20 de enero de 2012

Persiguiendo a Amy. 2.-Leonardo

-Quizá en la capital hayan oído algo de la revoltosa. Conociéndola, seguro que no ha podido evitar pasar por una gran ciudad.

Leonardo estaba harto de caminar campo a través, de dormir al raso y de evitar patrullas y salteadores. Él también tenía ganas de pasar por una ciudad grande. Se había acostumbrado enseguida a la buena vida allá en el norte de Francia, cuando se había hecho pasar por un noble castellano haciendo turismo. Le gustaban las camas blandas, las suaves sedas y los guisos especiados. Le gustaba no tener que madrugar por las mañanas, tener un baño caliente a su disposición a cualquier hora del día, el frufrú de las faldas de las sirvientas cuando recorrían los pasillos y la dorada laxitud que le permitía toda la recua de sirvientes que tenía a su disposición, dirigidos eficazmente por Lázaro, que había demostrado que, si se lo proponía, podía pasar por un jefe de guardia, ayuda de cámara y mayordomo perfecto. Nadie había desconfiado de tan distinguido caballero ni de sus acompañantes, y eso también le parecía magnífico: la sorprendente confianza que le habían demostrado los otros nobles, el pueblo, proporcionándoles ropa y alimentos a crédito sólo porque creían que era noble y no tendría problemas en pagar todo ello con creces…

Sí, Leonardo echaba de menos su fingido pasado noble, a pesar de que no había durado demasiado. La suma a deber crecía día a día y con ella, la confianza de sus acreedores disminuía. Y para colmo, la Revoltosa no soportaba tener que vivir de las mentiras y las artes escénicas del joven, se había cansado de fingir con ellos, y había decidido marcharse a la buena aventura sin contar con los dos muchachos.

Pero ninguno de los dos hermanos Medina pensaba pasarse sin ella. Sí, es cierto, tuvieron que dejar el lugar ocultos en la noche para evitar a los acreedores y a la pequeña turba que había decidido que llevar a un par de impostores a la hoguera podría ser un buen entretenimiento, pero principalmente habían empezado su viaje hacia el sur buscándola.

-Si hay casinos en Huesca, es mejor que te quedes fuera. Si te vuelven a desplumar, yo no te conozco.

-Ni yo…

-A mí no me mires, Servando, no seré yo quien te preste dinero esta vez…

Con las quejas de Servando como banda sonora, el grupo volvió al camino y enfiló hacia el sur. No iban a llegar a Huesca hasta el día siguiente y Leonardo maldijo entre dientes por tener que pasar otra noche bajo las estrellas.


-¿Y si en Huesca o en Zaragoza tampoco saben nada de la revoltosa? ¿Qué vamos a hacer? Nos dirigimos a Castilla directamente? ¿Volvemos a Francia?

18 de enero de 2012

Persiguiendo a Amy. 1.-Lázaro

Lázaro se rascó la nuca, revolviéndose aún más, si cabe, el pelo. Lo hacía siempre que se paraba a pensar. Y lo cierto era que en ese momento necesitaba pensar. Llevaban un par de semanas en Aragón, fingiéndose partidarios de uno u otro bando según les conviniese, haciéndole creer a las gentes del camino que apoyaban a uno u otro ejército, a uno u otro grupo armado e, incluso, apoyándolos con las armas de ser necesarios, solo por avanzar, por sobrevivir y, por qué no, por ganarse la soldada. No les había ido mal, apenas habían sufrido bajas por el camino. Tan solo el francesito repelente, que no logró pasar de Lourdes y a quien Lázaro no iba a echar de menos en absoluto, y el joven italiano, que cayó en la última refriega. Lázaro buscó a su hermano con la mirada al recordar al italiano. Había hecho muy buenas migas con el otro, y estaba seguro de que sentía su ausencia… pero no había dudado a la hora de dejarlo atrás. El que caía, se que daba atrás, sin excepción. Eran las normas. No se esperaba por nadie…

Lázaro pensó qué habría hecho si el que hubiera caído fuese Leonardo. Quería pensar que sería lo suficientemente fuerte como para abandonar a su hermano y seguir adelante, acabar con aquello de una vez y luego volver a por él, aunque sabía que no lo haría. Habría mandado al cuerno a los demás, al resto del grupo, y se habría quedado con su hermanito. A fin de cuentas, sin él aquello no tendría demasiado sentido.


