Pues bien, hemos vuelto al punto cero. Se ha terminado la historia nueva así que... ¿Ahora qué?
He oído comentarios por ahí de que os gustó el "Elige tu propia aventura" pero con eso voy a pocos así que... ¿qué más queréis leer? ¿Tenéis alguna opción? ¿Alguna sugerencia? Es vuestro momento de opinar...
Os dejo una encuesta, que sé que os gusta...
¿Qué queréis?
a) Muchos Elige tu propia aventura
b) Más comiditas
c) Trocitos de todo y nada
d) Otra historia ya escrita, que va rápido
e) Poesía
f) Colaboraciones con otra gente "y yo te ayudo" (sin colaboradores, no hay)
g) Otros... Y si le dais a otros, comentáis, leñe... Pulsar otros y reírse no vale, Rober.
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18 de junio de 2012
7 de marzo de 2012
Persiguiendo a Amy. 20.-Leonardo
Y su último movimiento también funcionó a la perfección. Las cosas iban demasiado bien así que empezó a desconfiar un poco. Le pasaba a menudo. Cuando todo iba tan bien, empezaba a desconfiar. Lázaro siempre decía que era el perfecto pesimista.
Por suerte la comida también discurrió sin problemas. Muy silenciosa para su gusto, pero deliciosa, al fin y al cabo. Hacía siglos que no comía nada así. Por la misa que podría comer así toda su vida. De hecho, casi tuvo que contenerse para no lanzarse a la comida como un muerto de hambre. Pero por el Altísimo que era difícil. Realmente estaba muerto de hambre. Aún así se contuvo.
La joven, aunque comió de buena gana, parecía algo enfadada. No abrió la boca hasta el segundo plato y, por lo poco que la conocía, le pareció todo un logro. Por lo visto no le hacía ninguna gracia la boda. Peor para ella. Era una mujer. Noble. Y una cría. La casarían quisiera o no.
- ¿Quien es esa mujer a la que buscáis? ¿por qué la buscáis?
-¿Amelia? -Vaya, no se había parado a pensar en dónde encajaba la revoltosa en sus engaños. -Pues... es una joven con mucho talento. -Más de lo que a ellos les gustaría, en ocasiones. -Huyó de su casa. Dejó a su gente y huyó, buscando el fantasma de un padre que no conoció y que dudo que llegue a conocer nunca. -Torció el gesto al pensar en la revoltosa y en su madre. Leonardo tampoco había llegado a conocer a su padre. Su madre siempre le había dicho que era hijo descendiente de algun señorío importante, pero nunca supo o quiso decirle de cual. Su nombre se había perdido en una interminable lista de pretendientes y clientes. Pero aseguraba que era noble, y había dedicado parte de sus ahorros en educar al joven en las artes y maneras de los más dignos señores. -Prometí a su familia que la encontraría y la devolvería a su cuidado. -Y no podía ser más cierto. -Pero nos lleva una buena delantera y temo haber perdido su pista en Lourdes.
5 de marzo de 2012
Persiguiendo a Amy. 19.-María de Quintana
- No, mi señor, os lo ruego. - sus manos buscaron instintivamente las de él. Asustada por su atrevimiento, las retiró rapidamente y se dió la vuelta confundida - No me gusta comer sola. Además, en ninguna taberna os serviran tan bien como aquí. - se giró y le miró a los ojos, intentando descifrar algo en su mirada. Pero sus ojos eran impenetrables - Y os ruego que no me feliciteis por mis nupcias, pues es algo aun incierto. No voy a casarme.
Sin mediar palabra, pasó a su lado en dirección al comedor, sin esperar siquiera a que él la siguiera. Estaba molesta, enfadada, irritada. Si había podido tener una ínfima posibilidad de conquistarle, se había esfumado ante el comentario de su boda. Había sido idea de su padre, tenía edad de casarse y no podía demorarse mucho más en hacerlo. En cuanto se planteara la oportunidad de hacer un buen matrimonio, sería entregada al mejor postor. Y eso no sería muy difícil, contando con la suntuosa dote de la joven.
Llegó al salón y tomó asiento. Leonardo entró y se sentó frente a ella. Dos criados entraron de inmediato con bandejas repletas de exquisitos manjares. Comieron en silencio hasta el segundo plato.
