12 de mayo de 2012

12 de mayo

Como todos los 12 de mayo, día de la fibromialgia, aquí os dejo algunos enlaces para saber un poquito más.

Esta vez os dejo el enlace de la de la Confederación Nacional de la Fibromialgia y la Fatiga Crónica, el de Afibropo, que es la asociación en Pontevedra, y un enlace a un artículo de la Revista de la Sociedad Española del Dolor.

Como seguro que hacéis pocos clicks, aquí os queda, como resumen, el del artículo:




La fibromialgia es una patología crónica y compleja que provoca dolor muscular generalizado que puede llegar a ser invalidante, asociado a mal descanso nocturno y fatigabilidad, y que afecta a las esferas biológica, psicológica y social de los pacientes.
Además su elevada prevalencia hace de ella un problema sanitario de primera magnitud.
Dificultad añadida supone el que sus criterios diagnósticos únicamente sean clínicos y que su etiopatogenia todavía no haya sido aclarada, lo que dificulta aún más su estudio y por supuesto su abordaje terapéutico.
En su tratamiento resulta fundamental el abordaje multidisciplinar en contraposición a un abordaje biomédico tradicional, dada la enorme complejidad que suelen presentar estos pacientes. En esta revisión intentamos aunar los conocimientos actuales en la literatura médica aunque hay que resaltar que diariamente multitud de estudios y referencias médicas y paramédicas abordan el tema con mayor o menor rigor científico.

(© 2004 Sociedad Española del Dolor. Publicado por Arán Ediciones, S. L.)

11 de mayo de 2012

Persiguiendo a Amy 45.- Lázaro


-Que elijan ellos. No les vamos a hacer ese feo, ¿no?

Los hombres ya estaban desenvainando y se acercaban a ellos.

-Por cierto, Hernán... ¿A ti te suenan de algo? Caballeros... antes de atacar y ya que están tan convencidos de que estábamos en el otro ejército... ¿Pueden indicarnos en cual ejército? Solo por estar informado, vamos... Hemos estado en tantos...

Siempre que se ponía nervioso antes de luchar no podía evitar provocar a los contrincantes. Las florituras no se le daban bien. El de las clases de esgrima era Leonardo. Sacó la daga a hacer compañía a su espada.

-¿Y bien...?

No le dejaron seguir hablando. Los tres hombres cargaron contra ellos a una y enseguida todo fue caos. Cruzó su espada con un tipo ancho de hombros y cara morena. A su derecha, Hernán se batía con otro que apenas le llegaba a los hombros, y que perjuraba a cada embiste, mientras que el tercero, delgado y con un rostro que le recordaba a un caballo famélico, bailaba entre los dos, ora atacando a uno, ora aprovechando un descuido en la defensa del otro. Lo ponía nervioso. Más aún cuando una de las espadas enemigas le pasó rozando la oreja. El Altísimo los confundiera, ya estaba harto.

Paró otra acometida y tiró a fondo, a la desesperada. Fue un buen golpe, su adversario cayó, herido, pero el hombre de rostro equino aprovechó su parca defensa para clavar su acero en su muslo. Así se quemara en las más ardientes llamas del infierno. Así la próxima vez que conociera mujer, esta le contagiara las más terribles pústulas. Así recibiera el doble de acero que había brindado a sus enemigos.

Mientras desclavaba su arma del cuerpo del moreno, trazó un arco con su daga para apartar al otro. Miró a a Hernán de soslayo. Se las arreglaba bien, pese a luchar solo con una espada. La otra mano la mantenía aún bajo la capa.

-¿Se puede saber qué diantres haces? Voto a...


9 de mayo de 2012

Persiguiendo a Amy 44.- Servando


¿Qué leches hacía el ligón en una timba? Si él se pasaba las tardes en que él invertía delante de los naipes cantándole sensiblerías a las taberneras y poniéndole ojitos de cama a todo lo que llevara falda. Casi no se habían reído cuando aquel soldado caledonio le quiso cruzar la cara, entre el pelo largo y la faldita a cuadros el pobre Salvatore había perdido el norte por un momento. Pero claro, ahí había estado Servando para ponerse delante y evitar que le metieran el laúd por la glotis abajo y se pasara cagando cuerdas y astillas dos semanas, ¿y cómo se lo pagaba el cretino? Arruinándole la mejor partida en años. Cierto que ya había perdido unos doscientos escudos, y de esos doscientos no llevaba más que cincuenta en la bolsa, pero estaba seguro de que iba a remontar a los naipes.