-Oye, Leo… ¿tú qué dices? ¿Bajamos a la capital o nos encaminamos hacia el oeste directamente?

Leonardo pestañeó volviendo a la realidad y se encogió de hombros.

-¿Qué más da? Cualquier cosa menos volver a Jaca de nuevo. No hacemos más que dar vueltas, hemos entrado como cinco veces a la ciudad. Y nadie sabe nada de ella, estamos perdiendo el tiempo. A lo mejor vino por Cataluña, a lo mejor… No sé, pero hemos perdido la pista de nuevo. Tú decides.

Lázaro volvió a rascarse la nuca, pero enseguida retiró la mano. Tenía el pelo sucio del polvo del camino y el sudor. Realmente sucio. Necesitaba un maldito baño desde hacía casi una semana.

-Supongo que podemos volver a Jaca esta noche. Al menos allí podremos dormir bajo techo antes de continuar el camino.

Y darse el maldito baño. Caliente, a ser posible. En ese momento Lázaro habría dado todo su capital por un baño caliente.

-Hablad por vos, señor… A mi apenas me quedan… -El hombre que había hablado rebuscaba ahora en su bolsa. –Veinte denarios. ¡Por la misa que hoy me toca volver a dormir al raso! Puestos a ello, prefiero hacerlo avanzando camino.

-Si no hubieras apostado todo tu dinero…

-Ya sabéis lo que dicen… no siempre se gana… Del mismo modo, no se ha de perder siempre. Llegará el día en que cambie mi suerte, sí señor.

-Vamos, Servando… La última vez tuvimos que prestarte hasta ropa… -Leonardo se echó a reír y el hombre se quedó refunfuñando sobre la mala suerte y los tramposos.

-De modo que volvemos al principio. ¿Zaragoza?

-Sea. Quizá en la capital hayan oído algo de la revoltosa. Conociéndola, seguro que no ha podido evitar pasar por una gran ciudad.

-¿Pasaremos por Huesca?

-Sí. Necesito un baño y dudo que lo encuentre en el camino…

Los hombres se rieron tomando la desesperación de Lázaro por un simple chiste. Que se rieran. Él pensaba conseguir ese baño tan pronto llegar a la ciudad oscense, aunque tuviera que dedicarse a allanar casa por casa hasta encontrarlo…

-¿Alguien sabe si hay casinos en Huesca?

16 de enero de 2012

Errepés y cosas nuevas

Bueno bueno bueno...

Ahora que se ha terminado el 2011 y el "elige tu propia aventura"... y dado que el año pasado he escrito bien poquito... Se abre, aquí y ahora, un buzón de sugerencias. ¿Qué queréis leer? ¿Qué tipo de historias? ¿Qué queréis que haga? No me voy a desnudar, eso tenedlo claro, porque hace un frío de mil demonios... Pero, en lo que a escritura se refiere, se acepta todo tipo de sugerencias: títulos, guiones básicos, estilos, absurdos, colaboraciones, promociones, estetoscopias, poesías, ornitorrincos y peticiones varias.

Mientas veis y os decidís, creo que voy a colgaros, a los poquitos, una historia que fuimos errepeando entre varios en los foros de Los Reinos Renacientes, hace ya más de un año (madre mía lo que pasa el tiempo...). Me faltan un par de personas por confirmar su permiso para postear sus partes, así que igual las reescribo a mi bola, igual soy mala y os las copio igual (estoy pensando en algunos trozos en concreto...) y así de paso igual hasta termino la historia, que nos estaba quedando curiosa.

Hale. La zona de comentarios es vuestra. =D

14 de enero de 2012

Epílogo - Las fotos, las dichosas fotos.

-Correo.
-¿Qué? -Sombra palideció al ver al Gato entrar en la habitación y tirar el paquete sobre la cama.
-¡Eh! ¡Tranquilo! Lo manda gente de confianza. Les pedí que se pasaran por nuestras casas y nos mandaran el correo, nada más. -Como Sombra seguía mirando el abultado sobre como si fuese un alienígena, se encogió de hombros. -Puedes tirarlo directamente si quieres. -Sonrisa cínica. -Total, seguramente solo serán facturas.

