Tomó aire de nuevo y lo dejó salir en un suspiro callado. Empezó a caminar, todo lo silenciosa que pudo.
Las voces se fueron haciendo más y más nítidas a medida que se iba acercando al claro, de manera que las palabras empezaron poco a poco a cobrar sentido.
- ...Cómplices... ... traición... ...peligrosa... ...Jules... ...habría que vigilar...
Se cortaron de golpe, cuando una rama crujió a sus pies. Ni siquiera fue un gran crujido, malditos hechiceros. Solo en ese momento se dio cuenta de que estaba conteniendo el aliento, así que tomó aire y se hizo ver, cuanto antes, maldiciéndose por no haber sido más sigilosa. ¿Estaban hablando de ella? ¿Había oído el nombre de Jules? Si se hubiera quedado escuchando...
Los hechiceros del claro ya habían invocado la magia y en sus manos pudo ver la trama de un considerable número de hechizos de ataque. Alzó las manos, en un gesto de paz, pero reforzó un escudo a su alrededor por si acaso. Era muy fácil deshacerse de un rival o un enemigo en una situación como esa. ¿Quién los iba a culpar luego?
- Llegas tarde.
Asintió. En el claro había doce figuras, ya reunidas. La mayoría eran altos y, por lo que sabía, todos o casi todos eran hombres. Era difícil comprobarlo, sin embargo, embozados como estaban. Todos vestían una larga capa oscura, como la de ella, y cubrían su cabeza con la pesada capucha.
-Me dormí esperando. -Hizo un gesto hacia los árboles. -Lo siento.
Se arrepintió enseguida. Dioses, aún estaba borracha si osaba dar una respuesta así. Notó la mirada de las doce figuras encapuchadas sobre ella y maldijo por lo bajo. Y tanto que lo debía estar, ni siquiera se había puesto la capucha.
Ya no valía la pena ocultarse, pensó. El mal estaba ya hecho. No podía recordar qué dictaba el protocolo al respecto, cuán se podría considerar un insulto, o una amenaza, o...
- ¿Perdón?
-¿Aún estás dormida?
Risas alrededor. Hirientes.
-Disculpad... -Y además le tocaba rebajarse, claro. Si Jules estuviera allí...
-Decía que tenemos una importante misión para ti. -Pausa. -Tienes que encontrar a Jules y traérnoslo. Es un desertor y será juzgado por su traición.
-¿Qué?
Sabía que la estaban observando. Sabía que los doce pares de ojos estaban clavados en ella, analizando cada gesto, escrutando cada cambio en sus facciones. No se preocupó en ocultar nada, estaba demasiado sorprendida.
-¿Jules? ¿Cómo Jules?
-¿Has bebido tanto que ni recuerdas a Jules?
Mierda, mierda... Lo sabían. Sabían todo, sabían lo del ritual y sabían... Dioses, no, tenían que estar equivocados.
-Jules está muerto. Yo lo vi morir. -Puso todo su esfuerzo en evitar que le temblaban las manos.
-Tenemos pruebas fehacientes de que lo que visteis... o lo que decís ver, no era más que una ilusión. Creada para confundirnos.
Buscó con la mirada la figura menuda del mago que los había acompañado aquella vez. No la encontró. Un sudor frío le recorrió la columna y algo grande y pesado se le atascó en el pecho, una angustia que le empezó a arañar por dentro.
-No... No era una ilusión, yo... yo lo comprobé... -Empezó a tartamudear. Notó el zumbido de un par de hebras de magia que empezaban a formarse a su alrededor. Le costaba respirar.
-Dudamos que ninguno estuvierais en condiciones de comprobarlo. No. Se trataba de una ilusión. Y ahora... Tendrás que encontrarlo y entregarlo. ¿Ha quedado claro?
-----------------
¿Qué hace ahora nuestra prota? (Por cierto, se aceptan nombres para ella en los comentarios.)
a) Se acojona y acepta el encargo.
b) Lo comprobó. Fijo. Y si Jules fue capaz de burlarla una vez, lo será más. Se niega.
c) Nadie puede trabajar así. Pregunta e intenta sacar más información al respecto.
d) ¿Alguna otra idea? Como siempre, a comentarios.
