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12 de mayo de 2012

12 de mayo

Como todos los 12 de mayo, día de la fibromialgia, aquí os dejo algunos enlaces para saber un poquito más.

Esta vez os dejo el enlace de la de la Confederación Nacional de la Fibromialgia y la Fatiga Crónica, el de Afibropo, que es la asociación en Pontevedra, y un enlace a un artículo de la Revista de la Sociedad Española del Dolor.

Como seguro que hacéis pocos clicks, aquí os queda, como resumen, el del artículo:




La fibromialgia es una patología crónica y compleja que provoca dolor muscular generalizado que puede llegar a ser invalidante, asociado a mal descanso nocturno y fatigabilidad, y que afecta a las esferas biológica, psicológica y social de los pacientes.
Además su elevada prevalencia hace de ella un problema sanitario de primera magnitud.
Dificultad añadida supone el que sus criterios diagnósticos únicamente sean clínicos y que su etiopatogenia todavía no haya sido aclarada, lo que dificulta aún más su estudio y por supuesto su abordaje terapéutico.
En su tratamiento resulta fundamental el abordaje multidisciplinar en contraposición a un abordaje biomédico tradicional, dada la enorme complejidad que suelen presentar estos pacientes. En esta revisión intentamos aunar los conocimientos actuales en la literatura médica aunque hay que resaltar que diariamente multitud de estudios y referencias médicas y paramédicas abordan el tema con mayor o menor rigor científico.

(© 2004 Sociedad Española del Dolor. Publicado por Arán Ediciones, S. L.)

26 de marzo de 2012

Persiguiendo a Amy. 28.-Lázaro

Por lo visto Leonardo se había encaminado en su busca así que no tendría que preocuparse por él. Encontraría a los demás. Y deshacerse de la chica no había sido una gran empresa. La joven seguía intimidada en su presencia. Lo cual era lógico teniendo en cuenta que le había rasguñado la garganta con su puñal.

Se encaminó, pues, hasta el ayuntamiento. Encontrar a un joven dispuesto y pedir audiencia fue todo uno. Esperaron allí durante un largo tiempo hasta que les dieron entrada. El alcalde de la ciudad les esperaba rodeado de pliegos y libros.

-Pax vobiscum.

-¿Quiénes sois? ¿Qué deseais?

-Mi nombre es Lázaro, señor. Padre Lázaro. Vengo como representante de la Iglesia Aristotélica. Estoy en misión diplomática, debo entregar este mensaje al obispo de Zaragoza.

Le mostró la carta que había escrito apenas hacía unas horas, poniendo especial cuidado en que el sello resultara visible para el alcalde.

-¿A qué acudís, pues, a mí?

Lo escudriñaba escamado, obviamente. Iba vestido con sus ropas de siempre. Parecía un bribón. Qué propio.

-Señor... Bien veis que estos ropajes no se corresponden con mi rango. Habéis de saber que he sido asaltado en mi trayecto a vuestra ciudad. Se llevaron mi dinero y mis ropajes, aunque tuve la fortuna de salvar este preciado documento. Y de encontrar a este caballero -señaló a Hernán que permanecía firme a su vera -y a sus compañeros que tuvieron la bondad de acompañarme y escoltarme.

-Sigo sin ver qué tiene que ver eso con vuestra presencia aquí. No tengo tiempo para...

-Señor, he venido a solicitaros vuestra ayuda y vuestra clemencia. Como comprenderá, no puedo presentarme de esta guisa frente a mis superiores...

-Si queréis limosna, padre, id a buscarla a la Iglesia. Estamos en tiempo de guerra, hay carestía por todas partes, no puedo daros nada.

-Sin embargo...

La negociación aún duró un buen rato. El alcalde creyó su historia a pies juntillas, en eso habían triunfado. Y aunque bien es cierto que la carestía asolaba el lugar, finalmente el poder de persuasión del mayor de los Medina consiguió sacarle unas cuantas monedas y una recomendación para el monasterio más cercano. Era muy poco dinero, pero menos daba una piedra. A no ser que la piedra fuera bien encaminada a la cabeza de algún adinerado en el camino, claro está... Y tampoco podía pedir mucho más. En cuanto a los monjes... No pensaba volver a acercarse a un monasterio en mucho tiempo. Tal vez cuando se viera al borde de la muerte fuera un buen lugar para morir, pero por la misa que no tenía prisa... Aunque tal vez enviara a Leonardo a por un hábito...

