9 de mayo de 2012

Lágrimas que derramar - La novia cadáver

El otro día, mientras planchaba, me puse La Novia Cadáver de Tim Burton en italiano para ir practicando un poco. Me encanta esta canción.

Se sfiorassi una candela

O bueno, en castellano:


¿Qué es lo que tiene esa mocosa que tu no tengas de sobra?
Tu bella sonrisa no se puede comparar,
¿Qué hay de su pulso?
Sobrevalorado está, sobre estimado, exagerado,
Si con nuestros ojos él te viera.

Y en el dedo de esa tonta,
su anillo no está.
Y no toca el piano, ni canta así.
No te puede alcanzar.
Ella puede respirar,
¿Y qué?, no importa,
sobre estimado, exagerado.
Tendría que apreciar que eres especial,
Si con nuestros ojos él te viera.

Si una vela toco se que nada sentiré.
Si me cortas es igual no sangraré.
Y yo se que ella está viva,
Y que muerta yo estoy.
Pero sufro en realidad,
No diréis que no es verdad.
Aún me quedan lágrimas que derramar.

Tan sólo es destacable, en la miserable,
que muy viva está,
sobre estimado, exagerado.
Todos saben que se trata de un estado temporal,
que se cura en seguida cuando llega el final.
¿Y qué?, no importa, sobrestimado, exagerado.
Tendría que apreciar que eres especial,
Si con nuestros ojos él te viera.

Si una vela toco se que nada sentiré.
Sobre el hielo,
bajo el sol,
no cambiaré.
Y mi corazón responde,
aunque no late se rompe.
Y yo sufro en realidad,
no diréis que no es verdad,
Y aunque se que muerta estoy
Aún me quedan lágrimas que derramar.

8 de mayo de 2012

Barritas de limón

Como el otro día pareció gustaros la receta del brownie, os dejo hoy una nuevecita del todo. Solo tiene una prueba, pero fue satisfactoria, así que me arriesgaré a copiarla en la libreta y subirla aquí. Me la pasó un americano, no recuerdo la página en sí... pero me las he visto y deseado para las correspondencias con las tazas y los gramos, aparte de tener que buscar un conversor de Farenheit a Celsius y todo eso... A lo mejor debería haber atendido más en física.

Barritas de limón.

Ingredientes:

225 g. de mantequilla.
2 tazas de harina (cada taza son 125g.)
1/2 taza de azúcar glass

4 huevos
2 tazas de azúcar
4 cucharadas de harina
1/4 taza de zumo de limón (en agua, una taza son 250g.)
1 cucharada de ralladura de limón
azúcar glass

Elaboración:

- Precalentamos el horno a 160º. (Celsius, soy buena así que os doy ya la conversión)

- Mientras se calienta, derretimos la mantequilla y la mezclamos bien mezclada con las 2 tazas de harina y la media taza de azúcar glass.

-Ponemos la mezcla bien estirada en un molde, de manera que haga una capa fina, y la horneamos durante aproximadamente 20 minutos.

-Mientras tanto, mezclamos en otro bol los huevos, el azúcar, las 4 cucharadas de harina y todo el limón. Lo extendemos sobre la masa anterior y lo llevamos otros 20 minutos al horno.

-Dejamos enfriar, desmoldamos, cortamos en barritas y espolvoreamos con azúcar glass.

Y... ¡¡Tacháaaaan!!


Nota: Como tenemos el limonero a pleno rendimiento, se buscan recetas nuevas con limones para probar. 


7 de mayo de 2012

Persiguiendo a Amy 43.- Salvatore


Aquel par de pícaros condujo a Salvatore hasta una casucha adosada a la muralla oscense. Seguía metido en su papel de "primo" al que van a desplumar, pero empezaba a costarle fingir tranquilidad... Cuando entró a la habitación en el sótano, sopesó que al menos un par de aquellos tipos había matado más de una vez. En aquel antro parecía darse cita lo más granado de la chusma oscense: timadores, charlatanes, bandidos de la peor ralea... Salvatore confiaba en la fuerza de Servando y en su propia destreza con la daga, pero deseó que Leonardo y Conrado no anduviesen lejos, o podrían verse en serios problemas.

Hizo tintinear en su mano las pocas monedas que había reunido, fingiendo despreocupación. Los que jugaban en aquella mesa alzaron la cabeza al oírlo. A la pobre luz que brindaba el candil de sebo identificó a Servando, y con un gesto impaciente le dio a entender que le siguiese la corriente, como si no se conociesen. La frente del condenado ya estaba perlada de sudor, a saber cuánto había perdido ya a los dados, porque en aquel momento los retiraban para sacar una manoseada baraja...