Él tenía en la mano varios sobres que abultaban cada uno tanto como tres veces el suyo. Apoyó un pie en la silla y se sentó sobre el escritorio, abriendo el primero de ellos. Mientras, Sombra se decidió a coger el sobre y abrirlo. Desde que habían dejado el apartamento camino al aeropuerto... Más bien, desde que había cogido el maldito paquetito blanco con las llaves, aquel día, vivía con el corazón en un puño. Se sobresaltaba como treinta veces al día y una de ellas tentado estuvo, incluso, de pedir auxilio porque un tipo le miraba demasiado. Veía peligros en cada esquina, fantasmas bajo la cama y monstruos en el armario.

Y bombas nucleares en los paquetes, aunque fueran con forma de inocentes llaves. Al final, Gato tenía razón, casi todo eran cartas del banco y facturas. Y...

-¡Hostia!
-¿Te ha tocado un viaje al Caribe por ser el cliente un millón de una revista de ganchillo?
-No...

Le enseñó un paquete pequeño, más o menos del tamaño de una cajetilla de tabaco. La coincidencia le produjo un escalofrío de alarma, pero conocía la letra con que estaba escrita la dirección, vaya si la conocía... Era la suya. Lo que significaba que aquello solo podía ser... Rasgó el papel con urgencia. No era un paquete blanco, en relidad sí que era una cajetilla de tabaco. Y dentro...

-La tarjeta.
-La puta tarjeta.

El Gato le tiró la cámara, que estaba sobre la mesa, y en unos segundos ya tenía la tarjeta colocada. Encendido. Ver imágenes.

-Demasiado pequeñas... ¿Tienes el portátil a mano, Gato?
-Creo que tengo algo mejor.

Ya había rasgado un par de sobres y sonrió, abriendo un paquete del tamaño de un libro. Desempaquetó una tablet y se la tendió. Sombra no se sorprendió.

-¿Lee tarjetas de memoria? Mejor que la uses tú...

Volvió a desmontar la tarjeta y se la dio, sentándose en el escritorio también él. La primera foto no tenía nada de especial, era la típica de cualquier día de fiesta: el reloj de la plaza que marcaba las 10:16. Había llegado tarde. Un árbol con gotas de lluvia iluminadas por el flash. La calle oscura y dos figuras a lo lejos con abrigos cortos. Gato y Xavi habían llegado aún más tarde. De nuevo el reloj: las 10:25. Los otros 3 de espaldas, dos abrigos y una chupa de cuero, bajando de nuevo por la calle. Gato saludando a una chica. Un primer plano de la muchacha, que apartaba la mirada, cohibida. Otras dos más, la mano en alto, intentando taparse. Zapatos. La calle. El restaurante. El reloj del Gato: las 10:47. También allí llegaban tarde. La novia de Xavi. Un beso. Más zapatos. Un picado de la esquina de la mesa. Un contrapicado de Daniella...

Recordaba esa parte de la noche, no le interesaban. Fue pasándolas, pues, sin pararse demasiado en ellas, aunque lo hubiera hecho en condiciones normales. Algunas eran muy buenas. Sonrisas perdonavidas del Gato. Xavi y Daniella despidiéndose. Una foto de los 4 que, obviamente, no había hecho él, quizá Daniella. El reloj de Xavi: las 00:14. Una calle. Más gente... Ahí comenzaba su vacío. Más o menos con la foto de esos dos soportales.

Las fotos siguientes tampoco le decían nada, aunque las pasó más despacio. La puerta. La discoteca. La cola. Varias tomas de la go-gó.

-¿Estaba buena, eh, Sombra?

El Gato se reía de él, así que no le hizo ni caso. Siguió pasando las fotos, observando a la gente, hasta que algo llamó su atención. Volvió a la anterior y se la señaló al Gato.

-El fiambre.
-El fiambre. Tu amiguito.

Salía en un par de fotos más, unos metros más allá, pero siempre mirando a la cámara. En la última, estaba más cerca, caminando hacia ellos.

-Y ahí es cuando te largaste con él, volviste una hora después y me calzaste. Y te echaron.