-Que el Altísimo os guarde, señor. -Hizo un gesto de bendición antes de salir del despacho. -Buenas tardes.

13 de febrero de 2012

You can be the boss - Lana del Rey

Culpad a Nan por esto...


You taste like the fourth of July
Malt liquor on your breath, my, my
I love you but I don't know why...

You can be the boss, daddy
You can be the boss
Taste like a keg party, back on the sauce
I like you a lot, I like you a lot
Don't let it stop...
You can be the boss, daddy
You can be the boss
Bad to the bone, sick as a dog
You know that I like, like you a lot
Don't let it stop...

He had a cigarette with his number on it
He gave it over to me, "do you want it?"
I knew it was wrong but I palmed it
I saved it, I waited, I called it
The liquor on your lips, the liquor on your lips
The liquor on your lips makes you dangerous
I knew it was wrong, I'm beyond it
I tried to be strong but I lost it.

You taste like the fourth of July
Malt liquor on your breath, my, my...

You can be the boss, daddy 
You can be the boss
Taste like a keg party, back on the sauce
I like you a lot, I like you a lot
Don't let it stop...
You can be the boss, daddy
You can be the boss
Bad to the bone, sick as a dog
You know that I like, like you a lot
Don't let it stop...

He has a white corvette like I want it
Courtesy of lyricshall.com
A fire in his eyes, no, I saw it
He's bleeding from his brain and his wallet
He's sick and he's taken but honest
The liquor on your lips, the liquor on your lips
The liquor on his lips I just can't resist
As close as I'll get to the darkness
He tells me to "shut up, I got this."

You taste like the fourth of July
Malt liquor on your breath, my, my...

You can be the boss, daddy 
You can be the boss
Taste like a keg party, back on the sauce
I like you a lot, I like you a lot
Don't let it stop...
You can be the boss, daddy
You can be the boss
Bad to the bone, sick as a dog
You know that I like, like you a lot
Don't let it stop...

I need you, I need you baby
Like I never needed anyone
You're wrong but you're so much fun
You say you treat 'em mean to keep 'em keen - you're not that nice
But you taste like the fourth of July
Malt liquor on your breath, my, my...

You can be the boss, daddy 
You can be the boss
Taste like a keg party, back on the sauce
I like you a lot, I like you a lot
Don't let it stop...
You can be the boss, daddy
You can be the boss
Bad to the bone, sick as a dog
You know that I like, like you a lot
Don't let it stop...

22 de enero de 2012

The Pantheon (Bastion Soundtrack)



Gods ain't gonna help you son
you'll be sorry for what you done
them gods gonna hurt you son 
when you play with a loaded gun
when you play with a loaded gun

They ain't gonna catch you when you fall
you'll be pleading while you're bleeding

They ain't gonna hear ya son 
don't care about what you done
they ain't gonna help you son 
you'll be sorry for what you done
be sorry for what you done

Old Pyth, cranky old bull
make you sorry for what you done

Hense, in a black veil
gonna prick you for what you done

Roathus got you empty
got you weeping for what you done

(I say?) mother, lonely old gal
tear your heart out for what you done
tear your heart out for what you done

They ain't gonna catch you when you fall
you'll be pleading while you're bleeding

Them gods gonna hurt you son
you'll be sorry for what you done
you'll be sorry for what you done

15 de octubre de 2011

Capítulo 17 - Visitas

- ¿Qué se supone que es eso?

Ella se encogió de hombros.

- Nada. - Otro ruido. -El gato. -Sonrisa.
- Tú no tienes gato. -Ella acompañó las palabras del Gato con una risa corta. -¿Quién anda ahí?
- ¿Y eso qué coño os importa? Es mi casa. Estará quien a mí me salga de los ovarios.

Sombra, se encaminó al pasillo, casi precedido por el Gato. Ella les intentó cerrar el paso, pero el otro ya la estaba apartando con un empujón, sujetándola del brazo, mientras la amenazaba con un tono sombrío.

- Más te vale quedarte quietecita, Claudia.

Enfilaron el pasillo a paso rápido, pero Sombra no pudo evitar preguntar.

- ¿La conoces?
- ¿Que si qué? -De la sorpresa, el Gato se quedó parado, dedicándole una larga mirada de desconcierto y compasión. -Pensaba que estabas de coña... No estás de coña, ¿verdad? Sombra... ¿Que si conozco a Claudia? ¿En serio te han licuado el cerebro? ¿Claudia? ¿No te suena de nada? ¿La insufrible e insoportable Claudia Antares, con sus estúpidas coletas siempre jodiendo al personal? Vale que haga años que no la ves, pero tío...

