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18 de junio de 2012

Siguiente paso

Pues bien, hemos vuelto al punto cero. Se ha terminado la historia nueva así que... ¿Ahora qué?

He oído comentarios por ahí de que os gustó el "Elige tu propia aventura" pero con eso voy a pocos así que... ¿qué más queréis leer? ¿Tenéis alguna opción? ¿Alguna sugerencia? Es vuestro momento de opinar...

Os dejo una encuesta, que sé que os gusta...

¿Qué queréis?

a) Muchos Elige tu propia aventura
b) Más comiditas
c) Trocitos de todo y nada
d) Otra historia ya escrita, que va rápido
e) Poesía
f) Colaboraciones con otra gente "y yo te ayudo" (sin colaboradores, no hay)
g) Otros... Y si le dais a otros, comentáis, leñe... Pulsar otros y reírse no vale, Rober.


30 de enero de 2012

Persiguiendo a Amy. 5.-María de Quintana

Aquella falda vieja y raída se enganchaba con cada matorral que se encontraba a su paso. Hacía poco que había amanecido y había decidido salir al camino en busca de algún grupo de viajeros que pudiera escoltarla hasta la próxima ciudad. Apenas había pegado ojo aquella noche, sólo pudo dormir cuando el llanto se convirtió en un susurro ahogado, y las lágrimas se secaron en su mejilla. Los horrores de la noche anterior la habían atormentado durante las largas horas de la noche.

- Malditos bandidos... ¿qué será de mí ahora? - se lamentaba la muchacha gimoteando. El estómago le rugía, el cansancio entumecía su cuerpo. Y le asqueaba su aspecto.

A lo lejos divisó un grupo que se aproximaba hacia ella en el camino. Apenas eran 5 o 6 hombres. Su aspecto sucio y desaliñado al principio la asustó. Pero sabía que era su única opción. Esperó hasta que se aproximaron, y se adelantó un par de pasos para hablarles.

- Disculpen, amables viajeros - su voz era ligeramente temblorosa. Ahora que los tenía cerca, aquellos hombres no le inspiraron confianza alguna - ¿Podria viajar con vosotros? Este no es lugar seguro para una dama y menos si es de alta cuna. Anoche... oh... - las lágrimas asomaron a sus ojos. Su labio temblaba mientas intentaba explicar lo ocurrido - Unos malditos bandidos atacaron la comitiva en la que viajaba. Se lo llevaron todo, el carro, los caballos, mis baúles... ¡¡incluso a mi doncella!!

Los hombres la miraron de arriba a abajo estupefactos. Ella se miró las ropas; ropas propias de una doncella. En ese momento maldijo aquella idea del cambio de vestimenta. Su padre siempre había insistido mucho en que viajara en el coche familiar, pero vestida como una vulgar criada en vez de como la dama que era. En caso de asalto, ella nunca sería requerida como moneda de cambio, nunca secuestrarían a la pobre doncella: siempre se llevaban a la dama para pedir rescate por ella. Les explicó eso a los hombres, que empezaban a impacientarse por aquella intromisión en su camino.

- Soy Doña María de Quintana, hija del Señor de Quintana. Me dirigía hacia la capital, donde mi padre atiende unos asuntos reales. Iba a su encuentro después de pasar una temporada en Caspe. Y por culpa de esos bastardos me veo privada de cobijo, transporte, dinero y la compañía adecuada para que una dama de mi categoría pueda viajar. - frunció los labios en una mueca de desagrado y miró atentamente a los hombres - Os ruego que me ayudéis, que me deis protección hasta llegar a la próxima ciudad. Allí podré escribir a mi padre, y él enviará a alguien que me recoja. Y por supuesto será considerado con quienes ayudaron a su hija en este difícil momento. Es bastante generoso con sus sirvientes, mientras éstos le sean leales.

Se dio la vuelta esperando una respuesta por parte de aquel extraño grupo. No pudo ver el brillo amenazador en la mirada de uno de aquellos hombres.

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(A partir de aquí empiezan a entrar los otros jugadores/escritores. Este capítulo, así como todos los de María de Quintana, ha sido escrito por Xie.)

