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25 de enero de 2015

ETPA2.- Resumen hasta la fecha (más encuesta)

Todo empezó cuando aquella maldita carta apareció encima de la mesa de su entrada, a través de una puerta cerrada y burlando su escudo mágico. O quizá empezó antes, cuando conoció a los Juramentados. O antes aún, cuando conoció a Jules y dejó que la hechizara, con y sin magia. Quizá todo empezó con la magia…
Tanto daba. El caso es que la magia estaba allí y era parte de ella, así había sido toda su vida. Y más adelante apareció Jules e hizo que la magia, su vida y todo, absolutamente todo, fuera más emocionante y divertido. Hasta el día en que, cumpliendo una misión para los Juramentados, ( un grupo de altos magos que controlaban una gran parte del reino desde las sombras al que Jules la había casi arrastrado), Jules ardió consumido por la magia y el viento extendió sus cenizas a través del bosque.
Lo perdió. Y en pleno luto, a pesar de que había decidido tomarse unas largas vacaciones, recibió una cita para reunirse con los Juramentados de nuevo. Ella, que esperaba que la hubieran olvidado. Que solo conocía a Jules como contacto con ellos…
Se emborrachó, como habría hecho con él en los viejos tiempos y acudió a la reunión. Cuál sería su sorpresa al ver que la había citado para encontrar de nuevo a su viejo amigo, a su difunto amante, y llevarlo ante ellos acusado de alta traición. ¿Sus pruebas? Una carta con su sello enviado a uno de los miembros del consejo, una supuesta prueba de que todo fue una ilusión (aunque ella lo había comprobado, fijo fijo) y que faltaban papeles en casa de Jules.

Así que había decidido empezar por ahí… Casa de Jules… Al parecer ese era el plan, intentar descubrir si seguía vivo y evitar a los esbirros que sabía (lo había oído) la vigilaban y planeaban matarla al primer signo de traición. O al primer signo de Jules, que, por lo visto, a esas alturas eran sinónimos…


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Pues sí, señores y señoras, el segundo Elige tu propia aventura está a punto de resucitar, o al menos de intentarlo, así que aquí os dejo un resumen de los seis primeros capítulos antes de ir a casa de Jules... Dado que eso es lo que habéis decidido: 


¡El capítulo 7 está en camino!

27 de octubre de 2012

ETPA 2 .- Capítulo 6: Datos de interés

- Puedo... ¿Cuáles son esas pruebas que tenéis?

Decidió lanzarse y preguntar. Si ellos sabían algo, si había alguna opción, la menor posibilidad de que Jules siguiera vivo, tenía que conocerla. En el círculo, en cambio, se hizo el silencio y las hebras de magia a su alrededor se reforzaron.

-¿Nos estás retando?

Notó como de pronto el aire se volvía gélido a su alrededor en cuestión de décimas de segundo. Pero solo era su miedo. No era ningún hechizo. Aún.

-Yo no... no... Pero es que no encontramos nada. Nosotros no... Si queréis que lo busque... -Problemas, eso era lo que se estaba buscando, problemas y más problemas. -Voy a necesitar más datos, yo no sabría por dónde empezar...

Los tres encapuchados que llevaban la voz cantante, los amos, parecieron pensárselo un momento. Cada vez que se miraban podía ver, como hilos de plata, la conversación telepática que mantenían. Solo eran imaginaciones suyas, claro está... Pero estaban allí, lo sabía. Al final, el de la izquierda habló.

-Entre otras cosas... sus papeles y varias de sus cosas han desaparecido de su casa. La mayoría de los hechizos de protección estaban desactivados y nadie había sido capaz hasta el momento. Uno de los miembros del consejo recibió una nota con su sello y... bueno, estás aquí. -No le gustó nada su sonrisa. -Y él era el único contacto que teníamos contigo. A no ser que hayáis violado el código y te haya desvelado el punto de contacto... Anteayer dejamos la nota, y hoy estás aquí.

Entonces era verdad. Nadie más sabía quién era ella. Podría huir y nadie la relacionaría y... mierda. No se había cubierto la cara. ¿Y cómo había llegado la nota? ¿De veras había sido Jules?

-¿Qué...? -No sabía por dónde empezar. -¿Cuál es el punto de contacto? ¿Y por qué dejasteis la nota allí si sabíais que él estaba muerto? Y la otra nota... ¿Qué decía la nota del miembro del consejo? ¿Y qué cosas...?

-¡Demasiadas preguntas! -La voz del del centro sonó tajante. -Ya hemos contestado a más de lo que era necesario. Tienes órdenes. Ahora ve y cúmplelas. Encuéntralo o atente a las consecuencias. Nos pondremos en contacto contigo de nuevo.

No se le ocurrió nada mejor que asentir . Y marcharse. Suspiró aliviada cuando la tensión mágica a su alrededor pareció relajarse. No obstante, dejó que un hechizo suave se deslizara hasta el suelo y se anclara allí. No duraría más de unos segundos pero le permitiría escuchar...