Sombra abrió mucho los ojos, incrédulo. Miró al salón por encima del hombro, intentando verla de nuevo, pero otro ruido le hizo volver en sí y ambos entraron en la habitación, Sombra un paso por delante del Gato. La habitación también era pequeña y la cama estaba deshecha. En ella, una sombra oscura formada por largos cabellos ondulados y revueltos se removió. La maraña se apartó siguiendo las órdenes de un brazo claro y delgado que salió de entre las sábanas, y dio paso a una cara que Sombra conocía bien... Ella...

- ¿Sombra?
-Ho... hola...

Ella le clavó una mirada fría, cargada de odio y desprecio que le sentó como una bofetada doble. Tenía los ojos brillantes y expresión adormecida y enferma. Aún así su voz sonó alta y firme.

- ¿Por eso no podías ayudarme? ¿Porque habías quedado con este...?

En ese momento oyeron la puerta de la entrada abriéndose. Para Sombra el sonido fue una mezcla de alivio y alarma. Y no sabía cuál de las dos sensaciones pesaba más. A esas alturas la resaca ya empezaba a parecerle una nimiedad dentro del surrealismo del día, y el runrún de su estómago vacío solo era un eco lejano, el recuerdo de algo que fuera y ya no había más. ¿Necesidades físicas? Menudencias...

Se asomó a la ventana buscando una salida alternativa. Era un tercero, lo sabía, pero dentro de todo aquel absurdo esperaba, quizá, el milagro de una escalera contra el alféizar. O, por qué no, un grupo de bomberos, como en las películas, sujetando una gran lona blanca con una diana pintada. La imagen le resultó hilarante y no pudo evitar reír mientras apartaba las cortinas para encontrar, no las escaleras ni los bomberos, sino el tejadillo rígido de una cafetería. Bueno, no era muy bueno en matemáticas, pero eso podría restar un piso, ¿no? Y uno no se mataba al tirarse de un segundo, ¿verdad?

Su ataque de risa, había provocado un par de improperios por parte de ella y una mirada fulminante del Gato, que ahora fijo que estaba convencido de su desequilibrio mental. La vio tomar aire para volver a la carga, pero desde el salón les llegó una voz profunda que a Sombra no se le hizo del todo desconocida.

- ¡Gonzalo Antares y Simón Figueiroa! Han de saber, señores, que están empezando a darme demasiados quebraderos de cabeza y empiezo a estar un poco harto de todo esto...

Sombra miró al Gato, interrogante. Le indicó con un gesto de cabeza la ventana alzando dos dedos de la mano derecha. Ella aprovechó el momento de silencio para empezar de nuevo a gritarle.

-¿Es que piensas suicidarte antes de contestarme?

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Sombra y Gato deciden:

a) Enfrentarse a Ella para que deje de gritar.
b) Salir de vuelta al salón y enfrentarse al hombre.
c) Saltar por la ventana y confiar en su buena fortuna.
d) Esconderse debajo de la cama.
e) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentad!

21 de septiembre de 2011

4 de julio de 2011

Rojo miedo.

Como os he tenido un poco abandonadillos allá atrás con el lío de los exámenes (¡¡¡aprobé todos!!!) y todo eso, os dejo aquí, en pago, otro de esos pedazos de nada, otra ida de olla de estas mías, mientras esperáis al próximo capítulo.

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Entró, con bermejos regueros de sangre recorriéndole el rostro, como lágrimas macabras de penas insondables. Mi sangre. Tu sangre.
Entró y no dijo ni media palabra, mirándonos tan dulce que el diablo se convirtió en ángel y engañó nuestras almas. Y nos miró, tan triste, que nos compadecimos del asesino y lloramos con él. Mis lágrimas. Tus lágrimas.
Nos quisimos esconder de su embrujo en la oscuridad, pero la oscuridad lo amaba y nos mostró desnudos a sus ojos, más hermosos que la noche, refugio de esa oscuridad misma donde soñamos refugiarnos. Mis ojos. Tus ojos.
Y nos abrazamos, temblando como niños, con la súplica prendida de nuestros labios cansados que no sabían ya obedecer y apenas hacían más que clamar su nombre. Mis labios. Tus labios.
Y lloramos mientras se acuclillaba junto a nosotros y nos tomaba de la mano, con sus manos de niño travieso, y nos sonreía de nuevo y nuestro corazón, bombeando el metal de nuestra sangre, se volvía a rendir a su voz. Mi miedo. Tu miedo.
El miedo.