No había fotos de eso. Sombra hizo una mueca mientras siguió pasando las fotos. Estaban todas borrosas o demasiado oscuras para ver nada. En la única lo suficientemente aceptable se veía un plato lleno de nueces sobre una mesa. No conocía ni la mesa ni el plato, no le sonaban de nada.

-¿Y todo ese lío para esta bazofia? Yo que te hacía un buen fotógrafo...

Siguiente. Siguiente... En una se veía una figura con el pelo azul, pero cuando se la señaló al Gato, éste negó con la cabeza.

-No tiene por qué ser Claudia. Con lo borrosa que está esa foto podría ser cualquiera. Podría ser un tío. Una señal, incluso.
-Es una tía, Gato.
-Es una mierda de foto. Punto.

Más fotos borrosas. Más fotos oscuras. Sombra ya estaba dispuesto a sacar la tarjeta cuando aparecieron un par más, algo aceptables. Unos bultos en el suelo, que bien podrían ser personas.  Una calle que no conocían. El padre del Gato saludando al difunto. Los dos entrando a un coche. La cruz luminosa de una farmacia con la hora: las 6:12. Otra foto, borrosa y oscura, de dos tipos demasiado grandes, demasiado cerca. No necesitaron más nitidez para saber que eran dos de los matones que los habían estado persiguiendo.

-Tu padre...
-Mi padre...

La habitación quedó en silencio durante varios largos minutos. Muchos. Y muy largos. Al final fue el Gato quien rompió el silencio. Sonrió, como era habitual en él, cual si fuera a comerse el mundo, y le espetó:

-En el local del final de la calle dicen que también tienen muy buenas go-gós.

Recogió el correo de encima del escritorio y recuperó su tablet de manos de Sombra. Le hizo un gesto desde la puerta.

-Nos vemos luego.

Y se fue, llevándose la tarjeta.
A Sombra solo se le ocurrió maldecir.

Encuesta epílogo.

¡Y esta es vuestra decisión final!

a) Las fotos de la cámara

  4 (57%)
 
b) Las nueces
  1 (14%)
 
c) El favor de Ella
  1 (14%)
 
d) Las fotos del piso
  0 (0%)
e) El cadáver
  1 (14%)
 
f) ¿Algo diferente? Comentad.
  0 (0%)


Votos hasta el momento: 7
Encuesta cerrada 

9 de enero de 2012

Sombra. (No, aún no es el epílogo, tal vez un prólogo.)



Llevaba pantalones vaqueros ajustados oscuros y un abrigo negro corto. Un punto de estilo. Barba corta, pelo ni corto ni largo, un poco despeinado.

Lo estuve siguiendo con la mirada una parte del evento. Desde que, al cruzarme con sus ojos, supe que era él. Y lo perdí de vista un millar de veces, dado que no era a él a quien tenía que vigilar, pero siempre volvía a la barandilla que había frente a mí. Era un buen sitio para hacer fotos. Todos los fotógrafos volvían allí.

A cada poco recolocaba la bolsa que llevaba colgada del hombro, se pasaba la mano por el pelo para echarlo hacia atrás, revolviéndolo aún más. Un cierto aire de despiste, se cuela entre la gente, pregunta a uno de los voluntarios y le señala la puerta del fondo. No se fía y se acerca al siguiente que señala al mismo lugar. Pregunta a un tercero. Es él, no hay duda. ¿Por qué nadie más lo ve? Porque nadie lo conoce como yo, supongo.

-Hola, ¿te importa si te hago una foto yo a ti?
-¿A mí? No, claro... Pero luego me dejas hacerte una a ti.
-Gracias.
-Pero yo no soy de las rondallas, no tengo nada que ver con esto... Ha salido mal, ¿verdad?
-Movida. Ya lo sé. Es que, ¿sabes? Estoy escribiendo una historia.
-¿Ah, sí?
-Sí. Y eres mi protagonista.
-¿Yo? -Ojeada al móvil. -Hago las fotos mejor de lo que salgo en ellas...
-Ya bueno... Tú, tú, no. Pero eres tal y como se supone que es él.
-¿Y eso?
-No lo sé...
-¿De qué va la historia? -Desisto de las fotos.
-Pues es un fotógrafo...
-Qué casualidad. -Sonríe.
-Y bueno, así resumido, se mete en líos.
-Bueno, yo no suelo meterme en líos.
-Ya, mejor.
-Aunque debería meterme en más... Oye, tengo que irme. Ciao.
-Ciao.

Cierro los ojos y lo veo bajar embalado a la ciudad y correr a casa. Deja la cámara y las llaves del coche en la mesa de la entrada. La cámara buena. Va a la habitación y coge la otra cámara, la no tan buena, saca una tarjeta de memoria del cajón y vuelve a echar a correr hasta el ascensor, donde coloca la tarjeta, y de ahí a la plaza.

Ha quedado con el Gato, llega tarde. Y las fotos de hoy no las verá hasta mañana, cuando se despierte con una resaca monumental, sin acordarse de mí ni de la mitad de la noche. Y el teléfono empiece a sonar...

Hoy hay luna llena y supongo que, en días como hoy, la magia se rebela y los personajes huyen del papel, la tinta se pasea entre la gente. Siempre es desconcertante y en cierto modo aterrador cruzarse con tus personajes.

No existes. ¿Qué haces aquí?

31 de diciembre de 2011

Capítulo 20 - La dignidad perdida

Estaba tan cabreado que por un momento dejó de pensar. Ya estaba bien. Ya estaba más que harto. Demasiado harto.

-¡Claro que no! ¡Por supuesto que no deberíais haberme metido en esto! Ya me diréis qué coño pinto yo aquí, ¡joder! ¿Sabéis cuál era mi plan de hoy? Levantarme, ducharme, mandar las putas fotos de ayer a la agencia y dormitar en el sofá... o en la misma cama el resto del día. ¿Era tanto pedir? ¿En serio? ¿Un puto domingo tranquilo?

Se había puesto de pie y ahora los encaraba, sobre todo al hombre del traje.

-No te pases, Simón, haz el favor de volver a sentarte.
-Sombra...
-¡Ni Simón, ni Sombra, ni hostias! ¿Pero qué os habéis pensado que soy? ¿Un puto juguete que andar arrastrando a vuestro antojo? ¡Sí! ¡He dicho vuestro! ¡Hablo contigo también, Gato! ¡Empiezo a estar muy harto! ¿Sabías que esto tenía que ver con los rollos de tu padre y no me dices nada?

Sombra pudo advertir un pequeño matiz de sorpresa en los dos matones articulados y se volvió hacia ellos.

-Sí, padre, no teníais ni idea vosotros tampoco, ¿verdad? ¿Qué pensabais, que se apellidaban igual para darle más énfasis al rollo odio-odio que se traen, como una novela barata de sobremesa? Antares vs. Antares, the final battle... ¡Pues ya podéis jugar vosotros esta última partida porque yo me las piro!

Dicho esto se giró hacia la puerta, recuperando de golpe todo su orgullo, su valor y su dignidad perdida. No le duraron demasiado.

-Siéntate, Simón.

Se quedó clavado en el sitio. Era ese tono de "estás en un lío del quince, chaval, y la colleja que te va a caer es de órdago" que tan bien conocía, solo que ya no tenía 8 años y el chasquido de las armas de los matones al cargarse, no auguraban nada bueno. Por un momento, echó de menos las collejas.

Volvió a darse la vuelta y se sentó otra vez. Refunfuñando, eso sí. Podrían quitarle la vida, podrían quitarle la libertad... pero no le iban a quitar el placer de quejarse.

-En el fondo tiene razón.
-Cállate.
-Pero es que es verdad, y yo tampoco sabía que eso tenía que ver contigo y...
-He dicho que te calles, Gonzalo.

Sombra maldecía para sus adentros, pero no podía dejar de ver que, de algún modo, pese a las pistolas, los matones y toda la parafernalia, la balanza se había inclinado un poco, solo un minúsculo poco, a su favor. Lo veía en la duda de los tipos, en la manera nerviosa de moverse de Claudia. Jo, cómo había crecido la renacuaja de Claudia, cómo se había puesto... Jo, y seguía siendo tan insufrible como con 6 años...

El Gato también pudo ver la duda, porque decidió seguir metiendo baza.

-Vamos, papá... Si llego a saber que se la tenías jurada a esos tipos, no les habría echado un cable y lo sabes...

Y, lo peor, es que funcionó. El señor Antares resopló y con un gruñido le hizo un gesto hacia la puerta.

