2 de enero de 2011
Magia
Neme observaba intrigado el espectáculo.
Sabía que los mortales tenían menos magia que él pulso, pero siempre se le escapaban esos pequeños detalles de los juegos de manos.
Se acercó un poco más al escenario. Era uno de esos escenarios al aire libre que a veces montaban por las fiestas. Normalmente tocaban orquestas que a veces no estaban muy mal, pero que, por lo general, le disgustaban bastante. Sin embargo, ese día habían llevado a un mago que cortaba a la gente a la mitad y la hacía desaparecer.
-¿Dónde se ha metido la chica? ¡Jopetas! ¡No la veo!
La señora que estaba a su lado se volvió. Estaba sentada en una silla plegable que habían puesto para el público. Lo miró inquisitivamente. Neme resopló y se puso a la defensiva. Sabía lo que venía a continuación.
-¿Qué haces ahí solo? ¿Y tus padres?
Suspiró y miró a su alrededor. Enseguida encontró lo que buscaba.
-Mi madre está ahí atrás, es aquella señora. -Saludó con su mejor sonrisa a una mujer que lo observaba, también preocupada, desde varias filas más atrás. La mujer, sorprendida, le devolvió el saludo y la señora a su lado le sonrió, condescendiente. Perfecto. Ahora las dos mujeres pensarían que su madre era la otra y lo dejarían en paz.
-Oiga... ¿usted sabe dónde han metido a la ayudante?
-Es magia, pequeño... Magia.
Y seguro que la señora se lo creía y todo. Los adultos son siempre unos ingenuos... Neme se acercó un poco más, hasta situarse a la altura de la primera fila de asientos. Sabía que no le iban a dejar acercarse más.
Pensó en echar a volar, pero fijo que iba a llamar la atención y, además, se tenía que ver peor desde lo alto... Y a los lados tampoco se podía ver nada...
-¡Jopetas!
Y entonces el mago hizo aparecer a su ayudante y Neme aplaudió, entusiasmado, con el resto del público.
29 de noviembre de 2010
Días previos (muy previos) a la Navidad
Definitivamente le gustaba la Navidad. Lo que no le gustaban eran esas semanas (¡casi meses!) previos en que parecía que llegaba pero no. Los adornos antes de tiempo que parecían querer engañarle con falsas promesas de regalos. Y es que su padre, después de la misa del gallo, siempre le traía regalos por Navidad, pero no de esos regalos tristes que se hacen por cumplir, ni esos chiquitajos de "vale, hoy te has portado bien". Por Navidad siempre le traía regalos grandes o grandiosos, de esos que tienes que mirar dos o tres veces antes de asimilar que son reales.
Como cuando le regalaron la bicicleta roja. No la usó demasiado, porque la gente lo miraba raro al ir él solo de noche en bicicleta, pero era genial. O cuando le dieron su capa, su preciosa capa negra. No había mejor momento en el día que el de ponerse la capa sobre los hombros y echarse volar sobre los tejados. O el año en que le habían regalado el ataúd de ébano y plata en su propia habitación. ¡Su propia habitación! Era un ataúd precioso y forrado y muy elegante y era genial y maravilloso y grandioso y el mejor regalo por siempre jamás, sin duda alguna. Y en la habitación tenía una estantería, un armario, un sillón y una mesa y podía hacer lo que le daba la gana cuando le daba la gana. Bueno, casi.
Este año les había pedido a sus padres una consola. Sabía que le iban a regalar un libro, porque aparte de los regalos fabulosos, siempre le regalaban un libro de vampiros. No le importaba, le gustaban los libros, pero también quería una consola para poder jugar por las noches cuando se tenía que quedar en casa. O un ordenador, donde además poder ver las fotos de su "nueva" cámara. Y un cargador para la cámara. A fin de cuentas, se había portado muy bien y había estudiado mucho inglés. Se había esforzado mucho.
De modo que Neme metió las manos en los bolsillos (aún no había encontrado sus guantes) y pateó el suelo con los pies mientras lanzaba una furibunda mirada a las luces de colores. Aún faltaba mucho para Navidad...
-¡Jopetas!
18 de noviembre de 2010
Imágenes de un verano (tardío)
Aún así, Neme tenía claro que era un turista. Tenía cara de turista, se movía como un turista, hablaba como un turista, olía como un turista... Los diferenciaba a leguas. No es que le importara. De hecho, le encantaba. Era tan fácil hacer desaparecer a un turista... De modo que no dudó en acercarse a él, en camelarlo...
