Estoy tirando a moribunda/enferma, y tengo millones y millones que hacer para el trabajo de las prácticas, así que no os voy a prometer nada. De todos modos intentaré tener el próximo capítulo para este fin de semana, ¿vale? Pero no os hagáis ilusiones... Ay...
8 de octubre de 2011
3 de octubre de 2011
El último guerrero. - Teresa Juvé
Pasarán, pasarán y volverán a pasar. Los hombres, los días, el viento, y las luces y las sombras. El tiempo pasará. Y de todo lo que ha de pasar por encima de mí no podré ver nada y nada sabrá que yo estoy ahí, con el alma amarrada al cráneo con el clavo del ajusticiamiento. Pena de la vida terrenal y pena de la vida eterna, ésa es la maldita condena. Sin fuego que me despoje del envoltorio y me purifique el espíritu, ni para mí ni para ella. Y a mí qué más me da ella. A mí qué más me dará ese saco de carne líquida que oigo gemir al otro lado de mi mazmorra. Si al menos se callara...
---
¿Qué libro he leído más veces? ¿Cuál? Ilusiones. Juan Salvador Gaviota. El guardián entre el centeno. Rebeldes. Morirás en Chafarinas. La flecha negra. Los tres mosqueteros. El último guerrero...
No lo sé.
Pero los seguiré leyendo. En realidad, no puedo evitarlo. Y no quiero hacerlo.
Icórbeles empieza este libro encerrado, esperando el ser ajusticiado. En esa espera nos mostrará su vida en una sucesión de imágenes de pasado y presente. Sus batallas, sus victorias, sus derrotas, sus mujeres, sus hermanos. Culchas, el primogénito pusilánime. Alertes, el fuerte, grande, maravilloso Alertes, el ejemplo a seguir (el impulsivo, el generoso Alertes). Ulúrbeles. Moerico. El amable e inteligente Aerno.
---
Que negro está todo. ¿Me había adormecido? ¡Me he adormecido! A pesar del frío de la piedra en mi espalda que contagia de frío todo mi cuerpo, me he adormecido. Qué negro está todo, qué ruido de cadenas cuando muevo mi mano. ¿Dónde están, a qué distancia están las otras tres paredes de la mazmorra...? Mi espacio se ha quedado sin dimensiones y me angustia, me angustian las tinieblas que se aprietan a mí.
[...]
Los chorros del frío me recorren cuerpo abajo. Las cadenas tiran de mí hacia la tierra. Como aquellas otras cadenas, las de Alertes. Pero fueron cadenas solícitas y a lo lejos había luz en la boca de la cueva. [...] ¿Acaso he merecido yo a Alertes?
---
En la portada, en el resumen, la definen como "una lucha épica, llena de ruido de cabalgadas, de desastres, de triunfos, de crueldad, de gozo de vivir y de amor."
La lucha de los íberos contra los romanos. Y la lucha de Icórbeles, ese último guerrero, contra el enemigo, consigo mismo y contra su destino.
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¿Qué libro he leído más veces? ¿Cuál? Ilusiones. Juan Salvador Gaviota. El guardián entre el centeno. Rebeldes. Morirás en Chafarinas. La flecha negra. Los tres mosqueteros. El último guerrero...
No lo sé.
Pero los seguiré leyendo. En realidad, no puedo evitarlo. Y no quiero hacerlo.
Icórbeles empieza este libro encerrado, esperando el ser ajusticiado. En esa espera nos mostrará su vida en una sucesión de imágenes de pasado y presente. Sus batallas, sus victorias, sus derrotas, sus mujeres, sus hermanos. Culchas, el primogénito pusilánime. Alertes, el fuerte, grande, maravilloso Alertes, el ejemplo a seguir (el impulsivo, el generoso Alertes). Ulúrbeles. Moerico. El amable e inteligente Aerno.