-¿Pretendes que me crea que no sabías nada? -El Gato recurrió a su cara más inocente. Le salía demasiado bien. -Muy bien, muy bien... Lárgate con tu amiguito si es lo que quieres, pero hablaremos en mi casa, sin tanta gente, a la noche. Ni se te ocurra desaparecer o te encontraré y me dará igual que seas mi hijo o un gato callejero. -Sonrió con su propio chiste. -Ni se te ocurra llegar tarde a la cena.

El Gato agarró a Sombra del brazo y tiró de él antes de que tuviera tiempo a pensar nada más, mientras que Claudia los atravesaba con la mirada. Lo obligó a correr escaleras abajo.

-¿Eso es todo? ¿Te invito a cenar y se acabó? ¿Me estás tomando el pelo, Gato?
-No seas imbécil... -Abrió el coche y  le invitó a entrar. Sombra, aún algo alucinado, obedeció, sujetándose la muñeca con un gruñido sordo.
-Voy a tener que ir al hospital... maldita sea...

El Gato no contestó, solo arrancó y enfiló carretera alante. Sombra empezó a extrañarse cuando el coche salió de la ciudad y cogió en dirección al aeropuerto. En el siguiente semáforo, el Gato, se giró hacia él, mostrando su mejor sonrisa de divo.

-¿Has estado alguna vez en Brasil, Sombra? Seguro que te va a gustar...


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Fin.

Muchas gracias por haber estado ahí.

Como habéis sido buenos, os dejo una última votación como regalo de Reyes. ¿Qué queréis como epílogo?

a) ¿Qué había en las fotos de la cámara?
b) ¿De dónde salieron las nueces?
c) ¿Qué favor quería Ella?
d) ¿Qué había en las fotos que robó Sombra?
e) ¿De dónde salió el cadáver?
f) Si se os ocurre algo mejor... Ya sabéis. Comments!

¡¡Y FELIZ AÑO NUEVO!!

Encuesta capítulo 19

Termina el año... Y con él nuestra historia. Muchas gracias por haber colaborado y por haber tirado de mí estos meses para seguir capítulo a capítulo...


En breves, el 20.

21 de diciembre de 2011

Capítulo 19 - Asuntos familiares

Sombra lanzó una última mirada al coche antes de entrar. Era una oportunidad tan buena... Pero estaba convencido de que no funcionaría. Con su maldita mala suerte seguro que lo tumbaban al primer signo de huida. Y, además, no podía dejar al Gato tirado. No podía ser tan cobarde y traicionarlo así, menos aún cuando el Gato no lo había dejado en la estacada y se había entregado por acompañarlo. Buen Gato...
De modo que, medio a regañadientes y pseudoarrastrado por los matones de turno, le tocó volver a subir los tres pisos. Sin embargo, esta vez pasaron por la puerta de enfrente.
Sombra se encontró en un piso más amplio y mejor amueblado. Mucho mejor, dónde iba a parar, con ese sofá el doble de grande que el otro, y sin las botellas ni la ropa tirada... Eso sí, la joven del pelo azul, Claudia, volvía a estar acomodada en el sofá. Y el dueño de la voz que tanto le sonaba.
Joder, vaya si le sonaba la voz. La voz y la cara y los gestos y el traje caro. Y la sonrisa, por supuesto. Esa sonrisa felina que, junto con la mirada de depredador que la acompañaba, hacía que el Gato perdiera su mayúscula y se quedara en un simple minino aficionado.
Mierda, cómo le había impresionado ese hombre cuando tenía 8 años, cómo lo intrigaba siempre detrás de la puerta de su despacho, qué respeto imponía cada vez que se asomaba para mandarles callar o soltarles un pescozón por haberla liado (otra vez) en el colegio. Mierda, qué respeto imponía ahora con la colección de matones articulados que lo acompañaba. Y venían con todos los extras, joder, joder... De todas esas armas sí que no se acordaba...

-Gonzalo, Simón. Sentados.

Señaló el sofá y ellos, como perrillos entrenados, obedecieron. El Gato se acomodó cruzando una pierna sobre la otra y le respondió con un gesto de cabeza y una sonrisa indolente, manteniéndose en su sitio. En cuanto a Sombra, tuvo que echarle más valor.