Además, ese turista tenía algo genial: una gran, fabulosa y moderna cámara de fotos que Neme se apresuró a "heredar". Era tan genial...
Pasó la primera noche disparando al azar, sacando fotos de todo cuanto veía, rápido, impaciente... Luego las borraba, una tras otra, porque estaban movidas, oscuras. Se enfadó, por supuesto. No era justo. Las fotos bonitas solo salían a la luz del sol... De modo que al final tiró la cámara en un rincón, dejándola olvidada, hasta que oyó a otros turistas hablar sobre los tiempos de exposición, un par de semanas después. Se les acercó, con la mejor cara de inocencia que supo, y le spreguntó cómo hacerlo. Decidieron no explicárselo, sino preocuparse porque un niño como él estuviera por ahí, solo, una noche como esa. Estuvieron incluso a punto de llamar a la policía (¡dichosos adultos! ¡jopetas!) así que Neme tuvo que echar mano de todo, todo su poder de persuasión para convencerlos de que era normal, de que sus padres estaban esperándole en el hotel, de que, oh, no, con uno que me acompañe es suficiente, ¿cómo es eso de los tiempos de exposición? y, por supuesto, de que sí, ese callejón de ahí es un atajo, estoy seguro.
Deshecho del turista y cruzando los dedos para que el otro no se acordara bien de él, volvió a casa volando para experimentar con la cámara.
Salió todo feliz la noche siguiente. Sobrevoló varias veces la ciudad, buscándo las mejores imágenes, el mejor ángulo. Al final sacó dos o tres fotos. Sin mover. Perfectas.
Las observó detenidamente y decidió que era un buen fotógrafo. Neme sonreía feliz, mostrando todos sus dientes, cuando la cámara se apagó. La batería se había agotado.
-¡Jopetas! ¿De dónde saco yo ahora un cargador? ¡Eran las mejores fotos del mundo mundial! ¡Escúpelas, maldito!
31 de julio de 2010
Fuegos artificiales
Pero, por supuesto, nunca le dejaban. Por lo visto revolotear sobre petardos que, además, suben a distintas alturas, es bastante peligroso. Y, la gente, cómo no, está continuamente pendiente del cielo, con el consiguiente riesgo de ser descubierto. De modo que, siempre que había fuegos artificiales, a Neme le tocaba darse el paseo a pue y camuflarse entre la gente.
No podía asustarlos, pero vaya, estaban entretenidos y, oh, sí, estaban felices, así que al menos era entretenído de ver y la caza no solía ser complicada.
Y, oh, había niños. Niños a los que a veces podía hasta asustar. Pocas veces. Casi ninguna. Pero ahí estaba la opción....
Neme se sentaba en primera fila siempre que podía. Ese día, además, como no había restricción alguna, pudo acomodarse aún más cerca.
Por desgracia, no se acordó de algo tan sencillo como sentarse de espaldas al viento.
Cuando los fuegos comenzaron, se olvidó de todo, viendo cómo estallaban sobre él... Se dejó perder en la lluvia de colores, en las imágenes de fuego...
Hasta que las chispas empezaron a caerle encima. Eso, de primeras, no le gustó demasiado, pero como a Neme no le importaba el riesgo, no se movió del sitio.
Pero luego el viento le llevó el humo y al acre olor a pólvora, y Neme acabó tosiendo y teniendo que moverse más allá, perdiéndose los fuegos durante el trayecto.
-¡Jopetas! Con el sitio tan guay que tenía... ¡Dichoso viento!
12 de julio de 2010
Campeones...
La adrenalina que inundaba la sangre humana era grandiosa. No había nada mejor que la sangre, salvo la sangre cargada de dulce, dulce adrenalina. Le hacía sentirse aún más fuerte, aún más rápido, aún más ligero, aún más sigiloso y terrible y mejor. Era lo más parecido a una droga que un vampiro podía conseguir.
Huelga decir que Neme prefería la adrenalina del terror, porque a ella se sumaba la satisfacción de asustarlos, aterrorizarlos, de verlos temblar y gritar de miedo, de tenerlos a su merced pidiendo clemencia... pero era mucho más fácil de conseguir y la euforia también estaba bien, también era grandiosa...
