna y... Y deberíamos buscar tu cámara... ¿Y llamar a la zorra esa de mensajería por si sabe algo?
------
Decisiones, decisiones, decisiones... ¿Por dónde empezamos?
a) Se van al piso del muerto.
b) A la estación de tren.
c) Al piso de Sombra.
d) Llaman a la mensajera.
e) ¿Otra? ¿Cuál?
-Vamos dentro...
Temía cruzar el umbral, de algún modo. Pero también, de algún modo, era el Gato y no podía evitar sentirse en casa allí. Vale que el apartamento del Gato hacía sentirse en casa a cualquiera... pero era diferente. Se dejó caer en el sofá, bajo la mirada amenazante de los dos colegas que ya estaban allí.
-¿Quieres tomar algo?
Era una pregunta retórica. El Gato ya estaba llenando de ron un vaso de tubo. Sombra contaba con los dedos.
-¿Cada cuanto tiempo se puede tomar una aspirina?
-¿Cuántas llevas?
-Creo que... tres. O cuatro.
El Gato lo miró fijamente, analizándolo unos instantes antes de apartar el vaso que le tendía. Le dio un trago antes de dejarlo sobre la mesa.
-Igual deberías parar. -Le tiró un par de hielos con la mano, que Sombra frenó y recogió malamente, y una botella de agua que le golpeó el pecho. Con fuerza. Argh. Y se sentó en el otro sofá, frente a él. -Venga. Empieza a largar.
Sombra se pasó el hielo por la nuca. Ayudaba un poco. Poco.
-Una o dos más no me van a matar... -La mirada de Gato le decidió a no seguir por ahí. -Vale... No hay mucho más que contar. No recuerdo nada de anoche. Igual deberíais empezar vosotros por ahí... Vamos, Gato, sabes que yo no te pegaría. No soy tan idiota. Debía estar... drogado o algo.
-Estabas prácticamente sobrio aún. No tienes excusa. -El moratón del ojo no sumaba grados al frío de su mirada. Estaba más helada que las dos piedras que Sombra sujetaba contra su nuca. -Llegamos al Delirium, pedimos, y al rato llegó el pirado aquel, te dije que era mal tipo y no me hiciste puto caso. Os fuisteis a hablar al baño como dos buenas amiguitas y al rato apareciste, me golpeaste, te golpeé y te largaste a la carrera con ese hijo de puta. Tienes suerte de ser mi amigo... o de haber sido mi amigo, Sombra. He estado a esto -juntó el pulgar y el índice a la altura de sus ojos- de pedirles que te las devolvieran una a una. Con intereses.
Sombra se echó hacia atrás, cerrando los ojos. No los abrió para hablar, sino que se quedó así, derrotado, jugando con el hielo.
-No me acuerdo de nada, en serio. Me levanté esta mañana con la peor resaca de mi vida, me trajeron el paquete con la dirección y las llaves, fui pensando que sería algún tipo de broma o de movida tuya y me encontré al fiambre que, te juro que sigo sin saber quién coño es, y a la pasma en la puerta. Salí de allí en cuanto se despistaron y en la puerta me esperaban cuatro tipos. Corrí, subí al bus, cogí un taxi y aquí estoy. Y no tengo ni puta idea de qué ha pasado.
-¿No tienes fotos de anoche?
-No.
-Mucho me extraña.
Sombra se echó hacia alante con un suspiro, mirándolo por fin.
-Perdí la cámara pequeña.
-Muy conveniente.
-En serio... Bueno, tengo esto. -Sacó las fotos que había cogido en el piso y las dejó sobre la mesita, junto a los vasos de los otros dos, que escuchaban en silencio. -Son buenas, ¿eh? Pero no son mías. Las tenía el cadáver en la mesa del salón. -El Gato las cogió y torció la boca. -Ah... y esto... -Sacó el tiket de la consigna y se lo tendió.
El Gato le dio la vuelta al papel, separando el que lo acompañaba.
-¿Y el número?
-De la mensajera. La que trajo el paquete.
-¿Te la tiraste?
-¡No! Me lo dio...
-¿Y por qué diablos te iba a dar su número? -Alzó una ceja.
-¡Y yo qué sé!
-¿Llamaste?
-No...
El Gato se quedó mirando las fotos y los papeles un buen rato, en silencio, mientras los otros dos cuchicheaban.
-Vale... Podemos... Alguien tiene que ir al piso a borrar tus huellas, porque apuesto a que has dejado todo hecho un cisco... Y necesitamos ver si tienen más fotos por ahí. Con suerte la policía no iba allí por el cadáver y no han revisado aún el piso... ¿Sigues teniendo la llave? -Sombra asintió. -Creo que deberíamos recoger lo que sea que dejaste en la consigna y... Y deberíamos buscar tu cámara... ¿Y llamar a la zorra esa de mensajería por si sabe algo?
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Decisiones, decisiones, decisiones... ¿Por dónde empezamos?
a) Se van al piso del muerto.
b) A la estación de tren.
c) Al piso de Sombra.
d) Llaman a la mensajera.
e) ¿Otra? ¿Cuál?
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