- ¿Quien es esa mujer a la que buscáis? ¿por qué la buscáis? - preguntó más celosa que interesada.
La mirada de Leonardo no le pasó desapercibida, y supo que algo turbio había tras aquella mujer. En ese momento se hizo el firme propósito de encontrarla, con él o sin él, pero debía conocer a la muchacha.
--
(María by Xie. Creo que me falta un capítulo o algo... pero creo que se sobreentiende lo que ha pasado, así que no me voy a matar a reescribirlo...)
15 de octubre de 2011
Capítulo 17 - Visitas
- ¿Qué se supone que es eso?
Ella se encogió de hombros.
- Nada. - Otro ruido. -El gato. -Sonrisa.
- Tú no tienes gato. -Ella acompañó las palabras del Gato con una risa corta. -¿Quién anda ahí?
- ¿Y eso qué coño os importa? Es mi casa. Estará quien a mí me salga de los ovarios.
Sombra, se encaminó al pasillo, casi precedido por el Gato. Ella les intentó cerrar el paso, pero el otro ya la estaba apartando con un empujón, sujetándola del brazo, mientras la amenazaba con un tono sombrío.
- Más te vale quedarte quietecita, Claudia.
Enfilaron el pasillo a paso rápido, pero Sombra no pudo evitar preguntar.
- ¿La conoces?
- ¿Que si qué? -De la sorpresa, el Gato se quedó parado, dedicándole una larga mirada de desconcierto y compasión. -Pensaba que estabas de coña... No estás de coña, ¿verdad? Sombra... ¿Que si conozco a Claudia? ¿En serio te han licuado el cerebro? ¿Claudia? ¿No te suena de nada? ¿La insufrible e insoportable Claudia Antares, con sus estúpidas coletas siempre jodiendo al personal? Vale que haga años que no la ves, pero tío...
Sombra abrió mucho los ojos, incrédulo. Miró al salón por encima del hombro, intentando verla de nuevo, pero otro ruido le hizo volver en sí y ambos entraron en la habitación, Sombra un paso por delante del Gato. La habitación también era pequeña y la cama estaba deshecha. En ella, una sombra oscura formada por largos cabellos ondulados y revueltos se removió. La maraña se apartó siguiendo las órdenes de un brazo claro y delgado que salió de entre las sábanas, y dio paso a una cara que Sombra conocía bien... Ella...
- ¿Sombra?
-Ho... hola...
Ella le clavó una mirada fría, cargada de odio y desprecio que le sentó como una bofetada doble. Tenía los ojos brillantes y expresión adormecida y enferma. Aún así su voz sonó alta y firme.
- ¿Por eso no podías ayudarme? ¿Porque habías quedado con este...?
En ese momento oyeron la puerta de la entrada abriéndose. Para Sombra el sonido fue una mezcla de alivio y alarma. Y no sabía cuál de las dos sensaciones pesaba más. A esas alturas la resaca ya empezaba a parecerle una nimiedad dentro del surrealismo del día, y el runrún de su estómago vacío solo era un eco lejano, el recuerdo de algo que fuera y ya no había más. ¿Necesidades físicas? Menudencias...
Se asomó a la ventana buscando una salida alternativa. Era un tercero, lo sabía, pero dentro de todo aquel absurdo esperaba, quizá, el milagro de una escalera contra el alféizar. O, por qué no, un grupo de bomberos, como en las películas, sujetando una gran lona blanca con una diana pintada. La imagen le resultó hilarante y no pudo evitar reír mientras apartaba las cortinas para encontrar, no las escaleras ni los bomberos, sino el tejadillo rígido de una cafetería. Bueno, no era muy bueno en matemáticas, pero eso podría restar un piso, ¿no? Y uno no se mataba al tirarse de un segundo, ¿verdad?
Su ataque de risa, había provocado un par de improperios por parte de ella y una mirada fulminante del Gato, que ahora fijo que estaba convencido de su desequilibrio mental. La vio tomar aire para volver a la carga, pero desde el salón les llegó una voz profunda que a Sombra no se le hizo del todo desconocida.
- ¡Gonzalo Antares y Simón Figueiroa! Han de saber, señores, que están empezando a darme demasiados quebraderos de cabeza y empiezo a estar un poco harto de todo esto...