2 de julio de 2011

Capítulo 10 - Heridas de guerra

Dio un par de vueltas al recibo de la consigna, incrédulo.

- ¿Y esto...?

Lo guardó junto con el número, comprobó que le quedaba algo de dinero (10€ y algunas monedas. Y aún sin comer. Planazo.) Y paró al primer taxi que, por fortuna, pasó por allí con la luz verde encendida. No era un gran coche, el conductor iba demasiado rápido y era un poco borde, pero visto lo visto...
Dio la dirección de casa del Gato (lo conocía lo suficiente como para saber que no iba a seguir en la tienda esperándolo) y se recostó en el asiento, rogando que el conductor decidiera bajarle el volumen a la maldita radio y que el taxímetro no subiera de los 10€ de marras. No lo hizo. Ni el conductor, ni el taxímetro. Lo cual ya era algo...

Llamó al timbre de la casa y oyó la llave descorriendo el cerrojo, demasiado tiempo después de que se oscureciera la mirilla. No le daba muy buena espina, la verdad. Pero bueno, ahora el Gato aparecería en el umbral, con su cara de estrella de cine perdonavidas y su aire de divo fantástico y...
Y Sombra se quedó congelado cuando la puerta se abrió.

Las gafas de sol no ocultaban totalmente el ojo amoratado, y el corte que lucía en el labio desmejoraba mucho la imagen de galán de su mejor amigo.

El Gato hizo un gesto con la mano, menos ágil de lo normal, como dolorido, bloqueándole la entrada y suspirando agotado. Al menos seguía siendo capaz de cargar un gesto tan sencillo de una dosis de desprecio absoluto, algo quedaba del Gato original...

- ¿Es que no he sido lo suficientemente claro, Sombra? ¿A ti qué coño te pasa?

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Flipa. El intocable Gato, apaleado. Ahora sí que Sombra está descolocado...

a) De modo que, pasando de todo, le pregunta sobre sus heridas.
b) Si es que ya no puede más... Sombra le cuenta todas sus desventuras, allí mismo, en la puerta.
c) Sombra desespera. Se vuelve a casa corriendo para meterse en la cama.
d) Decide hacerse el longuis, ignorar las heridas del Gato e intentar entrar en la casa.
e) ¿Otra? ¿Cuál? Estáis tardando en comentar.

12 de mayo de 2011

12 de mayo

Día de la fibromialgia.

Sé que os doy la vara todos los años, pero nunca está de más informarse un poco.

(A la noche o mañana, capi nuevo, blablabla)

7 de abril de 2011

Capítulo 3 - El paquete

-¿Pero qué…?
¿Le había dado su teléfono? Volvió a abrir y se asomó a la escalera, pero supuso que estaría ya en la calle. No le apetecía lo más mínimo echarse a correr para alcanzarla y además… ¿luego qué? Hola, me has dado un número de teléfono. Sí. ¿Para qué? Eres idiota…

Volvió a entrar, aún flipándolo, y se frotó los ojos y la cara con la mano que tenía vacía, por si aquello era alguna estúpida alucinación producida por la resaca… Igual comiendo algo o… ¿otra aspirina sonaba a suicidio?

Miró el paquete que aún llevaba en la mano. Estaba envuelto en papel satinado blanco, como si fuera un pequeño regalo. Lo agitó. Dentro había algo pequeño que tintineó al chocar con la caja, con un sonido metálico.

Rompió el papel. No tenía el cerebro para estarse con tonterías. Dentro, una cajita del mismo color inmaculado. Volvió a tintinear. No pesaba demasiado… Levantó la tapa. Dentro, dos llaves y una tarjeta con una dirección.

-¿Qué coño…?

Dio varias vueltas a las llaves. Las comprobó con las suyas. Una de ellas se parecía a la del portal, la otra era, claramente, de una puerta de seguridad de un piso. Volvió a mirar la tarjeta. No le decía nada. Ni siquiera conocía la calle.

Pasó por la cocina y abrió el frigorífico. Había olvidado hacer la compra. De nuevo. Refunfuñando, volvió al ordenador y metió la dirección en Google Maps. No parecía quedar muy lejos de allí…

Una débil voz en su cabeza, más débil que la taladradora producida por el dolor de cabeza y que la voz que le decía que no volviera a tocar una gota de alcohol o lo que fuera que se había metido la noche anterior, una voz débil y ligeramente sensata, le decía que, fuera lo que fuese, tenía que ver con la noche anterior, con aquello que no recordaba y con el cabreo del Gato. El Gato seguro que sabía algo… Pero seguro que no le volvería a coger el teléfono.

