14 de enero de 2012

Encuesta epílogo.

¡Y esta es vuestra decisión final!

a) Las fotos de la cámara

  4 (57%)
 
b) Las nueces
  1 (14%)
 
c) El favor de Ella
  1 (14%)
 
d) Las fotos del piso
  0 (0%)
e) El cadáver
  1 (14%)
 
f) ¿Algo diferente? Comentad.
  0 (0%)


Votos hasta el momento: 7
Encuesta cerrada 

9 de enero de 2012

Sombra. (No, aún no es el epílogo, tal vez un prólogo.)



Llevaba pantalones vaqueros ajustados oscuros y un abrigo negro corto. Un punto de estilo. Barba corta, pelo ni corto ni largo, un poco despeinado.

Lo estuve siguiendo con la mirada una parte del evento. Desde que, al cruzarme con sus ojos, supe que era él. Y lo perdí de vista un millar de veces, dado que no era a él a quien tenía que vigilar, pero siempre volvía a la barandilla que había frente a mí. Era un buen sitio para hacer fotos. Todos los fotógrafos volvían allí.

A cada poco recolocaba la bolsa que llevaba colgada del hombro, se pasaba la mano por el pelo para echarlo hacia atrás, revolviéndolo aún más. Un cierto aire de despiste, se cuela entre la gente, pregunta a uno de los voluntarios y le señala la puerta del fondo. No se fía y se acerca al siguiente que señala al mismo lugar. Pregunta a un tercero. Es él, no hay duda. ¿Por qué nadie más lo ve? Porque nadie lo conoce como yo, supongo.

-Hola, ¿te importa si te hago una foto yo a ti?
-¿A mí? No, claro... Pero luego me dejas hacerte una a ti.
-Gracias.
-Pero yo no soy de las rondallas, no tengo nada que ver con esto... Ha salido mal, ¿verdad?
-Movida. Ya lo sé. Es que, ¿sabes? Estoy escribiendo una historia.
-¿Ah, sí?
-Sí. Y eres mi protagonista.
-¿Yo? -Ojeada al móvil. -Hago las fotos mejor de lo que salgo en ellas...
-Ya bueno... Tú, tú, no. Pero eres tal y como se supone que es él.
-¿Y eso?
-No lo sé...
-¿De qué va la historia? -Desisto de las fotos.
-Pues es un fotógrafo...
-Qué casualidad. -Sonríe.
-Y bueno, así resumido, se mete en líos.
-Bueno, yo no suelo meterme en líos.
-Ya, mejor.
-Aunque debería meterme en más... Oye, tengo que irme. Ciao.
-Ciao.

Cierro los ojos y lo veo bajar embalado a la ciudad y correr a casa. Deja la cámara y las llaves del coche en la mesa de la entrada. La cámara buena. Va a la habitación y coge la otra cámara, la no tan buena, saca una tarjeta de memoria del cajón y vuelve a echar a correr hasta el ascensor, donde coloca la tarjeta, y de ahí a la plaza.

Ha quedado con el Gato, llega tarde. Y las fotos de hoy no las verá hasta mañana, cuando se despierte con una resaca monumental, sin acordarse de mí ni de la mitad de la noche. Y el teléfono empiece a sonar...

Hoy hay luna llena y supongo que, en días como hoy, la magia se rebela y los personajes huyen del papel, la tinta se pasea entre la gente. Siempre es desconcertante y en cierto modo aterrador cruzarse con tus personajes.

No existes. ¿Qué haces aquí?

31 de diciembre de 2011

Capítulo 20 - La dignidad perdida

Estaba tan cabreado que por un momento dejó de pensar. Ya estaba bien. Ya estaba más que harto. Demasiado harto.

-¡Claro que no! ¡Por supuesto que no deberíais haberme metido en esto! Ya me diréis qué coño pinto yo aquí, ¡joder! ¿Sabéis cuál era mi plan de hoy? Levantarme, ducharme, mandar las putas fotos de ayer a la agencia y dormitar en el sofá... o en la misma cama el resto del día. ¿Era tanto pedir? ¿En serio? ¿Un puto domingo tranquilo?

