Volvió a olisquear. Maldita Bola de Pelo no dejaba de gruñir desde la bolsa. La abrió.
-¿Eres tú?
Miró al gato y luego alrededor, al resto de los felinos. En ese momento, no había ninguno de ellos que no la mirara fijamente.
-Transformación...
Dos gatos en la esquina tenían el pelaje de un color muy parecido al morado del uniforme de la guardia. Otros tres le recordaron al color de la ropa que solían llevar los pillos de la ciudad... Y había... No uno... o dos... sino hasta cinco gatos del mismo color oscuro que las capas de los Juramentados.
Poco a poco la comprensión empezó a calar en su mente. Observó a Maldita Bola de Pelo con los ojos abiertos de par en par y volvió a mirar a los otros murmurando un "mierda, mierda, mierda, Jules, mierda..." y volvió a apretujar al minino dentro de la bolsa, sin dejar de mirarse a cada poco. Echó a correr hacia la puerta.
Cuando salió, la cerró a su espalda y se apoyó en ella, respirando hondo. Oyó cómo algo crujía en el bolso, y el sonido se desplazó despacio, como llevado por una brisa suave, hacia el interior de la casa. Los gatos empezaron a maullar a medida que el crujido aumentaba, y pronto la algarabía empezó a verse mezclada con gruñidos de rabia.
Jadeó. ¿Lo había roto? Mierda, mierda...
Se separó de la puerta y echó a correr otra vez. A cada golpe de sus botas en el pavimento, le acompañaba un maullido en la bolsa.
--------
Huimos, ¿no? ¿Dónde?
a) A casa.
b) A la biblioteca.
c) Al bosque.
d) Hace como que se va pero vuelve.
e) Al bar.
f) Anda que no hay opciones esta vez... Pero por si acaso, ¿se os ocurre algo mejor?
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10 de marzo de 2015
28 de enero de 2015
ETPA2.- Capítulo 7: La cerradura imposible.
La casa de Jules. Los Juramentados habían dicho algo de la
casa de Jules, ¿no? Podía acercarse y mirar…
Solo había estado allí un par de veces, siempre con él.
Había intentado colarse una vez para esperarle dentro, como venganza a todas
las veces que él había hecho lo mismo en su casa… Pero no había sido capaz
siquiera de abrir la cerradura. Con la ganzúa. Y normalmente era buena, muy
buena, con eso.
Además, había tantas tramas mágicas que en ambas visitas se
había sentido agobiada y desde la cama había notado todos aquellos chispazos
mágicos…
Sonrió. No era una sonrisa totalmente alegre, pero no pudo
evitarla. Aquellos chispazos de magia era, quizá, una mejor manera de decirlo.
Podía causar menos ambigüedades.
Cuando llegó a la puerta no pudo evitar pensar que tal vez
no era más que un modo retorcido de torturarse a sí misma. Estaba segura de que
no iba a ser una visita agradable. Aún aunque no le esperara nada allí… Precisamente
por eso. Él tampoco la iba a esperar.
Apoyó la mano en la puerta. Nada. Ni rastro de la conocida trama
mágica. Sacó una ganzúa y la introdujo en la cerradura, sin grandes
aspavientos, como si solo fuera una llave sin más… Tuvo que agacharse y sacar
otra más. Maldito Jules… Necesitó un tercer alambre, y aún así le sorprendió la
ausencia de trampas. Aunque, claro, los Juramentados habían entrado antes que
ella, ¿no era así?
Frunció el ceño. ¿Cómo, si ella, experta cerrajera, no había
podido hacerlo antes? Nadie había podido. Y Jules no habría salido de misión
sin proteger su casa… Debería haber sido más infranqueable que nunca… Y aún así…
Aún así, la puerta se abrió lentamente y la oscura entrada
de la casa la acogió. Dio dos pasos antes de crear un hechizo de luz.
Tenía razón, no estaba preparada.
---
¡¡Oh, madre mía, madre mía, lo que encontró en la casa de Jules!!
Que viene siendo... (y ahora os toca a vosotros decidir o dar nuevas opciones):
a) Jules.
b) Un grupo de Juramentados.
c) Un mensaje de Jules.
d) Gatos. Muchos muchos gatos.
e) Otra cosa que me vais a contar en los comentarios...