21 de diciembre de 2011

Capítulo 19 - Asuntos familiares

Sombra lanzó una última mirada al coche antes de entrar. Era una oportunidad tan buena... Pero estaba convencido de que no funcionaría. Con su maldita mala suerte seguro que lo tumbaban al primer signo de huida. Y, además, no podía dejar al Gato tirado. No podía ser tan cobarde y traicionarlo así, menos aún cuando el Gato no lo había dejado en la estacada y se había entregado por acompañarlo. Buen Gato...
De modo que, medio a regañadientes y pseudoarrastrado por los matones de turno, le tocó volver a subir los tres pisos. Sin embargo, esta vez pasaron por la puerta de enfrente.
Sombra se encontró en un piso más amplio y mejor amueblado. Mucho mejor, dónde iba a parar, con ese sofá el doble de grande que el otro, y sin las botellas ni la ropa tirada... Eso sí, la joven del pelo azul, Claudia, volvía a estar acomodada en el sofá. Y el dueño de la voz que tanto le sonaba.
Joder, vaya si le sonaba la voz. La voz y la cara y los gestos y el traje caro. Y la sonrisa, por supuesto. Esa sonrisa felina que, junto con la mirada de depredador que la acompañaba, hacía que el Gato perdiera su mayúscula y se quedara en un simple minino aficionado.
Mierda, cómo le había impresionado ese hombre cuando tenía 8 años, cómo lo intrigaba siempre detrás de la puerta de su despacho, qué respeto imponía cada vez que se asomaba para mandarles callar o soltarles un pescozón por haberla liado (otra vez) en el colegio. Mierda, qué respeto imponía ahora con la colección de matones articulados que lo acompañaba. Y venían con todos los extras, joder, joder... De todas esas armas sí que no se acordaba...

-Gonzalo, Simón. Sentados.

Señaló el sofá y ellos, como perrillos entrenados, obedecieron. El Gato se acomodó cruzando una pierna sobre la otra y le respondió con un gesto de cabeza y una sonrisa indolente, manteniéndose en su sitio. En cuanto a Sombra, tuvo que echarle más valor.

-Bu... Buenos días, señor Antares...
- ¿Días? ¿Es que acabas de levantarte, Simón? -Su sonrisa felina se acrecentó.

"Como si no supiera el tiempo que llevo levantado el tío... como si no supiera hasta las veces que he ido a mear... ¡oh, mierda! Maldita sea, Sombra... ¿Por qué tienes que pensar en 'eso' justo ahora?"

-Pero no me habéis dado tiempo a comer... Lo cierto es que me estoy muriendo de hambre y... ¿Puedo ir al baño?

Simplemente lo miró, antes de centrarse en el Gato.

-Teníamos un trato, Guillermo. Tú no te metías en mis asuntos y yo te dejaba en paz.
-Yo no me he metido en tus asuntos.
-¿Ah, no? Creo que las fotos que robó Simón no dicen lo mismo...

Sombra se sintió culpable, terriblemente culpable... Aunque sabía que no tenía por qué sentirse así. A fin de cuentas, él solo había cogido unas fotos. Ellos eran los que habían matado al tipo, ¿no? O al menos eso creía. Y los que lo habían drogado y perseguido y jugado con él todo el maldito día. Y apostaba a que también eran los culpables de que hubiera pegado al Gato y de que le doliera tanto la maldita cabeza y que estuviera muerto de hambre y de que Ella lo odiara y de que se estuviera meando. ¡Joder!

-Tergiversadas. Y además, no debisteis meterlo en esto.

No, claro que no debían haberlo metido... ¿Pero qué coño les pasaba? Con sus pistolas y sus puestas en escena de película de acción americana... ¿No podían haberlo solucionado tranquilamente en el despacho de caoba y a él haberlo dejado en paz, mandar las fotos al curro y volverse a la cama?

Sombra ya empezaba a calentarse así que analizó la situación. Tenía que hacer algo, ¿pero qué? El matón que tenía más cerca parecía divertido con la pequeña batalla dialéctica que parecía a punto de empezar y sostenía la pistola distraídamente. Podía ser una oportunidad... o un suicidio. O una broma, sí, tenía que ser una broma, porque aquello no podía estar pasando, a él no, joder, ya tenía bastante, no podía ser verdad... maldita sea... ¡malditos cabrones!

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Llegado a este punto de desequilibrio mental, Sombra decide:

a) Hacerse el valiente e intentar coger la pistola.
b) Dejarse llevar por su recién adquirida locura y echar a correr por la sala gritando ¡es una broma!
c) Recuperar parte de su dignidad pisoteada y dar su opinión. A gritos.
d) Dejarse llevar por la desesperación y echarse a llorar cual niño.
e) ¿Se os ocurre a vosotros algo mejor? ¿Qué? ¡Contádmelo!

¡¡Vamos que solo queda un capítulo!! ¿Preparados para el desenlace?

21 de septiembre de 2011

4 de julio de 2011

Rojo miedo.

