22 de abril de 2011
14 de abril de 2011
Capítulo 4 - Las llaves
En el cruce, a la izquierda. Dos calles más allá, a la derecha.
El dolor de cabeza parecía habérsele asentado en la parte de atrás de la cabeza, casi en la nuca. Era más llevadero, pero a cambio, empezaba a tener náuseas.
11, 13, 15… Allí estaba. El número 17. Volvió a comprobar la dirección y sacó una de las llaves del paquete. Necesitó tres intentos para acertar con la cerradura. Coincidía. Adentrarse en la fresca oscuridad del portal le pareció lo mejor que le había pasado ese día.
Subió en el ascensor. Era un segundo, pero no se atrevió a enfrentarse a las escaleras, que lo miraban de modo amenazador. Al ir a entrar, casi se lleva por delante a una mujer que salía acelerada, con un bolso bajo el brazo en el que habría podido meter la mitad de su casa. Murmuró una disculpa que bien podría haber sido un gruñido e, ignorando la mirada furiosa de la mujer, pulsó el número del piso. Se apoyó junto al cuadro de números y cerró los ojos. Fue un recorrido corto, que se le hizo más corto aún debido a esa extraña sensación que le atenazaba el estómago.
-Tú eres gilipollas, Sombra… ¿Se puede saber qué coño haces aquí? Verás que la acabarás liando…
Fue rezongando por el pasillo hasta llegar a la puerta. Sacó la llave de seguridad y, tras un par de intentos, abrió la puerta.
-¿Hola? –Solo le respondió el silencio. -¿Hay alguien?
Entró en un piso que, a simple vista, parecía amplio. En la entrada, todo el mobiliario lo componían una mesita baja y un espejo alto. Sombra se quitó las gafas, pero no pudo ver más que su silueta reflejada. Estaba oscuro, así que se encaminó a lo que parecía ser el salón y tanteó la pared en busca del interruptor de la luz. Achinó los ojos cuando el foco amarillo se iluminó.
Era una sala grande; un bonito sofá gris y varias estanterías. Había una televisión en la pared y una mesita baja sobre una alfombra y…
Sombra se quedó helado. Durante unos minutos permaneció allí, clavado en el sitio, sin apenas moverse. Cuando lo hizo, solo pudo llevar la mano al bolsillo y marcar el botón de rellamada. Una vez. Dos. Tres. Cuatro…
-¿Tú qué quieres, Sombra, que acabe contratando a alguien para que te pegue una paliza o qué? –Su voz sonaba cansada.
- Gato…
El tono de su voz debió sonar lo suficientemente acojonado como para que Gato se preocupara.
-¿Qué pasa?
-¿Qué coño pasó anoche?
-Pregúntaselo a tu nuevo amiguito.
-A mi… -De pronto tenía frío. Mucho, mucho frío.
-El tipo ese alto, de pelo rapado… ¿O es que tampoco te acuerdas de él? –Cínico.
-¿Rapado? ¿Y con un tatuaje de un dragón en el brazo?
-Ese mismo. Vas y se lo preguntas y…
-Gato… -Ahora sí que tenía nauseas. –Creo que estoy delante de su cadáver.
-¿Pero qué…?
Hubo un largo silencio, cargado de incredulidad, asimilación, comprensión y miedo. Por parte de Sombra, sobre todo miedo.
-¡Te dije que no era trigo limpio! ¡Imbécil! Corre. No toques nada, ¿me oyes? ¡Nada! Lárgate de ahí. Voy para la tienda. ¡Corre!
---
Vuestro turno:
Sombra cuelga el teléfono y…
a) Le hace caso y echa a correr a la tienda del Gato.
b) Llama a la policía.
c) Se recompone y hace un par de fotos. Algo así le arregla el mes a cualquier fotógrafo.
d) ¿Vosotros haríais cualquier otra cosa? ¿Qué? Contádmela.
Dejad vuestro voto en la encuesta de la derecha. ¡No olvidéis votar!
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7 de abril de 2011
Capítulo 3 - El paquete
-¿Pero qué…?
¿Le había dado su teléfono? Volvió a abrir y se asomó a la escalera, pero supuso que estaría ya en la calle. No le apetecía lo más mínimo echarse a correr para alcanzarla y además… ¿luego qué? Hola, me has dado un número de teléfono. Sí. ¿Para qué? Eres idiota…
Volvió a entrar, aún flipándolo, y se frotó los ojos y la cara con la mano que tenía vacía, por si aquello era alguna estúpida alucinación producida por la resaca… Igual comiendo algo o… ¿otra aspirina sonaba a suicidio?