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25 de septiembre de 2012
3 de febrero de 2012
Persiguiendo a Amy. 7.-Leonardo + María de Quintana
(Leonardo)
No tenía mala planta la moza. Las había visto mejores, por supuesto, pero después de pasarla por agua y con un vestido y un peinado decente, seguro que bien podría pasar por el papel que pretendía. Leonardo repitió la reverencia al presentarse, haciendo gala de sus mejores modales.
-Leonardo, a vuestros pies, señora.
Necesitaban una mujer si querían volver a montar una escena como la de Francia. Aunque la chica no daría el pego tan bien como la revoltosa, por supuesto. Pero nadie podía hacerse pasar por noble como la revoltosa. Por noble, por criada, por campesina, por prostituta, por mercader, por... por lo que se terciara.
-Y, mi estimada señora... En su estancia en Caspe y su atribulado viaje... ¿No habrá coincidido por casualidad con una doncella más o menos de mi altura, cabellos castaños y ojos verdes? Con una cicatriz ligera aquí, sobre la ceja... Su nombre es Amelia. La estamos buscando.
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(María de Quintana)
Les devolvió el saludo con una leve inclinación de cabeza.
- Lamento decirle que no, no he visto a nadie así. Quizá esa...mujer...no frecuenta los mismos lugares que yo. - dijo con un tono de desagrado en su voz - Bien, ¿continuamos? Deseo llegar cuanto antes, y por su aspecto, creo que usted también.
Se giró sobre sus talones y comenzó a andar. Retomaron la marcha a regañadientes tras de ella, pero tuvieron que parar cuando tropezó con una piedra y cayó al suelo. Unas manos grandes y con fuerza la sujetaron del brazo y la levantaron.
- Tenga más cuidado. - escuchó a su espalda. No se giró, aquellas palabras aumentaron la humillación que sentía en ese momento. Se irguió, se alisó la falda y se atusó el pelo, retomando el paso
Una risotada a su espalda hizo que se volviera. Fulminó con la mirada a aquel grupo de hombres, sus hombros se tensaron y su cara estaba roja por la ira. ¿Quien se había creído que era ese hombre para burlarse de ella? Pronunció las palabras con deliberada lentitud, marcando cada silaba.
- Carecéis de educación, respeto y buenos modales. Rudos, sucios y malolientes. Vulgares, patanes, inútiles. - hizo una pausa y los miró uno a uno - Nadie nunca se ha atrevido a humillarme así. Y no permitiré que lo hagáis. Hicimos un trato, en cuanto lleguemos, tendréis vuestro dinero y desapareceréis de mi vista para siempre.
Los contempló con desden y siguió caminando, hasta que una voz hizo que se detuviera conteniendo el aliento.
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[La intervención de María, como la vez anterior, corre a cargo de Xie.]
14 de enero de 2012
Epílogo - Las fotos, las dichosas fotos.
-Correo.
-¿Qué? -Sombra palideció al ver al Gato entrar en la habitación y tirar el paquete sobre la cama.
-¡Eh! ¡Tranquilo! Lo manda gente de confianza. Les pedí que se pasaran por nuestras casas y nos mandaran el correo, nada más. -Como Sombra seguía mirando el abultado sobre como si fuese un alienígena, se encogió de hombros. -Puedes tirarlo directamente si quieres. -Sonrisa cínica. -Total, seguramente solo serán facturas.
Él tenía en la mano varios sobres que abultaban cada uno tanto como tres veces el suyo. Apoyó un pie en la silla y se sentó sobre el escritorio, abriendo el primero de ellos. Mientras, Sombra se decidió a coger el sobre y abrirlo. Desde que habían dejado el apartamento camino al aeropuerto... Más bien, desde que había cogido el maldito paquetito blanco con las llaves, aquel día, vivía con el corazón en un puño. Se sobresaltaba como treinta veces al día y una de ellas tentado estuvo, incluso, de pedir auxilio porque un tipo le miraba demasiado. Veía peligros en cada esquina, fantasmas bajo la cama y monstruos en el armario.
Y bombas nucleares en los paquetes, aunque fueran con forma de inocentes llaves. Al final, Gato tenía razón, casi todo eran cartas del banco y facturas. Y...
-¡Hostia!