Servan entendió a la perfección las señas del bardo, o casi, a la primera se creyó que estaba indicando que tenía duples y a la segunda que tenía juego, pero como no estaban dándole al mus se dio por enterado de que hiciera como si no lo conociera. El disimulo a él se le daba perfectamente, aunque sus sobacos y su calva no lo entendieran tan bien y empezaran a sudar, convirtiéndole en una mezcla entre Goliat y las cataratas Victoria.

El mano repartió las dos cartas de rigor para jugar al ramponeau, con los dedos como salchichas Servando agarró las suyas y sonrió al ver un as de corazones y un siete del mismo palo. No estaba mal, a ver esas tres primeras cartas. El croupier las volcó sobre la mesa y luego las giró. La primera fue un 3 de corazones, observó complacido el gigantón, aunque la segunda le desanimó un poco, un rey de diamantes. A la tercera esbozó otra vez su sonrisa bobalicona: una reina de corazones. Faltaba otro corazón en las dos siguientes cartas para conseguir color. El tipo a la derecha del mano habló y apostó veinte escudos. Servando fingió dudar, se rasco el cogote pero al final igualó la puja. El resto de jugadores menos el bardo se retiraron rezongando. Giraron entonces la siguiente carta y el calvo reprimió un grito de júbilo. Un dos de corazones. Ahora el otro apostaría más alto y él podría resubir, estaba todo hecho, una victoria fácil y gloriosa...

-¡Maldito, te he visto mirarme las cartas! ¡Tramposo!

¿¿¿Qué decía aquel chalado guaperas???? No podía hacer el idiota ahora. Ahora no, no con aquellas cartas en la mano. Había venido sólo a destrozarle la partida, se iba a enterar, ahora que iba a recuperar todo lo perdido. Con un rugido Servando se levantó, la cara y la calva rojas de rabia, metió una manaza debajo de la mesa y la volcó como una hoja de pergamino. Arremetió contra el bardo y le agarró de la garganta con una mano mientras cerraba la otra en un apretadísimo puño. Salva le miró aterrorizado, negó con la cabeza y señaló hacia la puerta con el dedo que antes le apuntaba a él. Los dados dejaron de rodar dentro de los sesos de Servando y el sonido de miles de naipes barajándose dejó de zumbarle en los oídos al comprender lo que pasaba.

Impresionantemente deprisa para alguien de su tamaño soltó al bardo y cambió el destinatario del paquete de nudillos. El tipo de su derecha, el de la cara de rata, se estrelló contra la pared con la nariz desparramada por la jeta y un par de dientes rodaron por el suelo. Lo siguiente fue encontrarse junto a Sal balanceando la maza por encima de sus cabezas y con los tahures gritando y desenvainando sus aceros.

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(Servando por James. ¡A ti también te queremos una jartá!)

Lágrimas que derramar - La novia cadáver

El otro día, mientras planchaba, me puse La Novia Cadáver de Tim Burton en italiano para ir practicando un poco. Me encanta esta canción.

Se sfiorassi una candela

O bueno, en castellano:


¿Qué es lo que tiene esa mocosa que tu no tengas de sobra?
Tu bella sonrisa no se puede comparar,
¿Qué hay de su pulso?
Sobrevalorado está, sobre estimado, exagerado,
Si con nuestros ojos él te viera.

Y en el dedo de esa tonta,
su anillo no está.
Y no toca el piano, ni canta así.
No te puede alcanzar.
Ella puede respirar,
¿Y qué?, no importa,
sobre estimado, exagerado.
Tendría que apreciar que eres especial,
Si con nuestros ojos él te viera.

Si una vela toco se que nada sentiré.
Si me cortas es igual no sangraré.
Y yo se que ella está viva,
Y que muerta yo estoy.
Pero sufro en realidad,
No diréis que no es verdad.
Aún me quedan lágrimas que derramar.

Tan sólo es destacable, en la miserable,
que muy viva está,
sobre estimado, exagerado.
Todos saben que se trata de un estado temporal,
que se cura en seguida cuando llega el final.
¿Y qué?, no importa, sobrestimado, exagerado.
Tendría que apreciar que eres especial,
Si con nuestros ojos él te viera.

Si una vela toco se que nada sentiré.
Sobre el hielo,
bajo el sol,
no cambiaré.
Y mi corazón responde,
aunque no late se rompe.
Y yo sufro en realidad,
no diréis que no es verdad,
Y aunque se que muerta estoy
Aún me quedan lágrimas que derramar.