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25 de enero de 2015
ETPA2.- Resumen hasta la fecha (más encuesta)
Todo empezó cuando aquella maldita carta apareció encima de
la mesa de su entrada, a través de una puerta cerrada y burlando su escudo
mágico. O quizá empezó antes, cuando conoció a los Juramentados. O antes aún,
cuando conoció a Jules y dejó que la hechizara, con y sin magia. Quizá todo
empezó con la magia…
Tanto daba. El caso es que la magia estaba allí y era parte
de ella, así había sido toda su vida. Y más adelante apareció Jules e hizo que
la magia, su vida y todo, absolutamente todo, fuera más emocionante y
divertido. Hasta el día en que, cumpliendo una misión para los Juramentados, (
un grupo de altos magos que controlaban una gran parte del reino desde las
sombras al que Jules la había casi arrastrado), Jules ardió consumido por la
magia y el viento extendió sus cenizas a través del bosque.
Lo perdió. Y en pleno luto, a pesar de que había decidido
tomarse unas largas vacaciones, recibió una cita para reunirse con los
Juramentados de nuevo. Ella, que esperaba que la hubieran olvidado. Que solo
conocía a Jules como contacto con ellos…
Se emborrachó, como habría hecho con él en los viejos
tiempos y acudió a la reunión. Cuál sería su sorpresa al ver que la había
citado para encontrar de nuevo a su viejo amigo, a su difunto amante, y llevarlo
ante ellos acusado de alta traición. ¿Sus pruebas? Una carta con su sello
enviado a uno de los miembros del consejo, una supuesta prueba de que todo fue
una ilusión (aunque ella lo había comprobado, fijo fijo) y que faltaban papeles
en casa de Jules.
Así que había decidido empezar por ahí… Casa de Jules… Al
parecer ese era el plan, intentar descubrir si seguía vivo y evitar a los
esbirros que sabía (lo había oído) la vigilaban y planeaban matarla al primer
signo de traición. O al primer signo de Jules, que, por lo visto, a esas
alturas eran sinónimos…
----
Pues sí, señores y señoras, el segundo Elige tu propia aventura está a punto de resucitar, o al menos de intentarlo, así que aquí os dejo un resumen de los seis primeros capítulos antes de ir a casa de Jules... Dado que eso es lo que habéis decidido:
¡El capítulo 7 está en camino!
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27 de octubre de 2012
ETPA 2 .- Capítulo 6: Datos de interés
- Puedo... ¿Cuáles son esas pruebas que tenéis?
Decidió lanzarse y preguntar. Si ellos sabían algo, si había alguna opción, la menor posibilidad de que Jules siguiera vivo, tenía que conocerla. En el círculo, en cambio, se hizo el silencio y las hebras de magia a su alrededor se reforzaron.
-¿Nos estás retando?
Notó como de pronto el aire se volvía gélido a su alrededor en cuestión de décimas de segundo. Pero solo era su miedo. No era ningún hechizo. Aún.
-Yo no... no... Pero es que no encontramos nada. Nosotros no... Si queréis que lo busque... -Problemas, eso era lo que se estaba buscando, problemas y más problemas. -Voy a necesitar más datos, yo no sabría por dónde empezar...
Los tres encapuchados que llevaban la voz cantante, los amos, parecieron pensárselo un momento. Cada vez que se miraban podía ver, como hilos de plata, la conversación telepática que mantenían. Solo eran imaginaciones suyas, claro está... Pero estaban allí, lo sabía. Al final, el de la izquierda habló.
-Entre otras cosas... sus papeles y varias de sus cosas han desaparecido de su casa. La mayoría de los hechizos de protección estaban desactivados y nadie había sido capaz hasta el momento. Uno de los miembros del consejo recibió una nota con su sello y... bueno, estás aquí. -No le gustó nada su sonrisa. -Y él era el único contacto que teníamos contigo. A no ser que hayáis violado el código y te haya desvelado el punto de contacto... Anteayer dejamos la nota, y hoy estás aquí.
Entonces era verdad. Nadie más sabía quién era ella. Podría huir y nadie la relacionaría y... mierda. No se había cubierto la cara. ¿Y cómo había llegado la nota? ¿De veras había sido Jules?
-¿Qué...? -No sabía por dónde empezar. -¿Cuál es el punto de contacto? ¿Y por qué dejasteis la nota allí si sabíais que él estaba muerto? Y la otra nota... ¿Qué decía la nota del miembro del consejo? ¿Y qué cosas...?
-¡Demasiadas preguntas! -La voz del del centro sonó tajante. -Ya hemos contestado a más de lo que era necesario. Tienes órdenes. Ahora ve y cúmplelas. Encuéntralo o atente a las consecuencias. Nos pondremos en contacto contigo de nuevo.