-¿Te ha tocado un viaje al Caribe por ser el cliente un millón de una revista de ganchillo?
-No...
Le enseñó un paquete pequeño, más o menos del tamaño de una cajetilla de tabaco. La coincidencia le produjo un escalofrío de alarma, pero conocía la letra con que estaba escrita la dirección, vaya si la conocía... Era la suya. Lo que significaba que aquello solo podía ser... Rasgó el papel con urgencia. No era un paquete blanco, en relidad sí que era una cajetilla de tabaco. Y dentro...
-La tarjeta.
-La puta tarjeta.
El Gato le tiró la cámara, que estaba sobre la mesa, y en unos segundos ya tenía la tarjeta colocada. Encendido. Ver imágenes.
-Demasiado pequeñas... ¿Tienes el portátil a mano, Gato?
-Creo que tengo algo mejor.
Ya había rasgado un par de sobres y sonrió, abriendo un paquete del tamaño de un libro. Desempaquetó una tablet y se la tendió. Sombra no se sorprendió.
-¿Lee tarjetas de memoria? Mejor que la uses tú...
Volvió a desmontar la tarjeta y se la dio, sentándose en el escritorio también él. La primera foto no tenía nada de especial, era la típica de cualquier día de fiesta: el reloj de la plaza que marcaba las 10:16. Había llegado tarde. Un árbol con gotas de lluvia iluminadas por el flash. La calle oscura y dos figuras a lo lejos con abrigos cortos. Gato y Xavi habían llegado aún más tarde. De nuevo el reloj: las 10:25. Los otros 3 de espaldas, dos abrigos y una chupa de cuero, bajando de nuevo por la calle. Gato saludando a una chica. Un primer plano de la muchacha, que apartaba la mirada, cohibida. Otras dos más, la mano en alto, intentando taparse. Zapatos. La calle. El restaurante. El reloj del Gato: las 10:47. También allí llegaban tarde. La novia de Xavi. Un beso. Más zapatos. Un picado de la esquina de la mesa. Un contrapicado de Daniella...
Recordaba esa parte de la noche, no le interesaban. Fue pasándolas, pues, sin pararse demasiado en ellas, aunque lo hubiera hecho en condiciones normales. Algunas eran muy buenas. Sonrisas perdonavidas del Gato. Xavi y Daniella despidiéndose. Una foto de los 4 que, obviamente, no había hecho él, quizá Daniella. El reloj de Xavi: las 00:14. Una calle. Más gente... Ahí comenzaba su vacío. Más o menos con la foto de esos dos soportales.
Las fotos siguientes tampoco le decían nada, aunque las pasó más despacio. La puerta. La discoteca. La cola. Varias tomas de la go-gó.
-¿Estaba buena, eh, Sombra?
El Gato se reía de él, así que no le hizo ni caso. Siguió pasando las fotos, observando a la gente, hasta que algo llamó su atención. Volvió a la anterior y se la señaló al Gato.
-El fiambre.
-El fiambre. Tu amiguito.
Salía en un par de fotos más, unos metros más allá, pero siempre mirando a la cámara. En la última, estaba más cerca, caminando hacia ellos.
-Y ahí es cuando te largaste con él, volviste una hora después y me calzaste. Y te echaron.
No había fotos de eso. Sombra hizo una mueca mientras siguió pasando las fotos. Estaban todas borrosas o demasiado oscuras para ver nada. En la única lo suficientemente aceptable se veía un plato lleno de nueces sobre una mesa. No conocía ni la mesa ni el plato, no le sonaban de nada.
-¿Y todo ese lío para esta bazofia? Yo que te hacía un buen fotógrafo...
Siguiente. Siguiente... En una se veía una figura con el pelo azul, pero cuando se la señaló al Gato, éste negó con la cabeza.
-No tiene por qué ser Claudia. Con lo borrosa que está esa foto podría ser cualquiera. Podría ser un tío. Una señal, incluso.
-Es una tía, Gato.
-Es una mierda de foto. Punto.