-Vosotros tres. Seguidla y tenedla vigilada. Si intenta algo contra nosotros, matadla. Si encuentra a Jules, informad al instante. Y luego, mat...

El hechizo se desvaneció, pero no necesitaba más. Estaba en un buen lío. Y Jules no la iba a rescatar esta vez. ¿O sí?


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Nuestra prota (que ya va siendo hora de que me deis nombres) tiene que empezar a moverse, así que va a decidir empezar por:

a) Investigar en la casa de Jules.
b) Intentar averiguar algo sobre qué miembro del consejo de los Juramentados recibió qué carta.
c) Registra su propia casa de nuevo. ¿Quién dejó la nota?
d) ¿Y si no la reconoció nadie? Recoge un par de cosas y huye de la ciudad.
e) ¿Se os ocurre algo mejor? ¡Comentad!

9 de julio de 2012

Capítulo 1. La carta

Se levantó tarde, cuando el sol ya estaba alto en el cielo.
Se deslizó de la cama perezosamente, con los ojos aún legañosos y resistiéndose a abrirlos.
Se desperezó y bostezó, tratando así de deshacerse de los jirones de sueños que aún tenía enredados en el pelo y que se le adherían pegajosos al cuerpo, como un sudor frío.

Se vistió con la misma parsimonia con que se había levantado, se desenredó provisionalmente el pelo con las manos y, aún sin calzarse, fue hasta la cocina y untó un trozo de pan con miel. Regresó con él en la boca y al pasar por la entrada algo llamó su atención. Había una carta en la mesa.

No recordaba haberla visto antes al pasar, pero podría habérsele pasado por alto. Se acercó, aún así, con cautela, como si de un animal salvaje se tratara.

¿Qué hacía aquella carta allí? Estaba de vacaciones. Había advertido que estaba de vacaciones. Esa carta no debería estar allí. Estaba de vacaciones. Quienquiera que la hubiese dejado allí se había metido en un buen lío. ¿Es que nadie conocía el significado de la palabra vacaciones? No pensaba abrirla. No debería abrirla. No quería...

Suspiró, cogió el sobre y el abrecartas que había en la mesa. Tenía forma de una pequeña espada de mano y media, con diminutos brillantes en la empuñadura. Con otro largo suspiro lo rasgó y lo abrió.


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And...

Reconozcámoslo, estoy un poco pez con esta historia y no sé por dónde arrancar porque no tengo ni idea de qué os apetece así que... Elegid, elegid mucho y bien...

Empecemos por el personaje principal. Es un... ¿Hombre? ¿Una mujer? ¿Humano? ¿O es acaso algún tipo de criatura mágica, tipo elfo, hada, leprechaun o similar? (De ser así marcad hombre o mujer también... En el caso de empate, no, no será hermafrodita, elegiré yo lo que quiera. Y comentad qué preferís que sea.)

Y en segundo lugar y como encuesta number two...  ¿Quién manda la misteriosa carta?

a) ¿La agencia de espías en la que trabaja?
b) ¿El INEM?
c) ¿La alta sede de Magia y Hechicería?
d) ¿La mafia rusa?
e) ¿Alguna otra idea más interesante? Comentad comentad comentad... (Rober, si votas por otros, comenta algo, malapécora)

9 de mayo de 2012

Persiguiendo a Amy 44.- Servando


¿Qué leches hacía el ligón en una timba? Si él se pasaba las tardes en que él invertía delante de los naipes cantándole sensiblerías a las taberneras y poniéndole ojitos de cama a todo lo que llevara falda. Casi no se habían reído cuando aquel soldado caledonio le quiso cruzar la cara, entre el pelo largo y la faldita a cuadros el pobre Salvatore había perdido el norte por un momento. Pero claro, ahí había estado Servando para ponerse delante y evitar que le metieran el laúd por la glotis abajo y se pasara cagando cuerdas y astillas dos semanas, ¿y cómo se lo pagaba el cretino? Arruinándole la mejor partida en años. Cierto que ya había perdido unos doscientos escudos, y de esos doscientos no llevaba más que cincuenta en la bolsa, pero estaba seguro de que iba a remontar a los naipes.

Servan entendió a la perfección las señas del bardo, o casi, a la primera se creyó que estaba indicando que tenía duples y a la segunda que tenía juego, pero como no estaban dándole al mus se dio por enterado de que hiciera como si no lo conociera. El disimulo a él se le daba perfectamente, aunque sus sobacos y su calva no lo entendieran tan bien y empezaran a sudar, convirtiéndole en una mezcla entre Goliat y las cataratas Victoria.

El mano repartió las dos cartas de rigor para jugar al ramponeau, con los dedos como salchichas Servando agarró las suyas y sonrió al ver un as de corazones y un siete del mismo palo. No estaba mal, a ver esas tres primeras cartas. El croupier las volcó sobre la mesa y luego las giró. La primera fue un 3 de corazones, observó complacido el gigantón, aunque la segunda le desanimó un poco, un rey de diamantes. A la tercera esbozó otra vez su sonrisa bobalicona: una reina de corazones. Faltaba otro corazón en las dos siguientes cartas para conseguir color. El tipo a la derecha del mano habló y apostó veinte escudos. Servando fingió dudar, se rasco el cogote pero al final igualó la puja. El resto de jugadores menos el bardo se retiraron rezongando. Giraron entonces la siguiente carta y el calvo reprimió un grito de júbilo. Un dos de corazones. Ahora el otro apostaría más alto y él podría resubir, estaba todo hecho, una victoria fácil y gloriosa...