Como os he tenido un poco abandonadillos allá atrás con el lío de los exámenes (¡¡¡aprobé todos!!!) y todo eso, os dejo aquí, en pago, otro de esos pedazos de nada, otra ida de olla de estas mías, mientras esperáis al próximo capítulo.

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Entró, con bermejos regueros de sangre recorriéndole el rostro, como lágrimas macabras de penas insondables. Mi sangre. Tu sangre.
Entró y no dijo ni media palabra, mirándonos tan dulce que el diablo se convirtió en ángel y engañó nuestras almas. Y nos miró, tan triste, que nos compadecimos del asesino y lloramos con él. Mis lágrimas. Tus lágrimas.
Nos quisimos esconder de su embrujo en la oscuridad, pero la oscuridad lo amaba y nos mostró desnudos a sus ojos, más hermosos que la noche, refugio de esa oscuridad misma donde soñamos refugiarnos. Mis ojos. Tus ojos.
Y nos abrazamos, temblando como niños, con la súplica prendida de nuestros labios cansados que no sabían ya obedecer y apenas hacían más que clamar su nombre. Mis labios. Tus labios.
Y lloramos mientras se acuclillaba junto a nosotros y nos tomaba de la mano, con sus manos de niño travieso, y nos sonreía de nuevo y nuestro corazón, bombeando el metal de nuestra sangre, se volvía a rendir a su voz. Mi miedo. Tu miedo.
El miedo.

4 de junio de 2011

Capítulo 8 - El 17

Saltó al autobús justo cuando se estaban cerrando las puertas. Pasó por alto la mirada furiosa del conductor y sus quejas, mientras sacaba un par de monedas del bolsillo y las tiraba sobre el mostrador, dando saltitos nerviosos. Tan solo murmuró un "lo siento, tengo prisa" entre jadeos. Estaba hecho una mierda, ya no tenía edad para correr así... El conductor arrancó, sin echar una ojeada a los tipos que seguían a Sombra, rebuscó entre las monedas y le tiró el cambio sobre el mostrador, con un mal gesto. Una de las monedas rodó y cayó al suelo. Sombra decidió dejarla allí. No era tanto dinero, no valía la pena. Y si se agachaba, estaba seguro de que acabaría en el suelo.

Al dirigirse a los asientos aún vio a los tipos (cuatro tipos) correr unos metros tras el autobús y hacer gestos hacia él. Fijo que estaban mentando a la madre del conductor. Durante unos instantes le dieron pena. Habían perdido el bus... Luego, recordó que lo estaban siguiendo y casi sonrió.

-Joder, Sombra... te estás compadeciendo de un puñado de matones que quieren darte una paliza... ¿Qué coño has bebido?

El móvil empezó a sonar por tercera vez mientras se dejaba caer pesadamente en un asiento. La mujer de al lado le envió una mirada fulminante cuando casi se sentó (desplomó) sobre su bolsa de la compra. ¿La bolsa había pagado billete? No, ¿verdad? Pues él sí... Delante, un chico con los cascos puestos lo miraba divertido. Si aún se iba a estar riendo de él...

Se echó hacia atrás y levantó la cadera para sacar el teléfono del bolsillo. Junto con el teléfono, sacó un papel doblado al que apenas hizo caso.
Gato.

-¿Se puede saber dónde coño te has metido? Llevo la vida esperándote.
-Estoy en el 17.
-¿Qué?
-En el bus. El 17. ¿Tienes idea de a dónde va?

Se oyó como un suspiro al otro lado del teléfono.

-Sorpréndeme.
-Te lo estaba preguntando. -Se giró intentando mirar por las ventanillas. El autobús había enfilado en dirección oeste. -Creo que voy en dirección contraria.
-¿Y se puede saber qué coño haces en bus en dirección contraria? ¿Tú te has propuesto acabar conmigo o qué? Mira, anda... a ver si tenemos suerte y esa línea te lleva directamente a la mierda.

Y colgó.
Qué bien, no había pasado ni medio día y ya se había empezado a acostumbrar a eso de que le colgaran...

Se echó hacia delante, sujetándose la cabeza con las manos, mientras la mujer de al lado seguía refunfuñando. Había comprado pescado, podía olerlo. Volvía a tener náuseas. El papel, que aún sujetaba en la mano, le hizo cosquillas y lo desdobló para mirarlo. Había estado jugueteando con él durante la llamada. Era el número de la mensajera. Lo había olvidado por completo.