No se le ocurrió nada mejor que asentir . Y marcharse. Suspiró aliviada cuando la tensión mágica a su alrededor pareció relajarse. No obstante, dejó que un hechizo suave se deslizara hasta el suelo y se anclara allí. No duraría más de unos segundos pero le permitiría escuchar...
-Vosotros tres. Seguidla y tenedla vigilada. Si intenta algo contra nosotros, matadla. Si encuentra a Jules, informad al instante. Y luego, mat...
El hechizo se desvaneció, pero no necesitaba más. Estaba en un buen lío. Y Jules no la iba a rescatar esta vez. ¿O sí?
----------
Nuestra prota (que ya va siendo hora de que me deis nombres) tiene que empezar a moverse, así que va a decidir empezar por:
a) Investigar en la casa de Jules.
b) Intentar averiguar algo sobre qué miembro del consejo de los Juramentados recibió qué carta.
c) Registra su propia casa de nuevo. ¿Quién dejó la nota?
d) ¿Y si no la reconoció nadie? Recoge un par de cosas y huye de la ciudad.
e) ¿Se os ocurre algo mejor? ¡Comentad!
Decidió lanzarse y preguntar. Si ellos sabían algo, si había alguna opción, la menor posibilidad de que Jules siguiera vivo, tenía que conocerla. En el círculo, en cambio, se hizo el silencio y las hebras de magia a su alrededor se reforzaron.
-¿Nos estás retando?
Notó como de pronto el aire se volvía gélido a su alrededor en cuestión de décimas de segundo. Pero solo era su miedo. No era ningún hechizo. Aún.
-Yo no... no... Pero es que no encontramos nada. Nosotros no... Si queréis que lo busque... -Problemas, eso era lo que se estaba buscando, problemas y más problemas. -Voy a necesitar más datos, yo no sabría por dónde empezar...
Los tres encapuchados que llevaban la voz cantante, los amos, parecieron pensárselo un momento. Cada vez que se miraban podía ver, como hilos de plata, la conversación telepática que mantenían. Solo eran imaginaciones suyas, claro está... Pero estaban allí, lo sabía. Al final, el de la izquierda habló.
-Entre otras cosas... sus papeles y varias de sus cosas han desaparecido de su casa. La mayoría de los hechizos de protección estaban desactivados y nadie había sido capaz hasta el momento. Uno de los miembros del consejo recibió una nota con su sello y... bueno, estás aquí. -No le gustó nada su sonrisa. -Y él era el único contacto que teníamos contigo. A no ser que hayáis violado el código y te haya desvelado el punto de contacto... Anteayer dejamos la nota, y hoy estás aquí.
Entonces era verdad. Nadie más sabía quién era ella. Podría huir y nadie la relacionaría y... mierda. No se había cubierto la cara. ¿Y cómo había llegado la nota? ¿De veras había sido Jules?
-¿Qué...? -No sabía por dónde empezar. -¿Cuál es el punto de contacto? ¿Y por qué dejasteis la nota allí si sabíais que él estaba muerto? Y la otra nota... ¿Qué decía la nota del miembro del consejo? ¿Y qué cosas...?
-¡Demasiadas preguntas! -La voz del del centro sonó tajante. -Ya hemos contestado a más de lo que era necesario. Tienes órdenes. Ahora ve y cúmplelas. Encuéntralo o atente a las consecuencias. Nos pondremos en contacto contigo de nuevo.
No se le ocurrió nada mejor que asentir . Y marcharse. Suspiró aliviada cuando la tensión mágica a su alrededor pareció relajarse. No obstante, dejó que un hechizo suave se deslizara hasta el suelo y se anclara allí. No duraría más de unos segundos pero le permitiría escuchar...
-Vosotros tres. Seguidla y tenedla vigilada. Si intenta algo contra nosotros, matadla. Si encuentra a Jules, informad al instante. Y luego, mat...
El hechizo se desvaneció, pero no necesitaba más. Estaba en un buen lío. Y Jules no la iba a rescatar esta vez. ¿O sí?
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Nuestra prota (que ya va siendo hora de que me deis nombres) tiene que empezar a moverse, así que va a decidir empezar por:
a) Investigar en la casa de Jules.
b) Intentar averiguar algo sobre qué miembro del consejo de los Juramentados recibió qué carta.
c) Registra su propia casa de nuevo. ¿Quién dejó la nota?
d) ¿Y si no la reconoció nadie? Recoge un par de cosas y huye de la ciudad.
e) ¿Se os ocurre algo mejor? ¡Comentad!