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Que negro está todo. ¿Me había adormecido? ¡Me he adormecido! A pesar del frío de la piedra en mi espalda que contagia de frío todo mi cuerpo, me he adormecido. Qué negro está todo, qué ruido de cadenas cuando muevo mi mano. ¿Dónde están, a qué distancia están las otras tres paredes de la mazmorra...? Mi espacio se ha quedado sin dimensiones y me angustia, me angustian las tinieblas que se aprietan a mí.
[...]
Los chorros del frío me recorren cuerpo abajo. Las cadenas tiran de mí hacia la tierra. Como aquellas otras cadenas, las de Alertes. Pero fueron cadenas solícitas y a lo lejos había luz en la boca de la cueva. [...] ¿Acaso he merecido yo a Alertes?
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En la portada, en el resumen, la definen como "una lucha épica, llena de ruido de cabalgadas, de desastres, de triunfos, de crueldad, de gozo de vivir y de amor."
La lucha de los íberos contra los romanos. Y la lucha de Icórbeles, ese último guerrero, contra el enemigo, consigo mismo y contra su destino.
2 de octubre de 2011
Capítulo 16 - Interrogatorio
-Pues verás... Oye, espera. ¿Que te cuente qué? Eres tú la que tiene que empezar a largar...
Miró al Gato en busca de ayuda. El otro fue seco y directo.
-¿Quién envía el paquete? No trabajas para ninguna mensajería, ¿verdad?
Su respuesta fue un largo trago a la botella de cerveza y una mirada indolente y cansada. Rebuscó en los bolsillos y le hizo un gesto a Sombra para que le acercara el bolso que había debajo de un cojín. De él sacó la cartera y una tarjeta identificativa. De una mensajería. La leyó en voz alta con una sonrisa triunfal y la metió de nuevo en la cartera, tirando el bolso a un rincón.
-¿Contentos?
-No.
Contestaron a coro, como si lo hubieran ensayado.
-¿Quién envía el paquete?
-¿Por qué habría de saberlo?
-Deberías tener un recibo, ¿no? Remitente y esas cosas...
Sombra se apoyó el en respaldo, paseando la mirada de uno a otro. El Gato la interrogaba sin quitarse las gafas de sol, a pesar de la penumbra del lugar, solo porque le ocultaba los golpes y se sentía más chulesco y seguro detrás, lo sabía. Sombra pasó a analizar a la chica mientras esta hacía un gesto desabrido con la mano, quitándole importancia a las palabras del Gato. Era mona. El pelo azul y los agujeros no le restaban carisma.
-Se quedó en la oficina.
-Podemos registrarla.
Sombra sonrió al Gato, que lo miró como pidiéndole silencio. No era momento de bromas. Intentó acomodarse. Tarea imposible. Además se estaba muriendo de hambre, no había comido nada desde el desayuno y ya debía ser media tarde. Apoyó un brazo sobre su estómago cuando un ruido en una habitación al fondo le alertó. Se puso rígido en el asiento y notó como el Gato hacía lo mismo. Ella, en cambio, hizo como que no había oído nada.
-Registradme si queréis. -Sonrió a Sombra con toda la picardía que guardaba en su menudo cuerpo. -No sé quién manda el paquete, así que no vais a sacar nada en limpio.
El Gato la miró. La maltrecha mente de Sombra lo imaginó erizando el pelaje y afilándose las uñas contra el borde del sofá.
-Déjate de estupideces, Carla. Quién. Y por qué.
Sombra dio un respingo, sorprendido. Ella suspiró y cogió el móvil de nuevo. Pulsó un par de botones y ya lo tenía en la oreja.
-Están en mi casa. -Un breve silencio. -Porque he dicho están. -Un silencio aún más breve, milimétrico. -Vale, espero.
El Gato se levantó de un salto, mirando a Sombra.
-¿Pero qué coño?
-Bah, no os preocupéis... Ahora vendrán a buscaros y contestarán a todas vuestras preguntas. ¿No queríais eso?
En la habitación del fondo volvió a oírse el mismo ruido, como un quejido ahogado, y Sombra se puso en pie junto al Gato.
-Me cago en la sota de bastos y el tres de picas...