Se había puesto de pie y ahora los encaraba, sobre todo al hombre del traje.

-No te pases, Simón, haz el favor de volver a sentarte.
-Sombra...
-¡Ni Simón, ni Sombra, ni hostias! ¿Pero qué os habéis pensado que soy? ¿Un puto juguete que andar arrastrando a vuestro antojo? ¡Sí! ¡He dicho vuestro! ¡Hablo contigo también, Gato! ¡Empiezo a estar muy harto! ¿Sabías que esto tenía que ver con los rollos de tu padre y no me dices nada?

Sombra pudo advertir un pequeño matiz de sorpresa en los dos matones articulados y se volvió hacia ellos.

-Sí, padre, no teníais ni idea vosotros tampoco, ¿verdad? ¿Qué pensabais, que se apellidaban igual para darle más énfasis al rollo odio-odio que se traen, como una novela barata de sobremesa? Antares vs. Antares, the final battle... ¡Pues ya podéis jugar vosotros esta última partida porque yo me las piro!

Dicho esto se giró hacia la puerta, recuperando de golpe todo su orgullo, su valor y su dignidad perdida. No le duraron demasiado.

-Siéntate, Simón.

Se quedó clavado en el sitio. Era ese tono de "estás en un lío del quince, chaval, y la colleja que te va a caer es de órdago" que tan bien conocía, solo que ya no tenía 8 años y el chasquido de las armas de los matones al cargarse, no auguraban nada bueno. Por un momento, echó de menos las collejas.

Volvió a darse la vuelta y se sentó otra vez. Refunfuñando, eso sí. Podrían quitarle la vida, podrían quitarle la libertad... pero no le iban a quitar el placer de quejarse.

-En el fondo tiene razón.
-Cállate.
-Pero es que es verdad, y yo tampoco sabía que eso tenía que ver contigo y...
-He dicho que te calles, Gonzalo.

Sombra maldecía para sus adentros, pero no podía dejar de ver que, de algún modo, pese a las pistolas, los matones y toda la parafernalia, la balanza se había inclinado un poco, solo un minúsculo poco, a su favor. Lo veía en la duda de los tipos, en la manera nerviosa de moverse de Claudia. Jo, cómo había crecido la renacuaja de Claudia, cómo se había puesto... Jo, y seguía siendo tan insufrible como con 6 años...

El Gato también pudo ver la duda, porque decidió seguir metiendo baza.

-Vamos, papá... Si llego a saber que se la tenías jurada a esos tipos, no les habría echado un cable y lo sabes...

Y, lo peor, es que funcionó. El señor Antares resopló y con un gruñido le hizo un gesto hacia la puerta.

-¿Pretendes que me crea que no sabías nada? -El Gato recurrió a su cara más inocente. Le salía demasiado bien. -Muy bien, muy bien... Lárgate con tu amiguito si es lo que quieres, pero hablaremos en mi casa, sin tanta gente, a la noche. Ni se te ocurra desaparecer o te encontraré y me dará igual que seas mi hijo o un gato callejero. -Sonrió con su propio chiste. -Ni se te ocurra llegar tarde a la cena.

El Gato agarró a Sombra del brazo y tiró de él antes de que tuviera tiempo a pensar nada más, mientras que Claudia los atravesaba con la mirada. Lo obligó a correr escaleras abajo.

-¿Eso es todo? ¿Te invito a cenar y se acabó? ¿Me estás tomando el pelo, Gato?
-No seas imbécil... -Abrió el coche y  le invitó a entrar. Sombra, aún algo alucinado, obedeció, sujetándose la muñeca con un gruñido sordo.
-Voy a tener que ir al hospital... maldita sea...

El Gato no contestó, solo arrancó y enfiló carretera alante. Sombra empezó a extrañarse cuando el coche salió de la ciudad y cogió en dirección al aeropuerto. En el siguiente semáforo, el Gato, se giró hacia él, mostrando su mejor sonrisa de divo.