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25 de septiembre de 2012
ETPA 2 .- Capítulo 5: La reunión
Tomó aire de nuevo y lo dejó salir en un suspiro callado. Empezó a caminar, todo lo silenciosa que pudo.
Las voces se fueron haciendo más y más nítidas a medida que se iba acercando al claro, de manera que las palabras empezaron poco a poco a cobrar sentido.
- ...Cómplices... ... traición... ...peligrosa... ...Jules... ...habría que vigilar...
Se cortaron de golpe, cuando una rama crujió a sus pies. Ni siquiera fue un gran crujido, malditos hechiceros. Solo en ese momento se dio cuenta de que estaba conteniendo el aliento, así que tomó aire y se hizo ver, cuanto antes, maldiciéndose por no haber sido más sigilosa. ¿Estaban hablando de ella? ¿Había oído el nombre de Jules? Si se hubiera quedado escuchando...
Los hechiceros del claro ya habían invocado la magia y en sus manos pudo ver la trama de un considerable número de hechizos de ataque. Alzó las manos, en un gesto de paz, pero reforzó un escudo a su alrededor por si acaso. Era muy fácil deshacerse de un rival o un enemigo en una situación como esa. ¿Quién los iba a culpar luego?
- Llegas tarde.
Asintió. En el claro había doce figuras, ya reunidas. La mayoría eran altos y, por lo que sabía, todos o casi todos eran hombres. Era difícil comprobarlo, sin embargo, embozados como estaban. Todos vestían una larga capa oscura, como la de ella, y cubrían su cabeza con la pesada capucha.
-Me dormí esperando. -Hizo un gesto hacia los árboles. -Lo siento.
Se arrepintió enseguida. Dioses, aún estaba borracha si osaba dar una respuesta así. Notó la mirada de las doce figuras encapuchadas sobre ella y maldijo por lo bajo. Y tanto que lo debía estar, ni siquiera se había puesto la capucha.
Ya no valía la pena ocultarse, pensó. El mal estaba ya hecho. No podía recordar qué dictaba el protocolo al respecto, cuán se podría considerar un insulto, o una amenaza, o...
- ¿Perdón?
-¿Aún estás dormida?
Risas alrededor. Hirientes.
-Disculpad... -Y además le tocaba rebajarse, claro. Si Jules estuviera allí...
-Decía que tenemos una importante misión para ti. -Pausa. -Tienes que encontrar a Jules y traérnoslo. Es un desertor y será juzgado por su traición.
-¿Qué?
Sabía que la estaban observando. Sabía que los doce pares de ojos estaban clavados en ella, analizando cada gesto, escrutando cada cambio en sus facciones. No se preocupó en ocultar nada, estaba demasiado sorprendida.
-¿Jules? ¿Cómo Jules?
-¿Has bebido tanto que ni recuerdas a Jules?
Mierda, mierda... Lo sabían. Sabían todo, sabían lo del ritual y sabían... Dioses, no, tenían que estar equivocados.
-Jules está muerto. Yo lo vi morir. -Puso todo su esfuerzo en evitar que le temblaban las manos.
-Tenemos pruebas fehacientes de que lo que visteis... o lo que decís ver, no era más que una ilusión. Creada para confundirnos.
Buscó con la mirada la figura menuda del mago que los había acompañado aquella vez. No la encontró. Un sudor frío le recorrió la columna y algo grande y pesado se le atascó en el pecho, una angustia que le empezó a arañar por dentro.
-No... No era una ilusión, yo... yo lo comprobé... -Empezó a tartamudear. Notó el zumbido de un par de hebras de magia que empezaban a formarse a su alrededor. Le costaba respirar.
-Dudamos que ninguno estuvierais en condiciones de comprobarlo. No. Se trataba de una ilusión. Y ahora... Tendrás que encontrarlo y entregarlo. ¿Ha quedado claro?
-----------------
¿Qué hace ahora nuestra prota? (Por cierto, se aceptan nombres para ella en los comentarios.)
a) Se acojona y acepta el encargo.
b) Lo comprobó. Fijo. Y si Jules fue capaz de burlarla una vez, lo será más. Se niega.
c) Nadie puede trabajar así. Pregunta e intenta sacar más información al respecto.
d) ¿Alguna otra idea? Como siempre, a comentarios.