Más fotos borrosas. Más fotos oscuras. Sombra ya estaba dispuesto a sacar la tarjeta cuando aparecieron un par más, algo aceptables. Unos bultos en el suelo, que bien podrían ser personas. Una calle que no conocían. El padre del Gato saludando al difunto. Los dos entrando a un coche. La cruz luminosa de una farmacia con la hora: las 6:12. Otra foto, borrosa y oscura, de dos tipos demasiado grandes, demasiado cerca. No necesitaron más nitidez para saber que eran dos de los matones que los habían estado persiguiendo.
-Tu padre...
-Mi padre...
La habitación quedó en silencio durante varios largos minutos. Muchos. Y muy largos. Al final fue el Gato quien rompió el silencio. Sonrió, como era habitual en él, cual si fuera a comerse el mundo, y le espetó:
-En el local del final de la calle dicen que también tienen muy buenas go-gós.
Recogió el correo de encima del escritorio y recuperó su tablet de manos de Sombra. Le hizo un gesto desde la puerta.
-Nos vemos luego.
Y se fue, llevándose la tarjeta.
A Sombra solo se le ocurrió maldecir.
-¿Qué? -Sombra palideció al ver al Gato entrar en la habitación y tirar el paquete sobre la cama.
-¡Eh! ¡Tranquilo! Lo manda gente de confianza. Les pedí que se pasaran por nuestras casas y nos mandaran el correo, nada más. -Como Sombra seguía mirando el abultado sobre como si fuese un alienígena, se encogió de hombros. -Puedes tirarlo directamente si quieres. -Sonrisa cínica. -Total, seguramente solo serán facturas.
Él tenía en la mano varios sobres que abultaban cada uno tanto como tres veces el suyo. Apoyó un pie en la silla y se sentó sobre el escritorio, abriendo el primero de ellos. Mientras, Sombra se decidió a coger el sobre y abrirlo. Desde que habían dejado el apartamento camino al aeropuerto... Más bien, desde que había cogido el maldito paquetito blanco con las llaves, aquel día, vivía con el corazón en un puño. Se sobresaltaba como treinta veces al día y una de ellas tentado estuvo, incluso, de pedir auxilio porque un tipo le miraba demasiado. Veía peligros en cada esquina, fantasmas bajo la cama y monstruos en el armario.
Y bombas nucleares en los paquetes, aunque fueran con forma de inocentes llaves. Al final, Gato tenía razón, casi todo eran cartas del banco y facturas. Y...
-¡Hostia!
-¿Te ha tocado un viaje al Caribe por ser el cliente un millón de una revista de ganchillo?
-No...
Le enseñó un paquete pequeño, más o menos del tamaño de una cajetilla de tabaco. La coincidencia le produjo un escalofrío de alarma, pero conocía la letra con que estaba escrita la dirección, vaya si la conocía... Era la suya. Lo que significaba que aquello solo podía ser... Rasgó el papel con urgencia. No era un paquete blanco, en relidad sí que era una cajetilla de tabaco. Y dentro...
-La tarjeta.
-La puta tarjeta.
El Gato le tiró la cámara, que estaba sobre la mesa, y en unos segundos ya tenía la tarjeta colocada. Encendido. Ver imágenes.
-Demasiado pequeñas... ¿Tienes el portátil a mano, Gato?
-Creo que tengo algo mejor.
Ya había rasgado un par de sobres y sonrió, abriendo un paquete del tamaño de un libro. Desempaquetó una tablet y se la tendió. Sombra no se sorprendió.
-¿Lee tarjetas de memoria? Mejor que la uses tú...
Volvió a desmontar la tarjeta y se la dio, sentándose en el escritorio también él. La primera foto no tenía nada de especial, era la típica de cualquier día de fiesta: el reloj de la plaza que marcaba las 10:16. Había llegado tarde. Un árbol con gotas de lluvia iluminadas por el flash. La calle oscura y dos figuras a lo lejos con abrigos cortos. Gato y Xavi habían llegado aún más tarde. De nuevo el reloj: las 10:25. Los otros 3 de espaldas, dos abrigos y una chupa de cuero, bajando de nuevo por la calle. Gato saludando a una chica. Un primer plano de la muchacha, que apartaba la mirada, cohibida. Otras dos más, la mano en alto, intentando taparse. Zapatos. La calle. El restaurante. El reloj del Gato: las 10:47. También allí llegaban tarde. La novia de Xavi. Un beso. Más zapatos. Un picado de la esquina de la mesa. Un contrapicado de Daniella...