----
Sombra y Gato, llegado este momento:
a) Esperan a que los vayan a buscar y respondan a sus preguntas.
b) Huyen de nuevo. (Y Sombra aprovecha para buscar dónde comer.)
c) Van a investigar qué es el ruido ese.
d) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentarios comentarios comentarios!
Miró al Gato en busca de ayuda. El otro fue seco y directo.
-¿Quién envía el paquete? No trabajas para ninguna mensajería, ¿verdad?
Su respuesta fue un largo trago a la botella de cerveza y una mirada indolente y cansada. Rebuscó en los bolsillos y le hizo un gesto a Sombra para que le acercara el bolso que había debajo de un cojín. De él sacó la cartera y una tarjeta identificativa. De una mensajería. La leyó en voz alta con una sonrisa triunfal y la metió de nuevo en la cartera, tirando el bolso a un rincón.
-¿Contentos?
-No.
Contestaron a coro, como si lo hubieran ensayado.
-¿Quién envía el paquete?
-¿Por qué habría de saberlo?
-Deberías tener un recibo, ¿no? Remitente y esas cosas...
Sombra se apoyó el en respaldo, paseando la mirada de uno a otro. El Gato la interrogaba sin quitarse las gafas de sol, a pesar de la penumbra del lugar, solo porque le ocultaba los golpes y se sentía más chulesco y seguro detrás, lo sabía. Sombra pasó a analizar a la chica mientras esta hacía un gesto desabrido con la mano, quitándole importancia a las palabras del Gato. Era mona. El pelo azul y los agujeros no le restaban carisma.
-Se quedó en la oficina.
-Podemos registrarla.
Sombra sonrió al Gato, que lo miró como pidiéndole silencio. No era momento de bromas. Intentó acomodarse. Tarea imposible. Además se estaba muriendo de hambre, no había comido nada desde el desayuno y ya debía ser media tarde. Apoyó un brazo sobre su estómago cuando un ruido en una habitación al fondo le alertó. Se puso rígido en el asiento y notó como el Gato hacía lo mismo. Ella, en cambio, hizo como que no había oído nada.
-Registradme si queréis. -Sonrió a Sombra con toda la picardía que guardaba en su menudo cuerpo. -No sé quién manda el paquete, así que no vais a sacar nada en limpio.
El Gato la miró. La maltrecha mente de Sombra lo imaginó erizando el pelaje y afilándose las uñas contra el borde del sofá.
-Déjate de estupideces, Carla. Quién. Y por qué.
Sombra dio un respingo, sorprendido. Ella suspiró y cogió el móvil de nuevo. Pulsó un par de botones y ya lo tenía en la oreja.
-Están en mi casa. -Un breve silencio. -Porque he dicho están. -Un silencio aún más breve, milimétrico. -Vale, espero.
El Gato se levantó de un salto, mirando a Sombra.
-¿Pero qué coño?
-Bah, no os preocupéis... Ahora vendrán a buscaros y contestarán a todas vuestras preguntas. ¿No queríais eso?
En la habitación del fondo volvió a oírse el mismo ruido, como un quejido ahogado, y Sombra se puso en pie junto al Gato.
-Me cago en la sota de bastos y el tres de picas...
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Sombra y Gato, llegado este momento:
a) Esperan a que los vayan a buscar y respondan a sus preguntas.
b) Huyen de nuevo. (Y Sombra aprovecha para buscar dónde comer.)
c) Van a investigar qué es el ruido ese.
d) ¿Otra cosa? ¿Qué? ¡Comentarios comentarios comentarios!
21 de septiembre de 2011
21 de septiembre
Día Mundial del Alzheimer.
(Si queréis saber algo más, aquí tenéis la página de la Fundación del Alzhéimer de España.)
(Si queréis saber algo más, aquí tenéis la página de la Fundación del Alzhéimer de España.)
20 de septiembre de 2011
Capítulo 15 - La mensajera
- Creo que, de meterme en la boca del lobo, prefiero hacerlo con un gato con las garras afiladas al lado...