Un minuto y sus ojos brillaban de emoción, se puso de pie en el salón y empezó a dar saltitos nerviosos a la pata coja, alternando ahora una pierna, ahora la otra.
Sus padres lo miraron, sonriendo, y luego se miraron entre sí. Neme no vio cómo se guiñaban un ojo.
-Hoy habrá demasiados humanos en la calle, Neme, será peligroso. Es mejor que te quedes en casa.
El vampiro se quedó inmóvil, mirándolos con los ojos muy abiertos.
-No... no... ¡jopetas! ¡No! ¡Hoy no puedo quedarme! ¡Hoy no! ¡Me niego! ¡No podéis hacerme esto!
Empezaba una pataleta y ya estaba gritando cuando sus padres se echaron a reir. Le estaban tomando el pelo. Se sintió terriblemente humillado. Por un momento, se le empañaron los ojos por la vergüenza y la rabia, pero entonces el árbitro pitó el fin del partido y la euforia lo invadió a él también, campeones, campeones, y corrió gritando a por su capa para echar a volar, libre en la noche.
-¡Ganamos! ¡Ganamos! ¡Oe! ¡No volváis a reíros de mí así! ¡Jopetas! ¡No es justo! Pero oh, ¡campeones! ¡Sí!
En el castillo.
En el salón del trono, el Rey descansaba sobre su majestuosa silla mientras que, a su lado, la princesa... ¿rubia o morena? Mmm... sí, mejor morena, permanecía de pie a su vera, con un... una flor en la mano.
Al piso superior solo se puede acceder mediante unas escaleras. Justo ahí, aunque... ¡jopetas! casi parecen cajas apiladas... mejor no hay más pisos. Solo uno. Y aquí, donde antes había unas escaleras, un príncipe con una espada, luchando con un monstruo que viene a comerse a la princesa. Un terrible monstruo con un ojo y tres brazos y cinco piernas y cuatro orejas y de color verde, por ejemplo. Pero el monstruo va a perder porque no sabe que el príncipe es un vampiro... así, con colmillos blancos y capa... y que es muy malo y que acabará con él en menos que...
-¿Qué estás hasiendou?
Neme miró, furioso, al recién llegado. Alargó la mano con hastío, cogiendo el tomo que reposaba al otro lado de la mesa. Pasó varias páginas hacia alante y varias hacia atrás, buscando.
-Nothing.
Y, enfadado y desencantado, guardó las pinturas en la caja y enrolló el papel.
Dichoso profesor... ¡jopetas! ¡Si estaba quedando un dibujo genial!
21 de junio de 2010
Plan B
Se dejó caer desde un piso veinte. El viento silbaba en sus oídos cada vez más fuerte, cada vez más agudo.
El pelo le bailaba sobre la cabeza, enredándosele aún más, y las ropas, levantadas con fuerza, le golpeaban la cara y el cuerpo.
Eso fue, quizás, lo que le hizo despistarse. Despiste que le obligó a frenar la caída en seco a la altura del segundo por lo que aterrizó con fuerza en la acera, asustando a una joven que, con un grito, se llevó la mano al pecho.
No la había visto y eso era un error. Aún así, sonrió complacido. La joven había gritado.
-Oh, vaya, pequeño. Casi me da un infarto. ¿De dónde has salido?
¡Jopetas! ¡No! ¡Tenía que seguir asustada!
-Soy un vampiro. He venido a matarte.
La chica soltó una carcajada, lo que irritó sobremanera al pequeño, antes de volver a hablar.
-Sí, ya veo. Una capa muy bonita. ¿Dónde están tus padres?
-Matando, probablemente.
-¿No es muy tarde como para que un niño como tú ande solo por la calle? ¿No deberías estar en la cama?
La chica no lo había ni escuchado. Escrutaba en la oscuridad buscando a sus padres. No los iba a encontrar. A Neme tampoco le apetecía que lo hiciera.
Resignado a no volver a hacer gritar a la joven, optó por el plan B. Odiaba el plan B.
-Sí, vale, lo que quieras... digo... me he perdido... -Puso su mirada más inocente y encantadora. -No encuentro a mis padres y me asusta la oscuridad. La última vez que los vi iban por ahí. -Señaló un callejón aún más oscuro. -Pero no me atrevo a ir solo.
-¿Quieres que te acompañe, pequeño?
-Por favor...