8 de mayo de 2012

Barritas de limón

Como el otro día pareció gustaros la receta del brownie, os dejo hoy una nuevecita del todo. Solo tiene una prueba, pero fue satisfactoria, así que me arriesgaré a copiarla en la libreta y subirla aquí. Me la pasó un americano, no recuerdo la página en sí... pero me las he visto y deseado para las correspondencias con las tazas y los gramos, aparte de tener que buscar un conversor de Farenheit a Celsius y todo eso... A lo mejor debería haber atendido más en física.

Barritas de limón.

Ingredientes:

225 g. de mantequilla.
2 tazas de harina (cada taza son 125g.)
1/2 taza de azúcar glass

4 huevos
2 tazas de azúcar
4 cucharadas de harina
1/4 taza de zumo de limón (en agua, una taza son 250g.)
1 cucharada de ralladura de limón
azúcar glass

Elaboración:

- Precalentamos el horno a 160º. (Celsius, soy buena así que os doy ya la conversión)

- Mientras se calienta, derretimos la mantequilla y la mezclamos bien mezclada con las 2 tazas de harina y la media taza de azúcar glass.

-Ponemos la mezcla bien estirada en un molde, de manera que haga una capa fina, y la horneamos durante aproximadamente 20 minutos.

-Mientras tanto, mezclamos en otro bol los huevos, el azúcar, las 4 cucharadas de harina y todo el limón. Lo extendemos sobre la masa anterior y lo llevamos otros 20 minutos al horno.

-Dejamos enfriar, desmoldamos, cortamos en barritas y espolvoreamos con azúcar glass.

Y... ¡¡Tacháaaaan!!


Nota: Como tenemos el limonero a pleno rendimiento, se buscan recetas nuevas con limones para probar. 


7 de mayo de 2012

Persiguiendo a Amy 43.- Salvatore


Aquel par de pícaros condujo a Salvatore hasta una casucha adosada a la muralla oscense. Seguía metido en su papel de "primo" al que van a desplumar, pero empezaba a costarle fingir tranquilidad... Cuando entró a la habitación en el sótano, sopesó que al menos un par de aquellos tipos había matado más de una vez. En aquel antro parecía darse cita lo más granado de la chusma oscense: timadores, charlatanes, bandidos de la peor ralea... Salvatore confiaba en la fuerza de Servando y en su propia destreza con la daga, pero deseó que Leonardo y Conrado no anduviesen lejos, o podrían verse en serios problemas.

Hizo tintinear en su mano las pocas monedas que había reunido, fingiendo despreocupación. Los que jugaban en aquella mesa alzaron la cabeza al oírlo. A la pobre luz que brindaba el candil de sebo identificó a Servando, y con un gesto impaciente le dio a entender que le siguiese la corriente, como si no se conociesen. La frente del condenado ya estaba perlada de sudor, a saber cuánto había perdido ya a los dados, porque en aquel momento los retiraban para sacar una manoseada baraja...

Salvatore se temía que, en el mejor de los casos, saldrían de allí con el pellejo ileso y sin un denario. Eso si Servando no había perdido ya más de lo que podía pagar... Sobre todo porque el italiano no tenía ni idea de juegos de cartas, salvo lo poco que escuchaba cuando Servando les relataba durante horas los pormenores de las partidas que había estado "a esto de ganar". Mientras miraba los ajados naipes, recordó la primera y última vez que había jugado... Sólo era un muchacho, y lo habían dejado sin blanca en una partida de "gioco di Primiera"... Recordó cómo lo había consolado la tabernera del local, y cómo había abandonado para siempre la afición al juego por la afición a las damas...

Se sentó, saludando a sus compañeros de mesa, que esgrimieron sonrisas taimadas, no todos los días tendrían dos presas fáciles juntas. Servando sólo tenía ojos para el mazo de cartas, quizá conjuraba así a la suerte que con tanta frecuencia lo esquivaba. El hombre de la oreja mellada repartió, y el silencio en la sala se hizo más espeso. Salvatore afianzó los pies en el suelo, sintiendo la daga pegada a su costado, por si hubiera que salir de allí por las malas. Después, observó lo que salía en aquella mano y procuró actuar como si supiera lo que estaba haciendo.

En aquel momento llamaban a la puerta.

-¿Santo y seña? -preguntaba el anciano. Su voz sonaba amortiguada desde arriba de la escalera.

- ...

- ¡Santo y seña! -repitió, casi gritando esta vez.

La concurrencia se volvió hacia la escalera, donde en lo alto el vigilante empezaba a impacientarse, asomando la bulbosa nariz por la mirilla, a fin de identificar quién llamaba. Salvatore podía imaginarse quienes eran. Vió cómo acudían a un par de manos sendas navajas melladas. Fue entonces cuando se levantó de un brinco, haciendo caer la silla a su espalda, y señalando a Servando con un dedo enhiesto, gritó:

- ¡Maldito, te he visto mirarme las cartas! ¡Tramposo!

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(Nuestro buen bardo, siempre por Sherezade. ¡Te queremos, Cher!)


6 de mayo de 2012

Brownie para una madre en 5 minutos

Pues como es el día de la madre (¡Feliz día, madre!) tocaba hacer algo, y tocaba hacerlo rápido (levantarse tarde y tal...) así que hemos optado, de nuevo, por el maravilloso brownie de 5 minutos.

Y como hace tiempo que no colgaba ninguna receta, pues ya iba tocando.

Esta receta la encontré revolviendo por internet en esos meses que pasé en el limbo del apartamento, en los que me apetecía ponerme a hacer postres y bizcochos pero no tenía con quién compartirlos. Receta rápida, receta para una-dos personas (o 6, si nos ponemos), receta que no mancha demasiado, receta con buenos resultados, receta perfecta. 

¿Preparados? He aquí mi versión (que en poco se diferencia de la de la página donde la encontré.)

Ingredientes:
- 1 huevo
- 1 cucharadita de levadura en polvo
- 2 cucharadas soperas de cacao 
- 3 cucharadas soperas de leche
- 3 cucharadas soperas de aceite
- 4 cucharadas soperas de harina
- 4 cucharadas soperas de azúcar
- Nueces


Como veis, es hasta fácil de recordar, porque las medidas van 1-1-2-3-3-4-4... ¡Si es que todo son ventajas!

Para preparar el brownie, mezclamos todos los ingredientes en un bol pequeño (o cuenco o taza relativamente grande dado que es donde lo vamos a hacer. ¡Y ojo, crece y no queremos tener que limpiar el micro!). Si queremos hacerlo de manera algo más profesional, podemos empezar por batir los huevos con el azúcar hasta que quede blanquecino, añadir el cacao, leche y aceite, mezclar bien, luego harina y levadura hasta que no queden grumos, luego las nueces... Pero vamos, es hasta innecesario. Con mezclarlo todo bien hasta que no quede grumo alguno y luego meterle las nueces, vamos sobrados. Una pizquita de canela tampoco le viene mal, pero eso ya es al gusto.

A continuación lo metemos en el microondas, máxima potencia (que no grill) durante 3 minutos. Lo dejamos reposar un poco y ¡tachán! Brownie preparado. 

Puedes comerlo con helado, nata, solo (queda un poco seco) o... echarle imaginación.

Montamos un poco de nata, se la ponemos por encima, un poco de chocolate rallado, unas estrellitas y voilà. También lo probamos con nata y fresas y quedó aún mejor. 

Toca ahora la nota a los diabéticos: cacao puro, sin azúcar y edulcorante líquido (que por lo que tengo entendido, en polvo pierde el dulce al cocinarlo) en las mismas proporciones y el resultado queda parecido. Más tirando a flan que a brownie, porque al ponerle el edulcorante líquido queda todo más... jugoso, digamos, pero no queda mal. 

Postre en 5 minutos, 10 al adornarlo... No está mal, ¿no?




4 de mayo de 2012

Publicando en Bubok

Pues sí... Ahí lo tenéis, en esa lista de cosas a la derecha, un link a la historia de Sombra (que al final, tras mucho pensar y pensar, se ha quedado con el título de "Viernes de Resaca."

http://www.bubok.es/libros/213309/Viernes-de-resaca

Le he cambiado un par de cosillas (como el hecho de que sea viernes en vez de domingo, que a ver qué oficina de Correos abre los domingos...), le he corregido alguna que otra más y lo he puesto bonito y todo junto para que lo podáis descargar y leer todo seguido. Más cómodo ¿no?

Ya no tenéis excusa. Y además, si os gusta/ha gustado, gustosa os doy permiso para hacerme publicidad, que siempre queda bien ¡y os lo agradeceré mucho mucho!


Persiguiendo a Amy 42.- Hernán


La mirada de Hernán estaba fija en las espadas de los soldados aragoneses, esperando que estas mostraran un poco de su acero, aun guardado en sus vainas para poder acabar con el dialogo, o más bien interrogatorio. Por suerte, Lázaro, no estaba con el plan de alargar más la conversación.

-Espero que a tus armas no les moleste el frío, Hernán. Me parece que va a tocar bailar...

El hombre alto sin embargo, ahora, tenía un problema sobre qué hacer con la dichosa botella que les había traído problemas. Se debatía entre dejarla salir a la luz y dejarla a un lado, o luchar con ella con el peligro de que la rompieran o se le cayera.