Salvatore se temía que, en el mejor de los casos, saldrían de allí con el pellejo ileso y sin un denario. Eso si Servando no había perdido ya más de lo que podía pagar... Sobre todo porque el italiano no tenía ni idea de juegos de cartas, salvo lo poco que escuchaba cuando Servando les relataba durante horas los pormenores de las partidas que había estado "a esto de ganar". Mientras miraba los ajados naipes, recordó la primera y última vez que había jugado... Sólo era un muchacho, y lo habían dejado sin blanca en una partida de "gioco di Primiera"... Recordó cómo lo había consolado la tabernera del local, y cómo había abandonado para siempre la afición al juego por la afición a las damas...

Se sentó, saludando a sus compañeros de mesa, que esgrimieron sonrisas taimadas, no todos los días tendrían dos presas fáciles juntas. Servando sólo tenía ojos para el mazo de cartas, quizá conjuraba así a la suerte que con tanta frecuencia lo esquivaba. El hombre de la oreja mellada repartió, y el silencio en la sala se hizo más espeso. Salvatore afianzó los pies en el suelo, sintiendo la daga pegada a su costado, por si hubiera que salir de allí por las malas. Después, observó lo que salía en aquella mano y procuró actuar como si supiera lo que estaba haciendo.

En aquel momento llamaban a la puerta.

-¿Santo y seña? -preguntaba el anciano. Su voz sonaba amortiguada desde arriba de la escalera.

- ...

- ¡Santo y seña! -repitió, casi gritando esta vez.

La concurrencia se volvió hacia la escalera, donde en lo alto el vigilante empezaba a impacientarse, asomando la bulbosa nariz por la mirilla, a fin de identificar quién llamaba. Salvatore podía imaginarse quienes eran. Vió cómo acudían a un par de manos sendas navajas melladas. Fue entonces cuando se levantó de un brinco, haciendo caer la silla a su espalda, y señalando a Servando con un dedo enhiesto, gritó:

- ¡Maldito, te he visto mirarme las cartas! ¡Tramposo!

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(Nuestro buen bardo, siempre por Sherezade. ¡Te queremos, Cher!)


6 de mayo de 2012

Brownie para una madre en 5 minutos

Pues como es el día de la madre (¡Feliz día, madre!) tocaba hacer algo, y tocaba hacerlo rápido (levantarse tarde y tal...) así que hemos optado, de nuevo, por el maravilloso brownie de 5 minutos.

Y como hace tiempo que no colgaba ninguna receta, pues ya iba tocando.

Esta receta la encontré revolviendo por internet en esos meses que pasé en el limbo del apartamento, en los que me apetecía ponerme a hacer postres y bizcochos pero no tenía con quién compartirlos. Receta rápida, receta para una-dos personas (o 6, si nos ponemos), receta que no mancha demasiado, receta con buenos resultados, receta perfecta. 

¿Preparados? He aquí mi versión (que en poco se diferencia de la de la página donde la encontré.)

Ingredientes:
- 1 huevo
- 1 cucharadita de levadura en polvo
- 2 cucharadas soperas de cacao 
- 3 cucharadas soperas de leche
- 3 cucharadas soperas de aceite
- 4 cucharadas soperas de harina
- 4 cucharadas soperas de azúcar
- Nueces


Como veis, es hasta fácil de recordar, porque las medidas van 1-1-2-3-3-4-4... ¡Si es que todo son ventajas!

Para preparar el brownie, mezclamos todos los ingredientes en un bol pequeño (o cuenco o taza relativamente grande dado que es donde lo vamos a hacer. ¡Y ojo, crece y no queremos tener que limpiar el micro!). Si queremos hacerlo de manera algo más profesional, podemos empezar por batir los huevos con el azúcar hasta que quede blanquecino, añadir el cacao, leche y aceite, mezclar bien, luego harina y levadura hasta que no queden grumos, luego las nueces... Pero vamos, es hasta innecesario. Con mezclarlo todo bien hasta que no quede grumo alguno y luego meterle las nueces, vamos sobrados. Una pizquita de canela tampoco le viene mal, pero eso ya es al gusto.

A continuación lo metemos en el microondas, máxima potencia (que no grill) durante 3 minutos. Lo dejamos reposar un poco y ¡tachán! Brownie preparado. 