Sombra miró al Gato, interrogante. Le indicó con un gesto de cabeza la ventana alzando dos dedos de la mano derecha. Ella aprovechó el momento de silencio para empezar de nuevo a gritarle.
-¿Es que piensas suicidarte antes de contestarme?
------------------------------
Sombra y Gato deciden:
a) Enfrentarse a Ella para que deje de gritar.
b) Salir de vuelta al salón y enfrentarse al hombre.
c) Saltar por la ventana y confiar en su buena fortuna.
d) Esconderse debajo de la cama.
e) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentad!
Ella se encogió de hombros.
- Nada. - Otro ruido. -El gato. -Sonrisa.
- Tú no tienes gato. -Ella acompañó las palabras del Gato con una risa corta. -¿Quién anda ahí?
- ¿Y eso qué coño os importa? Es mi casa. Estará quien a mí me salga de los ovarios.
Sombra, se encaminó al pasillo, casi precedido por el Gato. Ella les intentó cerrar el paso, pero el otro ya la estaba apartando con un empujón, sujetándola del brazo, mientras la amenazaba con un tono sombrío.
- Más te vale quedarte quietecita, Claudia.
Enfilaron el pasillo a paso rápido, pero Sombra no pudo evitar preguntar.
- ¿La conoces?
- ¿Que si qué? -De la sorpresa, el Gato se quedó parado, dedicándole una larga mirada de desconcierto y compasión. -Pensaba que estabas de coña... No estás de coña, ¿verdad? Sombra... ¿Que si conozco a Claudia? ¿En serio te han licuado el cerebro? ¿Claudia? ¿No te suena de nada? ¿La insufrible e insoportable Claudia Antares, con sus estúpidas coletas siempre jodiendo al personal? Vale que haga años que no la ves, pero tío...
Sombra abrió mucho los ojos, incrédulo. Miró al salón por encima del hombro, intentando verla de nuevo, pero otro ruido le hizo volver en sí y ambos entraron en la habitación, Sombra un paso por delante del Gato. La habitación también era pequeña y la cama estaba deshecha. En ella, una sombra oscura formada por largos cabellos ondulados y revueltos se removió. La maraña se apartó siguiendo las órdenes de un brazo claro y delgado que salió de entre las sábanas, y dio paso a una cara que Sombra conocía bien... Ella...
- ¿Sombra?
-Ho... hola...
Ella le clavó una mirada fría, cargada de odio y desprecio que le sentó como una bofetada doble. Tenía los ojos brillantes y expresión adormecida y enferma. Aún así su voz sonó alta y firme.
- ¿Por eso no podías ayudarme? ¿Porque habías quedado con este...?
En ese momento oyeron la puerta de la entrada abriéndose. Para Sombra el sonido fue una mezcla de alivio y alarma. Y no sabía cuál de las dos sensaciones pesaba más. A esas alturas la resaca ya empezaba a parecerle una nimiedad dentro del surrealismo del día, y el runrún de su estómago vacío solo era un eco lejano, el recuerdo de algo que fuera y ya no había más. ¿Necesidades físicas? Menudencias...
Se asomó a la ventana buscando una salida alternativa. Era un tercero, lo sabía, pero dentro de todo aquel absurdo esperaba, quizá, el milagro de una escalera contra el alféizar. O, por qué no, un grupo de bomberos, como en las películas, sujetando una gran lona blanca con una diana pintada. La imagen le resultó hilarante y no pudo evitar reír mientras apartaba las cortinas para encontrar, no las escaleras ni los bomberos, sino el tejadillo rígido de una cafetería. Bueno, no era muy bueno en matemáticas, pero eso podría restar un piso, ¿no? Y uno no se mataba al tirarse de un segundo, ¿verdad?
Su ataque de risa, había provocado un par de improperios por parte de ella y una mirada fulminante del Gato, que ahora fijo que estaba convencido de su desequilibrio mental. La vio tomar aire para volver a la carga, pero desde el salón les llegó una voz profunda que a Sombra no se le hizo del todo desconocida.
- ¡Gonzalo Antares y Simón Figueiroa! Han de saber, señores, que están empezando a darme demasiados quebraderos de cabeza y empiezo a estar un poco harto de todo esto...