-Bu... Buenos días, señor Antares...
- ¿Días? ¿Es que acabas de levantarte, Simón? -Su sonrisa felina se acrecentó.

"Como si no supiera el tiempo que llevo levantado el tío... como si no supiera hasta las veces que he ido a mear... ¡oh, mierda! Maldita sea, Sombra... ¿Por qué tienes que pensar en 'eso' justo ahora?"

-Pero no me habéis dado tiempo a comer... Lo cierto es que me estoy muriendo de hambre y... ¿Puedo ir al baño?

Simplemente lo miró, antes de centrarse en el Gato.

-Teníamos un trato, Guillermo. Tú no te metías en mis asuntos y yo te dejaba en paz.
-Yo no me he metido en tus asuntos.
-¿Ah, no? Creo que las fotos que robó Simón no dicen lo mismo...

Sombra se sintió culpable, terriblemente culpable... Aunque sabía que no tenía por qué sentirse así. A fin de cuentas, él solo había cogido unas fotos. Ellos eran los que habían matado al tipo, ¿no? O al menos eso creía. Y los que lo habían drogado y perseguido y jugado con él todo el maldito día. Y apostaba a que también eran los culpables de que hubiera pegado al Gato y de que le doliera tanto la maldita cabeza y que estuviera muerto de hambre y de que Ella lo odiara y de que se estuviera meando. ¡Joder!

-Tergiversadas. Y además, no debisteis meterlo en esto.

No, claro que no debían haberlo metido... ¿Pero qué coño les pasaba? Con sus pistolas y sus puestas en escena de película de acción americana... ¿No podían haberlo solucionado tranquilamente en el despacho de caoba y a él haberlo dejado en paz, mandar las fotos al curro y volverse a la cama?

Sombra ya empezaba a calentarse así que analizó la situación. Tenía que hacer algo, ¿pero qué? El matón que tenía más cerca parecía divertido con la pequeña batalla dialéctica que parecía a punto de empezar y sostenía la pistola distraídamente. Podía ser una oportunidad... o un suicidio. O una broma, sí, tenía que ser una broma, porque aquello no podía estar pasando, a él no, joder, ya tenía bastante, no podía ser verdad... maldita sea... ¡malditos cabrones!

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Llegado a este punto de desequilibrio mental, Sombra decide:

a) Hacerse el valiente e intentar coger la pistola.
b) Dejarse llevar por su recién adquirida locura y echar a correr por la sala gritando ¡es una broma!
c) Recuperar parte de su dignidad pisoteada y dar su opinión. A gritos.
d) Dejarse llevar por la desesperación y echarse a llorar cual niño.
e) ¿Se os ocurre a vosotros algo mejor? ¿Qué? ¡Contádmelo!

¡¡Vamos que solo queda un capítulo!! ¿Preparados para el desenlace?

14 de diciembre de 2011

Soy yo - Phineas y Ferb


Me encanta Vanesa... No encuentro la letra en condiciones, solo la chunga que ponen en youtube, así que os la dejo, medio corregida y con algunos huecos... Lo siento, hay mucho que no acabo de entender (cualquiera diría que está en castellano...), así que se aceptan re-correcciones.

Soy capaz, voy a volar, te voy a encontrar
aunque quieras no me paras, te voy a ganar,
me puedo mover a gran velocidad,
desayuné muy bien pero comí la mitad.

Soy la furia letal, la bomba mortal,
soy yo.

Diva temible, dura de roer,
en tus pies soy asfalto [...] ??,
un venenoso aguijón tengo y se tronar,
puedo ser la mejor de [...] ??.

Soy un bombón, un gran tiburón,
soy yo.
Ese rico chicle que aún te quedó,
soy yo.

Soy la tronca con más suerte y más pasión,
fuerte, la de mente más viva, segura, atractiva,
la locomotora que va a chocar,
soy pastel que probar, soy de armas tomar,
la simpática y rápida ganadora clásica,
siempre el récord bato, arrasé en un rato,
soy un ciclón, soy más que un batallón,
soy un lío de cuento, yo soy un cañón.

Soy quien más guindillas puede masticar,
yo soy el gatito que te va a arañar,
la sesión de viernes noche sin censurar.

Soy yo,
soy yo,
soy yo,
soy yo,
soy yo.