Puedes comerlo con helado, nata, solo (queda un poco seco) o... echarle imaginación.

Montamos un poco de nata, se la ponemos por encima, un poco de chocolate rallado, unas estrellitas y voilà. También lo probamos con nata y fresas y quedó aún mejor. 

Toca ahora la nota a los diabéticos: cacao puro, sin azúcar y edulcorante líquido (que por lo que tengo entendido, en polvo pierde el dulce al cocinarlo) en las mismas proporciones y el resultado queda parecido. Más tirando a flan que a brownie, porque al ponerle el edulcorante líquido queda todo más... jugoso, digamos, pero no queda mal. 

Postre en 5 minutos, 10 al adornarlo... No está mal, ¿no?




4 de mayo de 2012

Publicando en Bubok

Pues sí... Ahí lo tenéis, en esa lista de cosas a la derecha, un link a la historia de Sombra (que al final, tras mucho pensar y pensar, se ha quedado con el título de "Viernes de Resaca."

http://www.bubok.es/libros/213309/Viernes-de-resaca

Le he cambiado un par de cosillas (como el hecho de que sea viernes en vez de domingo, que a ver qué oficina de Correos abre los domingos...), le he corregido alguna que otra más y lo he puesto bonito y todo junto para que lo podáis descargar y leer todo seguido. Más cómodo ¿no?

Ya no tenéis excusa. Y además, si os gusta/ha gustado, gustosa os doy permiso para hacerme publicidad, que siempre queda bien ¡y os lo agradeceré mucho mucho!


Persiguiendo a Amy 42.- Hernán


La mirada de Hernán estaba fija en las espadas de los soldados aragoneses, esperando que estas mostraran un poco de su acero, aun guardado en sus vainas para poder acabar con el dialogo, o más bien interrogatorio. Por suerte, Lázaro, no estaba con el plan de alargar más la conversación.

-Espero que a tus armas no les moleste el frío, Hernán. Me parece que va a tocar bailar...

El hombre alto sin embargo, ahora, tenía un problema sobre qué hacer con la dichosa botella que les había traído problemas. Se debatía entre dejarla salir a la luz y dejarla a un lado, o luchar con ella con el peligro de que la rompieran o se le cayera.

- No creo que les importe, Lázaro, siempre que haya un baño de sangre que calme el frío…

Aunque le gustaba luchar con dos espadas, esta vez, no sería posible debido a que había decidido al final mantener la botella guardada bajo la capa. Le costaba demasiado alejarse de la querida botella y quizás así no le regañara Lázaro.

- Tres para dos… ¿Qué eliges Lázaro? ¿Dos o uno para vos?

Hernán agarró con firmeza la empuñadura de la espada y desenvaino mientras observaba a Lázaro. Como era la costumbre en él, no empezaría la batalla hasta que Lázaro no lo hiciera.

- O sino, que elijan ellos, como prefieras Lázaro.

Hacía ya bastante tiempo que ansiaba algo de acción y ahora que la iba a tener, su cuerpo, lo celebraba con gran entusiasmo. Aunque quizás por derramar aquella sangre se meterían en mas líos de los deseados. Su instinto asesino crecía al medida que los segundos iban pasando mientras que su cuerpo empezaba a no sentir ni pizca de frío.

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(Hernán, ese tipo algo, a manos de Alexsparda.)

2 de mayo de 2012

Persiguiendo a Amy 41.- Lázaro


Lázaro ya no sentía las manos ni los pies cuando Hernán salió del monasterio. Recogió el hábito y las monedas. No eran muchas. Estaba casi convencido de que Hernán se había guardado alguna para sí, pero no habían de ser muchas. Y, a fin de cuentas, si pretendía guardarlas todas, bien podría haber ido él...

-¿Nada más?

No sabía si fiarse, pero lo dejó correr. El dinero, sumado al del alcalde, era suficiente para que el grupo pasara la noche en la posada, desayuno incluido. Y aún tenían una recompensa pendiente por parte de la dama... La moza...

-¡Por la misa! ¡Hernán! No recordaste preguntar por Amelia, ¿verdad? Maldita sea... ¿Será posible que no hagamos nada al derecho?

Como si Aristóteles oyera sus palabras, al cruzar la esquina se encontraron con un trío de aragoneses que bien podían acabar de salir de un ejército por la cantidad de metal afilado que llevaban encima. Podrían ser todo el ejército.