-¡Maldito, te he visto mirarme las cartas! ¡Tramposo!

¿¿¿Qué decía aquel chalado guaperas???? No podía hacer el idiota ahora. Ahora no, no con aquellas cartas en la mano. Había venido sólo a destrozarle la partida, se iba a enterar, ahora que iba a recuperar todo lo perdido. Con un rugido Servando se levantó, la cara y la calva rojas de rabia, metió una manaza debajo de la mesa y la volcó como una hoja de pergamino. Arremetió contra el bardo y le agarró de la garganta con una mano mientras cerraba la otra en un apretadísimo puño. Salva le miró aterrorizado, negó con la cabeza y señaló hacia la puerta con el dedo que antes le apuntaba a él. Los dados dejaron de rodar dentro de los sesos de Servando y el sonido de miles de naipes barajándose dejó de zumbarle en los oídos al comprender lo que pasaba.

Impresionantemente deprisa para alguien de su tamaño soltó al bardo y cambió el destinatario del paquete de nudillos. El tipo de su derecha, el de la cara de rata, se estrelló contra la pared con la nariz desparramada por la jeta y un par de dientes rodaron por el suelo. Lo siguiente fue encontrarse junto a Sal balanceando la maza por encima de sus cabezas y con los tahures gritando y desenvainando sus aceros.

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(Servando por James. ¡A ti también te queremos una jartá!)

7 de mayo de 2012

Persiguiendo a Amy 43.- Salvatore


Aquel par de pícaros condujo a Salvatore hasta una casucha adosada a la muralla oscense. Seguía metido en su papel de "primo" al que van a desplumar, pero empezaba a costarle fingir tranquilidad... Cuando entró a la habitación en el sótano, sopesó que al menos un par de aquellos tipos había matado más de una vez. En aquel antro parecía darse cita lo más granado de la chusma oscense: timadores, charlatanes, bandidos de la peor ralea... Salvatore confiaba en la fuerza de Servando y en su propia destreza con la daga, pero deseó que Leonardo y Conrado no anduviesen lejos, o podrían verse en serios problemas.

Hizo tintinear en su mano las pocas monedas que había reunido, fingiendo despreocupación. Los que jugaban en aquella mesa alzaron la cabeza al oírlo. A la pobre luz que brindaba el candil de sebo identificó a Servando, y con un gesto impaciente le dio a entender que le siguiese la corriente, como si no se conociesen. La frente del condenado ya estaba perlada de sudor, a saber cuánto había perdido ya a los dados, porque en aquel momento los retiraban para sacar una manoseada baraja...

Salvatore se temía que, en el mejor de los casos, saldrían de allí con el pellejo ileso y sin un denario. Eso si Servando no había perdido ya más de lo que podía pagar... Sobre todo porque el italiano no tenía ni idea de juegos de cartas, salvo lo poco que escuchaba cuando Servando les relataba durante horas los pormenores de las partidas que había estado "a esto de ganar". Mientras miraba los ajados naipes, recordó la primera y última vez que había jugado... Sólo era un muchacho, y lo habían dejado sin blanca en una partida de "gioco di Primiera"... Recordó cómo lo había consolado la tabernera del local, y cómo había abandonado para siempre la afición al juego por la afición a las damas...

Se sentó, saludando a sus compañeros de mesa, que esgrimieron sonrisas taimadas, no todos los días tendrían dos presas fáciles juntas. Servando sólo tenía ojos para el mazo de cartas, quizá conjuraba así a la suerte que con tanta frecuencia lo esquivaba. El hombre de la oreja mellada repartió, y el silencio en la sala se hizo más espeso. Salvatore afianzó los pies en el suelo, sintiendo la daga pegada a su costado, por si hubiera que salir de allí por las malas. Después, observó lo que salía en aquella mano y procuró actuar como si supiera lo que estaba haciendo.

En aquel momento llamaban a la puerta.

-¿Santo y seña? -preguntaba el anciano. Su voz sonaba amortiguada desde arriba de la escalera.

- ...

- ¡Santo y seña! -repitió, casi gritando esta vez.

La concurrencia se volvió hacia la escalera, donde en lo alto el vigilante empezaba a impacientarse, asomando la bulbosa nariz por la mirilla, a fin de identificar quién llamaba. Salvatore podía imaginarse quienes eran. Vió cómo acudían a un par de manos sendas navajas melladas. Fue entonces cuando se levantó de un brinco, haciendo caer la silla a su espalda, y señalando a Servando con un dedo enhiesto, gritó:

- ¡Maldito, te he visto mirarme las cartas! ¡Tramposo!

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(Nuestro buen bardo, siempre por Sherezade. ¡Te queremos, Cher!)