Neme tenía un encanto natural a la hora de poner ojitos tiernos. ¡Jopetas! ¡Él preferiría haber tenido un encanto natural para espantar! ¿No se daban cuenta de lo malo que era?
La joven lo tomó de la mano y se acercó al callejón. Una vez se adentraron en él, Neme dejó escapar un par de ruiditos quejumbrosos. No le gustaba nada, pero nada el plan B, aunque sabía meterse perfectamente en el papel.
-¡Oh, oh, oh, oh, que oscuro está! ¡Oh, oh, oh, qué miedo!
-No te preocupes, yo estoy contigo.
-¡Jopetas!
La joven se agachó a su lado para ponerse a su altura. Neme, fingiéndose aterrado, se le abrazó buscando consuelo.
Ella enseguida se dio cuenta de su error. Tarde descubría que, quizá, debió haber escuchado al rubio vampiro.
19 de mayo de 2010
Vuela
Sin embargo sí que había algo que casi podía compararse con ella. Era volar.
Siempre que le dejaban salir de casa, Neme buscaba cualquier excusa para echar a volar, ya fuera una invitación a jugar (dichosa niña que no se asusta... ¡jopetas!) o la búsqueda de una nueva zona de caza.
El viento frío no le molestaba, le gustaba sentir cómo revolvía sus rizos rubios convirtiéndolos en lo que su madre tendía a llamar "una mata estropajosa", le gustaba sentirlo en la cara y le gustaba el azote de sus ropas, el ruido, el paisaje huyendo (¡ja! ¡me teme hasta el paisaje! ¡huye, cobarde!) bajo su menudo cuerpo...
Si, a Neme le gustaba volar, así que esa noche, como tantas otras, en cuanto le permitieron cerrar los libros (¡jopetas! ¡buscar otra palabra no! deberia quemar el diccionario...) se echó la capa por los hombros y se dispuso a surcar los cielos amparado por la luna.
3 de mayo de 2010
Objetos perdidos
Interrogaba al pequeño duende aunque sabía que no obtendría respuesta alguna.
-¡Jopetas! Si se entera de que he perdido un guante... ¡Eran nuevos!
A Neme le habían dicho que los duendes eran los que robaban las cosas que perdías misteriosamente, así que había robado un muñeco de un duende verde y lo interrogaba bajo la lámpara del comedor, como había visto hacer en las películas de madrugada. Sabía que no le iba a contestar, pero quizá había algún duende mirando y siempre se podía dar por aludido... o mínimo aterrorizarse, oh, sí, un duende aterrorizado por él...
-¡Habla! ¿Y mi boli verde? ¿Sabes que era mi boli preferido? ¿Con qué voy a escribir ahora en mi diario? ¿Me lo puedes explicar? Por última vez.... ¿Quién se lleva los objetos perdidos? ¡¿Dónde está mi guante?!
20 de abril de 2010
Curso de inglés
Era nuevo en la ciudad, llevaba muy poco allí.
Hablaba varias lenguas, entre ellas el inglés. Decía que había conocido a Shakespeare, incluso, pero nadie le creía. Hablaba inglés, de todas formas, y era nuevo y estaba perdido en la ciudad, de modo que si padre pensó en echarle una mano, en ayudarle a integrarse, y no tuvo mejor idea que ponerlo a darle clases de inglés.
-¿Qué significa woman?
-Búscalo en el dicsionario...
-¡Jopetas!
Neme odiaba a ese tipo. Lo obligaba a hacer ejercicios y a buscar todas las palabras en el diccionario una tras otra... ¿No se suponía que sabía inglés? ¿Y por qué no se las decía?
-Deha de mirar a la ventana. Busca.
Y Neme pasaba las páginas al azar, aburrido, hasta que de nuevo lo volvía a regañar.
-Mamá, no sé para que tengo que dar clases con ese tipo, ¡si aquí no habla nadie inglés! Y si voy a otra parte... ¡tengo todo el tiempo del mundo para aprenderlo! ¡Y el tipo ese me cae mal! ¡Y ni siquiera sabe hablar bien, dice dicsionario! ¿Y si habla inglés igual de mal?
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Esta va en honor de Nico, que me dice "jopetas" cuando le mando buscar palabras en el diccionario...
27 de marzo de 2010
Ataque de risa
"Dos vampiros se encuentran en la copa de un árbol. Como uno de ellos tiene la boca llena de sangre, el otro le pregunta, sorprendido:
-Oye, ¿y tú dónde conseguiste esa sangre?