Sombra miró al Gato, interrogante. Le indicó con un gesto de cabeza la ventana alzando dos dedos de la mano derecha. Ella aprovechó el momento de silencio para empezar de nuevo a gritarle.
-¿Es que piensas suicidarte antes de contestarme?
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Sombra y Gato deciden:
a) Enfrentarse a Ella para que deje de gritar.
b) Salir de vuelta al salón y enfrentarse al hombre.
c) Saltar por la ventana y confiar en su buena fortuna.
d) Esconderse debajo de la cama.
e) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentad!
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2 de octubre de 2011
Capítulo 16 - Interrogatorio
-Pues verás... Oye, espera. ¿Que te cuente qué? Eres tú la que tiene que empezar a largar...
Miró al Gato en busca de ayuda. El otro fue seco y directo.
-¿Quién envía el paquete? No trabajas para ninguna mensajería, ¿verdad?
Su respuesta fue un largo trago a la botella de cerveza y una mirada indolente y cansada. Rebuscó en los bolsillos y le hizo un gesto a Sombra para que le acercara el bolso que había debajo de un cojín. De él sacó la cartera y una tarjeta identificativa. De una mensajería. La leyó en voz alta con una sonrisa triunfal y la metió de nuevo en la cartera, tirando el bolso a un rincón.
-¿Contentos?
-No.
Contestaron a coro, como si lo hubieran ensayado.
-¿Quién envía el paquete?
-¿Por qué habría de saberlo?
-Deberías tener un recibo, ¿no? Remitente y esas cosas...
Sombra se apoyó el en respaldo, paseando la mirada de uno a otro. El Gato la interrogaba sin quitarse las gafas de sol, a pesar de la penumbra del lugar, solo porque le ocultaba los golpes y se sentía más chulesco y seguro detrás, lo sabía. Sombra pasó a analizar a la chica mientras esta hacía un gesto desabrido con la mano, quitándole importancia a las palabras del Gato. Era mona. El pelo azul y los agujeros no le restaban carisma.
-Se quedó en la oficina.
-Podemos registrarla.
Sombra sonrió al Gato, que lo miró como pidiéndole silencio. No era momento de bromas. Intentó acomodarse. Tarea imposible. Además se estaba muriendo de hambre, no había comido nada desde el desayuno y ya debía ser media tarde. Apoyó un brazo sobre su estómago cuando un ruido en una habitación al fondo le alertó. Se puso rígido en el asiento y notó como el Gato hacía lo mismo. Ella, en cambio, hizo como que no había oído nada.
-Registradme si queréis. -Sonrió a Sombra con toda la picardía que guardaba en su menudo cuerpo. -No sé quién manda el paquete, así que no vais a sacar nada en limpio.
El Gato la miró. La maltrecha mente de Sombra lo imaginó erizando el pelaje y afilándose las uñas contra el borde del sofá.
-Déjate de estupideces, Carla. Quién. Y por qué.
Sombra dio un respingo, sorprendido. Ella suspiró y cogió el móvil de nuevo. Pulsó un par de botones y ya lo tenía en la oreja.
-Están en mi casa. -Un breve silencio. -Porque he dicho están. -Un silencio aún más breve, milimétrico. -Vale, espero.
El Gato se levantó de un salto, mirando a Sombra.
-¿Pero qué coño?
-Bah, no os preocupéis... Ahora vendrán a buscaros y contestarán a todas vuestras preguntas. ¿No queríais eso?
En la habitación del fondo volvió a oírse el mismo ruido, como un quejido ahogado, y Sombra se puso en pie junto al Gato.
-Me cago en la sota de bastos y el tres de picas...
----
Sombra y Gato, llegado este momento:
a) Esperan a que los vayan a buscar y respondan a sus preguntas.
b) Huyen de nuevo. (Y Sombra aprovecha para buscar dónde comer.)
c) Van a investigar qué es el ruido ese.
d) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentarios comentarios comentarios!
Miró al Gato en busca de ayuda. El otro fue seco y directo.
-¿Quién envía el paquete? No trabajas para ninguna mensajería, ¿verdad?