Las voces se fueron haciendo más y más nítidas a medida que se iba acercando al claro, de manera que las palabras empezaron poco a poco a cobrar sentido.
- ...Cómplices... ... traición... ...peligrosa... ...Jules... ...habría que vigilar...
Se cortaron de golpe, cuando una rama crujió a sus pies. Ni siquiera fue un gran crujido, malditos hechiceros. Solo en ese momento se dio cuenta de que estaba conteniendo el aliento, así que tomó aire y se hizo ver, cuanto antes, maldiciéndose por no haber sido más sigilosa. ¿Estaban hablando de ella? ¿Había oído el nombre de Jules? Si se hubiera quedado escuchando...
Los hechiceros del claro ya habían invocado la magia y en sus manos pudo ver la trama de un considerable número de hechizos de ataque. Alzó las manos, en un gesto de paz, pero reforzó un escudo a su alrededor por si acaso. Era muy fácil deshacerse de un rival o un enemigo en una situación como esa. ¿Quién los iba a culpar luego?
- Llegas tarde.
Asintió. En el claro había doce figuras, ya reunidas. La mayoría eran altos y, por lo que sabía, todos o casi todos eran hombres. Era difícil comprobarlo, sin embargo, embozados como estaban. Todos vestían una larga capa oscura, como la de ella, y cubrían su cabeza con la pesada capucha.
-Me dormí esperando. -Hizo un gesto hacia los árboles. -Lo siento.
Se arrepintió enseguida. Dioses, aún estaba borracha si osaba dar una respuesta así. Notó la mirada de las doce figuras encapuchadas sobre ella y maldijo por lo bajo. Y tanto que lo debía estar, ni siquiera se había puesto la capucha.
Ya no valía la pena ocultarse, pensó. El mal estaba ya hecho. No podía recordar qué dictaba el protocolo al respecto, cuán se podría considerar un insulto, o una amenaza, o...
- ¿Perdón?
-¿Aún estás dormida?
Risas alrededor. Hirientes.
-Disculpad... -Y además le tocaba rebajarse, claro. Si Jules estuviera allí...
-Decía que tenemos una importante misión para ti. -Pausa. -Tienes que encontrar a Jules y traérnoslo. Es un desertor y será juzgado por su traición.
-¿Qué?
Sabía que la estaban observando. Sabía que los doce pares de ojos estaban clavados en ella, analizando cada gesto, escrutando cada cambio en sus facciones. No se preocupó en ocultar nada, estaba demasiado sorprendida.
-¿Jules? ¿Cómo Jules?
-¿Has bebido tanto que ni recuerdas a Jules?
Mierda, mierda... Lo sabían. Sabían todo, sabían lo del ritual y sabían... Dioses, no, tenían que estar equivocados.
-Jules está muerto. Yo lo vi morir. -Puso todo su esfuerzo en evitar que le temblaban las manos.
-Tenemos pruebas fehacientes de que lo que visteis... o lo que decís ver, no era más que una ilusión. Creada para confundirnos.
Buscó con la mirada la figura menuda del mago que los había acompañado aquella vez. No la encontró. Un sudor frío le recorrió la columna y algo grande y pesado se le atascó en el pecho, una angustia que le empezó a arañar por dentro.
-No... No era una ilusión, yo... yo lo comprobé... -Empezó a tartamudear. Notó el zumbido de un par de hebras de magia que empezaban a formarse a su alrededor. Le costaba respirar.
-Dudamos que ninguno estuvierais en condiciones de comprobarlo. No. Se trataba de una ilusión. Y ahora... Tendrás que encontrarlo y entregarlo. ¿Ha quedado claro?
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¿Qué hace ahora nuestra prota? (Por cierto, se aceptan nombres para ella en los comentarios.)
a) Se acojona y acepta el encargo.
b) Lo comprobó. Fijo. Y si Jules fue capaz de burlarla una vez, lo será más. Se niega.
c) Nadie puede trabajar así. Pregunta e intenta sacar más información al respecto.
d) ¿Alguna otra idea? Como siempre, a comentarios.
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23 de agosto de 2012
ETPA 2.- Capítulo 4: El Ritual
Dejó pasar las horas, absorta en recados y coqueteos varios, tratando de olvidarse de la cita de esa madrugada. No quería ir. Mierda.
Cuando vio que poco faltaba para completas, ya oculto el sol, consideró que era hora de empezar el ritual. Aunque esta vez, tendría que hacerlo sola.