-¿Ves ese muro?
-Sí
-Pues yo no lo vi."
Neme sufrió tal ataque de risa que se le cayó el libro al suelo. ¡Nadie le había dicho que había chistes de vampiros! Poco tardó en reunirse con el niño sobre el embaldosado a los pies del sillón, y allí pasó los siguientes diez minutos, riéndose y secándose las lágrimas con el dorso de la mano.
El resto de la noche la pasó buscando, infructuosamente, (¡jopetas!), más chistes sobre vampiros en los libros de su padre.
19 de marzo de 2010
Pataleta
Además, esa semana estrenaban una peli de miedo en los cines y la gente era más propensa a gritar. A gritar. Y a asustarse.
Y mientras, ¡jopetas! a él le tocaba quedarse en casa... ¡Si es que no hay derecho, mamá! ¡Que no soy un bebé! ¡Tengo sed! ¡Estar solo en casa es aburrido y no, ¡jopetas!, no quiero leer un libro por enésima vez!
¡Tráeme al menos algo nuevo...!
9 de marzo de 2010
Embaldosado ambarino
Respiró profundamente y casi pudo sentir su olor ferroso. Recorrió los labios con la lengua. Era un gesto mecánico.
Cerró los ojos, deleitándose en la imagen, en el perfume esquivo, en la sensación cálida que recorría la extensión de su pequeño cuerpo...
Cuando volvió a abrir los ojos, la imagen había cambiado. La protagonista rubia estaba hablando por teléfono. "¡Jopetas!" Neme, indignado, apagó la televisión y se asomó a la ventana.
Unas horas más tarde calmaba su sed en el joven que sus padres habían arrastrado hasta la casa para él. No hubo sangre en el embaldosado ambarino, por supuesto. Los suelos de la casa eran, en su mayoría, de tarima, y, por otro lado, Neme no estaba dispuesto a desperdiciar la más mínima gota, aún cuando ello significase prescindir de tan bella imagen...
Lentamente, recorrió con la lengua el cuello del joven y, con ella, recogió la última gota de su vida.
A fin de cuentas, esa también podía ser una bella imagen...
17 de febrero de 2010
Cuestión de conciencia
Neme tenía los pies mojados. Llevaba un buen rato de pie en la nieve, asomado a las ventanas de una pequeña calle. En la que estaba ahora asomado, dos niños estaban sentados en el suelo de un salón, viendo la tele con sus padres.
Neme tenía sed. Mucha sed. Paseaba la lengua, nervioso, sobre los dientes.
Golpeó la ventana muy despacio y se acercó un poco. Los niños solían tener mejor oído y, a veces, ese truco le funcionaba.
La golpeó un poco más fuerte, preparado para huir en el caso de que se volvieran los adultos.
Tuvo suerte, y fue el más pequeño de los dos niños el que lo vio. Le hizo un gesto, concentrando todo su poder hipnótico. El niño se levantó y corrió hacia la puerta mientras Neme se retiraba a una esquina oscura.
El problema fue que, cuando el niño salió a la calle, los padres le seguían de cerca.
-Ahí había un niño, hay un niño, mamá...
Neme tuvo que apresurarse para poder sujetar al niño que corría hacia él, y llevárselo de allí antes de que llegaran los padres.
Se lo llevó volando. El niño ni siquiera gritaba alucinado por el vuelo. Pero cuando Neme lo dejó en el suelo sí que empezó a gritar. A gritar y a temblar. Neme se frotaba las manos, complacido.
Tras deshacerse del cadáver, regresó a casa.
¿Que si se arrepentía alguna vez de lo que hacía? Por supuesto: ahora mismo estaba muy pero que muy arrepentido. Tremendamente arrepentido: había sido un irresponsable, los padres le habían visto (¡a ver cómo se lo contaba él ahora a los suyos!) y solo se había llevado a uno de los niños. ¡Y ahora al otro lo tendrían super protegido! ¡Jopetas!
25 de enero de 2010
¡¡Temblad!!
Para cazar, por ejemplo. Su padre le había enseñado a cazar, no se le daba nada pero nada mal, pero cuando lo intentaba con humanos demasiado grandes, no sabía cómo controlarlos.
Su escaso metro treinta no podía hacer gran cosa contra un tipo de casi dos metros y lo que es peor... ¡la mitad ni lo veían! Y claro, así se perdía la mejor parte: asustarlos, asustarlos, espantarlos, horrorizarlos.