Miró el paquete que aún llevaba en la mano. Estaba envuelto en papel satinado blanco, como si fuera un pequeño regalo. Lo agitó. Dentro había algo pequeño que tintineó al chocar con la caja, con un sonido metálico.
Rompió el papel. No tenía el cerebro para estarse con tonterías. Dentro, una cajita del mismo color inmaculado. Volvió a tintinear. No pesaba demasiado… Levantó la tapa. Dentro, dos llaves y una tarjeta con una dirección.
-¿Qué coño…?
Dio varias vueltas a las llaves. Las comprobó con las suyas. Una de ellas se parecía a la del portal, la otra era, claramente, de una puerta de seguridad de un piso. Volvió a mirar la tarjeta. No le decía nada. Ni siquiera conocía la calle.
Pasó por la cocina y abrió el frigorífico. Había olvidado hacer la compra. De nuevo. Refunfuñando, volvió al ordenador y metió la dirección en Google Maps. No parecía quedar muy lejos de allí…
Una débil voz en su cabeza, más débil que la taladradora producida por el dolor de cabeza y que la voz que le decía que no volviera a tocar una gota de alcohol o lo que fuera que se había metido la noche anterior, una voz débil y ligeramente sensata, le decía que, fuera lo que fuese, tenía que ver con la noche anterior, con aquello que no recordaba y con el cabreo del Gato. El Gato seguro que sabía algo… Pero seguro que no le volvería a coger el teléfono.
Cogió una chaqueta y metió el móvil y la cartera en el bolsillo, confiando en que aún le quedara algo de dinero. Seguía sin encontrar la cámara pequeña, así que cogió la del trabajo y un par de tarjetas de memoria del cajón, las llaves de casa y el paquete con la dirección. Y las gafas de sol, por supuesto. Había demasiada luz, demasiada…
Aún así, el sol le golpeó como un mazazo en cuanto abandonó la fría y lúgubre seguridad del portal. Con los ojos casi cerrados y las manos en los bolsillos enfiló calle abajo, con un quejido agónico, arrastrando los pies.
¡Hey! ¡Que se va sin nosotros! ¡Corred!
Vuestro turno: ¿Hacia dónde se dirige?
a) A comer algo antes de nada.
b) A buscar al Gato y pedirle explicaciones.
c) A la dirección de la tarjeta.
d) ¿Alguna otra opción? ¡Contádmela!
(Vuestra opinión, en la encuesta aquí al lado)
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5 de abril de 2011
Presente
No me dejan vivir el presente
así que me encierro en mañana
y me aferro con uñas y dientes
para mantener la calma.
Y me vuelvo de nuevo al pasado
y me asusto, y me vuelvo a girar.
Y me escondo entre sueños bastardos
para poder continuar.
así que me encierro en mañana
y me aferro con uñas y dientes
para mantener la calma.
Y me vuelvo de nuevo al pasado
y me asusto, y me vuelvo a girar.
Y me escondo entre sueños bastardos
para poder continuar.
30 de marzo de 2011
Capítulo 2 - El Gato
-¿Te has quedado dormido de nuevo o qué?
-Lo siento, lo siento… -No podía creer que fuera a decirle que no. –Oye… es que tengo que esperar por un paquete… ¿Te parece si cuando llegue te llamo?
-¿No te he dicho que es urgente?
-Bueno… Siempre puedes pasarte tú por aquí…
Tan pronto dijo eso, dejó de respirar. ¿La había invitado a su casa? ¿Acababa de invitarla, a ella, a su casa? Aún debía estar borracho…
-Vete a la mierda. Pensaba que podía contar contigo.
El chasquido seco que sonó al colgar ella se le antojó similar a una bofetada. Genial. Para una vez que se digna en dirigirle la palabra y va y la jode así, de buenas a primeras. ¿Qué le querría? Se frotó la cara y los ojos, intentando despejarse un poco y decidió que necesitaba café. Mucho café. Y que una hora era tiempo más que suficiente para tomarse otra aspirina.
Después de tropezarse con la toalla y de preparar el café, consideró que lo mejor sería enviar las fotos del día anterior. Ya debería haberlas enviado. Fue a buscar la cámara. Tenía dos, la buena, que utilizaba para trabajar, y la no tan buena, que llevaba normalmente siempre que salía de fiesta. Uno nunca sabe cuándo puede surgir una buena foto. Ambas se las había conseguido el Gato, cómo no. Las cámaras, las tarjetas, un par de objetivos…
En el mueble solo estaba la primera. No le preocupó demasiado, supuso que la otra la habría dejado en la habitación, con la ropa. Si había sido capaz de desnudarse para meterse en la cama, seguramente habría sido capaz de no dejarla caer al suelo. Con la taza en una mano, encendió el portátil. Acompañó al zumbido de encendido con un sorbo de café que le abrasó la lengua.
Mientras el ordenador trabajaba por él, cambiándoles la resolución a las fotos y enviándolas, decidió que era hora de llamar al Gato. A lo mejor él sabía algo del paquete, y seguramente podría contarle qué había pasado la noche anterior.
Cogió el móvil de nuevo. G. Gabriella, Gadi, Gala, Garrido, Gato. Llamar. Dejó sonar el teléfono hasta que se cortó la llamada. Rellamar. Gato siempre contestaba. Siempre. Como seguía sin contestar, decidió darle una tregua mientras acababa de mandar las fotos. A lo mejor también arrastraba una resaca como la suya… Se frotó la nuca y cerró los ojos con fuerza. Aunque el Gato no solía emborracharse.
Acabó de enviarlas y volvió a llamar. Gato, de profesión, traficante. Oficialmente tenía una tienda de electrónica, pero hacía meses que no pasaba por allí. En todos esos años, Sombra no había estado nunca. A cambio, no había nada que el Gato no pudiera conseguir, en unas horas y por un precio razonable. Drogas, ropa, herramientas, electrodomésticos, cámaras, armas (Sombra no lo había comprobado, pero estaba seguro de que podría) y, por supuesto, aparatos electrónicos. Era el tipo de persona que todo el mundo sabía que estaba mezclado en asuntos turbios… pero que nadie lo quería ver; ese amigo que las madres dicen que son una mala influencia pero que, en cuanto lo conocen, lo usan de ejemplo y te preguntan que por qué no lo invitas más a menudo a casa. Encandilaba enseguida a la gente con todo su carisma y seguridad, esa sonrisa encantadora y esa mirada traviesa y enigmática de gato callejero. Además, por mucho que la liase, siempre era un tipo tranquilo, simpático y agradable.
-Vete a la mierda, Sombra.
O casi siempre.
-¿Qué…?
No pudo seguir. Ya había colgado. Volvió a llamar.
-Te dije que te fueras a la mierda. ¿No he sido lo suficientemente claro?
-¿Se puede saber qué coño te pasa?
-¿Que qué me pasa? ¡Qué coño te pasa a ti!
-Oye, no sé de qué me hablas. No recuerdo nada de anoche y pensé…
-Una bonita excusa, si señor. Anda, déjame en paz de una puta vez, Simón.
Vale. Mal rollo. Gato nunca lo llamaba por su nombre. Nunca. Lo oyó colgar con la sensación de que algo iba muy muy mal. Y no podía recordar qué. Fue a buscar la cámara pequeña para ver si las fotos le daban alguna pista, pero no pudo encontrarla. El timbre evitó que se pusiera aún más nervioso.
Abrió la puerta maldiciendo todo lo maldecible, y mirando alrededor a ver si veía la cámara por algún lado. Tuvo que entrecerrar los ojos. La luz del sol de la calle le golpeó como un mazazo. Del otro lado de la puerta, una chica con el pelo corto, mechas azules y varios piercings le tendía una carpeta de pinza y un pequeño paquete envuelto en papel blanco.
-Firma aquí.
Cogió la carpeta sin dejar de mirarla. No le gustaban los piercings, pero lo obsesionaban un poco. Siempre que veía a una chica con varios pendientes, no podía evitar desnudarla con la mirada, intentando adivinar dónde más estaría agujereada.
-¿Algún problema? Es para hoy…
Firmó en el recibo, lleno de cifras y letras. No se paró a mirar. Ella tomó la carpeta con el recibo, garabateó algo en el papel de detrás y le tendió el paquete y el papel, sonriendo.
-Hablamos…
La vio bajar las escaleras y cerró la puerta. El paquete era pequeño, poco mayor que una cajetilla de tabaco, envuelto en papel blanco, sin remite ni dirección. Le sorprendió y buscó en el papel que le había dado. No era más que un recibo en blanco, donde la chica había escrito seis cifras: un número de móvil.