Cogió una chaqueta y metió el móvil y la cartera en el bolsillo, confiando en que aún le quedara algo de dinero. Seguía sin encontrar la cámara pequeña, así que cogió la del trabajo y un par de tarjetas de memoria del cajón, las llaves de casa y el paquete con la dirección. Y las gafas de sol, por supuesto. Había demasiada luz, demasiada…

Aún así, el sol le golpeó como un mazazo en cuanto abandonó la fría y lúgubre seguridad del portal. Con los ojos casi cerrados y las manos en los bolsillos enfiló calle abajo, con un quejido agónico, arrastrando los pies.

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¡Hey! ¡Que se va sin nosotros! ¡Corred!
Vuestro turno: ¿Hacia dónde se dirige?

a) A comer algo antes de nada.
b) A buscar al Gato y pedirle explicaciones.
c) A la dirección de la tarjeta.
d) ¿Alguna otra opción? ¡Contádmela!

(Vuestra opinión, en la encuesta aquí al lado)

24 de diciembre de 2010

Derechos de la Infancia

"No basta con que no me pegues y no me hagas daño, tienes que aprender a tocarme, acariciarme, abrazarme, cantarme, mecerme. No es suficiente con que no me golpees, tu cuerpo tiene que ser cuenco, hogar y abrazo para mí. Protégeme de los abusos sexuales, pero también respóndeme a las pregúntas, cuéntame la verdad y haz que crea que la gente se puede querer. El cariño, para mí, es tan importante como comer.

(Según mis apuntes de Intervención con familias y atención a menores en riesgo social, está tomado de Necesidades en la infancia y en la adolescencia, pág 11)

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Los derechos de los animales fueron reconocidos antes que los de la infancia. La primera vez que se defendió en los tribunales a una menor por una situación de malos tratos, lo hizo la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad con los Animales. La menor se llamaba Mary Ellen Willson y la Sociedad logró una condena de sus familiares alegando que Mary Ellen tenía los mismos derechos que un animal y, por tanto, no podía ser maltratada.

Hitos en la declaración de los Derechos de la Infancia:

-1923: Declaración de Ginebra
-1924: Carta de los derechos de la Infancia (frustrada por la 2ª GM)
-1939-1945: 2ª GM
-1946: Fundación de Unicef
-1948: Declaración Universal de los Derechos Humanos
-1959: Declaración Universal de los Derechos de la Infancia (sin valor legal de obligado cumplimiento)
-1979: Año Internacional de la infancia
-1989: Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de la Infancia

17 de febrero de 2010

Cuestión de conciencia



 




Neme tenía los pies mojados. Llevaba un buen rato de pie en la nieve, asomado a las ventanas de una pequeña calle. En la que estaba ahora asomado, dos niños estaban sentados en el suelo de un salón, viendo la tele con sus padres.
Neme tenía sed. Mucha sed. Paseaba la lengua, nervioso, sobre los dientes.
Golpeó la ventana muy despacio y se acercó un poco. Los niños solían tener mejor oído y, a veces, ese truco le funcionaba.
La golpeó un poco más fuerte, preparado para huir en el caso de que se volvieran los adultos.
Tuvo suerte, y fue el más pequeño de los dos niños el que lo vio. Le hizo un gesto, concentrando todo su poder hipnótico. El niño se levantó y corrió hacia la puerta mientras Neme se retiraba a una esquina oscura.
El problema fue que, cuando el niño salió a la calle, los padres le seguían de cerca.
-Ahí había un niño, hay un niño, mamá...
Neme tuvo que apresurarse para poder sujetar al niño que corría hacia él, y llevárselo de allí antes de que llegaran los padres.
Se lo llevó volando. El niño ni siquiera gritaba alucinado por el vuelo. Pero cuando Neme lo dejó en el suelo sí que empezó a gritar. A gritar y a temblar. Neme se frotaba las manos, complacido.
Tras deshacerse del cadáver, regresó a casa.
¿Que si se arrepentía alguna vez de lo que hacía? Por supuesto: ahora mismo estaba muy pero que muy arrepentido. Tremendamente arrepentido: había sido un irresponsable, los padres le habían visto (¡a ver cómo se lo contaba él ahora a los suyos!) y solo se había llevado a uno de los niños. ¡Y ahora al otro lo tendrían super protegido! ¡Jopetas!