1 de marzo de 2011

Robert Louis Stevenson - The Black Arrow

Hace tiempo os hablaba de La Flecha Negra y os copiaba una (de tantas) traducción al español del poema del prólogo.
Me complace informaros, para vosotros traductores y gente interesada en general, que estoy en posesión del poema original. O eso creo.
He de decir que, igual es por haberlo leído mil veces más, pero la versión de mi libro me sigue pareciendo genial. Mis respetos al señor José Méndez Herrera.


I had four blak arrows under my belt,
Four for the greefs that I have felt,
Four for the nomber of ill menne
That have opressid me now and then.
One is gone; one is wele sped;
Old Apulyaird is ded.
One is for Maister Bennet Hatch,
That burned Grimstone, walls and thatch.
One for Sir Oliver Oates,
That cut Sir Harry Shelton’s throat.
Sir Daniel, ye shull have the fourt;
We shall think it fair sport.
Ye shull each have your own part,
A blak arrow in each blak heart.
Get ye to your knees for to pray:
Ye are ded theeves, by yea and nay!

"JON AMEND-ALL
of the Green Wood,
And his jolly fellaweship.

"Item, we have mo arrowes and goode hempen cord for otheres of your following."

11 de febrero de 2011

Renacer

Alex alargó una mano, buscando el cuerpo de su hermano al otro lado de la cama del miserable cuartucho que compartían en una deleznable posada.
La cama estaba vacía, de modo que se estiró ocupando todo el jergón, sin aún abrir los ojos.
El dolor agudo en el costado volvió. Le dolía terriblemente desde la última pelea, a pesar de que solo le habían herido en un brazo y le habían golpeado un poco...
Se llevó la mano al costado y gimió dolorosamente.
-¿Estás bien?
Abrió los ojos. Su hermano estaba apoyado en la ventana y ahora le observaba con preocupación.
-¿Estás bien?
-Sí, estoy perfectamente.
-No intentes engañarme. Te he oído gritar.
-Gemía. No me apetece levantarme...

15 de enero de 2011

Mientras haya vida...

- ¿Cuánto estás dispuesto a pagar por tu libertad?
- Cuanto sea preciso.
- ¿Pagarías con tu vida?
- No. ¿Para qué quiero la libertad si estoy muerto?
- ¿Para qué quieres vivir si estás preso?
- Mientras haya vida, hay esperanza.
- Espera entonces, necio... nunca saldrás de aquí.

La puerta se cerró como se había abierto, con un gemido de metal tanto más angustioso cuanto que era lo único que lo separaba del cielo y del olvido.

- Mientras haya vida, hay esperanza...

En los días que siguieron acabó por repetirlo como un mantra. Las palabras mágicas que le ayudaban a levantarse de aquel apestoso jergón y recorrer la celda, solo para no quedarse quieto, para sentirse útil y vivo. Mientras haya vida, hay esperanza, las palabras que repetía a cada sorbo del agua amarga, a cada mordisco del pan rancio que llegaba a él a través de la estrecha rendija de la puerta. Que repetía antes de volver a acostarse a dormir, cuando ya no sabía si era noche o día.

Un largo tiempo oscuro, impreciso y angustioso, pasó y la puerta volvió a gemir sobre sus goznes de modo lastimero, con un quejido que no llegaba a mostrar todo el dolor de su alma.

- ¿Cuánto estás dispuesto a pagar por tu libertad?
- Mi vida es tuya.
- Lo sé. Siempre lo ha sido.




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¡¡200 entradas!!
Ole...

9 de enero de 2011

The flood - Take That

¡Take That ha vuelto!


Pues sí, aquellos Take That de cuando eramos unos nanos (o no tan nanos... o "¿Take That? eso es del Pleistoceno, yo no había nacido", elíjase la opción correcta) han vuelto a unirse, Robbie Williams incluído, para grabar un nuevo disco (y sí, seguro que todos lo sabíais) así que os pongo su nueva canción, porque me gusta, hale.

Va con subtítulos en inglés (y ya no me molesto en buscar la letra) y en español, con los que difiero un poco, pero bueno, para lo que son, sirven bien...

5 de enero de 2011

El maldito de ojos claros

-¿Cómo te hiciste esas cicatrices?
Echó un vistazo indolente a su brazo y luego se encogió de hombros.
-Tonterías.
-¿Qué tipo de tonterías dejan unas marcas como esas?
-El tipo de tonterías que es mejor no cometer.

2 de enero de 2011

Magia

-¿Dónde se ha metido?

Neme observaba intrigado el espectáculo.
Sabía que los mortales tenían menos magia que él pulso, pero siempre se le escapaban esos pequeños detalles de los juegos de manos.
Se acercó un poco más al escenario. Era uno de esos escenarios al aire libre que a veces montaban por las fiestas. Normalmente tocaban orquestas que a veces no estaban muy mal, pero que, por lo general, le disgustaban bastante. Sin embargo, ese día habían llevado a un mago que cortaba a la gente a la mitad y la hacía desaparecer.

-¿Dónde se ha metido la chica? ¡Jopetas! ¡No la veo!

La señora que estaba a su lado se volvió. Estaba sentada en una silla plegable que habían puesto para el público. Lo miró inquisitivamente. Neme resopló y se puso a la defensiva. Sabía lo que venía a continuación.

-¿Qué haces ahí solo? ¿Y tus padres?

Suspiró y miró a su alrededor. Enseguida encontró lo que buscaba.