-¿Has estado alguna vez en Brasil, Sombra? Seguro que te va a gustar...


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Fin.

Muchas gracias por haber estado ahí.

Como habéis sido buenos, os dejo una última votación como regalo de Reyes. ¿Qué queréis como epílogo?

a) ¿Qué había en las fotos de la cámara?
b) ¿De dónde salieron las nueces?
c) ¿Qué favor quería Ella?
d) ¿Qué había en las fotos que robó Sombra?
e) ¿De dónde salió el cadáver?
f) Si se os ocurre algo mejor... Ya sabéis. Comments!

¡¡Y FELIZ AÑO NUEVO!!

Encuesta capítulo 19

Termina el año... Y con él nuestra historia. Muchas gracias por haber colaborado y por haber tirado de mí estos meses para seguir capítulo a capítulo...


En breves, el 20.

21 de diciembre de 2011

Capítulo 19 - Asuntos familiares

Sombra lanzó una última mirada al coche antes de entrar. Era una oportunidad tan buena... Pero estaba convencido de que no funcionaría. Con su maldita mala suerte seguro que lo tumbaban al primer signo de huida. Y, además, no podía dejar al Gato tirado. No podía ser tan cobarde y traicionarlo así, menos aún cuando el Gato no lo había dejado en la estacada y se había entregado por acompañarlo. Buen Gato...
De modo que, medio a regañadientes y pseudoarrastrado por los matones de turno, le tocó volver a subir los tres pisos. Sin embargo, esta vez pasaron por la puerta de enfrente.
Sombra se encontró en un piso más amplio y mejor amueblado. Mucho mejor, dónde iba a parar, con ese sofá el doble de grande que el otro, y sin las botellas ni la ropa tirada... Eso sí, la joven del pelo azul, Claudia, volvía a estar acomodada en el sofá. Y el dueño de la voz que tanto le sonaba.
Joder, vaya si le sonaba la voz. La voz y la cara y los gestos y el traje caro. Y la sonrisa, por supuesto. Esa sonrisa felina que, junto con la mirada de depredador que la acompañaba, hacía que el Gato perdiera su mayúscula y se quedara en un simple minino aficionado.
Mierda, cómo le había impresionado ese hombre cuando tenía 8 años, cómo lo intrigaba siempre detrás de la puerta de su despacho, qué respeto imponía cada vez que se asomaba para mandarles callar o soltarles un pescozón por haberla liado (otra vez) en el colegio. Mierda, qué respeto imponía ahora con la colección de matones articulados que lo acompañaba. Y venían con todos los extras, joder, joder... De todas esas armas sí que no se acordaba...

-Gonzalo, Simón. Sentados.

Señaló el sofá y ellos, como perrillos entrenados, obedecieron. El Gato se acomodó cruzando una pierna sobre la otra y le respondió con un gesto de cabeza y una sonrisa indolente, manteniéndose en su sitio. En cuanto a Sombra, tuvo que echarle más valor.

-Bu... Buenos días, señor Antares...
- ¿Días? ¿Es que acabas de levantarte, Simón? -Su sonrisa felina se acrecentó.

"Como si no supiera el tiempo que llevo levantado el tío... como si no supiera hasta las veces que he ido a mear... ¡oh, mierda! Maldita sea, Sombra... ¿Por qué tienes que pensar en 'eso' justo ahora?"

-Pero no me habéis dado tiempo a comer... Lo cierto es que me estoy muriendo de hambre y... ¿Puedo ir al baño?

Simplemente lo miró, antes de centrarse en el Gato.

-Teníamos un trato, Guillermo. Tú no te metías en mis asuntos y yo te dejaba en paz.
-Yo no me he metido en tus asuntos.
-¿Ah, no? Creo que las fotos que robó Simón no dicen lo mismo...