No era ningún ritual per se. No tenía nada de mágico, al menos no según los cánones mágicos básicos. No era más que una rutina aprendida, un leitmotiv que Jules había asimilado de su primer compañero entre los juramentados y que le había transmitido a ella como un cínico legado: Los Juramentados eran demasiado secretos, demasiado peligrosos. Jules no les tenía miedo a nada pero aún así les temía. Nadie les cuestionaba nada, nadie les contradecía, nadie se atrevía a mirarlos y mucho menos a negarles nada. Nadie lo suficientemente cuerdo o sobrio, nadie quien aún tuviera apego a la vida.
Jules... Su cordura podía llegar a ser cuestionable. En cuanto al segundo requisito... Antes de cada reunión recorrían los salones y tabernas más concurridos, en una procesión tranquila, catando vinos y cerveza hasta que el mundo se emborronaba lo suficiente. Por eso los respetaban más que a otros peones. Porque tenían suficientes agallas (locura, alcohol) como para debatir una mala idea, como para cuestionar un plan, como para alzar la cabeza hacia ellos sin humillarse. No a negarse, no obstante. Ni siquiera el alcohol les hacía llegar a semejante punto de imprudencia.
Con él, aún sabía...
Intentó borrárselo de la cabeza y consideró que el ritual la ayudaría. Recorrió, barra por barra, la geografía del continente a través de sus caldos y no lo dio por terminado hasta que, saliendo de uno de los locales, tropezó y casi cae.
-Lo que me faltaba ahora...
Se asustó un poco. Ella. ¿Cuánto había bebido? Normalmente era Jules quien marcaba el final, quien más conocía el límite de la prudencia pese a que ésta no fuera su fuerte.
Acudió, pues, al lugar de la cita, pese a que aún no habían llegado a maitines, y una vez allí se sentó bajo un árbol a esperar, cerca del claro donde se celebraría la reunión.
La despertaron varias voces a lo lejos. Se había dormido. ¿Se había dormido? ¿Qué hora era?
Se desperezó y buscó el origen del sonido. Venían del claro: la reunión había empezado. Notaba la electricidad de la magia protectora envolviendo la zona. ¿Cómo es que no la habían localizado?
Se levantó y se sacudió la ropa. Tomó aire para despejarse y sintió que otra oleada de nervios e incertidumbre la envolvía.
----
Nuestra protagonista:
a) Toma aire y se presenta en la reunión.
b) Se queda escondida, observando la reunión.
c) Trata de huir.
d) ¿Otra? ¡¡Opinad!!
Cuando vio que poco faltaba para completas, ya oculto el sol, consideró que era hora de empezar el ritual. Aunque esta vez, tendría que hacerlo sola.
No era ningún ritual per se. No tenía nada de mágico, al menos no según los cánones mágicos básicos. No era más que una rutina aprendida, un leitmotiv que Jules había asimilado de su primer compañero entre los juramentados y que le había transmitido a ella como un cínico legado: Los Juramentados eran demasiado secretos, demasiado peligrosos. Jules no les tenía miedo a nada pero aún así les temía. Nadie les cuestionaba nada, nadie les contradecía, nadie se atrevía a mirarlos y mucho menos a negarles nada. Nadie lo suficientemente cuerdo o sobrio, nadie quien aún tuviera apego a la vida.
Jules... Su cordura podía llegar a ser cuestionable. En cuanto al segundo requisito... Antes de cada reunión recorrían los salones y tabernas más concurridos, en una procesión tranquila, catando vinos y cerveza hasta que el mundo se emborronaba lo suficiente. Por eso los respetaban más que a otros peones. Porque tenían suficientes agallas (locura, alcohol) como para debatir una mala idea, como para cuestionar un plan, como para alzar la cabeza hacia ellos sin humillarse. No a negarse, no obstante. Ni siquiera el alcohol les hacía llegar a semejante punto de imprudencia.
Con él, aún sabía...
Intentó borrárselo de la cabeza y consideró que el ritual la ayudaría. Recorrió, barra por barra, la geografía del continente a través de sus caldos y no lo dio por terminado hasta que, saliendo de uno de los locales, tropezó y casi cae.
-Lo que me faltaba ahora...
Se asustó un poco. Ella. ¿Cuánto había bebido? Normalmente era Jules quien marcaba el final, quien más conocía el límite de la prudencia pese a que ésta no fuera su fuerte.