-Mi madre está ahí atrás, es aquella señora. -Saludó con su mejor sonrisa a una mujer que lo observaba, también preocupada, desde varias filas más atrás. La mujer, sorprendida, le devolvió el saludo y la señora a su lado le sonrió, condescendiente. Perfecto. Ahora las dos mujeres pensarían que su madre era la otra y lo dejarían en paz.

-Oiga... ¿usted sabe dónde han metido a la ayudante?

-Es magia, pequeño... Magia.

Y seguro que la señora se lo creía y todo. Los adultos son siempre unos ingenuos... Neme se acercó un poco más, hasta situarse a la altura de la primera fila de asientos. Sabía que no le iban a dejar acercarse más.

Pensó en echar a volar, pero fijo que iba a llamar la atención y, además, se tenía que ver peor desde lo alto... Y a los lados tampoco se podía ver nada...

-¡Jopetas!

Y entonces el mago hizo aparecer a su ayudante y Neme aplaudió, entusiasmado, con el resto del público.

28 de diciembre de 2010

La Dama Negra (más RP con Lázaro...)

Observó la figura estática que los observaba envuelta en la oscuridad y no pudo reprimir un gemido preocupado, más cuando Hernán ni siquiera se había percatado de su presencia. El tiempo que había pasado con los monjes no le había lavado el alma de las supersticiones que le habían inculcado de pequeño las mujeres de la casa donde "trabajaba" su madre: el hecho de que el timbre de la voz no se le antojara del todo extraño, no le quitó esa sensación amarga. La dama negra que llegaba al final, siempre al final, para acompañarte hasta la otra orilla, junto al Altísimo. La Gran Meretriz, que decían las rameras, compañeras de su madre, con la que al final, todos nos acostamos.

Los monjes decían que no eran más que leyendas estúpidas, que la muerte no era más que un proceso por el que el alma viajaba junto al Señor, no una dama... pero él no podía dejar de imaginarla así, con el rostro cubierto por los velos oscuros y esos labios capaces de llevarte al otro mundo con un simple roce...

24 de diciembre de 2010

Derechos de la Infancia

"No basta con que no me pegues y no me hagas daño, tienes que aprender a tocarme, acariciarme, abrazarme, cantarme, mecerme. No es suficiente con que no me golpees, tu cuerpo tiene que ser cuenco, hogar y abrazo para mí. Protégeme de los abusos sexuales, pero también respóndeme a las pregúntas, cuéntame la verdad y haz que crea que la gente se puede querer. El cariño, para mí, es tan importante como comer.

(Según mis apuntes de Intervención con familias y atención a menores en riesgo social, está tomado de Necesidades en la infancia y en la adolescencia, pág 11)

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Los derechos de los animales fueron reconocidos antes que los de la infancia. La primera vez que se defendió en los tribunales a una menor por una situación de malos tratos, lo hizo la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad con los Animales. La menor se llamaba Mary Ellen Willson y la Sociedad logró una condena de sus familiares alegando que Mary Ellen tenía los mismos derechos que un animal y, por tanto, no podía ser maltratada.

Hitos en la declaración de los Derechos de la Infancia:

-1923: Declaración de Ginebra
-1924: Carta de los derechos de la Infancia (frustrada por la 2ª GM)
-1939-1945: 2ª GM
-1946: Fundación de Unicef
-1948: Declaración Universal de los Derechos Humanos
-1959: Declaración Universal de los Derechos de la Infancia (sin valor legal de obligado cumplimiento)
-1979: Año Internacional de la infancia
-1989: Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de la Infancia

14 de diciembre de 2010

Errepeando con Lázaro

Lázaro siempre que se ponía nervioso antes de una pelea, no podía evitar provocar a sus oponentes. No se le daban bien las florituras. El de las clases de esgrima era su hermano.

No le dejaron seguir hablando. Los tres hombres cargaron contra ellos a una y enseguida todo fue caos. Cruzó su espada con un tipo ancho de hombros y cara morena. A su derecha, Hernán se batía con otro que apenas le llegaba a los hombros y que perjuraba a cara embate, mientras que el tercero, delgado y con un rostro que le recordaba a un caballo famélico, bailaba entre los dos, ora atacando a uno, ora aprovechando un descuido en la defensa del otro. Lo ponía nervioso. Más aún cuando una de las espadas enemigas le pasó rozando la oreja. El Altísimo los confundiera, ya estaba harto.

Paró otra acometida y tiró a fondo, a la desesperada. Fue un buen golpe, su adversario cayó, herido, pero el hombre de rostro equino aprovechó su parca defensa para clavar el acero en su muslo. Así se quemara en las más ardientes llamas del infierno. Así la próxima vez que conociera mujer, esta le contagiara las más terribles pústulas. Así recibiera el doble de acero que había brindado a sus enemigos.

Mientras desclavaba su arma del cuerpo del moreno, trazó un arco con su daga para apartar al otro. Miró a Hernán de soslayo. Se las arreglaba bien, pese a luchar solo con una espada. La otra mano la mantenía bajo la capa.

-¿Se puede saber qué diantres haces? Voto a...

4 de diciembre de 2010

Nostalgia

Se encogió entre sus brazos, dolida, angustiada.
No quería recordar todo aquello, pero las imágenes acudían a su mente una y otra vez, atormentándola.

-¡Sálvame!

Él apretó su abrazo aún más, viéndola llorar, aterrada. No podía hacer nada para ayudarla. No sabía hacer nada para ayudarla. Él también le susurró:

-Sálvame...

Y entonces se perdieron los dos.