Sombra se sintió culpable, terriblemente culpable... Aunque sabía que no tenía por qué sentirse así. A fin de cuentas, él solo había cogido unas fotos. Ellos eran los que habían matado al tipo, ¿no? O al menos eso creía. Y los que lo habían drogado y perseguido y jugado con él todo el maldito día. Y apostaba a que también eran los culpables de que hubiera pegado al Gato y de que le doliera tanto la maldita cabeza y que estuviera muerto de hambre y de que Ella lo odiara y de que se estuviera meando. ¡Joder!

-Tergiversadas. Y además, no debisteis meterlo en esto.

No, claro que no debían haberlo metido... ¿Pero qué coño les pasaba? Con sus pistolas y sus puestas en escena de película de acción americana... ¿No podían haberlo solucionado tranquilamente en el despacho de caoba y a él haberlo dejado en paz, mandar las fotos al curro y volverse a la cama?

Sombra ya empezaba a calentarse así que analizó la situación. Tenía que hacer algo, ¿pero qué? El matón que tenía más cerca parecía divertido con la pequeña batalla dialéctica que parecía a punto de empezar y sostenía la pistola distraídamente. Podía ser una oportunidad... o un suicidio. O una broma, sí, tenía que ser una broma, porque aquello no podía estar pasando, a él no, joder, ya tenía bastante, no podía ser verdad... maldita sea... ¡malditos cabrones!

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Llegado a este punto de desequilibrio mental, Sombra decide:

a) Hacerse el valiente e intentar coger la pistola.
b) Dejarse llevar por su recién adquirida locura y echar a correr por la sala gritando ¡es una broma!
c) Recuperar parte de su dignidad pisoteada y dar su opinión. A gritos.
d) Dejarse llevar por la desesperación y echarse a llorar cual niño.
e) ¿Se os ocurre a vosotros algo mejor? ¿Qué? ¡Contádmelo!

¡¡Vamos que solo queda un capítulo!! ¿Preparados para el desenlace?

14 de diciembre de 2011

Soy yo - Phineas y Ferb


Me encanta Vanesa... No encuentro la letra en condiciones, solo la chunga que ponen en youtube, así que os la dejo, medio corregida y con algunos huecos... Lo siento, hay mucho que no acabo de entender (cualquiera diría que está en castellano...), así que se aceptan re-correcciones.

Soy capaz, voy a volar, te voy a encontrar
aunque quieras no me paras, te voy a ganar,
me puedo mover a gran velocidad,
desayuné muy bien pero comí la mitad.

Soy la furia letal, la bomba mortal,
soy yo.

Diva temible, dura de roer,
en tus pies soy asfalto [...] ??,
un venenoso aguijón tengo y se tronar,
puedo ser la mejor de [...] ??.

Soy un bombón, un gran tiburón,
soy yo.
Ese rico chicle que aún te quedó,
soy yo.

Soy la tronca con más suerte y más pasión,
fuerte, la de mente más viva, segura, atractiva,
la locomotora que va a chocar,
soy pastel que probar, soy de armas tomar,
la simpática y rápida ganadora clásica,
siempre el récord bato, arrasé en un rato,
soy un ciclón, soy más que un batallón,
soy un lío de cuento, yo soy un cañón.

Soy quien más guindillas puede masticar,
yo soy el gatito que te va a arañar,
la sesión de viernes noche sin censurar.

Soy yo,
soy yo,
soy yo,
soy yo,
soy yo.


29 de noviembre de 2011

Encuesta capítulo 18

Bueno, chicos... Nos acercamos peligrosamente al final. De momento las votaciones han quedado así:


El 16 entrego el proyecto, así que, si no puedo ponerme antes, procuraré tener el próximo capítulo antes de Navidad... 

13 de noviembre de 2011

Capítulo 18 - La caída

El Gato le respondió con un gesto de la cabeza hacia la ventana y Sombra asintió.

- Lo siento... ya te llamaré.