El Gato le obsequió con su mejor sonrisa de perdonavidas tras las gafas de sol y cerró la capota del Mercedes. Salió al tiempo que Sombra y cerró el coche, que les despidió con alegre pit-pit.
-Anda, vamos.
Subieron las escaleras. Eran dos pisos (¿de nuevo dos pisos?). Sombra tuvo una ligera sensación de alarma al darse cuenta, pero aún así decidieron pasar del ascensor de modo tácito, tal vez porque a ninguno de los dos les apetecía encerrarse cuando se sabían camino de una trampa.
Al subir los últimos escalones, Sombra, que iba delante, sacó el móvil para llamarla y preguntarle la puerta, pero entonces la vio. Les estaba esperando en el rellano, sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. Estaba jugando con el móvil, y parecía aburrida. Con su pelo corto y sus mechas azules. Los mismos vaqueros raídos y una camiseta negra aún más ajustada y corta que la de la mañana. Y los mismos piercings. Sombra no pudo evitar conectar los rayos X de nuevo, pensando, tras la neblina de la resaca, dónde más estaría agujereada.
El Gato estaba enterado de su malsana obsesión, así que se le acercó para susurrarle al oído.
-Apuesto dos botellas de ron a que tiene otro en el ombligo. Y ninguno más.
Fue más o menos en el instante en que Sombra susurraba un quejumbroso "y dos cajas de aspirinas" cuando ella levantó la cabeza y los miró. Hizo un gesto de desagrado absoluto al ver al Gato y se levantó del suelo, apoyando la mano libre en la pared, sacudiéndose luego los pantalones con ella. La otra la mantenía bien sujeta al móvil.
-Llegas tarde.
Hizo amago de acercarse a una de las puertas, pero volvió a mirarlos y abrió el piso de al lado, invitándolos a entrar con un gesto de la mano.
-Tú primero.
Los precedió encogiéndose de hombros, sacando la llave de la cerradura. Se la tiró a Sombra tan pronto traspasó el umbral.
-Cierra. No hacía falta que te trajeras a la niñera, ¿sabes? -Desapareció apenas unos segundos en uno de los cuartos y salió con una cerveza en la mano. Se sentó en un desvencijado sofá. -¿A qué coño has venido? ¿Eh?
Sombra observó el piso, o lo que podía ver de él. Estaba aún peor de lo que podían estar sus neuronas en ese mismo momento. Era un lugar oscuro y pequeño, y todos los muebles ya eran viejos antes de él nacer. Había varias revistas tiradas en el suelo, un par de botellas de cerveza se sumaban en la mesa a la que dejó la muchacha y una prenda de ropa sin identificar yacía en un rincón. El sofá donde se sentaron él y el Gato estaba machacado y descolorido, y tenía varias manchas en las que prefirió no pensar.
-Pues verás...
-----
Sombra...
a) Decide sincerarse y le cuenta todo a la muchacha.
b) Le hace un interrogatorio en tercer grado.
c) Le da el turno de palabra al Gato que sabe más.
d) Se hace el avión y le tira los trastos.
e) ¿Otra? ¿Cuál? ¡Dejadme comentarios!
El Gato le obsequió con su mejor sonrisa de perdonavidas tras las gafas de sol y cerró la capota del Mercedes. Salió al tiempo que Sombra y cerró el coche, que les despidió con alegre pit-pit.
-Anda, vamos.
Subieron las escaleras. Eran dos pisos (¿de nuevo dos pisos?). Sombra tuvo una ligera sensación de alarma al darse cuenta, pero aún así decidieron pasar del ascensor de modo tácito, tal vez porque a ninguno de los dos les apetecía encerrarse cuando se sabían camino de una trampa.
Al subir los últimos escalones, Sombra, que iba delante, sacó el móvil para llamarla y preguntarle la puerta, pero entonces la vio. Les estaba esperando en el rellano, sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. Estaba jugando con el móvil, y parecía aburrida. Con su pelo corto y sus mechas azules. Los mismos vaqueros raídos y una camiseta negra aún más ajustada y corta que la de la mañana. Y los mismos piercings. Sombra no pudo evitar conectar los rayos X de nuevo, pensando, tras la neblina de la resaca, dónde más estaría agujereada.
El Gato estaba enterado de su malsana obsesión, así que se le acercó para susurrarle al oído.
-Apuesto dos botellas de ron a que tiene otro en el ombligo. Y ninguno más.
Fue más o menos en el instante en que Sombra susurraba un quejumbroso "y dos cajas de aspirinas" cuando ella levantó la cabeza y los miró. Hizo un gesto de desagrado absoluto al ver al Gato y se levantó del suelo, apoyando la mano libre en la pared, sacudiéndose luego los pantalones con ella. La otra la mantenía bien sujeta al móvil.
-Llegas tarde.
Hizo amago de acercarse a una de las puertas, pero volvió a mirarlos y abrió el piso de al lado, invitándolos a entrar con un gesto de la mano.
-Tú primero.
Los precedió encogiéndose de hombros, sacando la llave de la cerradura. Se la tiró a Sombra tan pronto traspasó el umbral.
-Cierra. No hacía falta que te trajeras a la niñera, ¿sabes? -Desapareció apenas unos segundos en uno de los cuartos y salió con una cerveza en la mano. Se sentó en un desvencijado sofá. -¿A qué coño has venido? ¿Eh?
Sombra observó el piso, o lo que podía ver de él. Estaba aún peor de lo que podían estar sus neuronas en ese mismo momento. Era un lugar oscuro y pequeño, y todos los muebles ya eran viejos antes de él nacer. Había varias revistas tiradas en el suelo, un par de botellas de cerveza se sumaban en la mesa a la que dejó la muchacha y una prenda de ropa sin identificar yacía en un rincón. El sofá donde se sentaron él y el Gato estaba machacado y descolorido, y tenía varias manchas en las que prefirió no pensar.
-Pues verás...
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Sombra...
a) Decide sincerarse y le cuenta todo a la muchacha.
b) Le hace un interrogatorio en tercer grado.
c) Le da el turno de palabra al Gato que sabe más.
d) Se hace el avión y le tira los trastos.
e) ¿Otra? ¿Cuál? ¡Dejadme comentarios!
9 de septiembre de 2011
La tinta callada
Quería escribir, como siempre, pero la fuente de sus ideas se había secado, igual que las hojas del pasado otoño, del próximo otoño. Se marchitaron las historias y se volvieron polvo, que voló con el viento, como en una canción, a través del tiempo.
Tenía los dedos llenos de tinta y el papel en blanco. Otra vez. Como siempre. Porque ese era su nuevo siempre. El sueño se esfumó con Ella. Y Ella no iba a volver. No la dejaría volver.
----
(Otro pedacito de nada, mientras no tengo capi nuevo...)
Tenía los dedos llenos de tinta y el papel en blanco. Otra vez. Como siempre. Porque ese era su nuevo siempre. El sueño se esfumó con Ella. Y Ella no iba a volver. No la dejaría volver.
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(Otro pedacito de nada, mientras no tengo capi nuevo...)
(Con permiso de La Dama del Alba... Y si no me lo da... Sorry, darling... Ahora ya es tarde...)
Encuesta capítulo 14
2 de septiembre de 2011
Capítulo 14 - Cámara de fotos
Le repitió de memoria la dirección de la mujer y el Gato negó con la cabeza mientras aceleraba.
-Vas directo a la boca del lobo... ¿La bolsa?
Tras ponerse el cinto, Sombra vació el contenido de la bolsa en su regazo. Por el peso ya se había imaginado el contenido. El tan familiar peso de su Nikon D60.
-Bueno, así ya no tienes que comprar otra... ¿Sigue funcionando?
-Veamos... Encender enciende... y... ¿No reconoce la tarjeta? ¡Mierda!
-¿Qué?
-¡No está!
-¿El qué?