A Neme le divertía sobremanera, pero claro, si se teía que conformar con las víctimas de sus padres, ya venían asustados, y en cuanto a los niños... no solían salir solos de noche... ¡Jopetas! y eso dificultaba mucho, mucho, el poder tener una presa asustada...
¡Jopetas, jopetas, doblemente jopetas! ¡Temblad!
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Hoy tuvimos la obra de teatro y estoy agotada... aunque se me cruzara un vampiro tan fuerte y temible como Neme, no tendría fuerzas ni para gritar...
Pero salio guay ^_^
17 de enero de 2010
Neme in Canadá
Esa noche fría
Neme quería jugar,
así que, buscando a Kimu,
voló hasta Canadá.
Primero llamó a la puerta,
preguntó si podía pasar;
Ella la dejó entreabierta
e hizo un gesto, no más.
"¿Me dejas?" "Pasa"
"Yo solo venía a jugar..."
"Ciérrame, anda, esa puerta
o los dos nos vamos a helar."
Kimu no estaba asustada,
Neme frunció el ceño:
Esa niña gritaría de miedo,
pondría todo su empeño.
Le intentó tirar del pelo,
de su suave pelo rubio,
pero ella ni se inmutaba
¡ni le dio un pequeño susto!
¡Jo! ¡Tú me has invitado!
¿Es que no piensas gritar?
Si no me tienes miedo...
¿cómo pretendes jugar?
Soy un vampiro FUER-TE
¿no ves que te puedo matar?
Llevarme tu sangre a poquitos...
¡Empieza ahora mismo a temblar!
Pero Kimu estaba tranquila,
Kimu no tenía miedo.
Y el vampiro, exasperado,
le volvió a tirar del pelo.
Ella lo apartó despacio
"venga, va, jugamos, para"
Pero él miró sus juegos
y le puso mala cara.
"Solo juego a los vampiros,
yo no juego a tus chorradas"
y le rompió los juguetes
y se fue volando a casa.
"Volveré" le dijo antes,
"¡y ese día temblarás!
mía será tu sangre...
seguramente, morirás..."
Y se fue enfurruñado
¡Quiero que tiemble, jopetas!
¿por qué no me tienen miedo?
¡Soy un vampiro de veras!
Tengo sed...
¿Me traería algo madre?
Bah, total....
seguro que era anémica...
11 de enero de 2010
Cuentos de vampiros
Había cogido tres libros de la biblioteca. Los ojeaba aburrido. Ya había leído los tres. Los había leído todos dos o tres veces, así que al final, exasperado, los arrojó con furia a un rincón. Uno de los libros cayó demasiado cerca de la chimenea, de modo que una chispa lo prendió.
-Lo que me faltaba... ¡jopetas!
Apagó el libro y recogió los otros dos.
Neme se había leído ya todos los libros de "El Pequeño Vampiro". También había leído "Qué lío ser vampiro" y tenía muchos otros cuentos del estilo, todos sobre niños vampiro. También había leído "Crepúsculo", pero no terminó porque le parecía una enajenación, y un par de libros de Las Crónicas Vampíricas de Anne Rice. No estaban mal, pero eran demasiado complicadas para su cabecita, igual que "Drácula". Además, no había niños, lo más parecido era Armand... y no tenía nada de niño.
Cuando se despertaba a tiempo veía "El jovencito Drácula" y, bueno, lo cierto es que se tragaba cualquier cosa con vampiros que ponían en la televisión. Prefería, eso sí, aquellas en las que había niños: le hacían mucha gracia. A todos ellos les repugnaba la sangre en mayor o menor medida y todos odiaban ser vampiros, lo odiaban, lo odiaban, lo odiaban. Era algo muy curioso.
A él, en cambio, ser un vampiro no le resultaba, en absoluto, molesto. Y siempre tenía sed. Le encantaba el calor de la sangre humana recorriendo su cuerpo, su sabor en los labios, en la lengua, el pulso de su víctima bajo la piel...
Sí, la verdad es que Neme estaba muy feliz de su condición... salvo cuando le hacían quedarse en casa y no ponían nada en la tele más que porno barato (¡jopetas!) y no tenía nada nuevo que leer (¡doblemente jopetas!)
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¿Alguno conoce algo nuevo para que Neme pueda leer?