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19 de abril de 2012

Persiguiendo a Amy. 35.-Leonardo Medina

Leonardo observó, desencantado, cómo la joven abofeteaba e insultaba a su criada. Por un momento, notó cómo una oleada de rabia le calentaba el pecho y las mejillas. Malditos nobles y sus aires de superioridad... Ahora sí que no pensaba ser benévolo en absoluto con la muchacha. La observó fríamente, y más fríamente le respondió.

-No me queda otro remedio, señora. Mi dignidad me impediría hacer otra cosa. No puedo dejar a dos damas solas en la noche. Pero tal vez tengamos que dar un rodeo. Seguimos teniendo que buscar a nuestro compañero.

Le dio la espalda, girándose hacia la sirvienta que permanecía encogida, con la mano en el rostro. Le tendió una mano. Ella malinterpretó el gesto encogiéndose más. Al final, aceptó la mano que le tendía, así que Leo le ayudó a levantarse.

-Tranquilizaos, pequeña. No os volverá a pegar...

Miró a María cargado de intención. Luego le ofreció el brazo, como con desgana, mientras tendía la mano de la doncella a Salvatore, que de inmediato la sujetó, ofreciéndole apoyo.

-Creo que podemos empezar hacia allí. En todo caso, es la dirección que debemos tomar para llevar a estas damas a salvo a casa.

14 de abril de 2012

Persiguiendo a Amy. 34.-María de Quintana

Rabiaba ante el apelativo cariñoso que Leo le había impuesto. Fingiendo indiferencia, mas sin lograrlo, salió encontrando a la criada muerta de miedo y tiritando. Impulsada por los nervios y la rabia acumulada ante las miradas de Leonardo, levantó el brazo y abofeteó a la muchacha.

- ¡Maldita desagradecida! ¿Cómo te atreves a desobedecerme y a salir de aquí sin mi permiso? - la miró con un destello de ira en sus ojos y un tono severo en su voz - ¿Es esa la fidelidad que le tienes a tu señora? Hablaré de esto con tu señor, él se ocupará de que tengas el castigo que mereces.

Se recogió la falda y miró a Leonardo a los ojos. Al principio la expresión de éste había sido de sorpresa ante su reacción, mas ahora la miraba sin expresar emoción alguna. Los sentimientos opuestos hacia el joven libraban una dura batalla en su interior.

- Mi señor, os agradecería que me acompañaseis a casa. Dado que ni siquiera puedo fiarme de la fidelidad y compañía de la criada - dijo dirigiéndole una desaprobadora mirada - Si no tenéis inconveniente...


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María, como siempre, por Xie.