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¿Qué hace Sombra?

a) Baja del bus y vuelve a casa a buscar la cámara.
b) Baja del bus y va a la tienda del Gato.
c) Baja del bus y llama a la mensajera por si sabe de qué va el tema.
d) Se acomoda en el asiento y se hace la línea del 17.
e) Otra. ¿Cuál? ¡¡Cuéntamela!!

16 de mayo de 2011

Capítulo 7 - La plaza

Dos pasos rápidos a la derecha. Dos a la izquierda. Los dos tipos (altos, anchos de hombros, camiseta sin mangas, músculos marcados, cual sacados del anuncio de un gimnasio) le cerraban el paso allá dónde se moviera.

-Llevas una cámara muy bonita…

Pensó en señalar tras ellos gritando cualquier estupidez, un “mirad, es Richard Clayderman” o algo por el estilo, y echar a correr, pero era todo ya demasiado absurdo así que decidió, simplemente, echar a correr.
Atravesó la carretera esquivando los coches aparcados. ¿Qué otra cosa podía hacer? No le atropelló un coche de puro milagro y el frenazo de otro le puso los pelos de punta. Tenía buenos frenos, buenas ruedas, vaya, eso era innegable. Apoyó la mano en el capó gris al tiempo que el coche se detenía y los pitidos histéricos le atravesaron dolorosamente el cerebro.
No se paró a escuchar las imprecaciones del conductor, por supuesto. Los dos tipos de gimnasio ya corrían detrás de él y, a juzgar por la cantidad de pasos golpeando el asfalto a sus espaldas, no eran los únicos. No quiso girarse a mirar. Simplemente, corrió calle abajo todo lo que le dieron las piernas, sin saber muy bien hacia dónde tirar.
Por si no fuera bastante, le empezó a sonar el móvil.
Tropezó con una pareja que venía de frente y los oyó maldecir a sus espaldas. Alguien gritó algo tipo “¡ladrón!”, y de pronto se sintió el centro de las miradas y la agresividad de la gente de la calle. Vio a una señora levantar el bolso para atizarle al pasar, incluso. Derrapó al llegar a la plaza, tropezando con el bordillo de la acera, manteniéndose en pie de puro milagro.

-Vale, Sombra, bien, la plaza…

Al menos ahora tenía una mínima idea de dónde estaba. Como a medio kilómetro de su casa, cogiendo la calle hacia el norte, y a un kilómetro de la tienda del Gato, hacia el este. No es que fuera un genio de la orientación, pero era fácil reconocer los puntos cardinales cuando en el centro de la plaza había una gran rosa de los vientos.
También había un autobús en la parada. El 17. Estaba pensando en que no recordaba haberlo visto en su vida, cuando el móvil, que al fin se había callado, volvió a empezar a sonar, poniéndole banda sonora, de nuevo, a los pasos de sus perseguidores.
Por la mente de Sombra apenas pasó una palabra. Y ni siquiera podía considerarse como tal.
Argh.  

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Esto empieza a superar al pobre Sombra... ¿Qué hace ahora?

a) Sigue corriendo hacia su casa.
b) Sigue corriendo hacia la tienda del Gato.
c) Se sube al autobús, confiando en que los otros no lo hagan.
d) Se para en la plaza y contesta al teléfono.
e) Otra cosa. ¿Cuál? ¡Contádmela aquí!

3 de marzo de 2011

(Otra del maldito de ojos claros)

¿El infierno? Ya sé que está ahí esperándome para cuando la Gran Meretriz me venga a buscar… no espero otra cosa. Pero de momento pienso retrasar la cita lo más posible, ya ves.
En tus amenazas no veo más que reflejos de miedo. Me tienes tanto tanto miedo a pesar de que tú llevas armas y yo no… Tanto miedo que te resguardas detrás de tus amenazas sosegadas para no echarte a temblar en mi presencia.
¿Sabes qué es lo mejor? Me gusta.
Me gusta tu miedo inconfeso, ese temblor disimulado en la comisura de la boca cuando me insultas, ese modo con el que tomas tu ballesta y me apuntas directamente al pecho y me susurras que en el infierno encontraré muchos amigos…
Me gusta.
Pero también me gustan tus amenazas, repetitivas y nerviosas, tu forma de sentirte amenazada cuando me acerco mucho a ti, como te enervas cuando te llamo encanto o te brindo un gesto amable de cortesía.
Me gusta. Tu frialdad, tu desdén, tu desprecio. “Este chico le va a gustar al capitán” y pese al cinismo de tu risa no consigues sonar tan amenazadora como pretendes.
-Vaya… si al final me vas a acabar gustando…