-¡La puta tarjeta de memoria!
Se sujetó el pelo con una de las manos, desesperado. Ya estaba harto. Que les dieran a la puta tarjeta, el fiambre, a la mensajera y a la madre que los parió a todos. El Gato apartaba la mirada de la carretera de vez en cuando para mirarlo.
-A ver, angustias, tranquilízate... ¿No hay nada más en la bolsa?
-Pues... La cámara, la entrada de un local... un par de nueces... y un recibo de Correos.
-¿Un recibo de Correos? Pues ahí tienes tu tarjeta. Espera, ¿has dicho nueces?
-¿Crees que mandé la tarjeta a algún lado? ¿A dónde? ¿Y qué diablos hace Correos abierto a las...? ¡La leche! ¿Llegué tan tarde a casa?
El Gato se inclinó sobre el recibo, dando un volantazo.
-Temprano. A eso en mi casa se le llama temprano. -Dio un frenazo, aparcando con una maniobra cargada de chulería, y le hizo un gesto con la cabeza hacia el edificio más cercano. -Fin del billete.
Sombra miró el portal con desgana.
-Es el tercero no-se-qué. No sé si me lo dijo. -Se rascó la nuca maldiciendo una vez más la resaca. -Creo que voy a tener que llamarla de nuevo para preguntar la letra.
-¿Quieres que vaya a hacerte compañía o te vales tú solito? ¿Y de dónde coño sacaste esas nueces?
---
Y entonces...
a) Sombra le pide que le acompañe.
b) Sombra le echa un par de... nueces y sube él solito.
c) Sombra se echa atrás y le dice que mejor van a Correos a preguntar.
d) Sombra... ¿Qué hace Sombra? ¡Cuéntamelo, please, que estoy parca de ideas!
-Vas directo a la boca del lobo... ¿La bolsa?
Tras ponerse el cinto, Sombra vació el contenido de la bolsa en su regazo. Por el peso ya se había imaginado el contenido. El tan familiar peso de su Nikon D60.
-Bueno, así ya no tienes que comprar otra... ¿Sigue funcionando?
-Veamos... Encender enciende... y... ¿No reconoce la tarjeta? ¡Mierda!
-¿Qué?
-¡No está!
-¿El qué?
-¡La puta tarjeta de memoria!
Se sujetó el pelo con una de las manos, desesperado. Ya estaba harto. Que les dieran a la puta tarjeta, el fiambre, a la mensajera y a la madre que los parió a todos. El Gato apartaba la mirada de la carretera de vez en cuando para mirarlo.
-A ver, angustias, tranquilízate... ¿No hay nada más en la bolsa?
-Pues... La cámara, la entrada de un local... un par de nueces... y un recibo de Correos.
-¿Un recibo de Correos? Pues ahí tienes tu tarjeta. Espera, ¿has dicho nueces?
-¿Crees que mandé la tarjeta a algún lado? ¿A dónde? ¿Y qué diablos hace Correos abierto a las...? ¡La leche! ¿Llegué tan tarde a casa?
El Gato se inclinó sobre el recibo, dando un volantazo.
-Temprano. A eso en mi casa se le llama temprano. -Dio un frenazo, aparcando con una maniobra cargada de chulería, y le hizo un gesto con la cabeza hacia el edificio más cercano. -Fin del billete.
Sombra miró el portal con desgana.
-Es el tercero no-se-qué. No sé si me lo dijo. -Se rascó la nuca maldiciendo una vez más la resaca. -Creo que voy a tener que llamarla de nuevo para preguntar la letra.
-¿Quieres que vaya a hacerte compañía o te vales tú solito? ¿Y de dónde coño sacaste esas nueces?
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Y entonces...
a) Sombra le pide que le acompañe.
b) Sombra le echa un par de... nueces y sube él solito.
c) Sombra se echa atrás y le dice que mejor van a Correos a preguntar.
d) Sombra... ¿Qué hace Sombra? ¡Cuéntamelo, please, que estoy parca de ideas!
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