Recordaba esa parte de la noche, no le interesaban. Fue pasándolas, pues, sin pararse demasiado en ellas, aunque lo hubiera hecho en condiciones normales. Algunas eran muy buenas. Sonrisas perdonavidas del Gato. Xavi y Daniella despidiéndose. Una foto de los 4 que, obviamente, no había hecho él, quizá Daniella. El reloj de Xavi: las 00:14. Una calle. Más gente... Ahí comenzaba su vacío. Más o menos con la foto de esos dos soportales.
Las fotos siguientes tampoco le decían nada, aunque las pasó más despacio. La puerta. La discoteca. La cola. Varias tomas de la go-gó.
-¿Estaba buena, eh, Sombra?
El Gato se reía de él, así que no le hizo ni caso. Siguió pasando las fotos, observando a la gente, hasta que algo llamó su atención. Volvió a la anterior y se la señaló al Gato.
-El fiambre.
-El fiambre. Tu amiguito.
Salía en un par de fotos más, unos metros más allá, pero siempre mirando a la cámara. En la última, estaba más cerca, caminando hacia ellos.
-Y ahí es cuando te largaste con él, volviste una hora después y me calzaste. Y te echaron.
No había fotos de eso. Sombra hizo una mueca mientras siguió pasando las fotos. Estaban todas borrosas o demasiado oscuras para ver nada. En la única lo suficientemente aceptable se veía un plato lleno de nueces sobre una mesa. No conocía ni la mesa ni el plato, no le sonaban de nada.
-¿Y todo ese lío para esta bazofia? Yo que te hacía un buen fotógrafo...
Siguiente. Siguiente... En una se veía una figura con el pelo azul, pero cuando se la señaló al Gato, éste negó con la cabeza.
-No tiene por qué ser Claudia. Con lo borrosa que está esa foto podría ser cualquiera. Podría ser un tío. Una señal, incluso.
-Es una tía, Gato.
-Es una mierda de foto. Punto.
Más fotos borrosas. Más fotos oscuras. Sombra ya estaba dispuesto a sacar la tarjeta cuando aparecieron un par más, algo aceptables. Unos bultos en el suelo, que bien podrían ser personas. Una calle que no conocían. El padre del Gato saludando al difunto. Los dos entrando a un coche. La cruz luminosa de una farmacia con la hora: las 6:12. Otra foto, borrosa y oscura, de dos tipos demasiado grandes, demasiado cerca. No necesitaron más nitidez para saber que eran dos de los matones que los habían estado persiguiendo.
-Tu padre...
-Mi padre...
La habitación quedó en silencio durante varios largos minutos. Muchos. Y muy largos. Al final fue el Gato quien rompió el silencio. Sonrió, como era habitual en él, cual si fuera a comerse el mundo, y le espetó:
-En el local del final de la calle dicen que también tienen muy buenas go-gós.
Recogió el correo de encima del escritorio y recuperó su tablet de manos de Sombra. Le hizo un gesto desde la puerta.
-Nos vemos luego.
Y se fue, llevándose la tarjeta.
A Sombra solo se le ocurrió maldecir.
21 de septiembre de 2011
9 de septiembre de 2011
La tinta callada
Quería escribir, como siempre, pero la fuente de sus ideas se había secado, igual que las hojas del pasado otoño, del próximo otoño. Se marchitaron las historias y se volvieron polvo, que voló con el viento, como en una canción, a través del tiempo.
Tenía los dedos llenos de tinta y el papel en blanco. Otra vez. Como siempre. Porque ese era su nuevo siempre. El sueño se esfumó con Ella. Y Ella no iba a volver. No la dejaría volver.
----
(Otro pedacito de nada, mientras no tengo capi nuevo...)
Tenía los dedos llenos de tinta y el papel en blanco. Otra vez. Como siempre. Porque ese era su nuevo siempre. El sueño se esfumó con Ella. Y Ella no iba a volver. No la dejaría volver.
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(Otro pedacito de nada, mientras no tengo capi nuevo...)
(Con permiso de La Dama del Alba... Y si no me lo da... Sorry, darling... Ahora ya es tarde...)
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