Lázaro arrugó el ceño y se rascó la nuca. Aquello atufaba a problemas.

-Buenas noches, caballeros.

-Buenas noches, señores.

-¿Qué hacen unos extranjeros como ustedes tan lejos de casa?

¿Lejos de casa? Ni siquiera habían preguntado de dónde eran... Y Lázaro sabía que no tenían pinta de extranjeros. De desharrapados quizá...

-Tan solo estamos de paso...

-¿Y qué lleva vuesa merced tan bien oculto?

Lázaro miró el hatillo que llevaba en las manos. Aún a esa luz se veía que era un atado de ropa de mala calidad. Sin embargo, al levantar la vista pudo observar que la mirada del hombre no iba dirigida a él, sino al tipo alto que lo seguía. Retrocedió un paso sin separar los ojos de sus interlocutores, hasta ponerse a su altura para poder susurrarle.

-Por el Altísimo, Hernán, ¿qué diantres haces? Estamos en minoría, no creo que sea el momento de hacerse el interesante...

Su hombre mantenía la mano bajo la capa, sujetando algo que permanecía oculto a sus ojos.

-No oculto nada, señores... es que me duele una costilla... una herida de guerra, ya saben...

Los aragoneses dieron un paso al frente.

-Y hablando de guerras... ¿a vosotros no os he visto en el campo de batalla? Juraría haber cruzado mi espada con un tipo como vos...

-Sí, yo también creo haberlos visto en el bando contrario.

Lázaro se rascó la nuca de nuevo. Por todos los santos de este y el otro Reino. ¿Por qué la gente se empeñaba en recordar sus caras después de una batalla? Él solo tendía a recordar los golpes, las heridas, los gritos y la sangre...

-Lo dudo, señores. Soy siervo de la santa iglesia Aristotélica.

-Pues yo juraría por el báculo del papa que también lo he visto... Y al tipo alto también...

Los tres hombres acariciaban sus espadas. ¿Buscaban trifulca? Hacía un par de minutos, Lázaro se había arrepentido de no haberse puesto el hábito sobre su ropa. Ahora se alegraba de no haberlo hecho. Si querían gresca, la iban a tener.

-Espero que a tus armas no les moleste el frío, Hernán. Me parece que va a tocar bailar...

Y dejando caer el hábito a un lado, echó mano a la espada que ocultaba bajo la capa.

30 de abril de 2012

Persiguiendo a Amy 40.- Leonardo


Leonardo ocultó sus armas a la espalda, bajo la raída capa. No valía la pena asustar a los parroquianos más de lo necesario. Muy a regañadientes entregó las pocas monedas que le quedaban a Salvatore.

-Las he contado, Messere... espero que vuelvan todas. Les he cogido cariño, ya ves...

-La duda ofende, ragazzino, la duda ofende...

Se acercaron a una taberna y se apostaron a la puerta, apoyados a desgana contra la pared, Servando se adelantó y se mezcló entre los parroquianos, comentando partidas y ganancias, y alabando las virtudes del juego y de los naipes, aplaudiendo las grandezas de los dados. No tardaron en aparecer un par de hombres quienes, tras analizarlo desde cierta distancia con el rabillo del ojo, decidieron abordarle.

-¿Le gusta el juego, señor?

En apenas un par de guiños y un par de frases escogidas, los hombres dirigían al italiano por distintas callejuelas y callejones, mientras que, silenciosos como gatos, Leonardo y Conrado los seguían.

27 de abril de 2012

Persiguiendo a Amy 39.- Salvatore


Salvatore se despidió de las mujeres dedicándole un guiño a la joven criada. Memorizó la casa, y sopesó si sería capaz de trepar al balcón. Sí, sería. Cuanto antes encontrasen a aquel condenado ludópata, antes volvería. Y si no fuera porque le sacaba una cuarta, le molería los huesos a palos, para quitarle aquel vicio malo. Con la de mujeres que había sueltas, no tener ojos nada más que para un par de dados de hueso girando en un tapete...

Cuando al fin estuvo libre, y después de un par de chanzas sobre la "condesita", se dirigió en serio ya a Leonardo:

- Creo que lo más rápido será usar el truco del pardillo. ¿Aún tenéis algunas monedas? Juntadlas y dejadme hacer a mi, que con la cara de Conrado no iba a colar... Ahora sólo he de acercarme a aquella esquina oscura de la plazuela, fingir el habla de un gañán, y ese gesto perdido que se le pone a veces a Servando... Y comentar con vosotros, en voz algo alta que vengo a probar eso del rampono a la capital... -Dijo Salvatore, belfo adelantado, encasquetándose el sombrero y bizqueando con aire teatral…

- ¡No exageres! -dijo Conrado, dándole un empujón en el hombro que casi lo hace caer. Pero Salvatore estaba convencido de que le había hecho gracia, aunque él siempre se riese hacia dentro.