.....
Vuestro turno.
¿Qué hace Sombra?
a) Abre el paquete a toda prisa.
b) Busca la cámara desesperadamente.
c) Echa a correr escaleras abajo detrás de la chica.
d) ¿Alguna otra cosa? Contádmela.
(Recordad votar en la encuesta de la página principal, ahí a la derecha...)
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Encuesta capítulo 1
Pues bien... Los resultados dicen que:
Que sepáis que he tenido en cuenta los comentarios y mensajes al correo, aunque ha sido un lío, de modo que, para la próxima, solo tendré en cuenta la encuesta...
Como veis, ha ganado la opción A, de modo que esta noche (espero) tendréis la continuación.
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Como veis, ha ganado la opción A, de modo que esta noche (espero) tendréis la continuación.
23 de marzo de 2011
Capítulo 1 - El teléfono
Todas estas cosas suelen empezar con una llamada de teléfono. Y esta no podía ser menos. Una llamada tópica e inoportuna que lo pilló, como no, saliendo de la ducha, con el pelo mojado y el cuerpo a medio secar. Y una terrible resaca.
Fue dejando pequeñas gotas, salpicando el linóleo del suelo y arrastrando la toalla hasta llegar a la mesa donde había dejado el móvil. No le importó mojar el suelo. La vibración había acercado el aparato peligrosamente al borde y eso le importó un poco más.
Lo cogió, maldiciendo la melodía que le taladraba el cerebro. Un número oculto.
-¿Sí? -Su voz sonó tan pastosa como esperaba.
-¿Sombra?
-Sí, soy yo... -Frunció el ceño, sorprendido. Los desconocidos no le llamana a uno por el apodo.
-Tendrá su paquete ahí en unas horas.
-¿Qué paquete?
-Asegúrese de estar pendiente para recogerlo.
-¿Pero qué...?
El teléfono solo le devolvió el silencio del final de llamada. Se llevó la mano a la cabeza y gimió antes de empezar a refunfuñar. Le gustaba quejarse.
-Maldita sea... ¿De qué iba ese? -Tiró el teléfono sobre el sofá y se secó el pelo con la toalla, sin preocuparse por secar el suelo. -¿Y por qué sabía mi nombre y mi número? Tiene que ser una broma... O cualquier mierda del Gato...
Se frotó el pelo con fuerza y sacudió la cabeza. Se arrepintió al momento. Tiró la toalla hacia la puerta de la cocina y se fue a la habitación a vestirse, planteándose si habría pasado tiempo suficiente para tomarse otra aspirina.
Cuando el teléfono volvió a sonar, apenas le había dado tiempo a ponerse los calzoncillos y a empezar a calzarse los pantalones, de modo que, con ellos desabrochados y arastrando una camiseta, volvió refunfuñando por lo bajo. Ya se había cortado la llamada cuando logró hallar el escondite del teléfono. Esta vez había ido a parar debajo de un cojín.
Una llamada perdida. Aceptar. El número registrado le hizo contener el aliento. Se frotó los ojos antes de leerlo de nuevo. ¡Era ella! Pulsó el botón de la rellamada con más urgencia de la necesaria. Se arrepintió al momento. Seguro que seguía teniendo voz de ultratumba...
-¿Diga?
-Eh... hola... Tenía una llamada tuya y...
-¡Hey! ¡Sombra! Hola.
-Hola... -Ella... Era ella...
-Sí, ya me lo has dicho.
-Eh... perdón. ¿Qué querías?
-Tenemos que quedar. Tengo que hablar contigo de algo importantísimo.
-¿Conmigo?
-¿Estás dormido o qué? Sí, contigo. Nos vemos en una hora en la cafetería de Juan. ¿Te viene bien?
No, por supuesto que no le venía bien. El maldito bar estaba al otro lado de la ciudad, tenía un ejército de taladradoras asentado en el cerebro y lo único que quería era mandar las fotos del día anterior, dormitar el resto del día y quizá llamar al Gato y preguntarle qué coño había pasado esa noche. No se acordaba de nada.
Y también estaba el asunto ese del paquete...
Pero por otro lado... Mierda, era ella. Ni siquiera sabía que pudiera tener su número. Y quería quedar con él. Eso no pasaba todos los días...
-¿Te viene bien, sí o no? No tengo todo el día...