Se sintió como el chulo de la película, despidiéndose así de la chica, como un perdonavidas cualquiera... Se asomó a la ventana y, no sin algo de esfuerzo, salió al alféizar y saltó. El aterrizaje sobre el tejadillo no fue tan agradable como esperaba. La plancha cedió ligeramente bajo sus pies, abombándose, y perdió el equilibrio de modo que cayó dándose con el hombro y el Gato, que bajaba tras él, casi le cayó encima. Giró, para evitarlo, y al hacerlo Sombra se precipitó del tejado al suelo. Al apoyar la mano en la acera notó un chasquido sordo y la punzada de dolor fue tal que eclipsó al resto del golpe contra el suelo.

- ¡Me cago en...! ¡Joder!

El Gato aterrizó con mucho más estilo a su lado, limpiamente, de pie y apoyando una mano en el suelo al flexionar las rodillas para amortiguarse. Echó a correr precediéndolo mientras Sombra se levantaba malamente, derrapaba y salía en pos de él.

No llegaron demasiado lejos. Uno de los tipos de la mañana les cerró el paso, saliendo de la nada. Intentaron esquivarlo pero golpeó a Sombra, que volvió al suelo pesadamente con un juramente y un par de maldiciones extra. El Gato, que ya se había escabullido, aún avanzó algunos metros más, pero al volverse y ver a Sombra siendo levantado por otro de los matones que salía del edificio, frenó la carrera y alzó las manos, volviéndose hacia ellos.

- Vale, muy bien, vosotros ganáis...

El tipo empujó a Sombra para hacerlo regresar mientras que el matón de la mañana acudía a por el Gato. Sombra se sujetó la muñeca con la mano contraria, acompañando el gesto con un quejido agónico que pretendía dar a entender todo el dolor de su cuerpo y alma y lo absolutamente desesperado que se encontraba por la situación, pero lo único que consiguió fue otro empellón que casi lo hace dar con sus huesos por tierra por tercera vez. El de la mañana también empujó al Gato de muy malas formas, cuando algo en la mente de Sombra lo alertó, como una sirena de ambulancia. Un coche reducía la marcha y frenaba unos metros más alante y su conductor bajaba sin frenar el motor y sacaba una bolsa del maletero apresuradamente.
La alarma del cerebro de Sombra encendió todas sus luces y aulló con más fuerza cuando el tipo que lo sujetaba aflojó la mano para sujetar también al Gato, mucho más peligroso, donde iba a parar... en el momento mismo en el que Sombra iba a franquear el umbral y el tipo del coche apoyaba la bolsa en el suelo y cerraba el maletero.

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De modo que Sombra...

a) Echa a correr y se monta en el coche, huyendo y abandonando al Gato a su suerte.
b) Toma aire y le echa valor al asunto, subiendo dignamente las escaleras para enfrentarse a los del piso.
c) Franquea el umbral pero echa a correr escaleras arriba, pidiendo asilo político en cualquier otro piso.
d) ¿Otra? Me estoy quedando sin ideas, así que ya sabéis... ¡A comentar!

Encuesta capítulo 17

Es tarde para ponerme con el dibu de la encuesta y seguro que preferís capi, así que allá va...


a) Se enfrentan a Ella.
  2 (20%)
b) Se enfrentan al hombre del salón.
  1 (10%)
c) Saltan por la ventana.
  4 (40%)
d) Se esconden bajo la cama.
  3 (30%)
e) ¿Otra? ¿Qué? ¡Coméntamelo!
  0 (0%)

[Fe de erratas: sé que nadie se ha dado cuenta, mejor para mí... pero Sombra y Gato subieron a un segundo, no a un tercero... Lo siento por la equivocación :/ ]

15 de octubre de 2011

Capítulo 17 - Visitas

- ¿Qué se supone que es eso?

Ella se encogió de hombros.

- Nada. - Otro ruido. -El gato. -Sonrisa.
- Tú no tienes gato. -Ella acompañó las palabras del Gato con una risa corta. -¿Quién anda ahí?
- ¿Y eso qué coño os importa? Es mi casa. Estará quien a mí me salga de los ovarios.