Los avariciosos trileros, jugadores empedernidos y demás escoria local no tardarían en acercarse e invitarlos, casi con seguridad hasta el sitio adonde se habían llevado a Servando...

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(El gran Salvatore, por Sherezade.)

26 de abril de 2012

Persiguiendo a Amy 38.- Hernán


Ahora que estaba en frente de la puerta del monasterio, el hombre alto, no lo veía tan claro como cuando había asentido ante el plan de Lázaro.

- Que remedio… - Murmuraba para sí, al mismo tiempo que cogía aire y llamaba a la puerta - Espero que sean amables…

La mirada del hombre se elevó al cielo, le daba confianza hacer tal gesto, mientras la puerta del monasterio se abría dejando ver a un monje de pequeña estatura.

- Perdone, mi buen señor ¿Qué es lo que desea vuestra merced?
- Vengo de parte del padre Lázaro.
- ¿Del padre Lázaro? – Dijo el pequeño monje – ¿Qué es lo que desea el padre Lázaro?
- Una bonita túnica, digo un hábito para que pueda vestirse adecuadamente y un par de monedas para pagar la posada.

El pequeño monje le miró de arriba hacia abajo para terminar diciéndole.

- Tendrá que hablar con el monje Celestino – Dijo el pequeño monje invitándole a pasar – Entre señor… No vaya a ser que se congele, usted, antes de cumplir con su encomienda.

Tras un paseo por los pasillos del monasterio.

- Aquí es – Dijo el monje abriendo la puerta de un pequeño despacho - Celestino, este hombre dice no se que de un padre llamado Lázaro.

- Coge asiento, hijo.

Hernán cogió asiento mientras el hombre religioso no le perdía ojo de encima.

- ¿Que es lo que quiere el padre Lázaro?
- Un hábito para poder vestirse adecuadamente – Dijo Hernán entregándole la recomendación -
y unas cuantas monedas para pagar la posada además de proseguir el viaje.

Celestino leyó la recomendación y siguió su interrogatorio.

- ¿Y a que se debe dicha petición?
- Nos asaltaron el camino y debemos llegar a Zaragoza para cumplir con su misión religiosa.
- Ajá, ¿Y cómo se que usted me está diciendo la verdad?
- Porque si no fuera así, me sería más fácil robarlo que pedirlo. Además, ¿De qué me serviría a un hombre tan alto como yo, un hábito que le llega por las rodillas?

Celestino asentía con la cabeza mientras escribía algo en un papel.

- ¿Y el padre Lázaro necesita algo más?
- El no… - Dijo Hernán poniendo cara de pena profunda - pero, si le dieras a este humilde servidor una botellica de vino para el camino, no estaría de más.

Agachó la cabeza y termino por decir.

- Aunque a lo mejor sería mucho pedir a tan amables señores… Pero hace tanto que no pruebo nada mas que el agua que nos sirven en las tabernas…

Celestino le sonrió y ordeno al monje pequeñín que se le trajera la botella y las demás cosas pedidas. Unos minutos después apareció el monje pequeñín con lo que le habían pedido.

- Aquí tenéis, buen señor – Dijo entregándole las cosas, incluida la botella, a Hernán y acompañándole hacia la salida - Y que tengáis buen viaje.
- Muchas gracias señor – Dijo Hernán aferrándose a la botella - Seguro que el de arriba os lo pagará.

Hernán se despidió como si de un caballero se tratara del pequeño monje y se dirigió hacia Lázaro. Estaba feliz ya que tenía su botella de vino, la cual escondió al llegar donde se encontraba Lázaro

- Me han dado el dinero y la ropa… - Dijo Hernán mirando hacia otra parte y disimulando - Y nada mas…
- ¿Seguro?
- No, también me dieron suerte para el camino, creo.

El hombre empezó a caminar sin rumbo con la botella aun escondida dentro de sus ropas. Nervioso por si le preguntaban mas sobre lo otorgado. Y ansioso por poder abrir de una vez la botella de vino, ya que el alcohol era su pasión.

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Hernán, ese tipo alto, corre a cargo de Alexsparda.