- No creo que les importe, Lázaro, siempre que haya un baño de sangre que calme el frío…

Aunque le gustaba luchar con dos espadas, esta vez, no sería posible debido a que había decidido al final mantener la botella guardada bajo la capa. Le costaba demasiado alejarse de la querida botella y quizás así no le regañara Lázaro.

- Tres para dos… ¿Qué eliges Lázaro? ¿Dos o uno para vos?

Hernán agarró con firmeza la empuñadura de la espada y desenvaino mientras observaba a Lázaro. Como era la costumbre en él, no empezaría la batalla hasta que Lázaro no lo hiciera.

- O sino, que elijan ellos, como prefieras Lázaro.

Hacía ya bastante tiempo que ansiaba algo de acción y ahora que la iba a tener, su cuerpo, lo celebraba con gran entusiasmo. Aunque quizás por derramar aquella sangre se meterían en mas líos de los deseados. Su instinto asesino crecía al medida que los segundos iban pasando mientras que su cuerpo empezaba a no sentir ni pizca de frío.

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(Hernán, ese tipo algo, a manos de Alexsparda.)

2 de mayo de 2012

Persiguiendo a Amy 41.- Lázaro


Lázaro ya no sentía las manos ni los pies cuando Hernán salió del monasterio. Recogió el hábito y las monedas. No eran muchas. Estaba casi convencido de que Hernán se había guardado alguna para sí, pero no habían de ser muchas. Y, a fin de cuentas, si pretendía guardarlas todas, bien podría haber ido él...

-¿Nada más?

No sabía si fiarse, pero lo dejó correr. El dinero, sumado al del alcalde, era suficiente para que el grupo pasara la noche en la posada, desayuno incluido. Y aún tenían una recompensa pendiente por parte de la dama... La moza...

-¡Por la misa! ¡Hernán! No recordaste preguntar por Amelia, ¿verdad? Maldita sea... ¿Será posible que no hagamos nada al derecho?

Como si Aristóteles oyera sus palabras, al cruzar la esquina se encontraron con un trío de aragoneses que bien podían acabar de salir de un ejército por la cantidad de metal afilado que llevaban encima. Podrían ser todo el ejército.

Lázaro arrugó el ceño y se rascó la nuca. Aquello atufaba a problemas.

-Buenas noches, caballeros.

-Buenas noches, señores.

-¿Qué hacen unos extranjeros como ustedes tan lejos de casa?

¿Lejos de casa? Ni siquiera habían preguntado de dónde eran... Y Lázaro sabía que no tenían pinta de extranjeros. De desharrapados quizá...

-Tan solo estamos de paso...

-¿Y qué lleva vuesa merced tan bien oculto?

Lázaro miró el hatillo que llevaba en las manos. Aún a esa luz se veía que era un atado de ropa de mala calidad. Sin embargo, al levantar la vista pudo observar que la mirada del hombre no iba dirigida a él, sino al tipo alto que lo seguía. Retrocedió un paso sin separar los ojos de sus interlocutores, hasta ponerse a su altura para poder susurrarle.

-Por el Altísimo, Hernán, ¿qué diantres haces? Estamos en minoría, no creo que sea el momento de hacerse el interesante...

Su hombre mantenía la mano bajo la capa, sujetando algo que permanecía oculto a sus ojos.

-No oculto nada, señores... es que me duele una costilla... una herida de guerra, ya saben...

Los aragoneses dieron un paso al frente.

-Y hablando de guerras... ¿a vosotros no os he visto en el campo de batalla? Juraría haber cruzado mi espada con un tipo como vos...

-Sí, yo también creo haberlos visto en el bando contrario.

Lázaro se rascó la nuca de nuevo. Por todos los santos de este y el otro Reino. ¿Por qué la gente se empeñaba en recordar sus caras después de una batalla? Él solo tendía a recordar los golpes, las heridas, los gritos y la sangre...

-Lo dudo, señores. Soy siervo de la santa iglesia Aristotélica.

-Pues yo juraría por el báculo del papa que también lo he visto... Y al tipo alto también...

Los tres hombres acariciaban sus espadas. ¿Buscaban trifulca? Hacía un par de minutos, Lázaro se había arrepentido de no haberse puesto el hábito sobre su ropa. Ahora se alegraba de no haberlo hecho. Si querían gresca, la iban a tener.

-Espero que a tus armas no les moleste el frío, Hernán. Me parece que va a tocar bailar...

Y dejando caer el hábito a un lado, echó mano a la espada que ocultaba bajo la capa.