------------
Vuestro turno:
¿Qué hace Sombra?
a) Se queda en casa a esperar el paquete.
b) Acude a la cita con ella.
c) ¿Se os ocurre alguna otra opción? Contádmela.
Tenéis una semana para votar =)
Fue dejando pequeñas gotas, salpicando el linóleo del suelo y arrastrando la toalla hasta llegar a la mesa donde había dejado el móvil. No le importó mojar el suelo. La vibración había acercado el aparato peligrosamente al borde y eso le importó un poco más.
Lo cogió, maldiciendo la melodía que le taladraba el cerebro. Un número oculto.
-¿Sí? -Su voz sonó tan pastosa como esperaba.
-¿Sombra?
-Sí, soy yo... -Frunció el ceño, sorprendido. Los desconocidos no le llamana a uno por el apodo.
-Tendrá su paquete ahí en unas horas.
-¿Qué paquete?
-Asegúrese de estar pendiente para recogerlo.
-¿Pero qué...?
El teléfono solo le devolvió el silencio del final de llamada. Se llevó la mano a la cabeza y gimió antes de empezar a refunfuñar. Le gustaba quejarse.
-Maldita sea... ¿De qué iba ese? -Tiró el teléfono sobre el sofá y se secó el pelo con la toalla, sin preocuparse por secar el suelo. -¿Y por qué sabía mi nombre y mi número? Tiene que ser una broma... O cualquier mierda del Gato...
Se frotó el pelo con fuerza y sacudió la cabeza. Se arrepintió al momento. Tiró la toalla hacia la puerta de la cocina y se fue a la habitación a vestirse, planteándose si habría pasado tiempo suficiente para tomarse otra aspirina.
Cuando el teléfono volvió a sonar, apenas le había dado tiempo a ponerse los calzoncillos y a empezar a calzarse los pantalones, de modo que, con ellos desabrochados y arastrando una camiseta, volvió refunfuñando por lo bajo. Ya se había cortado la llamada cuando logró hallar el escondite del teléfono. Esta vez había ido a parar debajo de un cojín.
Una llamada perdida. Aceptar. El número registrado le hizo contener el aliento. Se frotó los ojos antes de leerlo de nuevo. ¡Era ella! Pulsó el botón de la rellamada con más urgencia de la necesaria. Se arrepintió al momento. Seguro que seguía teniendo voz de ultratumba...
-¿Diga?
-Eh... hola... Tenía una llamada tuya y...
-¡Hey! ¡Sombra! Hola.
-Hola... -Ella... Era ella...
-Sí, ya me lo has dicho.
-Eh... perdón. ¿Qué querías?
-Tenemos que quedar. Tengo que hablar contigo de algo importantísimo.
-¿Conmigo?
-¿Estás dormido o qué? Sí, contigo. Nos vemos en una hora en la cafetería de Juan. ¿Te viene bien?
No, por supuesto que no le venía bien. El maldito bar estaba al otro lado de la ciudad, tenía un ejército de taladradoras asentado en el cerebro y lo único que quería era mandar las fotos del día anterior, dormitar el resto del día y quizá llamar al Gato y preguntarle qué coño había pasado esa noche. No se acordaba de nada.
Y también estaba el asunto ese del paquete...
Pero por otro lado... Mierda, era ella. Ni siquiera sabía que pudiera tener su número. Y quería quedar con él. Eso no pasaba todos los días...
-¿Te viene bien, sí o no? No tengo todo el día...
------------
Vuestro turno:
¿Qué hace Sombra?
a) Se queda en casa a esperar el paquete.
b) Acude a la cita con ella.
c) ¿Se os ocurre alguna otra opción? Contádmela.
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resaca,
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21 de marzo de 2011
Nickname
On March, the 22th, the fight for the future begins...
O el 21 o el 23 o el 24, pero vamos, que esta semana cuento con empezar la historia.
Podéis empezar a votar, votando por un apodo para el prota.
Varón, treintañero, soltero y algo tirado. A mí el nick de un tipo de un foro, "Gimpy", me gustaba, pero ya tengo dos nos, así que no sé no sé... Mata propone un "Sombra".
Sigo abierta a sugerencias...
O el 21 o el 23 o el 24, pero vamos, que esta semana cuento con empezar la historia.
Podéis empezar a votar, votando por un apodo para el prota.
Varón, treintañero, soltero y algo tirado. A mí el nick de un tipo de un foro, "Gimpy", me gustaba, pero ya tengo dos nos, así que no sé no sé... Mata propone un "Sombra".
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