Acudió, pues, al lugar de la cita, pese a que aún no habían llegado a maitines, y una vez allí se sentó bajo un árbol a esperar, cerca del claro donde se celebraría la reunión.
La despertaron varias voces a lo lejos. Se había dormido. ¿Se había dormido? ¿Qué hora era?
Se desperezó y buscó el origen del sonido. Venían del claro: la reunión había empezado. Notaba la electricidad de la magia protectora envolviendo la zona. ¿Cómo es que no la habían localizado?
Se levantó y se sacudió la ropa. Tomó aire para despejarse y sintió que otra oleada de nervios e incertidumbre la envolvía.
----
Nuestra protagonista:
a) Toma aire y se presenta en la reunión.
b) Se queda escondida, observando la reunión.
c) Trata de huir.
d) ¿Otra? ¡¡Opinad!!
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votación 2
4 de agosto de 2012
ETPA 2.- 2ª encuesta
Pero qué majos sois, pero cómo os quiero, pero qué malaspécoras podéis llegar a ser...
Me encantan vuestros comentarios y vuestras ideas, pero odio que me hagáis cosas como esta:
Aunque sí, ya sé que a vosotros os divierte horrores...
De todas formas, sumando comentarios y votaciones orales de ciudadanos más anónimos, creo que la mayoría ha elegido que se presente a la cita (con precauciones, con escolta, con extranjeros varios, pero acudir), así que...
Next move.
Me encantan vuestros comentarios y vuestras ideas, pero odio que me hagáis cosas como esta:
Aunque sí, ya sé que a vosotros os divierte horrores...
De todas formas, sumando comentarios y votaciones orales de ciudadanos más anónimos, creo que la mayoría ha elegido que se presente a la cita (con precauciones, con escolta, con extranjeros varios, pero acudir), así que...
Next move.
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21 de julio de 2012
ETPA2.- Capítulo 2 - Magia y lacre
El lacre era oscuro, con un dibujo recargado. El pentagrama que rodeaba al escudo de armas le confirmó, cómo no, que pertenecía a un mago.
Odiaba aquellas cosas. Aparte de que estaba-de-vacaciones, se suponía que había protegido la casa con un escudo antes de acostarse. Nada podía entrar mágicamente en la casa, pero aquella carta estaba sobre la mesa y no habían abierto la puerta. ¿O sí? Comprobó las trampas de la cerradura. Intactas. Chasqueó los dedos para formar una pequeña llama pero esta no sólo no se materializó, sino que un chispazo de dolor le azotó la mano. La sacudió con un gemido. El escudo seguía activo, y así seguiría hasta que no lo disolviera con las palabras exactas. Y nadie había sido capaz de burlarlo nunca. Solo Jules y él... y eso ya no era un problema. Ya no más.
Reforzó el escudo con una nueva trama, envió una sonda mágica para recorrer la casa y, mientras actuaba, sacó la nota del sobre. Era un sobre de tela encerada, suave y resistente. Caro. La nota también era de lino. Obscenamente caro. No pudo evitar sonreír de forma felina cuando la palabra acudió a su mente. Obscena. Se recorrió con la mirada y decidió que quizá convendría vestirse en algún momento, pero antes... No conocía a nadie tan adinerado como para malgastar así una pieza de papel de lino. El remitente pretendía llamar su atención, no solo eludiendo sus defensas sino además burlándose de ella con semejante gesto de despilfarro. Abrió la nota. Solo contenía un texto sencillo.
"Has jurado. Laudes."
Mierda. Mierda mierda mierda mierda. Buscó todos los reniegos, insultos y juramentos que conocía, pero su mente se estancó en el primero, usándolo de canalizador de toda su frustración. ¡¡Mierda mierda mierda!!
Apenas había pertenecido un par de años a los Juramentados y había realizado varios trabajos para ellos. Pagaban bien, pero los odiaba. Y siempre con Jules; Jules era el único enlace que tenía con ellos y ahora que no estaba contaba con que la olvidaran, pero no iba a ser tan fácil...
¿Quién más sabía dónde encontrarla? Una terrible duda la asaltó y recorrió la nota con la mirada en busca de algún signo de su compañero. Analizó cada letra, cada trazo, cada fibra... ¿Se parecía esa a una de sus ges? No. Era imposible. Había visto su cuerpo consumirse abatido por la magia. Había esparcido sus cenizas al viento. Decidió descargar su rabia con la nota, reduciéndola a ella también a cenizas. El latigazo de dolor que la envolvió cuando gritó la furia mezclada con el hechizo la hizo maldecir, de nuevo, al escudo mágico. Golpeada por su propia magia. Ridículo.