Sombra, se encaminó al pasillo, casi precedido por el Gato. Ella les intentó cerrar el paso, pero el otro ya la estaba apartando con un empujón, sujetándola del brazo, mientras la amenazaba con un tono sombrío.

- Más te vale quedarte quietecita, Claudia.

Enfilaron el pasillo a paso rápido, pero Sombra no pudo evitar preguntar.

- ¿La conoces?
- ¿Que si qué? -De la sorpresa, el Gato se quedó parado, dedicándole una larga mirada de desconcierto y compasión. -Pensaba que estabas de coña... No estás de coña, ¿verdad? Sombra... ¿Que si conozco a Claudia? ¿En serio te han licuado el cerebro? ¿Claudia? ¿No te suena de nada? ¿La insufrible e insoportable Claudia Antares, con sus estúpidas coletas siempre jodiendo al personal? Vale que haga años que no la ves, pero tío...

Sombra abrió mucho los ojos, incrédulo. Miró al salón por encima del hombro, intentando verla de nuevo, pero otro ruido le hizo volver en sí y ambos entraron en la habitación, Sombra un paso por delante del Gato. La habitación también era pequeña y la cama estaba deshecha. En ella, una sombra oscura formada por largos cabellos ondulados y revueltos se removió. La maraña se apartó siguiendo las órdenes de un brazo claro y delgado que salió de entre las sábanas, y dio paso a una cara que Sombra conocía bien... Ella...

- ¿Sombra?
-Ho... hola...

Ella le clavó una mirada fría, cargada de odio y desprecio que le sentó como una bofetada doble. Tenía los ojos brillantes y expresión adormecida y enferma. Aún así su voz sonó alta y firme.

- ¿Por eso no podías ayudarme? ¿Porque habías quedado con este...?

En ese momento oyeron la puerta de la entrada abriéndose. Para Sombra el sonido fue una mezcla de alivio y alarma. Y no sabía cuál de las dos sensaciones pesaba más. A esas alturas la resaca ya empezaba a parecerle una nimiedad dentro del surrealismo del día, y el runrún de su estómago vacío solo era un eco lejano, el recuerdo de algo que fuera y ya no había más. ¿Necesidades físicas? Menudencias...

Se asomó a la ventana buscando una salida alternativa. Era un tercero, lo sabía, pero dentro de todo aquel absurdo esperaba, quizá, el milagro de una escalera contra el alféizar. O, por qué no, un grupo de bomberos, como en las películas, sujetando una gran lona blanca con una diana pintada. La imagen le resultó hilarante y no pudo evitar reír mientras apartaba las cortinas para encontrar, no las escaleras ni los bomberos, sino el tejadillo rígido de una cafetería. Bueno, no era muy bueno en matemáticas, pero eso podría restar un piso, ¿no? Y uno no se mataba al tirarse de un segundo, ¿verdad?

Su ataque de risa, había provocado un par de improperios por parte de ella y una mirada fulminante del Gato, que ahora fijo que estaba convencido de su desequilibrio mental. La vio tomar aire para volver a la carga, pero desde el salón les llegó una voz profunda que a Sombra no se le hizo del todo desconocida.

- ¡Gonzalo Antares y Simón Figueiroa! Han de saber, señores, que están empezando a darme demasiados quebraderos de cabeza y empiezo a estar un poco harto de todo esto...

Sombra miró al Gato, interrogante. Le indicó con un gesto de cabeza la ventana alzando dos dedos de la mano derecha. Ella aprovechó el momento de silencio para empezar de nuevo a gritarle.

-¿Es que piensas suicidarte antes de contestarme?

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Sombra y Gato deciden:

a) Enfrentarse a Ella para que deje de gritar.
b) Salir de vuelta al salón y enfrentarse al hombre.
c) Saltar por la ventana y confiar en su buena fortuna.
d) Esconderse debajo de la cama.
e) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentad!