4 de mayo de 2012
Publicando en Bubok
http://www.bubok.es/libros/213309/Viernes-de-resaca
Le he cambiado un par de cosillas (como el hecho de que sea viernes en vez de domingo, que a ver qué oficina de Correos abre los domingos...), le he corregido alguna que otra más y lo he puesto bonito y todo junto para que lo podáis descargar y leer todo seguido. Más cómodo ¿no?
Ya no tenéis excusa. Y además, si os gusta/ha gustado, gustosa os doy permiso para hacerme publicidad, que siempre queda bien ¡y os lo agradeceré mucho mucho!
21 de marzo de 2011
Nickname
O el 21 o el 23 o el 24, pero vamos, que esta semana cuento con empezar la historia.
Podéis empezar a votar, votando por un apodo para el prota.
Varón, treintañero, soltero y algo tirado. A mí el nick de un tipo de un foro, "Gimpy", me gustaba, pero ya tengo dos nos, así que no sé no sé... Mata propone un "Sombra".
Sigo abierta a sugerencias...
11 de febrero de 2011
Renacer
La cama estaba vacía, de modo que se estiró ocupando todo el jergón, sin aún abrir los ojos.
El dolor agudo en el costado volvió. Le dolía terriblemente desde la última pelea, a pesar de que solo le habían herido en un brazo y le habían golpeado un poco...
Se llevó la mano al costado y gimió dolorosamente.
-¿Estás bien?
Abrió los ojos. Su hermano estaba apoyado en la ventana y ahora le observaba con preocupación.
-¿Estás bien?
-Sí, estoy perfectamente.
-No intentes engañarme. Te he oído gritar.
-Gemía. No me apetece levantarme...
15 de enero de 2011
Mientras haya vida...
- Cuanto sea preciso.
- ¿Pagarías con tu vida?
- No. ¿Para qué quiero la libertad si estoy muerto?
- ¿Para qué quieres vivir si estás preso?
- Mientras haya vida, hay esperanza.
- Espera entonces, necio... nunca saldrás de aquí.
La puerta se cerró como se había abierto, con un gemido de metal tanto más angustioso cuanto que era lo único que lo separaba del cielo y del olvido.
- Mientras haya vida, hay esperanza...
En los días que siguieron acabó por repetirlo como un mantra. Las palabras mágicas que le ayudaban a levantarse de aquel apestoso jergón y recorrer la celda, solo para no quedarse quieto, para sentirse útil y vivo. Mientras haya vida, hay esperanza, las palabras que repetía a cada sorbo del agua amarga, a cada mordisco del pan rancio que llegaba a él a través de la estrecha rendija de la puerta. Que repetía antes de volver a acostarse a dormir, cuando ya no sabía si era noche o día.
Un largo tiempo oscuro, impreciso y angustioso, pasó y la puerta volvió a gemir sobre sus goznes de modo lastimero, con un quejido que no llegaba a mostrar todo el dolor de su alma.
- ¿Cuánto estás dispuesto a pagar por tu libertad?
- Mi vida es tuya.
- Lo sé. Siempre lo ha sido.
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¡¡200 entradas!!
Ole...
2 de enero de 2011
Magia
Neme observaba intrigado el espectáculo.
Sabía que los mortales tenían menos magia que él pulso, pero siempre se le escapaban esos pequeños detalles de los juegos de manos.
Se acercó un poco más al escenario. Era uno de esos escenarios al aire libre que a veces montaban por las fiestas. Normalmente tocaban orquestas que a veces no estaban muy mal, pero que, por lo general, le disgustaban bastante. Sin embargo, ese día habían llevado a un mago que cortaba a la gente a la mitad y la hacía desaparecer.
-¿Dónde se ha metido la chica? ¡Jopetas! ¡No la veo!
La señora que estaba a su lado se volvió. Estaba sentada en una silla plegable que habían puesto para el público. Lo miró inquisitivamente. Neme resopló y se puso a la defensiva. Sabía lo que venía a continuación.
-¿Qué haces ahí solo? ¿Y tus padres?
Suspiró y miró a su alrededor. Enseguida encontró lo que buscaba.
-Mi madre está ahí atrás, es aquella señora. -Saludó con su mejor sonrisa a una mujer que lo observaba, también preocupada, desde varias filas más atrás. La mujer, sorprendida, le devolvió el saludo y la señora a su lado le sonrió, condescendiente. Perfecto. Ahora las dos mujeres pensarían que su madre era la otra y lo dejarían en paz.
-Oiga... ¿usted sabe dónde han metido a la ayudante?
-Es magia, pequeño... Magia.
Y seguro que la señora se lo creía y todo. Los adultos son siempre unos ingenuos... Neme se acercó un poco más, hasta situarse a la altura de la primera fila de asientos. Sabía que no le iban a dejar acercarse más.
Pensó en echar a volar, pero fijo que iba a llamar la atención y, además, se tenía que ver peor desde lo alto... Y a los lados tampoco se podía ver nada...
-¡Jopetas!
Y entonces el mago hizo aparecer a su ayudante y Neme aplaudió, entusiasmado, con el resto del público.
28 de diciembre de 2010
La Dama Negra (más RP con Lázaro...)
Los monjes decían que no eran más que leyendas estúpidas, que la muerte no era más que un proceso por el que el alma viajaba junto al Señor, no una dama... pero él no podía dejar de imaginarla así, con el rostro cubierto por los velos oscuros y esos labios capaces de llevarte al otro mundo con un simple roce...
14 de diciembre de 2010
Errepeando con Lázaro
No le dejaron seguir hablando. Los tres hombres cargaron contra ellos a una y enseguida todo fue caos. Cruzó su espada con un tipo ancho de hombros y cara morena. A su derecha, Hernán se batía con otro que apenas le llegaba a los hombros y que perjuraba a cara embate, mientras que el tercero, delgado y con un rostro que le recordaba a un caballo famélico, bailaba entre los dos, ora atacando a uno, ora aprovechando un descuido en la defensa del otro. Lo ponía nervioso. Más aún cuando una de las espadas enemigas le pasó rozando la oreja. El Altísimo los confundiera, ya estaba harto.
Paró otra acometida y tiró a fondo, a la desesperada. Fue un buen golpe, su adversario cayó, herido, pero el hombre de rostro equino aprovechó su parca defensa para clavar el acero en su muslo. Así se quemara en las más ardientes llamas del infierno. Así la próxima vez que conociera mujer, esta le contagiara las más terribles pústulas. Así recibiera el doble de acero que había brindado a sus enemigos.
Mientras desclavaba su arma del cuerpo del moreno, trazó un arco con su daga para apartar al otro. Miró a Hernán de soslayo. Se las arreglaba bien, pese a luchar solo con una espada. La otra mano la mantenía bajo la capa.
-¿Se puede saber qué diantres haces? Voto a...
29 de noviembre de 2010
Días previos (muy previos) a la Navidad
Definitivamente le gustaba la Navidad. Lo que no le gustaban eran esas semanas (¡casi meses!) previos en que parecía que llegaba pero no. Los adornos antes de tiempo que parecían querer engañarle con falsas promesas de regalos. Y es que su padre, después de la misa del gallo, siempre le traía regalos por Navidad, pero no de esos regalos tristes que se hacen por cumplir, ni esos chiquitajos de "vale, hoy te has portado bien". Por Navidad siempre le traía regalos grandes o grandiosos, de esos que tienes que mirar dos o tres veces antes de asimilar que son reales.
Como cuando le regalaron la bicicleta roja. No la usó demasiado, porque la gente lo miraba raro al ir él solo de noche en bicicleta, pero era genial. O cuando le dieron su capa, su preciosa capa negra. No había mejor momento en el día que el de ponerse la capa sobre los hombros y echarse volar sobre los tejados. O el año en que le habían regalado el ataúd de ébano y plata en su propia habitación. ¡Su propia habitación! Era un ataúd precioso y forrado y muy elegante y era genial y maravilloso y grandioso y el mejor regalo por siempre jamás, sin duda alguna. Y en la habitación tenía una estantería, un armario, un sillón y una mesa y podía hacer lo que le daba la gana cuando le daba la gana. Bueno, casi.
Este año les había pedido a sus padres una consola. Sabía que le iban a regalar un libro, porque aparte de los regalos fabulosos, siempre le regalaban un libro de vampiros. No le importaba, le gustaban los libros, pero también quería una consola para poder jugar por las noches cuando se tenía que quedar en casa. O un ordenador, donde además poder ver las fotos de su "nueva" cámara. Y un cargador para la cámara. A fin de cuentas, se había portado muy bien y había estudiado mucho inglés. Se había esforzado mucho.
De modo que Neme metió las manos en los bolsillos (aún no había encontrado sus guantes) y pateó el suelo con los pies mientras lanzaba una furibunda mirada a las luces de colores. Aún faltaba mucho para Navidad...
-¡Jopetas!
18 de noviembre de 2010
Imágenes de un verano (tardío)
Aún así, Neme tenía claro que era un turista. Tenía cara de turista, se movía como un turista, hablaba como un turista, olía como un turista... Los diferenciaba a leguas. No es que le importara. De hecho, le encantaba. Era tan fácil hacer desaparecer a un turista... De modo que no dudó en acercarse a él, en camelarlo...
Además, ese turista tenía algo genial: una gran, fabulosa y moderna cámara de fotos que Neme se apresuró a "heredar". Era tan genial...
Pasó la primera noche disparando al azar, sacando fotos de todo cuanto veía, rápido, impaciente... Luego las borraba, una tras otra, porque estaban movidas, oscuras. Se enfadó, por supuesto. No era justo. Las fotos bonitas solo salían a la luz del sol... De modo que al final tiró la cámara en un rincón, dejándola olvidada, hasta que oyó a otros turistas hablar sobre los tiempos de exposición, un par de semanas después. Se les acercó, con la mejor cara de inocencia que supo, y le spreguntó cómo hacerlo. Decidieron no explicárselo, sino preocuparse porque un niño como él estuviera por ahí, solo, una noche como esa. Estuvieron incluso a punto de llamar a la policía (¡dichosos adultos! ¡jopetas!) así que Neme tuvo que echar mano de todo, todo su poder de persuasión para convencerlos de que era normal, de que sus padres estaban esperándole en el hotel, de que, oh, no, con uno que me acompañe es suficiente, ¿cómo es eso de los tiempos de exposición? y, por supuesto, de que sí, ese callejón de ahí es un atajo, estoy seguro.
Deshecho del turista y cruzando los dedos para que el otro no se acordara bien de él, volvió a casa volando para experimentar con la cámara.
Salió todo feliz la noche siguiente. Sobrevoló varias veces la ciudad, buscándo las mejores imágenes, el mejor ángulo. Al final sacó dos o tres fotos. Sin mover. Perfectas.
Las observó detenidamente y decidió que era un buen fotógrafo. Neme sonreía feliz, mostrando todos sus dientes, cuando la cámara se apagó. La batería se había agotado.
-¡Jopetas! ¿De dónde saco yo ahora un cargador? ¡Eran las mejores fotos del mundo mundial! ¡Escúpelas, maldito!
6 de septiembre de 2010
El final
La última hora antes del fin siempre era eterna y lo sabía muy bien. Había vivido muchas últimas horas, muchos finales. Y toras habían sido largas, eternas.
Pero ninguna como esa. Ninguna como su última hora. La última hora antes del fin.
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Y la historia ha terminado...
16 de agosto de 2010
Fin de trayecto
-¿Al llegar a dónde?
-Al final. Siempre se llega al final.
31 de julio de 2010
Fuegos artificiales
Pero, por supuesto, nunca le dejaban. Por lo visto revolotear sobre petardos que, además, suben a distintas alturas, es bastante peligroso. Y, la gente, cómo no, está continuamente pendiente del cielo, con el consiguiente riesgo de ser descubierto. De modo que, siempre que había fuegos artificiales, a Neme le tocaba darse el paseo a pue y camuflarse entre la gente.
No podía asustarlos, pero vaya, estaban entretenidos y, oh, sí, estaban felices, así que al menos era entretenído de ver y la caza no solía ser complicada.
Y, oh, había niños. Niños a los que a veces podía hasta asustar. Pocas veces. Casi ninguna. Pero ahí estaba la opción....
Neme se sentaba en primera fila siempre que podía. Ese día, además, como no había restricción alguna, pudo acomodarse aún más cerca.
Por desgracia, no se acordó de algo tan sencillo como sentarse de espaldas al viento.
Cuando los fuegos comenzaron, se olvidó de todo, viendo cómo estallaban sobre él... Se dejó perder en la lluvia de colores, en las imágenes de fuego...
Hasta que las chispas empezaron a caerle encima. Eso, de primeras, no le gustó demasiado, pero como a Neme no le importaba el riesgo, no se movió del sitio.
Pero luego el viento le llevó el humo y al acre olor a pólvora, y Neme acabó tosiendo y teniendo que moverse más allá, perdiéndose los fuegos durante el trayecto.
-¡Jopetas! Con el sitio tan guay que tenía... ¡Dichoso viento!
24 de julio de 2010
Capitán
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Llevo casi 17 capítulos de esta historia. No se si alegrarme o echarme a temblar. Tengo miedo de no acabarla nunca. Tengo miedo de no poder continuarla de que, en algún momento, la magia desaparezca y el Grey permanezca ahí, parado, como tantas otras historias...
Tsk...
12 de julio de 2010
Campeones...
La adrenalina que inundaba la sangre humana era grandiosa. No había nada mejor que la sangre, salvo la sangre cargada de dulce, dulce adrenalina. Le hacía sentirse aún más fuerte, aún más rápido, aún más ligero, aún más sigiloso y terrible y mejor. Era lo más parecido a una droga que un vampiro podía conseguir.
Huelga decir que Neme prefería la adrenalina del terror, porque a ella se sumaba la satisfacción de asustarlos, aterrorizarlos, de verlos temblar y gritar de miedo, de tenerlos a su merced pidiendo clemencia... pero era mucho más fácil de conseguir y la euforia también estaba bien, también era grandiosa...
Un minuto y sus ojos brillaban de emoción, se puso de pie en el salón y empezó a dar saltitos nerviosos a la pata coja, alternando ahora una pierna, ahora la otra.
Sus padres lo miraron, sonriendo, y luego se miraron entre sí. Neme no vio cómo se guiñaban un ojo.
-Hoy habrá demasiados humanos en la calle, Neme, será peligroso. Es mejor que te quedes en casa.
El vampiro se quedó inmóvil, mirándolos con los ojos muy abiertos.
-No... no... ¡jopetas! ¡No! ¡Hoy no puedo quedarme! ¡Hoy no! ¡Me niego! ¡No podéis hacerme esto!
Empezaba una pataleta y ya estaba gritando cuando sus padres se echaron a reir. Le estaban tomando el pelo. Se sintió terriblemente humillado. Por un momento, se le empañaron los ojos por la vergüenza y la rabia, pero entonces el árbitro pitó el fin del partido y la euforia lo invadió a él también, campeones, campeones, y corrió gritando a por su capa para echar a volar, libre en la noche.
-¡Ganamos! ¡Ganamos! ¡Oe! ¡No volváis a reíros de mí así! ¡Jopetas! ¡No es justo! Pero oh, ¡campeones! ¡Sí!
En el castillo.
En el salón del trono, el Rey descansaba sobre su majestuosa silla mientras que, a su lado, la princesa... ¿rubia o morena? Mmm... sí, mejor morena, permanecía de pie a su vera, con un... una flor en la mano.
Al piso superior solo se puede acceder mediante unas escaleras. Justo ahí, aunque... ¡jopetas! casi parecen cajas apiladas... mejor no hay más pisos. Solo uno. Y aquí, donde antes había unas escaleras, un príncipe con una espada, luchando con un monstruo que viene a comerse a la princesa. Un terrible monstruo con un ojo y tres brazos y cinco piernas y cuatro orejas y de color verde, por ejemplo. Pero el monstruo va a perder porque no sabe que el príncipe es un vampiro... así, con colmillos blancos y capa... y que es muy malo y que acabará con él en menos que...
-¿Qué estás hasiendou?
Neme miró, furioso, al recién llegado. Alargó la mano con hastío, cogiendo el tomo que reposaba al otro lado de la mesa. Pasó varias páginas hacia alante y varias hacia atrás, buscando.
-Nothing.
Y, enfadado y desencantado, guardó las pinturas en la caja y enrolló el papel.
Dichoso profesor... ¡jopetas! ¡Si estaba quedando un dibujo genial!
21 de junio de 2010
Plan B
Se dejó caer desde un piso veinte. El viento silbaba en sus oídos cada vez más fuerte, cada vez más agudo.
El pelo le bailaba sobre la cabeza, enredándosele aún más, y las ropas, levantadas con fuerza, le golpeaban la cara y el cuerpo.
Eso fue, quizás, lo que le hizo despistarse. Despiste que le obligó a frenar la caída en seco a la altura del segundo por lo que aterrizó con fuerza en la acera, asustando a una joven que, con un grito, se llevó la mano al pecho.
No la había visto y eso era un error. Aún así, sonrió complacido. La joven había gritado.
-Oh, vaya, pequeño. Casi me da un infarto. ¿De dónde has salido?
¡Jopetas! ¡No! ¡Tenía que seguir asustada!
-Soy un vampiro. He venido a matarte.
La chica soltó una carcajada, lo que irritó sobremanera al pequeño, antes de volver a hablar.
-Sí, ya veo. Una capa muy bonita. ¿Dónde están tus padres?
-Matando, probablemente.
-¿No es muy tarde como para que un niño como tú ande solo por la calle? ¿No deberías estar en la cama?
La chica no lo había ni escuchado. Escrutaba en la oscuridad buscando a sus padres. No los iba a encontrar. A Neme tampoco le apetecía que lo hiciera.
Resignado a no volver a hacer gritar a la joven, optó por el plan B. Odiaba el plan B.
-Sí, vale, lo que quieras... digo... me he perdido... -Puso su mirada más inocente y encantadora. -No encuentro a mis padres y me asusta la oscuridad. La última vez que los vi iban por ahí. -Señaló un callejón aún más oscuro. -Pero no me atrevo a ir solo.
-¿Quieres que te acompañe, pequeño?
-Por favor...
Neme tenía un encanto natural a la hora de poner ojitos tiernos. ¡Jopetas! ¡Él preferiría haber tenido un encanto natural para espantar! ¿No se daban cuenta de lo malo que era?
La joven lo tomó de la mano y se acercó al callejón. Una vez se adentraron en él, Neme dejó escapar un par de ruiditos quejumbrosos. No le gustaba nada, pero nada el plan B, aunque sabía meterse perfectamente en el papel.
-¡Oh, oh, oh, oh, que oscuro está! ¡Oh, oh, oh, qué miedo!
-No te preocupes, yo estoy contigo.
-¡Jopetas!
La joven se agachó a su lado para ponerse a su altura. Neme, fingiéndose aterrado, se le abrazó buscando consuelo.
Ella enseguida se dio cuenta de su error. Tarde descubría que, quizá, debió haber escuchado al rubio vampiro.
31 de mayo de 2010
Y en cuanto a hoy...
No voy a decir que nació a partir de la canción porque sería mentira, pero sí que influenció un poco.
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Lo normal es que sea el novio quien espere por su dama en la iglesia, pero yo tuve que esperar por él el día de mi boda. Esperar y esperar, aquel tiempo eterno, aguantando las miradas de toda aquella gente, la mirada enfurecida de mi padre, hasta que el mayor de mis hermanos salió en su búsqueda, mascullando maldiciones y sujetando el pomo de su espada. Mi otro hermano, mientras tanto, se acercaba a mí y me brindaba su apoyo y su cálido abrazo.
Llevábamos tres años prometidos, tres hermosos años, a pesar de la poca aprobación de mi padre. Tres años y yo lo amaba con toda la fuerza con que se puede amar a los quince años.
Por eso, cuando vi entrar a mi hermano de nuevo en la iglesia, pensé que el dolor me asfixiaba, que el mundo se derrumbaba a mi alrededor y que nada, nada podía ser peor que todo aquello.
Pero me equivocaba. Lo que mis hermanos y yo habíamos empezado a vislumbrar, lo que nos temíamos, no había hecho más que empezar.
-Han matado a Dan.
Y el infierno comenzó.
19 de mayo de 2010
Vuela
Sin embargo sí que había algo que casi podía compararse con ella. Era volar.
Siempre que le dejaban salir de casa, Neme buscaba cualquier excusa para echar a volar, ya fuera una invitación a jugar (dichosa niña que no se asusta... ¡jopetas!) o la búsqueda de una nueva zona de caza.
El viento frío no le molestaba, le gustaba sentir cómo revolvía sus rizos rubios convirtiéndolos en lo que su madre tendía a llamar "una mata estropajosa", le gustaba sentirlo en la cara y le gustaba el azote de sus ropas, el ruido, el paisaje huyendo (¡ja! ¡me teme hasta el paisaje! ¡huye, cobarde!) bajo su menudo cuerpo...
Si, a Neme le gustaba volar, así que esa noche, como tantas otras, en cuanto le permitieron cerrar los libros (¡jopetas! ¡buscar otra palabra no! deberia quemar el diccionario...) se echó la capa por los hombros y se dispuso a surcar los cielos amparado por la luna.
15 de mayo de 2010
10 de mayo de 2010
Cámbiate
-¿Llevas puesta mi camisa?
-Fui a buscarte y como tardabas...
-Haz el favor de quitarte mi ropa. -Ella hizo un gesto de resignación seguido por uno de incredulidad. -Y vuelve a ponerte la tuya.
-Si me la quito ahora, tendré que pasearme desnuda por todos estos pasillos delante de toda esta gente -Se reía, y su mirada inocente constrastaba con su sonrisa pícara.
-Allí.
-Vaya... ¡qué poco emocionante te has vuelto!
-Oh, sí. Me he convertido en un ser anodino y vulgar.
-Lo siento, cielo, por mucho que lo intentaras nunca serías un ser anodino y vulgar...