Su respuesta fue un largo trago a la botella de cerveza y una mirada indolente y cansada. Rebuscó en los bolsillos y le hizo un gesto a Sombra para que le acercara el bolso que había debajo de un cojín. De él sacó la cartera y una tarjeta identificativa. De una mensajería. La leyó en voz alta con una sonrisa triunfal y la metió de nuevo en la cartera, tirando el bolso a un rincón.
-¿Contentos?
-No.
Contestaron a coro, como si lo hubieran ensayado.
-¿Quién envía el paquete?
-¿Por qué habría de saberlo?
-Deberías tener un recibo, ¿no? Remitente y esas cosas...
Sombra se apoyó el en respaldo, paseando la mirada de uno a otro. El Gato la interrogaba sin quitarse las gafas de sol, a pesar de la penumbra del lugar, solo porque le ocultaba los golpes y se sentía más chulesco y seguro detrás, lo sabía. Sombra pasó a analizar a la chica mientras esta hacía un gesto desabrido con la mano, quitándole importancia a las palabras del Gato. Era mona. El pelo azul y los agujeros no le restaban carisma.
-Se quedó en la oficina.
-Podemos registrarla.
Sombra sonrió al Gato, que lo miró como pidiéndole silencio. No era momento de bromas. Intentó acomodarse. Tarea imposible. Además se estaba muriendo de hambre, no había comido nada desde el desayuno y ya debía ser media tarde. Apoyó un brazo sobre su estómago cuando un ruido en una habitación al fondo le alertó. Se puso rígido en el asiento y notó como el Gato hacía lo mismo. Ella, en cambio, hizo como que no había oído nada.
-Registradme si queréis. -Sonrió a Sombra con toda la picardía que guardaba en su menudo cuerpo. -No sé quién manda el paquete, así que no vais a sacar nada en limpio.
El Gato la miró. La maltrecha mente de Sombra lo imaginó erizando el pelaje y afilándose las uñas contra el borde del sofá.
-Déjate de estupideces, Carla. Quién. Y por qué.
Sombra dio un respingo, sorprendido. Ella suspiró y cogió el móvil de nuevo. Pulsó un par de botones y ya lo tenía en la oreja.
-Están en mi casa. -Un breve silencio. -Porque he dicho están. -Un silencio aún más breve, milimétrico. -Vale, espero.
El Gato se levantó de un salto, mirando a Sombra.
-¿Pero qué coño?
-Bah, no os preocupéis... Ahora vendrán a buscaros y contestarán a todas vuestras preguntas. ¿No queríais eso?
En la habitación del fondo volvió a oírse el mismo ruido, como un quejido ahogado, y Sombra se puso en pie junto al Gato.
-Me cago en la sota de bastos y el tres de picas...
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Sombra y Gato, llegado este momento:
a) Esperan a que los vayan a buscar y respondan a sus preguntas.
b) Huyen de nuevo. (Y Sombra aprovecha para buscar dónde comer.)
c) Van a investigar qué es el ruido ese.
d) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentarios comentarios comentarios!
30 de septiembre de 2008
Menú del día
POLLO A LA VALENCIANA
Ingredientes:
- 4 pechugas de pollo
- 1 cebolla
- 1 zanahoria
- 2 cubitos de caldo de pollo
- 1 naranja
Se sazonan las pechugas con sal, pimienta y tomillo.
Se doran por ambos lados.
Se retiran y en la misma grasa se rehogan, durante 3 minutos, la cebolla y la zanahoria picadas.
Se disuelven los cubitos de caldo en medio litro de agua caliente, se vierte y se deja cocer 20 minutos.
Se añaden las pechugas, el zumo y la ralladura de la naranja y se cuecen 10 minutos más.
Para acompañar podemos hacer un arrocito blanco, por ejemplo, y de postre...
GALLETAS DE CHOCOLATE
Ingredientes:
- 225 g de mantequilla
- 225 g. de harina
- 100 g de azúcar
- 1 cucharadita de canela
- 50 g de cacao en polvo
- 1 cucarachita (viva la bella durmiente) de levadura
Se baten la mantequilla y el azúcar con la esencia hasta que esté esponjosa. Se añaden la harina, el cacao y la levadura.
Se remueve bien.
Se añade poco a poco la mantequilla y se llevan al horno en una fuente enharinada a fuego medio durante aprox 20 minutos o menos.
¡Cuidado que se queman!
¡Hale, que rico!
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