Rasgó el pliego y lo hizo pedacitos, descargando su ira de un modo más físico. No temía olvidar el mensaje. Era lo suficientemente claro. Los Juramentados solo citaban para el mismo día, la madrugada del día siguiente, como tarde. Siempre se reunían en el mismo sitio. Tenía la hora. No podría olvidarlo aunque quisiera. Y eso si se arriesgaba a quererlo. No se podía jugar con los Juramentados...
---------
Ahora que sabemos que nuestra prota es mujer y que sabe de magia... ¿Qué hará?
a) Decide ir a la cita esa madrugada.
b) Decide no ir a la cita.
c) Decide buscar más información sobre los Juramentados.
d) Decide volver a la cama y pensárselo luego.
e) ¿Otros? Va venga, en el anterior os lucisteis, a ver qué sale de esta... ¡Comentad!
Odiaba aquellas cosas. Aparte de que estaba-de-vacaciones, se suponía que había protegido la casa con un escudo antes de acostarse. Nada podía entrar mágicamente en la casa, pero aquella carta estaba sobre la mesa y no habían abierto la puerta. ¿O sí? Comprobó las trampas de la cerradura. Intactas. Chasqueó los dedos para formar una pequeña llama pero esta no sólo no se materializó, sino que un chispazo de dolor le azotó la mano. La sacudió con un gemido. El escudo seguía activo, y así seguiría hasta que no lo disolviera con las palabras exactas. Y nadie había sido capaz de burlarlo nunca. Solo Jules y él... y eso ya no era un problema. Ya no más.
Reforzó el escudo con una nueva trama, envió una sonda mágica para recorrer la casa y, mientras actuaba, sacó la nota del sobre. Era un sobre de tela encerada, suave y resistente. Caro. La nota también era de lino. Obscenamente caro. No pudo evitar sonreír de forma felina cuando la palabra acudió a su mente. Obscena. Se recorrió con la mirada y decidió que quizá convendría vestirse en algún momento, pero antes... No conocía a nadie tan adinerado como para malgastar así una pieza de papel de lino. El remitente pretendía llamar su atención, no solo eludiendo sus defensas sino además burlándose de ella con semejante gesto de despilfarro. Abrió la nota. Solo contenía un texto sencillo.
"Has jurado. Laudes."
Mierda. Mierda mierda mierda mierda. Buscó todos los reniegos, insultos y juramentos que conocía, pero su mente se estancó en el primero, usándolo de canalizador de toda su frustración. ¡¡Mierda mierda mierda!!
Apenas había pertenecido un par de años a los Juramentados y había realizado varios trabajos para ellos. Pagaban bien, pero los odiaba. Y siempre con Jules; Jules era el único enlace que tenía con ellos y ahora que no estaba contaba con que la olvidaran, pero no iba a ser tan fácil...
¿Quién más sabía dónde encontrarla? Una terrible duda la asaltó y recorrió la nota con la mirada en busca de algún signo de su compañero. Analizó cada letra, cada trazo, cada fibra... ¿Se parecía esa a una de sus ges? No. Era imposible. Había visto su cuerpo consumirse abatido por la magia. Había esparcido sus cenizas al viento. Decidió descargar su rabia con la nota, reduciéndola a ella también a cenizas. El latigazo de dolor que la envolvió cuando gritó la furia mezclada con el hechizo la hizo maldecir, de nuevo, al escudo mágico. Golpeada por su propia magia. Ridículo.
Rasgó el pliego y lo hizo pedacitos, descargando su ira de un modo más físico. No temía olvidar el mensaje. Era lo suficientemente claro. Los Juramentados solo citaban para el mismo día, la madrugada del día siguiente, como tarde. Siempre se reunían en el mismo sitio. Tenía la hora. No podría olvidarlo aunque quisiera. Y eso si se arriesgaba a quererlo. No se podía jugar con los Juramentados...
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Ahora que sabemos que nuestra prota es mujer y que sabe de magia... ¿Qué hará?
a) Decide ir a la cita esa madrugada.
b) Decide no ir a la cita.
c) Decide buscar más información sobre los Juramentados.
d) Decide volver a la cama y pensárselo luego.
e) ¿Otros? Va venga, en el anterior os lucisteis, a ver qué sale de esta... ¡Comentad!
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